Que nada
te detenga
(33)
Cuando
yo era chico me encantaban los circos y lo que más me gustaba eran los
animales, de todos ellos el que más llamaba mi atención era el elefante.
Durante la función, la enorme bestia hacía despliegue de peso, tamaño y fuerza descomunal...
pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, el
elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus
patas a una pequeña estaca clavada en el suelo.
Sin embargo, la estaca era sólo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado
unos centímetros en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa, me
parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol de tajo con su propia
fuerza, podría, con facilidad, arrancar la estaca y huir.
El misterio es evidente: ¿Por qué no huye si aquello que lo sujeta es tan débil
comparado con su fuerza? Cuando tenía cinco o seis años, pregunté a varias
personas por el misterio del elefante y alguien me explicó que el elefante no
se escapaba porque estaba amaestrado.
Hice entonces la pregunta obvia: Si está amaestrado, ¿por qué lo encadenan? No
recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente.
Hace algunos años descubrí que alguien había sido lo bastante sabio como para
encontrar la respuesta:
"El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca
parecida desde que era muy pequeño".
Cerré los ojos y me imaginé al pequeño recién nacido sujeto a la estaca. Estoy
seguro de que en aquel momento el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de
soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo no pudo. La estaca era ciertamente muy
fuerte para él. Juraría que se durmió agotado y que al día siguiente volvía a
probar, y también al otro y al que seguía...hasta que un día, un terrible día
para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino.
Este elefante enorme y poderoso no escapa porque CREE QUE NO PUEDE.
El tiene registro y recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia que se
siente poco después de nacer. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar
seriamente ese registro. Jamás... Jamás... intentó poner a prueba su fuerza
otra vez...
Cada uno de nosotros somos un poco como ese elefante: vamos por el mundo atados
a cientos de estacas que nos restan libertad. Vivimos creyendo que un montón de
cosas "no podemos hacer" simplemente porque alguna vez probamos y no
pudimos. Grabamos en nuestro recuerdo "no puedo... no puedo y nunca
podré", perdiendo una de las mayores bendiciones con que puede contar un ser
humano: la fe.
La única manera de saber, es intentar de nuevo poniendo en el intento TODO
NUESTRO CORAZON y todo nuestro esfuerzo como si todo dependiera de nosotros,
pero al mismo tiempo, confiando totalmente en Dios como si todo dependiera de
él.