EL PREDICADOR
Cómo dirigir las
Varias Partes del Culto Público
(7)
A tratarse:
Los Himnos.
Anuncios.
El éxito de un servicio religioso depende
en gran parte del que lo dirige. Es un error suponer que el predicador debe
sólo preparar el sermón. Deben prepararse también de antemano los himnos, la
oración, la lectura bíblica y hasta los anuncios que han de hacerse. Cuando no
se ha hecho la debida preparación, se notará desde luego que en el servicio
público hay desorden, confusión y mala dirección. Tales servicios resultan
tediosos, cansados, rutinarios y de escaso interés para los asistentes.
Siguen algunas observaciones con referencia a las
diferentes partes del culto público:
(a)
Deben
escogerse previamente, llevando al púlpito una lista de los que han de
cantarse. Es muy impropio que el predicador esté en el púlpito hojeando de
prisa el himnario para hallar los himnos que la congregación va a cantar.
También lo es apelar a la congregación para que elija los himnos. Esto puede
hacerse en un culto de oración, pero no en uno de predicación.
(b) Comiéncese el servicio con un himno de alabanza y
termínese con uno apropiado al asunto que se ha expuesto en el púlpito, si es
posible, o con una doxología.
(c)
No debe
escogerse un himno de muchas estrofas para cantarse cuando la congregación esté
de pie.
(d) Anúnciese con claridad el número, repitiéndolo cuando
sea necesario para que todos lo oigan.
(e)
Si el
predicador sabe leer poesía, conviene a veces que lea una o dos estrofas del
himno que va a cantarse. Si no, es mejor omitir la lectura, pues un himno mal
leído, resulta pésimo.
(f)
Si el
predicador tiene buena voz y sabe música, conviene que él mismo dirija el
canto. Si no sabe música, es mejor que no intente hacerlo.
(a)
No opino que
el ministro se arrodille en el púlpito en presencia del auditorio y ore solo
antes de comenzar. Al llegar al púlpito ya debe haber orado muchas veces a
solas con su Dios. No es necesario hacerlo cuando la congregación no participa
del acto. Si siente necesidad de nueva oración, hágala mentalmente y recibirá
la ayuda que necesita.
(b) Después del primer himno, debe seguir una invocación
corta, mientras la congregación permanece de pie. No debe hacerse larga, pues debe
recordarse la postura de la congregación, ya que en ésta puede haber niños,
ancianos o personas débiles que no pueden permanecer mucho tiempo de pie.
(c)
Después de
la lectura bíblica o del himno que siga a ésta, pero antes del sermón, debe
hacerse la oración formal. Opino que ésta se haga siempre por el que predica,
pues este acto le ayudará en su predicación. El señor Spurgeon
dice que él no cede este privilegio a nadie, que cedería mejor el sermón que la
oración. Si hay otro ministro a vuestro lado, dad- le la lectura o la oración
final, pero no la que precede a la predicación.
(d) Conviene, muchas veces, que haya otra oración después
del sermón. Esta puede hacerse por algún otro ministro que esté presente o por
algún hermano piadoso de la congregación.
(a)
(b) Debe leerse correctamente. No hay nada que cause más
mala impresión que la lectura defectuosa de
·
No es difícil
suponer que equivocaciones de esta clase pueden echar a perder no sólo un
sermón, sino todo el servicio.
·
Téngase, pues,
cuidado de repasar una y muchas veces el pasaje elegido, hasta poder leerlo
bien en público.
(c)
No se lean
pasajes largos, si no es necesario para el asunto que se va a tratar. Produce
mejor efecto la lectura correcta de un pasaje corto. Tampoco es preciso leer
todo un capítulo. Bastará muchas veces, leer la porción que se refiere al
asunto o cuando más leer también el pasaje paralelo.
(d) Evítese la costumbre de poner de pie a la
congregación mientras se lee el pasaje bíblico
Cuando los oyentes están cansados por el esfuerzo de permanecer parados, no
escuchan con atención la lectura.
(a)
Por regla
general no debe ser largo. No debe olvidarse que la gente nunca se cansa de oír
sermones cortos, pero sí de oír los que se alargan indebidamente. Por otra parte, muchas veces se pierde el
efecto de un buen sermón por alargarlo más de lo necesario.
·
Los predicadores
jóvenes no deben emplear más de
·
Si los oyentes
pierden el interés o dan muestras de cansancio o impaciencia, es señal de que
el sermón debe terminarse y el predicador debe hacerlo, aunque omita una o dos
divisiones de su plan.
(b) Cada sermón debe contener un solo asunto. Puede
contener ideas secundarias, pero deben estar de algún modo relacionadas con el
asunto principal. La gente debe saber sobre qué se predicó. Muchas veces el
sermón fue tan general y tan indefinido, que ni el orador ni los oyentes saben
sobre qué se predicó. Los sermones deben ser definidos y por regla general
contener un solo asunto.
(c)
Si el sermón
tiene sus divisiones lógicas y naturales, será fácil para el auditorio seguir
el hilo del asunto y el mismo que habla predicará con más facilidad y
precisión. También será más fácil para los oyentes recordar el asunto sobre el
que se predicó. Muchos sermones se olvidan desde antes de salir del templo, por
falta de una buena división en el plan del predicador.
5. Los anuncios.
(a)
No deben
hacerse después del sermón. Muchas veces se destruye el efecto de un buen
sermón, por los anuncios que se hacen. Es mejor hacerlos antes de la
predicación. Al inicio o final del
servicio seria lo más apropiado.
(b) No deben hacerse estando la congregación de pie.
Muchos pastores siguen esta mala costumbre.
(c)
Que sean
cortos. Si hay anuncios largos, deben fijarse escritos en el tablero de anuncios
o repartirlos impresos.
6. La ofrenda
(a)
Es parte de
nuestro culto al Señor y debe ser un acto solemne
(b)
No debe
hacerse mientras la congregación esté cantando o el predicador esté haciendo
los anuncios o algún otra cosa. Mejor es levantar la
colecta después de los himnos. Después o antes de
7. La oración final.
(a)
Debe ser
corta y solemne. En la oración final no
debiera repetir lo que ya se menciono en la oración de inicio. Debe hacerse notar una diferencia de tiempo y propósito
en cada oración.
(b)
Puede usarse
una de las doxologías empleadas por el apóstol Pablo en SUS epístolas, o alguna
otra, o bien hacerse una breve, muy breve oración.
(c)
Conviene que
la pronuncie el ministro que predicó o algún hermano de arraigo y fidelidad en
la iglesia local. No es propio convidar, como algunas veces se hace a algún
hermano de las últimas bancas para que pronuncie la oración de cierre de culto.
·
Cada parte del
culto es relevante. Debe hacerse con
gran solemnidad. Nada debe ser improvisado. Todo debe ser planeado y calculado. De la preparación depende en mucho el que cada
acto de culto cumpla su cometido. “Complacer a Dios”. “Edificar la asamblea”. Fin. Revisado