"Mi paz os doy"

(Juan 14:27)

 

 

Había dos pintores, los cuales para ilustrar su concepto de paz, pintaron un cuadro cada uno.

   El primero escogió para su escena un lago apacible y solitario situado entre las lejanas montañas.

   El segundo dibujó en su lienzo una cascada atronadora, con un árbol frágil que se inclinaba sobre la espuma del agua y sobre una de sus ramas casi mojada por la espuma de la catarata se posaba un ave en su nido.

   El primero no representaba otra cosa que estancamiento. El último paz y descanso.

 

Aparentemente, la vida de Cristo fue una de las más inquietas que jamás se han vivido; entre la tempestad y el tumulto, el tumulto y la tempestad, y el acontecimiento de toda clase de olas, a todas horas, hasta que el cuerpo desplomado fue colocado en la tumba.

Pero su vida interior fue un mar de Cristal. Siempre había en ella una gran calma.

En cualquier momento podéis acudir a él y encontrar descanso. Y aún cuando los sabuesos humanos estaban persiguiéndole por las calles de Jerusalén, él se volvió a sus discípulos y les ofreció como un último legado: "Mi paz".

El descanso no es un sentimiento santo que recibimos en la iglesia. Sino el profundo asentamiento de un corazón en Dios.