EL PREDICADOR
El Predicador como
Ciudadano
(18)
Tema:
No debe aislarse. Tomar parte activa en la política.
Hacerse de carácter mundano. Envolverse en negocios seculares. Hacerse miembro
de sociedades secretas. Debe ser buen vecino. Listo para servir. Interés en la
educación. Contribuciones y respeto a las Autoridades.
Cuando el predicador se instala en un nuevo
campo estableciendo allí su residencia, se le considera como un nuevo vecino.
Todo el mundo observa su comportamiento no tanto como ministro, sino como
ciudadano y nuevo residente.
Desde el principio, el predicador debe
observar una conducta que corresponda a la de un ciudadano de primera clase.
Procurará ganarse desde luego el respeto y
la consideración de propios y extraños. Será correcto en su vida y un dechado
de educación y buenas maneras.
Su conducta entre los extraños influirá
grandemente en la causa que sostiene como predicador. Si vive como debe, su
vida misma será una elocuente predicación y pronto conseguirá nuevos adeptos.
Pero si no tiene el debido cuidado en su
conducta y cree que sólo en el templo o en el púlpito está su misión, pronto
tendrá la antipatía y aun el desprecio de la gente sensata, y esto influirá
poderosamente en la causa que intenta sostener como ministro del evangelio.
Conviene por lo mismo, que el joven
predicador sepa lo que no debe y lo que debe hacer al establecerse en un nuevo
campo.
(a)
Aislarse y vivir sólo para sí o para los suyos.
(b) No debe tomar parte activa en la
política. La política ha arruinado a
más de un predicador.
·
Durante las
últimas revoluciones que se han tenido en México, hemos presenciado actos
verdaderamente lamentables. Algunos predicadores (no de la iglesia del Señor) y
hasta congregaciones enteras se han lanzado a la revolución, y el resultado ha
sido desastroso. Algunos predicadores llegaron a obtener altos grados
militares, pero espiritualmente se han perdido para la causa del evangelio.
Fuera de la degradación moral que han sufrido en la mayoría de los casos, las
manos han quedado manchadas con sangre y difícilmente pueden manejar
·
Pues bien, el
principio de tal desastre ha sido la participación indebida en los asuntos
políticos. Ha comenzado por ser miembro activo de un club político, después
orador callejero, y termina muchas veces por tomar las armas en defensa de sus
llamados principios políticos.
·
Conocí a un
predicador que procuraba terminar pronto los servicios religiosos, por tener
que asistir al club político. Se le veía en manifestaciones públicas y en las
tribunas callejeras perorando a favor de determinado candidato.
·
Excusado es
decir que este proceder determinó la muerte espiritual del predicador y de la
iglesia que tenía a su cargo.
·
Por un lado, es
inconveniente la participación activa en la política, de parte del predicador, porque
en su iglesia puede haber miembros de varios partidos, y perteneciendo él a
alguno de éstos, necesaria mente estará en pugna con los de los otros partidos.
·
También, si no
triunfa el partido que defienda, perderá su prestigio e influencia como predicador,
cuando menos con sus contrarios en política. La principal razón, es que su misión no es política sino espiritual.
(c)
Hacerse de carácter mundano. Si asiste asiduamente a toda clase de fiestas
mundanas:
tertulias, cines, etc., menoscaba su reputación como
elemento moralizador en su iglesia y en la
sociedad.
·
Necesita
conservar en su iglesia un alto tono espiritual. Los jóvenes son por naturaleza
muy inclinados a los atractivos mundanos y si en su pastor ven igual tendencia,
no habrá una influencia sana fue los guíe hacia el ideal superior.
·
Carecerá
también, el predicador de poder en el púlpito para hablar contra los malos
efectos que sobre el carácter moral de la vida cristiana ejercen las
diversiones mundanas.
·
A toda costa
debe el predicador predicar sobre la importancia de la vida espiritual, alejada
de influencias mundanas; debe guiar a la juventud por senderos de rectitud y
santidad y servirle de ejemplo en la vida superior, apartada de lo que es bajo
y demoledor de las virtudes santas que el evangelio inspira.
·
¿Cómo puede
hacer esto, si él mismo es amante de las costumbres y diversiones mundanas que
minan la vida espiritual?
·
De vez en cuando
hay un buen concierto musical, una película moral sobre un tema histórico, que
tal vez le guste oír o presenciar. Pero fuera de esto, las diversiones mundanas
menoscaban la vida espiritual y son un peligro para la santidad en la iglesia.
·
Un predicador
joven que conocí hace algún tiempo, terminaba los cultos del domingo a hora
temprana para asistir al teatro. Ya puede calcularse el grado de espiritualidad
de la iglesia dirigida por tal pastor.
·
La razón de que
muchos de nuestros miembros tengan un pie en la iglesia y otro en el mundo, es
la falta de celo y consagración en los ministros que los dirigen. Ninguna
congregación sube más alto del nivel espiritual de su pastor. Por esto es que
si deseamos tener iglesias espirituales, necesitamos pastores de vida altamente
espiritual.
(d)
Envolverse en negocios seculares. El predicador no es negociante. Es hombre
entregado a
una
obra altamente moralizadora y espiritual.
