EL PREDICADOR
Su Vida Pública
(12)
A Tratar:
El trato con el sexo opuesto. No tener vicios.
Diversiones mundanas. Cosas de carácter dudoso. Enredos familiares. Los tratos.
Los compromisos.
No son pocos los predicadores que descuidan
su modo de vivir. Se conforman algunos con predicar más o menos bien o aparecer
como hombres eruditos, pero descuidan lamentablemente su comportamiento en la
vida. Olvidan que la conducta puede ser o una recomendación de la obra efectuada
en el púlpito, o un reproche de la misma y de la causa del evangelio en
general. Es deber ineludible de cada predicador vivir de acuerdo con la
enseñanza que imparte desde el púlpito y poner en concordancia su vida con los
preceptos del evangelio.
El predicador que no vive conforme a esta
regla, está engañando al pueblo, defraudando su propia conciencia y tratando de
engañar a Dios. Sus palabras serán “como metal que resuena o platillo que
retiñe.” Perderá pronto su influencia, y la gente se alejará de quien ocupa sin
merecerlo un lugar sagrado.
Conocí a un ministro inteligente que
predicaba bien, pero que trataba mal a su esposa y a sus hijos. Aparecía en
público como persona correcta, pero sus vecinos eran testigos de su mal
proceder, y ninguno de ellos quería oírlo predicar. De éste podían decir:
“hablan tan fuerte tus hechos, que no oímos tus palabras.” Fracasó
lamentablemente no sólo como predicador, sino como cristiano. Es claro, si no
vivimos como predicamos, es inútil predicar y aun pretender ser cristianos.
Jóvenes, el ministro de Dios tiene que ser
hombre de vida santa. De nadie se exige más santidad que del que anuncia el
mensaje de un Dios santo “Sed santos, como yo soy santo,” dice el Señor. “Sed
santos los que lleváis los vasos de Jehová,” es la amonestación para los que
administran las cosas del Señor. “Si alguno se limpiare de estas cosas, será
vaso para honra, santificado y útil para los usos del Señor, y aparejado para
toda buena obra,” dice el apóstol Pablo.
Los hombres que no tienen una vida limpia,
podrán acaso tener influencia y aun poder en el mundo, pero en el ministerio
son un estorbo y una maldición. Mil veces mejor alejarse del púlpito, que
permanecer en él, sin una conducta decente y limpia que corrobore su enseñanza.
Un predicador mundano, hace más daño a la causa de Cristo, que los mismos
infieles. La predicación más elocuente es la que se corrobora con una vida
consagrada. Sin ella, la predicación pierde por completo su valor y se vuelve
perjudicial.
No sólo las cosas que afectan tan
seriamente el carácter, destruyen la influencia del predicador, sino aun las
que se juzgan pequeñas por algunos. En efecto, una palabra imprudente, una
mentira, la falta a un compromiso, la impuntualidad y cosas por el estilo,
restan mucho del poder y la influencia que un predicador debe tener.
Jóvenes, me parece que la honra y la vida
de un predicador deben ser tan puras y transparentes
como las de una virgen. ¿Por qué no? ¿Por qué hemos de exigir más de una mujer
que de un hombre honrado? Si no queréis que en lo general los hombres no sean
tan puros como una mujer, y no veo razón para que no sea así, al menos que el
predicador, que ocupa un lugar santo, que habla en nombre de Dios y que expone
un mensaje del cielo, sea hombre de vida limpia y santa, como lo demanda la
Palabra de Dios.
Si no podéis tener una vida así, ocupaos de
otra cosa, ya que en el mundo sobran trabajos y posiciones menos delicadas,
aunque en ninguno debiera tener lugar un hombre que no fuera completamente
honrado. En el ministerio cristiano se exige la suma de requisitos morales.
Su vida pública no sólo debe ser limpia, sino libre
de toda sospecha. Tenga en cuenta que:
1.
Debe tener sumo cuidado en su trato con el otro sexo. Un joven que llega de nuevo a un campo, está
expuesto a mil tentaciones. Generalmente es el objeto de la atención y
miramientos de todos, particularmente del elemento joven femenil. Es aquí donde
comienza la parte difícil, pues por un lado, tiene que ser atento y cortés con
las señoritas, pero por otro, no debe olvidar lo delicado de su posición, y por
esto evitar todo trato descomedido. Es aquí donde muchos han fracasado
lamentablemente, arruinando su carácter y mancillando su posición.
·
El joven
predicador tiene que ser cortés y caballeroso con todos, especialmente con las
damas; pero como se exige en los ejercicios gimnásticos en grupo, hay que
guardar las distancias. El predicador que se ocupa de preferencia en charlas y
chacoteos con las señoritas, no sólo pierde la seriedad de su cargo, sino que
está expuesto a fracasar, perdiendo su influencia con la gente seria.
