Amar la vida
(41)
Un profesor fue
invitado a dar una conferencia en una base militar, y en el aeropuerto lo
recibió un soldado llamado Ralph.
Mientras se encaminaban a recoger el equipaje, Ralph
se separó del visitante en tres ocasiones: primero para ayudar a una anciana
con su maleta; luego para cargar a dos pequeños a fin de que pudieran ver a
Santa Claus, y después para orientar a una persona.
Cada vez regresaba con una sonrisa en el rostro.
"¿Dónde aprendió a comportarse así?", le preguntó el profesor.
"En la guerra", contestó Ralph. Entonces le
contó su experiencia en Vietnam. Allá su misión había sido limpiar campos
minados. Durante ese tiempo había visto cómo varios amigos suyos, uno tras
otro, encontraban una muerte prematura.
"Me acostumbré a vivir paso a paso" -explicó. "Nunca sabía si el
siguiente iba a ser el último; por eso tenía que sacar el mayor provecho
posible del momento que transcurría entre alzar un pie y volver a apoyarlo en
el suelo. Me parecía que cada paso era toda una vida".
Nadie puede saber lo que habrá de suceder mañana. Qué triste sería el mundo si
lo supiéramos. Toda la emoción de vivir se perdería, nuestra vida sería como
una película que ya vimos. Ninguna sorpresa, ninguna emoción. Pienso que lo que
se requiere es ver la vida como lo que es: una gran aventura.
Al final, no importará quién ha acumulado más riqueza ni quién ha llegado más
lejos. Lo único que importará es quién lo disfrutó más. Eso es, creo yo, lo que
se pondrá en la balanza a la hora de hacer el recuento final.