¨JESUCRISTO¨
(7)
JESÚS. SU HISTORICIDAD
¿Son confiables los libros neotestamentarios que detallan el cumplimiento que
hace Jesús de profecías veterotestamentarias? ¿Cómo puede uno estar seguro en
este siglo de que Jesús, un carpintero Nazareno, en realidad vivió en el siglo
primero? ¿Será solamente ilusiones el relato acerca de Su maravillosa vida? Los
cristianos primitivos afirmaron que tal persona estuvo con ellos en la carne, y que vieron Su gloria. Sin embargo, ¿estaban ellos únicamente imaginándose un glorioso
ideal de la especie humana?
Los cuatro relatos del evangelio acerca de la vida que supuestamente
vivió Jesús, después de haber sido sometidos a examen microscópico por tenaces
incrédulos, constituyen en nuestra era los más
autorizados documentos históricos que existen. ( Ref- 1 ) Si uno tomara
la posición en el sentido de que Mateo, Marcos,
Lucas y Juan eran sencillamente seguidores engañados por sí mismos, de un mítico Jesús, esa
posición se desmoronaría al oír las declaraciones que han hecho personas no
cristianas. No son muchas las citas de no cristianos de los primeros siglos que
están disponibles, pero las pocas afirmaciones existentes, acerca de Jesús, son
demostraciones ciertas de la verdad en el sentido de que Él realmente existió. Ref- 2)
Flavio Josefo era un fariseo culto, que nació
siete años después que la iglesia fue establecida. Vivió hasta después que el
Nuevo Testamento se acabó de escribir; no era cristiano, sin embargo le tenía
un respeto casi reverente a Jesús:
Por aquel tiempo existió un hombre sabio, llamado
Jesús, si es lícito llamarlo hombre; porque realizó
grandes milagros y fue maestro de aquellos hombres que aceptan con placer la
verdad. Atrajo a muchos judíos y a muchos gentiles. Era [el] Cristo. Cuando, delatado por los príncipes responsables de entre los
nuestros, Pilato lo condenó a la cruz, los que antes lo habían amado no lo abandonaron, porque se les apareció al tercer día de nuevo vivo, tal como los profetas divinos habían anunciado estos
y otros diez mil hechos maravillosos acerca de él. Desde entonces hasta la
actualidad existe la tribu de los cristianos que de él toma nombre. (Ref-
3)
Si
algo caracterizó a Josefo en la anterior declaración, además de la veneración, fue el descuido en el uso
de las palabras, pues dio la impresión de creer en los hechos del evangelio. (Ref-
4) No obstante, lo que verdaderamente creía,
se aprecia en un libro que escribió más adelante, libro que sirve de correctivo;
en este escrito se refirió a Jesús como uno a quien «se le llamaba Cristo». (Ref-
5)
Existen pruebas sólidas en el sentido de que Josefo
no creyó en la deidad de Jesús, pero son igualmente
sólidas las pruebas en el sentido de que sí creyó que Jesús de Nazaret vivió en el siglo primero. Desde
el punto de vista de una persona ajena a la «tribu» de los cristianos, las palabras de Josefo
constituyen un testimonio en contra de cualquiera que considere a Jesús un
personaje mítico.
Existe una colección de extensos escritos judíos de los primeros cinco
siglos, llamada el Talmud
(que se compone de dos partes: (
De
modo sarcástico, los rabinos se refirieron a Jesús como «El que fue colgado», y
como «El hijo de la virgen». (Ref- 9). También, los rabinos hicieron juegos de
palabras insultantes sobre la palabra «evangelio», haciendo que suene en su
idioma como si significara «iniquidad del Margen», o «Pecado de la tabla de
escribir». (Ref- 10). Si alguna vez hubieran considerado la idea de
un Jesús mítico, no hay duda de que sus ataques hubieran sido diferentes. Cada
uno de los insultos de ellos tiene su origen en la realidad del carpintero
Nazareno.
Otro historiador, considerado el más destacado del Imperio Romano, fue
Cornelio Tácito. Cerca del 110 d. C., escribió una descripción del incendio de
una tercera parte de la ciudad de Roma durante la era de Nerón (del 54 al 68 d.
C.). Debido a que algunos romanos decían que el mismo Nerón había causado el
«Gran Incendio» del 64, este se propuso rebatir la acusación. Como parte de su
relato. Tácito escribió:
“ Por lo tanto, para acallar los rumores.
