EL PREDICADOR
Preparación Espiritual
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A considerar:
Conocimiento de
La mejor de las mencionadas es, sin duda,
la preparación espiritual. Sin ésta, la física y la intelectual son de escaso o
ningún valor en el púlpito. En efecto, un hombre puede tener una buena
presentación y una excelente preparación intelectual; pero si le falta el poder
espiritual, su predicación sólo podrá afectar, y momentáneamente, los sentidos,
pero no tocará el corazón, ni tendrá poder para mover la voluntad.
El objeto principal de la predicación no es
agradar, sino presentar a Cristo y mover las almas al arrepentimiento. Pero
esto nunca podrá conseguirse si el que predica no es profundamente espiritual.
Los que no lo son podrán tener un éxito momentáneo, pero tal éxito no redundará
nunca en beneficio de las almas ni de la causa del evangelio. En ninguna otra
cosa que no sea la predicación se necesita más el poder espiritual. “No con ejército,
ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos.” Sin
este poder espiritual el púlpito se vuelve una tribuna y el predicador un
orador vulgar.
Es en el púlpito donde se trata de altos
valores morales y espirituales que afectan profundamente los intereses del
alma, y esto no puede efectuarse, si el que lo ocupa no tiene la debida
preparación espiritual y si no habla movido por el Espíritu de Dios. Bien
comprendió el Señor esta necesidad en sus discípulos, pues habiéndoles encomendado
la evangelización del mundo, no les permitió salir de Jerusalén hasta que
fuesen investidos de poder de lo alto.
Del mismo modo el predicador de la
actualidad, debe sentir la necesidad de este poder, pues sin él, su predicación
carecerá de la característica principal y su cargo se convertirá en
profesional.
Nunca nos cansamos de oír a un hombre espiritual.
Veamos, pues, en qué consiste.
1.
Ante todo,
necesita el predicador tener un conocimiento profundo de
·
Debe el
predicador estar tan familiarizado con su Biblia, que pueda manejarla
hábilmente en el púlpito. Debe hallar con facilidad y precisión los pasajes que
estén relacionados con el asunto. Una dificultad para hallar el libro, el
capítulo o el versículo que desea, no sólo indica que no conoce bien su Biblia,
sino tal dificultad causa siempre una impresión desagradable en el auditorio.
Al buscar estos pasajes, se ocasionan muchas veces pausas muertas que el
predicador debe evitar a toda costa.
·
Una regla
sencilla de homilética es que los asuntos deben
presentarse bíblicamente, esto es, no sólo en estilo y lenguaje bíblico, sino
basados en
·
Debiera el
predicador poder leer su Biblia en los idiomas originales, pues así hallaría el
verdadero significado de muchos pasajes difíciles. Si esto no es posible, debe
cuando menos tener en su biblioteca una buena colección de versiones de
aquélla. Esto remedia en parte la falta de conocimiento de los mencionados
idiomas, pues una comparación cuidadosa del pasaje en distintas versiones, dará
una idea muy aproximada del sentido en el original.
·
Un peligro que
el predicador debe evitar es leer
·
Para citar
·
El predicador
debe, pues, leer y escudriñar habitualmente su Biblia, no como un deber
profesional, sino complaciéndose en este ejercicio, alimentando así su propia
alma y sacando a la vez alimento para las almas que están bajo su cuidado.
Procediendo de este modo, habrá hecho una parte importante de su preparación
espiritual.
2.
La otra parte, y no menos importante, está en la oración. El predicador debe ser
esencialmente hombre de oración. Todos los buenos predicadores han sido fuertes
en la oración. Es imposible tener éxito en la predicación, si ésta no ha sido
preparada con mucha oración. En la oración muestra el predicador su
insuficiencia y a la vez su dependencia del poder divino. No es cosa fácil predicar.
Es tarea delicada y difícil, y nadie debiera atreverse a hacerlo, si antes no
ha pedido con insistencia la ayuda divina.
·
Muchos
predicadores tienen su Getsemaní, de oración y lágrimas,
en los momentos que preceden a la predicación, pues de ningún modo desean ir al
púlpito sin la presencia y bendición del Señor. Se dice de un predicador
escocés de nombre Roberto Bruce que: “teniendo que predicar en una ocasión
solemne, se dilató en llegar al templo en que estaba reunida la congregación.
Algunos comenzaron a extrañar la demora, y alguien se levantó y fue a inquirir
la causa. Acercándose al estudio oyó que el señor Bruce repetía: “no, no iré si
tú no vas conmigo.” El que oía se retiró sin llamar a la puerta e informó que
suponía que el señor Bruce estaba invitando con insistencia a alguna persona
que no deseaba ir al servicio. Poco después aparecía el señor Bruce. Nadie lo
acompañaba, pero iba con la plenitud del Espíritu de Cristo, y su predicación
fue con tal poder, que fue fácil para sus oyentes conocer que había estado en
el monte con Dios y que había gozado de la presencia de su Maestro divino” (The Biblical Encyclopedia).
·
Tal es lo que
todo predicador debe hacer antes de predicar. Pero la oración no debe
reservarse sólo para este tiempo, sino que debe ser la práctica habitual del
predicador. Debe orar al leer su Biblia, orar al escoger su texto y orar mucho
más en la preparación de su mensaje. Cuando éste ya esté listo, debe orar
intensamente antes de predicar como lo han hecho y lo hacen todos los hombres
de Dios. En cierto sentido, el sermón es producto directo de la oración, pues
de ningún otro modo tiene poder en el púlpito.
·
Payson dijo en su lecho de
muerte: “La oración es la primera, la segunda y la tercera cosa necesaria para
un ministro.” Whitefield gastaba cada día horas
enteras de rodillas con
·
«Jesús mismo
llevó una vida de incesante oración. Abrumado con la carga de las almas,
despertaba cuando otros dormían. Algunas veces pasaba toda la noche en oración,
y otras, levantándose antes de amanecer, buscaba la comunión con su Padre.
·
Bien pudieran
multiplicarse los ejemplos, pero los citados bastan para demostrar que la mayor
parte de la preparación espiritual del predicador, está en la oración, recurso
que tiene a la mano y que debe usar profusamente todo el que es consciente de
su deber y responsabilidad. Fin. Rev