EL PREDICADOR
El Predicador y su
Familia
(17)
El tema:
Cooperación de los suyos. Esposa cristiana. De su
misma fe. De espíritu misionero. Que sea educada.
En el trabajo que el predicador trata de
hacer por el Señor, ejercerá influencia decisiva, para bien o para mal, su
propia familia. Será buena esta influencia, si la esposa y los hijos colaboran
fielmente y se interesan en la obra que él desempeña. Hará doble trabajo el que
cuenta con la cooperación de los suyos.
Por lo contrario, el predicador que carece
de esa cooperación y simpatía de su familia, penosamente tratará de hacer la
obra que, a su pesar, no prosperará. Sucede muchas veces que lo que él edifica,
los suyos lo destruyen con su conducta y mala influencia.
Si trata de llevar niños a la escuela
dominical mientras los suyos se quedan jugando en la casa o en la calle, hará
un milagro si consigue dos o tres extraños que lo acompañen. Si predica contra
la mundanalidad y sus hijos están en el cine, o lo que es peor, en algún baile,
su esfuerzo será del todo vano, su predicación carecerá de poder y ningún
efecto causará en sus oyentes. Más bien producirá efecto contrario: los jóvenes
de la iglesia que pastorea, imitarán el ejemplo de sus hijos y se harán tan
mundanos como ellos.
Conozco predicadores que han perdido por
completo su influencia, por no saber dirigir y gobernar a sus hijos. Mientras ellos predican, sus hijos se pasean en
compañía de malos amigos o están en diversiones mundanas. Tengo lástima de
estos predicadores, pues acaso como Eh son buenos y fieles personalmente, pero
les falta energía para gobernar a sus hijos. Tarde o temprano sentirán la mano
del Señor por esta falta. Acaso sus mismos hijos les traerán bochorno y
vergüenza como consecuencia de su conducta imprudente.
Lo que antecede os mostrará cuán importante
es que el predicador tenga el apoyo franco y decidido de los suyos en el
delicado trabajo que desempeña.
El hogar cristiano en el que el padre, la
madre y los hijos son fieles y se interesan sinceramente en la obra del Señor, es
una bendición de inestimable valor. El obrero que cuenta con esta bendición,
hará su trabajo no sólo con placer, sino con magníficos resultados. Muchos
predicadores deben el éxito de su trabajo al apoyo, la simpatía y la
cooperación que le prestan los miembros que forman su familia.
Por esto, jóvenes, el asunto del matrimonio
es mucho más serio de lo que muchos suponen. Cuan- do veo que un joven está
haciendo novias ligeramente y jugando al matrimonio, siento verdadera lástima
por él. Está haciendo un juego peligroso que acaso le traerá amargos resultados
para toda su vida. El joven predicador debe tener sumo cuidado al elegir la
compañera de su vida, que lo será también de su trabajo. Si con la ayuda y
bendición de Dios, hace una buena elección, conseguirá no sólo esposa, sino una
colaboradora fiel, en sus trabajos. Pero, si por desgracia, hace una mala
elección, no le bastará toda la vida para lamentar su error.
Por esto es que el asunto del matrimonio
del joven predicador, ni debe considerarse ligeramente como muchos lo hacen, ni
se debe dar un paso en él sin la dirección y ayuda del Señor. Fuera de la
salvación, no hay asunto en que más se necesite la dirección divina.
Por regla general, los jóvenes están
ansiosos de conseguir novias y casarse a la ligera. Al proceder tan ligeramente
en asunto tan delicado, lo que menos puede suceder, es que en vez de conseguir
una buena compañera para el trabajo, hallen sólo un estorbo que no podrán
remover mientras vivan, sufriendo así las consecuencias de su proceder ligero e
imprudente.
No soy enemigo de que los jóvenes se casen.
Sería obrar contra las leyes naturales, exigir que permanezcan célibes. Pero
éste ha sido mi consejo a los estudiantes que han estado bajo mi dirección: no
se casen antes de tiempo, ni con cualquiera; hagan una sabia elección, pidiendo
para ello la bendición divina. Tampoco intenten casarse antes de terminar sus
estudios y de contar con dinero suficiente para sostener decorosamente a la
esposa, pues no hay calamidad peor que casarse sin dinero, contrayendo una
pesada deuda. Antes de dar este paso tan importante, estén seguros de que la
que va a ser esposa, será también una buena compañera en el delicado trabajo
que el predicador tiene a su cargo.
Para fundar, pues, un hogar cristiano, en el
que todos sus miembros tengan interés en la obra del Señor y colaboren en su
divulgación, es necesario que el joven predicador tenga en cuenta lo que sigue:
- Elija
por esposa una mujer que sea, ante todo, cristiana. Los jóvenes que sólo se fijan en una cara
bonita o bien pintada, sin tomar en cuenta el carácter y las cualidades
morales y espirituales, hacen una equivocación lamentable. Mayor error
cometen si la que eligen por esposa no es cristiana. De este error se
lamentarán tarde o temprano. En el predicador mejor que en ningún otro
tiene aplicación lo que recomienda el apóstol: “No os juntéis en yugo con
los infieles, porque ¿qué compañía tiene la justicia con la injusticia? Y
¿qué concordia Cristo con Belial? o ¿qué parte
el fiel con el infiel?”
