EL PREDICADOR
El Predicador y su
Dinero
(15)
Tema:
Consideraciones Generales. No gaste más de lo que
reciba. Ahorre cuanto pueda, No contraiga deudas, Manejo del dinero ajeno.
El dinero es la cosa más difícil y también
la más peligrosa de manejar. El mal manejo del dinero acaba con la mejor
reputación. Conviene que el predicador sepa administrar bien su dinero propio y
con mucho mayor cuidado el ajeno. Se entiende que el que no sabe administrar su
dinero, tampoco puede administrar el ajeno. La mala administración conduce
siempre a la bancarrota y al descrédito.
Muchos predicadores han arruinado su
influencia y su reputación, por la mala administración del dinero propio o por
la falta de seguridad del que se les ha confiado.
Es muy triste que un
predicador tenga que perder su trabajo y hasta su vocación, sólo por su falta
de cuidado en la administración de este elemento que debiera considerarse como
medio secundario para la vida. Pero conozco a varios jóvenes predicadores que
tienen perdido su crédito y arruinada su reputación por esta causa.
Para algunos es poca cosa gastar todo su
dinero y seguir con el ajeno que tienen a la mano. Un predicador tuvo que abandonar
su campo de trabajo, en condiciones tristes, porque los fondos que se le habían
confiado, los había gastado, con la esperanza de reponerlos pronto. Un gasto
imprevisto de la iglesia, puso de manifiesto que los fondos no existían pues el
pastor los había usado, acaso sin mala intención, y no los pudo reponer cuando
se necesitaban.
Nunca debe olvidarse que los fondos (la
ofrenda) del Señor son sagrados, y en ningún caso debe disponerse de ellos para
usos personales. El que lo hace pone en riesgo su buen nombre y reputación.
Por otra parte, el predicador debe ser
previsor. Algunos no tienen ni brizna de esta cualidad. Para cuando reciben su
dinero, va lo deben, y silo pagan, como es su deber, se quedan para vivir de
fiado durante el mes, y así siguen por largos meses bajo in sistema financiero
ruinoso que matará la libertad individual. Si tales predicadores viven de este
modo al día y en condiciones tan precarias, ¿podrá esperarse que ahorren algo
para el tiempo de la enfermedad o de la vejez? Su falta de previsión los hará
víctimas de la escasez y la miseria.
Generalmente el predicador del evangelio
recibe poco dinero, pues el ministerio nunca ha sido una profesión lucrativa, y
por esto muchos dicen que nada pueden ahorrar y muchas veces tienen que
recurrir al crédito para sostenerse. Me parece que todo es cuestión de método Y
de saber ajustar la vida a los medios disponibles. No es nada prudente vivir
con más ostentación de la que permiten los ingresos, y muchos incurren en esta
falta.
Lo cierto es que para administrar bien el
dinero, poco o mucho, que se reciba, se necesita mucho cuidado y cierta
habilidad, para no tropezar en el escollo en que tantos se han estrellado.
El joven predicador debe tener en cuenta lo que
sigue:
- Nunca
gaste más de lo que reciba. Es
fácil para muchos excederse en los gastos y quedar comprometidos. El que
es previsor, se ajustará a los medios de que dispone. Para lograrlo hay
dos recomendaciones importantes: es la primera, no comprar lo que no se
necesite en realidad. La segunda es no comprar nada fiado, el que
quebranta cualquiera de estas reglas, se hace víctima de su imprudencia, y
tarde o temprano lamentará su error.
- El que compra cosas inútiles, sólo porque son
baratas, o por cualquier otro motivo, ocasiona un desequilibrio en sus
gastos que le será muy difícil reparar. También el que compra al crédito,
pierde su independencia económica y queda sujeto a una carga pesada y
molesta. Si el compromiso que contrae es con alguno de los miembros de su
congregación, no podrá hablar en el púlpito con libertad y se sentirá
cohibido delante de sus acreedores. Tal actitud es ridícula e
inconveniente en alto grado. En el ministro más que en ningún otro, debe
tener aplicación la recomendación del apóstol: “no debáis a nadie nada”
- Si el ministro es mal administrador, porque
muchos lo son, dé la administración del dinero a la esposa. A veces las
mujeres tienen más habilidad y mejor tino para el manejo del dinero,
aunque ésta sea para algunos una paradoja. Conozco predicadores cuyas
esposas administran mucho mejor que ellos el dinero. Un amigo mío tan
pronto como recibía el dinero, lo ponía en manos de su esposa, y nunca
estaba quebrado ni hacía falta lo necesario en su casa.
- Pero si ni él ni ella saben administrar bien
este delicado elemento, no habrá calamidad peor en esa casa. Si el dinero
se acaba tan pronto como llega, la miseria y la ruina se dejarán sentir
muy pronto. De ningún modo, pues, debe olvidarse la regla: en ningún caso
debe gastarse más de lo que se recibe.
- Debe
hacerse una buena distribución del dinero que se reciba. Generalmente el predicador recibe su dinero
cada mes. Es entonces cuando ha de hacerse una sabia distribución,
separando en primer lugar las contribuciones para la casa del Señor, y
luego señalando lo necesario para los gastos ordinarios y los
extraordinarios.
- Lo separado para el Señor no debe tocarse para
otra cosa. Si desde el principio ha separado lo necesario para este
objeto, ninguna dificultad tendrá en pagar fielmente sus contribuciones.
Del mismo modo se procede con los demás gastos, procurando ajustarlos a
lo señalado.
