¿Dónde estas Jesús?
El mundo
sigue soñando con alguien que le enseñe a moverse en el laberinto de la
angustia, y que, sobre todo, le muestre la puerta de salida. ¿Dónde está el
forjador? Hemos nacido con cadenas y prisiones; a veces con cadenas de oro,
pero siempre cadenas. Se busca un soldador capaz de fundir esos metales. ¿Dónde
está el encantador que, con toques mágicos, transforme los ensueños en carne
viva, los lamentos en canciones, el luto en danza y la muerte en vida?.
Enterrado
en el alma de la humanidad duerme un sueño antiguo. ¡Libertad! Para encontrar
la verdadera felicidad. La plena felicidad.
VEN SEÑOR JESÚS, PORQUE:
Judas
sigue transitando por nuestra tierra, cargando enigmas en sus hombros, y
mendingando de puerta en puerta un mendrugo de misericordia.
A nuestro
lado camina
¿Y qué
decir de Caifás? Continúa resentido.
Noche a noche se oculta entre las sombras para disparar con su honda, guijarros
contra las estrellas que brillan más que él.
Pilato
sigue pidiendo a gritos una bandeja para lavarse las manos, después de haber
entregado a los inocentes en los brazos de la muerte.
Jesús,
hemos perdido la señal, tu señal, la señal del amor, aquella señal que
predicaría al mundo que, “somos tus discípulos”. El mundo ve nuestros celos, nuestras peleas y
divisiones por doquier. Se han levantado muchos fariseos que, quieren imponer
cargas pesadas, cargas sin misericordia. Quieren vernos amargados. No predican,
ni enseñan, sólo escriben y escriben, libros y más libros de. ¡No hagas! ¡No vayas!
¡No saludes a los samaritanos! ¡No mires a los pecadores! Y nosotros...
Señor Jesús: Ayúdanos a reencontrar ese camino. Ese
camino por el cual tu transitaste, en el cual, a pesar del dolor y sufrimiento,
carestías y demás, pudiste decir con toda seguridad: “Mi paz os doy, mi paz os
dejo”. Ese camino por el cual se sufre
pero también se puede regocijar en esta vida.
Los
hermanos siguen forjando cadenas que nos separan y dividen. Nos enseñan a no
saludar a otros hermanos. A manifestarles nuestro desprecio. Dicen que es por
nuestro bien. No veo el bien, sólo se que cada día estamos más lejos de aquella
hermandad donde la dicha y amor por compartir una fe, una esperanza, un solo
Señor...era el pan de cada día.