Nerón presentó como culpables y sometió a los más rebuscados tormentos a los
que el vulgo llamaba cristianos, una clase de hombres aborrecidos por sus
ignominias. Aquel de quien tomaban nombre, Cristus, había sido ejecutado en el
reinado de Tiberio, por condena del procurador Poncio
Pilato; la execrable superstición, momentáneamente
reprimida, irrumpía de nuevo no sólo por Judea, origen del mal, sino también
por Roma, lugar en el que confluyen y hallan su hogar toda clase de atrocidades
y vergüenzas del mundo”. (Ref. 11)
Aunque los escritos de Tácito revelan que él estaba indignado con los
que «el vulgo llamaba cristianos», también resulta claro que estaba firmemente
convencido de que «Cristus, había sido ejecutado [...] por condena del
procurador Poncio Pilato».
Otro autor romano, contemporáneo de Tácito, gobernador de Bitinia, fue
C. Plinio Segundo. Se le identificó como Plinio «el Joven» para distinguirlo de su eminente tío del
mismo nombre. Plinio el Joven escribió al emperador
Trajano, en el 112 d. C., pidiéndole consejo acerca de qué debía hacer con los
muchos cristianos de su provincia.
Al
ser abandonados los templos paganos, y al estar dispuestos los cristianos a
morir por el nombre de Cristo, habría sido imposible hacer que Plinio pensara que era un mito acerca de Jesús el que había
dado inicio al generalizado «contagio». Las observaciones de Plinio demuestran la extensión que había alcanzado la
influencia cristiana: «Y no sólo en las ciudades, también en las aldeas y en
los campos se ha propagado el contagio de semejante superstición». (Ref- 12)
Suetonio (65-135),
contemporáneo de Tácito, y colega historiador de este, escribió cerca del 120
d. C., sobre una drástica medida tomada por el emperador Claudio en el 49 d.
C.: «Debido a que los judíos constantemente causaban disturbios por instigación
de Cresto, él los expulsó de Roma». (Ref-13). (Al que
Tácito llamó «Cristus», ( Ref-
14) Suetonio
llamó «Cresto». (Ref-
15)
El
autor Orosio mencionó que esta expulsión ocurrió en
el año noveno del reinado de Claudio. Tal como Werner
Keller señaló, esto significa que una comunidad
cristiana existía en Roma «no más de quince a veinte años después de la
crucifixión». (Ref- 16)
Aparentemente, los judíos incrédulos del gueto judío
de Roma, estaban persiguiendo a los judíos
cristianos. Ellos provocaron disturbios públicos de tal magnitud que llegaron a
indignar a Claudio. Por consiguiente, el emperador,
interpretando el asunto como una contienda judía interna, ordenó que todos los judíos salieran de Roma. Aquila y Priscila
formaban parte de ese desafortunado grupo. En Corinto,
Pablo halló «a un judío llamado Aquila, natural del
Ponto, recién venido de Italia con Priscila su
mujer, por cuanto Claudio había mandado que todos los judíos saliesen de Roma»
(Hechos 18.2). Este triste suceso, que refleja la existencia de una gran
cantidad de cristianos en Roma, dentro de los
veinte años posteriores a la muerte de Jesús,
difícilmente pudo haber ocurrido si nunca hubiera habido un «Cresto». La observación de Suetonio
es otra prueba, de una fuente objetiva, aunque hostil,
de la historicidad de Jesús. (Ref- 17)
La influencia de un Jesús de Nazaret que vivió, respiró y murió en el
siglo primero, no puede ser contrarrestada, pues lo
que Él hizo no lo hizo «en algún rincón» (Hechos 26.26). Se cuestione lo que se
cuestione acerca de Cristo, hay una cosa que debe
ser aceptada, y esta es la realidad de Su
existencia. «No hay persona informada que albergue duda alguna acerca de la
existencia de Napoleón Bonaparte, ni de Oliver Cromweil, ni de Julio César», ni de Jesús
de Nazaret. «La verdad en el sentido de que Julio
vivió, de que peleó guerras en
Frederick C. Grant afirmó:
«Teorías modernas como las del "mito de Cristo" son desechadas por
todos los historiadores científicos».19 Cierto conferencista hizo la siguiente
afirmación: “El suponer que [Jesús] jamás vivió, que los relatos acerca
de su vida son invenciones, es más difícil y arroja más obstáculos al sendero
del historiador, que el aceptar como verdaderos los elementos esenciales de los
relatos de los evangelios”. (Ref-20)
F.F. Bruce dijo: «Puede que algunos autores jugueteen con
la fantasía del "mito de Cristo", pero al hacerlo no cuentan con el
sustento de las pruebas históricas». (Ref- 21)
«Si el Nuevo
Testamento no se hubiera escrito jamás, y si los padres hubieran guardado un
silencio sepulcral, bien podríamos haber tomado de estas fuentes extemas [es decir, de las afirmaciones de incrédulos], y
vemos obligados a aceptar todos las grandes verdades del cristianismo». (Ref- 22) El
cristianismo está, pues, históricamente sustentado y geográficamente arraigado.