- Siguiendo fielmente estas reglas, la
administración será fácil y nunca faltará dinero para los gastos
necesarios. Pero faltando a ellas, viene el desequilibrio en asuntos tan
importantes.
- Es su
deber también ahorrar cuanto le sea posible. Esto debe hacerse sin llegar a los extremos de
tacañería o avaricia. No hay cosa más chocante que un predicador tacaño y
miserable. Pero esto dista mucho del hábito de ahorro y previsión que es
encomiable en todos, mayormente en el predicador. Si éste es joven, debe
ahorrar lo necesario para casarse. Aconsejo al joven que no tiene dinero,
que no intente casarse contrayendo deudas. No conozco matrimonio más
desdichado que el que comienza con una pesada deuda. Las deudas son un
enorme estorbo que no dejan ni respirar con libertad y mucho menos
permiten gozar la felicidad del matrimonio. Cuando el joven se ha casado
usando sus propios recursos, sin deberle a nadie nada, tiene derecho a una
felicidad completa en su matrimonio.
- Debe ahorrarse también para el tiempo de la
enfermedad. Desafortunadamente todos estamos sujetos a esta prueba. Si no
ha venido, vendrá, y acaso cuando menos la esperamos. La cosa más penosa
y triste es estar enfermo y sin recursos para curarse. Pues a esto llegan
muchos que no tienen el debido cuidado en el manejo de su dinero.
- Muchos jóvenes viven como si nunca tuvieran que
enfermarse, y la enfermedad es una terrible sorpresa para el corazón y
para el bolsillo que a veces está exhausto.
- Otra cosa que debe esperarse es la vejez,
cuando faltan las fuerzas para el trabajo y los achaques de los años
dejan al hombre aislado y casi olvidado. Hablar con los jóvenes de la
vejez y sus achaques, parece cosa anacrónica e inoportuna, pues los
jóvenes en todo piensan, menos en que han de ser viejos. Pero los viejos
de ahora, una vez fueron también jóvenes, y muchos de ellos hubieran
agradecido una palabra de consejo amistoso en los días de su juventud.
Muchos de ustedes, tal vez morirán jóvenes, otros a edad madura. Algunos,
aunque no lo quieran, llegarán a la vejez.
- Bienaventurados los que tienen larga vida, los
que llegan a la vejez respetados y amados de
todos. Pues bien, para llegar contentos a esa época de la vida en que
generalmente hay sufrimientos y dolor, es mejor contar con algo que haga
más llevadera la vida, y no ser una carga para los demás o depender de su
beneficencia.
- Para evitar esta calamidad, hay que ser
previsores, comenzando a ahorrar desde la juventud para los días obscuros
y tristes de la vejez, que nada de oscuro y triste tienen, cuando se
llega a ellos con una confianza suprema en el Señor y con alguna
provisión para las necesidades más urgentes.
- Pero el predicador que vive al día, sin
extender su vista hacia el porvenir, ni hacer alguna provisión, no es
sabio y antes de mucho comenzará a sentir los efectos de su imprevisión.
- No
contraiga deudas. Es éste un
asunto muy importante y del que, por desgracia, hacen poco caso algunos
predicadores. Conozco a algunos sumidos en deudas. No he visto espectáculo
más triste. El hombre se siente bajo un peso enorme. Casi no se atreve a
mirar de frente. Las deudas han matado su iniciativa y hasta su
personalidad. Es una víctima que inspira lástima, Jóvenes, si amáis la
libertad, no comencéis vuestra carrera ministerial contrayendo deudas.
- Las deudas han arruinado a más de un predicador
y le han hecho perder su carrera y vocación. Alguna vez tendremos que
valernos de nuestro crédito, pero será siempre que tengamos absoluta
seguridad de cubrir nuestro compromiso. Pero me refiero a los
predicadores que tienen la costumbre de contraer deudas sin la menor esperanza
de solventarlas; a los (lee por este motivo han perdido su crédito y
viven abrumados con el peso de las deudas. Tales hombres han perdido su
influencia, y para todo podrán servir, menos para predicadores del
evangelio.
- Por
último, sea muy cuidadoso en el manejo del dinero ajeno. Por su posición, el predicador tiene a veces
que recibir y distribuir fondos ajenos. Pueden ser contribuciones que
pasan por sus manos, o tendrá a veces que fungir como tesorero de la
iglesia o de alguna sociedad. Habrá veces que sea el encargado de alguna
construcción, cuyos fondos se le confían y tiene que administrar. En todos
estos casos y en otros no mencionados, tiene que ser muy escrupuloso y
absolutamente honrado.
- Debe de llevar libros en forma, o en casos de
menor cuantía, apuntes minuciosos en que conste todo lo que recibe y lo
que gaste, cuidando de anotar detalles y de exigir recibos que amparen
hasta el último centavo las cantidades gastadas, los que le servirán para
justificar las salidas al tiempo de que sus cuentas sean revisadas.
- Generalmente este dinero es sagrado, por ser
destinado para la causa del Señor, y por esta razón debe administrarse
con mayor cuidado y celo. El que es fiel en esto, es digno de que se le
confíen cosas e intereses que valen más que el dinero. Pero el mayordomo
infiel, perderá su crédito y a la hora de rendir cuentas, quedará
avergonzado y confundido.
Por lo expuesto, puede verse que el manejo
y administración del dinero es cosa bien delicada, en la que el predicador
tiene que mostrar: habilidad en el suyo propio y absoluta honradez en el ajeno.
Vale la pena discutir este asunto, pues el
dinero es el escollo en que muchos predicadores, hábiles y buenos en otras
cosas, han naufragado. Fin. Revisado