EL PREDICADOR
Su Modo de Accionar
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El tema:
Generalmente el modo de accionar en el
púlpito es cosa de que el mismo predicador no se da cuenta, ni pone en ello
atención, a no ser que hasta los ademanes tenga estudiados, lo que seria
ridículo. El auditorio es el que observa cuidadosamente cada movimiento y
acción del predicador. Tenga esto en cuenta quien habla en público, pues en
buena parte el éxito de su sermón depende de su modo de accionar.
En relación con esto debe notarse lo siguiente:
1.
La postura.
La posición del predicador en el púlpito ha de ser del todo correcta. De frente
al auditorio, con la cabeza erguida y el pecho levantado sin exageración. Dos
ventajas logra con esto: dominar completamente al auditorio y hablar con
facilidad. Quien intente hablar con la cabeza inclinada y el pecho hundido,
hallará que su voz es apagada y que no logrará ser oído por todos.
·
Su vista ha de
estar fija en el auditorio. Los ojos dan expresión al rostro y ejercen cierto
poder en los oyentes. Muchas veces mirando fijamente a un oyente distraído, se
logra que ponga atención. Por supuesto, la mirada no debe ser provocativa, sino
atractiva y magnética. Los predicadores de mirada vaga e indiferente,
difícilmente logran interesar al auditorio. Si el predicador quiere que su
mensaje tenga efecto, mire de frente a su auditorio como cuando se comunica una
noticia sensacional e interesante. Nadie que da una noticia de esta clase, deja
de ver de frente y a los ojos de sus oyentes.
·
Cuide el
predicador de que sus pies estén en posición natural. Como en la actualidad se
predica de pie, según la costumbre moderna, debe fijarse en la posición de los
pies. Evítese la costumbre de pararse sobre la punta de éstos y la de subir y
bajar los talones. Las piernas deben estar juntas o casi juntas, no arqueadas
ni semidobladas. De vez en cuando rectifíquese su
posición. Generalmente al hablar se avanza un pie para conservar el equilibrio
del cuerpo. De todos modos, ni ésta ni ninguna posición debe ser estudiada,
sino natural.
·
Al predicar,
especialmente los jóvenes, parece que sobran las manos o no hallan lugar para
ellas. Es como cuando nos vamos a retratar, no hallamos lugar propio para las
manos. No sabiendo qué hacer con ellas, muchos jóvenes predicadores las meten
en los bolsillos y así intentan predicar. Pero esto es muy impropio, como lo es
también hablar jugando con los botones o con la leontina del reloj. Al comenzar
a hablar, puede apoyarse una mano, la izquierda, sobre el púlpito, dejando
libre la derecha para abrir
2.
Los ademanes. En ningún caso deben ser exagerados. Son disculpables éstos sólo cuando
el predicador esté apasionado o sean en él enteramente naturales. Evítese hasta
donde sea posible, hacerlos con los dos brazos al mismo tiempo. Procúrese no
doblar el cuerpo. Es mejor hacer la mayor parte de los movimientos de la
cintura para arriba. Algunos agitan brazos y piernas y se inclinan hasta casi
tocar el piso con las manos. No se corra en la plataforma de un extremo al
otro, ni se golpee sobre
·
Por otra parte,
los ademanes deben ser correspondientes, esto es, que tengan relación directa
con la idea que se expresa. No se señale el sur por el norte, ni la izquierda
por la derecha. Algunos se tocan la parte posterior del cuello, cuando se
refieren al cerebro. En todo caso esa parte será la cerviz, pero raras veces
tenemos que referirnos a ella en la predicación.
·
Los ademanes
deben ser también oportunos. Generalmente adelantamos el ademán a la expresión
completa de la idea, pero en ningún caso debe hacerse después. Al tratar de
expresar con energía alguna idea, por regla general el ademán la precede, pero
cuando éste se hace después, el sermón parece más bien recitación mal
aprendida.
3.
La gesticulación. La expresión del rostro del predicador es cuidadosamente observada por
el auditorio. Por esto debe ser natural, pues cualquiera simulación es al
instante descubierta. Muchos ponen un rostro curioso al hablar y especialmente
al cantar. No debe nunca completarse la idea con algún gesto del rostro. Al
usar palabras o frases onomatopéyicas, hay peligro de llegar al ridículo y por
esto deben evitarse en el púlpito. Raras son las permitidas, como el “tic tac” del reloj y algunas otras.
·
No debe
predicarse con los ojos cerrados o entrecerrados, ni hacer guiños. Como se ha
expresado, los ojos más que ninguna otra cosa dan expresión al rostro y deben
fijarse de modo natural en la congregación.
·
La mejor regla
es: ser naturales en la postura, los ademanes y la gesticulación. Nada iguala a
la naturalidad en la acción. Todo artificio o afectación en el púlpito, son
inadecuados y están fuera de lugar. El predicador más atractivo, es el que
expone su mensaje de la manera más sencilla y natural. Fin. Revisado