RecomenzaR

 

 

 

Estaba parada en mi ventana y observé cómo llegaba una carroza fúnebre a la casa situada frente a la mía. La viuda y algunos de sus familiares subieron y se dirigieron a una funeraria. Me limpie una lágrima, no porque fuera a extrañar al hombre (ni siquiera le había hablado una vez), sino por el remordimiento que sentí. Ni siquiera sabía si él conocía o no al Señor. Pensándolo bien ni siquiera estaba segura de si él sabía que yo era creyente.

Viene a mi memoria el tiempo en que la familia recién se había mudado a la casa de enfrente. Recuerdo que en esos días me habían hecho una pequeña intervención quirúrgica y no me sentía muy bien. Pienso que debería de haber tratado presentarme y darles la bienvenida a esta vecindad, pero de alguna manera no desee hacerlo. Y cuando me sentí mejor, me pareció muy tarde.

Recuerdo que una vez fui a votar en su casa, su garaje sirvió para la votación; sin embargo, ellos deberían haber estado adentro, pues no los vi.

Siempre estaba tan ocupada asistiendo a la iglesia, sirviendo en varios comités, y trabajando medio tiempo.

Un día observé muchos automóviles y gran cantidad de invitados: Estaban celebrando la boda de su hijo. Ni siquiera sabía su nombre hasta que lo leí en el periódico.

Todos los domingos mi familia y yo vamos a la asamblea de laiglesia, y algunas veces vi a mi vecino cortando el césped, o preparándose para ir a la playa.

Una semana tuvimos una campaña evangelística y nos animaron a invitar a nuestros vecinos. Cuando finalmente encontré el tiempo y me anime a tocar el timbre, nadie contestó, estaban de vacaciones.

 

Finalmente un día leí en el periódico las trágicas circunstancias de la muerte de un hombre, y descubrí que era mi vecino, el que vivía enfrente de mi casa. Crucé la calle, toqué el timbre y pregunté por la viuda, pero me dijeron que ella no quería ver a nadie. Después de todo ella no siquiera me conocía. Aunque vivía solo cruzando la calle, yo era una extraña para ella.

Poco tiempo después un camión de mudanzas vino y se llevó todo. Luego fue puesto un aviso de "se vende", y más adelante apareció el rótulo de "vendida".

He tenido tiempo de pensar mucho y de reevaluar mis prioridades. Hoy sigo estando tan ocupada como antes. Pero esta mañana vi otro camión de mudanzas enfrente de mi casa y bajaron muchos muebles, una nueva familia se está mudando. Acabo de poner la comida en el horno y un pastel, y en cuanto estén listos voy a ir a ver a los nuevos vecinos para presentarme. "Pienso que nunca es demasiado tarde para recomenzar"