En contraste con un penumbroso Confucio, o con un incierto Buda, se yergue un
Jesús tan real como Julio César. Cuando uno se ve enfrentado a la pregunta que
dice: «¿Quién decís vosotros que es el Hijo del
Hombre?», uno tiene algo sólido sobre lo cual sustentar su respuesta.
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1 Hubo un tiempo cuando «el carácter
fidedigno básico de los relatos neotestamentarios»
fue cuestionado, «pero ese tiempo pertenece permanentemente a un lejano pasado»
(John H. Gerstner, Reasons for Faith [Razones para creer] [New
York: Harper & Brothers,
1960], 86).
2 Las observaciones de no cristianos
«pueden ayudar también a rebatir el argumento, propuesto con bastante seriedad
por algunos críticos a finales del siglo diecinueve, en el sentido de que Jesús
en realidad jamás existió del todo, y de que la historia de Jesús fue una
elaboración de un mito acerca de un dios que apareció sobre la tierra por un
tiempo en forma humana» (Encyclopaedia Britannica [Enciclopedia Británica], 1962 ed., s. v. "Jesús Christ,"
by Jaroslav Jan Pelikan).
3 Josephus Antiquities (Antigüedades) 18.3.3.
4 La afirmación de Josefo
está tan a favor de Cristo que muchos eruditos han aseverado que toda la
porción es una interpolación. Menos drástica, pero en el mismo sentido, es la
decisión de interpretar ciertas palabras como interpolaciones (Joseph Klausner, fesus of Nazareth: His
Life, Times, and Teachings [Jesús
de Nazaret:
Su vida, tiempos y enseñanzas],
trans. Herbert Danby [New York: Macmillan Co.,
1929], 56). No obstante, todos
los manuscritos existentes de los escritos de Josefo
contienen la totalidad de la porción, y esta se ha citado desde el 324 d. C. (por Eusebio). En lo
que a prueba textual se refiere, uno bien podría desechar cualquier otra
porción como esta de los escritos de Josefo. Sólo el
razonamiento subjetivo puede hacer tal cosa.
El Servicio de Noticias del New York Times,
bajo una línea de cambio de fecha de Jerusalén, el 13 de febrero de 1972, informó de un
manuscrito árabe del siglo diez, que tiene una variante del texto de Josefo, la cual se lee así: «Hubo por
aquel tiempo un hombre sabio llamado Jesús. Y su conducta era buena, y se sabía
de él que era virtuoso. Y muchos de los judíos y de las demás naciones llegaron
a ser sus discípulos. Pilato lo condenó a ser crucificado y a
morir. Y los que habían llegado a ser sus discípulos no abandonaron su
discipulado. Ellos informaron de que él se les apareció tres días después de su crucifixión y de que estaba vivo;
por consiguiente, tal vez él fue el mesías sobre el cual los profetas han
relatado maravillas».
5 Josephus Antiquities (Antigüedades)
20.9.1.
7 Thomas HartweII Horner, An Introduction to the Critical
Study and Knowledge ofthe Holy Scriptures (Introducción al estudio crítico y
conocimiento de las Sagradas Escrituras) (Philadelphia: E. Littell, 1831),
1:197.
9 Jesús
fue llamado Ha-Taluy, «El que fue colgado», y Ben Pantera, «El hijo de la
virgen». La palabra pantera es una
forma corrupta de la palabra griega parthenos, «virgen». (Ibíd.)
10 Euangelion, «evangelio», fue alterado para que se lea: 'Awen-gillayon o 'Awon-gHIayon. (Babylonian Talmud [Talmud babilonio], tractate Shabbath,
1!
Tácito Anales 15.44, citado en Bruce, 117.
13 Seutonius (Suetonio) Life
ofClaudius (Vida de Claudio) 25.4, citado
en Bruce, 118.
14
Tácito, Anales
15.44, citado en Bruce, 117.
16 Werner Keller, The Bible as History (
17 Suetonio también escribió acerca del Gran Incendio de Roma,
y que Nerón (64-68), sucesor de Claudio, infligió castigo «sobre los
cristianos, una clase de hombres adictos a una superstición nueva y maliciosa» (Life ofNero [Vida de Nerón], 21.2, citado
en Bruce, 118).
18 J. L. Dagg, The Evidences of Christianity
(Las pruebas
19 Encyclopedia
Americana, s. v. "Jesús ehrist" («Jesucristo»), por Frederick C. Grant.
20 H. G. Wells, in N. B. Hardeman,
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