·
Todas sus
facultades y poderes debe dedicarlos al desempeño de esta noble misión. Si
quiere hacer su trabajo a conciencia, hallará que necesita todo su tiempo y que
no podrá hacer otra cosa sin descuidar aquél. Predicadores que al mismo tiempo
quieren predicar y hacer negocios, tienen que hacer mal una u otra cosa.
Generalmente la cosa descuidada y mal hecha es la labor espiritual.
·
El deseo
inmoderado de lucrar y enriquecerse, ha matado la vocación de más de un
ministro.
·
El predicador
debe considerar por un lado, la importancia y magnitud de su misión, lo que no
le dejará tiempo para hacer otra cosa; y por el otro, la idea de que ha sido
contratado para dedicar todo su tiempo a la obra que se le ha encomendado. No
es honrado, entonces, distraer parte de nuestro tiempo y ocuparlo en negocios
seculares.
·
El problema que
muchos ministros tienen en la educación de sus hijos, los hace muchas veces
envolverse en negocios que les dejen alguna utilidad fuera del pequeño sueldo
que reciben como predicadores. Mejor es tener algún arreglo con la junta o la
iglesia que los sostienen para conseguir lo necesario para la educación de sus
hijos, o renunciar al puesto y entregarse de lleno y libremente a los negocios.
Pero querer hacer dos cosas a la vez, es hacerlas mal, o hacer una bien y otra
mal, y la que generalmente lleva la peor parte es la que se refiere al trabajo
espiritual.
·
Inútil es
presentar ejemplos, pues el mismo Señor dijo: “Ninguno puede servir a dos
señores.”
·
La misión del
predicador es altamente espiritual y a ella debe consagrar todas sus fuerzas y
poderes.
(e) Hacerse miembro de Sociedades
secretas. La mejor sociedad para el predicador y para
el
cristiano en general, es la que el Señor instituyó para los humanos. Ninguna
organización
humana le supera y
ninguna otra sirve mejor para el bienestar espiritual y temporal del hombre.
·
De estas
sociedades de carácter secreto la mejor es la masonería, sociedad basada sobre
principios morales y de fines en alto grado altruistas. Pero ¿qué tiene la
masonería que no tenga la iglesia de Cristo? Su ritual y prácticas de carácter
secreto la hacen misteriosa, La iglesia del Señor nada tiene de misterio: sus
principios y prácticas son de todos conocidos y sus trabajos se hacen a la luz
del día.
·
Con todo, nada
decimos en contra de la masonería, si no es que como organización es inferior a
la iglesia de Cristo. Pues ni a la masonería debería de pertenecer el
predicador del evangelio, ya que haciéndolo divide su atención y actividades
entre dos organizaciones que, si no son antagónicas, demandan cada una todo el
esfuerzo de quien pertenece a ellas.
·
Por el lado de
la iglesia, tiene ésta tanto trabajo, tantas actividades diversas, que requiere
toda la vida y todo el esfuerzo de sus miembros y muy particularmente (le quien
la dirige. Si esto demanda el trabajo espiritual del predicador, y el predicador
consciente de su deber lo dará, ¿qué esfuerzo y qué oportunidades le quedan
para ofrecerlas en favor de otra agrupación?
·
Por otra parte,
hemos notado con tristeza que el obrero del Señor que quiere ser un buen masón,
casi siempre es mal predicador y peor pastor de su iglesia. Ya sabe nuestra
gente esto y prefieren para sus púlpitos hombres enteramente consagrados, sin
más compromisos que los contraídos con el Señor y su causa.
·
Si el obrero del
Señor prefiere ser masón, en buena hora que lo sea, pero debe saber que no
contará con toda la confianza del pueblo de Dios, si este descubre, y pronto lo
descubrirá, que la atención y las actividades de su ministro están divididas
cutre dos organizaciones enteramente distintas.
·
Los cristianos
en general prefieren ministros que no tengan compromisos extraños a su labor
espiritual.
Basta lo dicho sobre este
asunto.
(a) Sea un buen
vecino, servicial y cortés con todos. Evite toda clase de dificultades, cuestiones y
chismes con sus vecinos. Su comportamiento con sus vecinos debe hacerlo
simpático y hasta necesario en determinadas circunstancias.
(b) Esté
siempre listo para ayudar a la comunidad, prestando cualquier servicio que se
le demande. Coopere con las autoridades para guardar el
orden y mantener las buenas costumbres.
·
Con su vida
ejemplar, levante el nivel moral de la sociedad en que vive.
(c) Muestre
interés profundo en la educación popular y en la causa de la temperancia. Trabaje porque se funden escuelas en donde hay niños
sin los beneficios de la educación.
·
Enseñe a leer a
cuantos le sea posible, una persona que sabe leer, es un alma redimida de la
ignorancia.
·
Funde sociedades
de templanza o refuerce las que haya establecidas. Trabaje por la clausura de
cantinas y centros de vicio y secunde de buena gana cualquier esfuerzo de la
autoridad en este sentido.
(d)
Pague fielmente sus contribuciones y coopere con las
autoridades constituí das, respetándolas y acatando sus disposiciones justas.
·
Es parte de la
educación cívica y también de la religiosa, mostrar respeto por las
autoridades.
Teniendo en cuenta lo que antecede y otras
cosas que se escapan, será el predicador un buen ciudadano y logrará para la
causa que representa, el respeto y la estimación de los hombres buenos. Fin.
Revisado