CABEZA DE PLATA – CORAZÓN DE ORO

 

 

Unos encorvados, otros arrastrando los pies al caminar; otros empujados en sillas de ruedas, el artritis ha deformado sus manos, sus pies, y dañado su espina dorsal, sentados en sus sillas con sus piernas paralizadas, con la ayuda de sus manos temblorosas, todos en una competencia con los latidos de sus corazones, se alistan con paciencia para un lento caminar. Después de un pequeño descanso, algunos toman himnarios en sus manos para repartirlos, otros no pueden ver.

   Se anuncia el primer canto. Labios temblorosos se mueven, “¡ Y EL CIELO ABRE SUS PUERTAS!” - ¡UN CORO PARA EL REY DE GLORIA SE LEVANTA DESDE ESE PEQUEÑO RECINTO, HASTA EL TRONO DIVINO!.

Las voces de galantes guerreros, sus ojos llenos de lágrimas sacuden su cuerpo. Las voces de guerreros fuertes, fortalecidos para el final. Esas voces de conquistadores, buscando sus CORONAS.

 

Un poco después ellos oyen las palabras: ¡Estamos aquí para conmemorar  una vez más la muerte, sepultura y resurrección de nuestro Señor!.  ¡UNA VEZ MÁS!.  ¡SI, OTRA VEZ, TANTAS VECES, HASTA ALCANZAR LA VICTORIA!.

 

 Las manos temblorosas y torcidas por el artritis se extienden para tomar el pan que ya ha sido partido para ellos. Con determinación esfuerzan sus dedos para sostener el pequeño fragmento representando el cuerpo crucificado. Lenta, muy lentamente lo llevan a su boca, algunos pedacitos caen de sus manos que con dolor levantan hasta completar el acto.

 

Enseguida la copa es traída. El símbolo de la sangre del Señor – El símbolo de vida y muerte. Los pequeños vasitos, son tan pequeños que sus dedos no los pueden abarcar. Un hermano bondadoso saca la copita y la pone en la palma de su mano – la copita logra llegar a sus labios hasta beberla triunfantemente.

 

¡OH, QUE GLORIA PODER HONRAR A NUESTRO SALVADOR CON EL ÚLTIMO ALIENTO DESPUÉS DE TODOS ESTOS AÑOS! “La mente ya trascendió de este cuarto hacia uno mucho muy arriba”.

 

Cada semana damos una contribución para una causa noble. Oyen la explicación. Y la canasta llega, allí hay sobres blancos con su contribución, billetes en medio de las Biblias, moneditas, que con sus manos frías ponen en la canasta.  Una fiel esposa saca un dólar y lo da a su marido paralizado. Aunque tan lento, todo cuidadosamente y con amor es puesto en la canasta. ¿No es mucho? Tal vez no, pero ayuda a otros.

 

Ahora, el predicador se levanta ante la pequeña asamblea. Muchos se mueven. Los asientos son duros, y la circulación sanguínea está fallando. El artritis continúa estresándoles. Un joven dice: ¡Debemos obtener el hogar de gloria algún día!. Unos lo miran, otros miran el piso. El habla del cielo, y ellos empiezan a dejar todo atrás, pensando en su gente que volverán a mirar. Ha sido tan largo el camino. Han sostenido tantas BATALLAS. Algunas lágrimas corren en sus mejillas. ¡Ellos sueñan con el cielo!.

 

Termina el sermón y se dice la última oración, empiezan a dejar el lugar lentamente. Su vida no siempre fue así. En años pasados, tenían necesidad de más tiempo, por las ocupaciones, tomar o alistar a sus hijos y llegar apresurados al edificio. Y después se movían de un grupo a otro discutiendo del trabajo de la iglesia, evangelización, series de servicios, nuevos edificios, etc. Ahora el cuarto está vacío, están en camino a su pequeño cuarto y  “ASUMIR LA ESPERA POR LAS MANSIONES ETERNAS”

 

Ellos gimen. Las batallas de la vida ya las conocieron y las pelearon, las montañas ya las escalaron, la desolación ya la conquistaron. Ahora es cuestión de esperar y animar a su gente que dejan atrás, para que también ellos hagan lo mejor que puedan.  Cansados, esperando, pero con tanta voluntad de seguir hasta tocar la meta.

 

Entonces, cuando en aquel lugar,  ellos volverán a empezar. Solo el tiempo será diferente. Este tiempo ha sido duro. Allí no habrá dolor, ni piernas paralizadas, ni cuerpos encorvados. ¡” Y NUNCA ENVEJECERÁN”!   - Escribe: Henry & Grace Cisneros-Hermosillo-México.