- No conozco matrimonios más desgraciados que los
contraídos entre cristianos e infieles. Si esto es cierto en tratándose
de cristianos en general, ¿qué no será del predicador casado con una
infiel?
- Una esposa cristiana es una bendición en todo
tiempo y en todo lugar. Feliz el predicador que halla la mujer con las
cualidades que se describen en el capítulo 31 de Proverbios.
- Hasta
donde sea posible, conviene que sea de su misma fe y convicciones
religiosas. Se conseguirá con
esto asegurar la paz en el hogar. Habrá uniformidad de creencia y
práctica. Los hijos, si se tienen, hallarán en sus padres una sola fe,
santificada por el amor. No habrá dos opiniones sobre puntos esenciales, y
se evitarán disensiones que generalmente degeneran en desavenencias. La
enseñanza religiosa que el esposo imparte en la iglesia o en el hogar,
será confirmada por la de la madre y se convertirá en doctrina sólida,
afirmada por la experiencia de la vida familiar. No habrá dos direcciones
para los hijos, sino una sola, señalada por la sabiduría del padre y la
prudencia de la madre piadosa.
- Tales son las ventajas de elegir por esposa a
quien tenga las mismas convicciones religiosas del esposo.
- Que
sea de espíritu misionero. La
obra del predicador es esencialmente misionera. Ganar almas para Cristo,
es su misión más noble y grande. En ella debe poner todas sus facultades y
todo su empeño. En el fiel desempeño de esa misión, le serán de muchísima
utilidad la ayuda y colaboración de cuantos le rodean, especialmente de su
esposa y de hijos. La habilidad y el tacto de una mujer piadosa, han sido
muchas veces una inspiración y una ayuda eficaz para el obrero del Señor.
- Entre los niños y con el elemento femenil de la
iglesia, hará principalmente una buena labor la esposa del predicador. Se
comprende que si carece del espíritu misionero, ninguna influencia tendrá
entre estos elementos y su labor será nula. Si lo tiene, hará un trabajo
efectivo, organizándolos en grupos o edades, instruyéndolos para que a su
vez hagan obra misionera y secundando en todo los esfuerzos de su esposo.
Si es mujer piadosa e inteligente, pronto se ganará la simpatía y
estimación de estos elementos, constituyéndose en maestra y líder de los
mismos. Ganados estos elementos y alistados para el trabajo, la obra del
pastor se facilitará grandemente.
- Ayudará también en las visitas religiosas, ya
acompañando a su esposo, ya asociándose con las comisiones que la iglesia
nombre. Muchos hogares se abrirán por su influencia y tendrá acceso a
otros muchos que difícilmente podrían ser visitados por su esposo solo.
- Muchas veces la esposa del predicador llega a
ser maestra de enseñanza a los niños. Será difícil, si no imposible, para
ella desempeñar estos cargos si no es cristiana o carece de espíritu
misionero. Pero la influencia de una mujer piadosa será de incalculable
valor. ¡Feliz el predicador que halla una esposa con las cualidades
apuntadas!.
- Que
sea educada. Un aspecto
importante del trabajo del predicador es el intelectual, y para
desempeñarlo con buenos resultados, le será muy útil contar con la
cooperación de una mujer inteligente y bien educada. Sólo una mujer así
podrá comprender la naturaleza del trabajo que el esposo hace. Sólo ella
puede simpatizar con él y prestarle su sincera cooperación.
- Por eso es que un predicador inteligente, que
tendrá que pasar mucho de su tiempo con buenos libros y que hacer una
exquisita preparación de sus sermones, merece y debe tener por esposa a
una mujer también inteligente. Sería un error de su parte casarse con una
mujer ignorante. En este caso le faltarían el apoyo, la comunión y la
simpatía de una compañera que lo comprendiera.
- La mujer educada es la mejor oyente en el
auditorio del predicador y a veces el mejor juez de sus sermones. Notará
cuidadosamente las faltas de su esposo y a solas se las hará notar para
su corrección. Muchos oyentes, ya sea por delicadeza o por falta de
confianza, no le mencionan al pastor las faltas que notan. Pero la esposa
inteligente lo hará con todo derecho, y el predicador mejorará mucho en
su estilo, si atiende a sus indicaciones. Por esta sola razón el
predicador debiera casarse con una mujer educada.
- El que no atiende a esto y se casa con una
mujer sólo de cara bonita, pero ignorante, tendrá lo que merece, por su
falta de prudencia al hacer la elección.
- La esposa del predicador será algo así como la
primera dama en la iglesia. Si es cristiana, piadosa, educada, de modales
finos y atractivos, sin pretensiones de riqueza o lujos exagerados,
ocupará dignamente este lugar y su trabajo e influencia en aquella
iglesia serán una bendición de inestimable valor. Fin.