·
Por lo
contrario, sin dejar de mostrarse alegre con todos, debe ser un modelo de
cortesía y sentimientos cristianos ante la juventud que le rodea.
·
Las
recomendaciones que anteceden son para el joven predicador que no es casado. Si
lo es, con mayor razón debe observar las mismas reglas, y además mostrarse
respetuoso y amante con su esposa, dándole el lugar que le corresponde delante
de todos. El predicador que es casado no está expuesto a los peligros del
soltero. Por esto, como dice el apóstol, “es mejor casarse que quemarse”.
2.
El predicador no debe de tener vicios. Para algunos, fumar no es cosa grave, y tolera que
el predicador tenga este vicio, con tal de que a su vez les permita tener otros
mayores. Debe recordarse que el uso del tabaco, no sólo es una costumbre sucia,
sino que mina la fuerza intelectual y nerviosa del mejor hombre. Conozco muy
pocos predicadores que tengan este vicio, pero ninguno de ellos goza de buena
salud, ni se distingue por su intelectualidad.
·
Por otro lado,
fuera del mal ejemplo que da a los jóvenes de su iglesia, este vicio relaja la
dignidad y la influencia del predicador, más, mucho más, de lo que él supone.
3.
No debe ser asiduo participante de diversiones
mundanas. El peligro está en que el
mundo se introduzca en la iglesia, y las consecuencias son funestas para la
vida espiritual de sus miembros. El mundo tiene de sobra atractivos que seducen a nuestra juventud
cristiana. Apenas si podemos detenerla, y si el mismo predicador es mundano, ya
puede calcularse el efecto que su conducta tendrá en la juventud y en la
iglesia en general.
·
Sin duda, por la
conducta poco cuidadosa del predicador, hay tantos cristianos que tienen un pie
en el mundo y el otro en la iglesia.
·
El Señor dijo de
los suyos: “no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo,” y el apóstol
recomienda: “no améis el mundo, ni las cosas que están en el mundo.”
·
Conocí a un
joven predicador que terminaba temprano los servicios religiosos porque, decía
que tenía que asistir al cine. Excusado es decir, que él y su iglesia
fracasaron lamentablemente.
·
De vez en cuando
hay una película notable que me gusta ver: pero la mayor parte de las que se
exhiben, son inmorales y no pueden ni deben verse por cristianos, sin que dejen
huella en su carácter moral En tratándose del predicador, el efecto es peor.
4.
Tampoco debe hacer ninguna cosa de carácter dudoso,
ni nada en oculto ni que le avergüence.
Su vida pública ha de ser diáfana, de modo que pueda ser un ejemplo para los
fieles, como lo recomienda el apóstol.
5.
Debe abstenerse de toda clase de chismes y enredos
familiares. El predicador oirá mucho
de esto, pero si es prudente, en vez de fomentar los chismes, hará por
apagarlos o disminuir su intensidad.
·
Dios nos ha dado
dos oídos y dos ojos, pero una sola lengua. Esto tal vez quiera decir que
tendremos que oír y ver dos veces más de lo que debemos hablar. A nuestro
pesar, veremos y oiremos cosas desagradables, pero si tenemos cuidado con
nuestro modo de hablar, esas cosas no aumentarán de proporción, como
generalmente sucede. La posición del predicador demanda que sea prudente para
oír y mucho más para hablar.
6.
Debe ser justo en todos sus tratos. Remunere justamente el trabajo del pobre, y no
defraude a nadie. Hasta los extraños deben saber que el predicador es hombre
honrado en sus tratos con los demás. Cualquiera sospecha de ventaja sobre otro,
será prontamente notada y rebajará su dignidad ministerial.
·
No pagar el
tranvía, recibir mayor cambio del que es debido, dar medida escasa, tratar de
poner en circulación una moneda falsa, poner trampas en los medidores de luz y
agua, son para algunos cosas pequeñas, pero no es así,
y practicadas por predicadores, destruyen su carácter y la influencia que
pudieran tener.
7.
El predicador debe cumplir todos sus compromisos,
sean pecuniarios, de palabra o morales.
Ha de ser exacto en sus citas, como también para comenzar y terminar los
servicios a tiempo. Algunos son muy descuidados en esto. Poco o nada les
importa comenzar tarde los servicios, o detener a la congregación más del
tiempo acostumbrado. Algunos hasta ponen su reloj sobre el púlpito, pero de
nada les sirve. Predican largo y pobremente, con inútiles repeticiones y
prolongan el servicio indebidamente. Tengo temor de algunos jóvenes que quieren
usar su reloj en el púlpito, ya sé que el sermón será largo y cansado y que el
pobre reloj será olvidado. Si es importante comenzar los servicios a tiempo,
más lo es terminarlos a tiempo. Si en algunos servicios se va a tener bautismos
o