¨JESUCRISTO¨
(12)
JESÚS: EN QUIEN RESIDEN TODAS LAS BENDICIONES
La lluvia, la
luz del sol y abundantes bendiciones materiales son proporcionadas por Dios
tanto a santos como a pecadores (Mateo 5.45). Él les da a los impíos así como a
los justos «lluvias del cielo y tiempos fructíferos,
llenando de sustento y de alegría [sus] corazones» (Hechos 14.17). Sin embargo,
no sucede igual con las bendiciones espirituales. Agradó al Padre que Su Hijo
unigénito sea el que otorgue todas las bendiciones espirituales (Juan 10.9;
14.6; 15.5; Hechos 4.12; Col. 1.27). No hay
bendiciones espirituales fuera de Jesús; en Él se encuentran todas (Efes. 1.3).
Los que se encuentran fuera de Cristo,
todavía tienen todos sus pecados e iniquidades pesando en contra de ellos; pero
a partir del momento en que una persona entra en Cristo, ella tiene promesa de
Aquel que no puede mentir, en el sentido de que
todos sus pecados han sido perdonados y olvidados (Hebreos 8.12). Los que están
fuera de Cristo no gozan de la presencia del huésped del cielo que mora en el
creyente, el Espíritu de Dios; pues Éste viene a
vivir con todo el que ha obedecido a Jesús (Juan 14.17; Hechos 2.38; 5.32; Gálatas 4.6).
Los incrédulos se comportan de un modo que les impide progresar, y lo que hacen va en contra de lo que les conviene.
Los que han entrado en Jesús se han puesto en armonía con las leyes del
universo. Tienen la promesa de que todas las cosas les ayudan a bien (Romanos
8.28).
Ni
siquiera los que creen en Dios, pero se mantienen
fuera de Cristo, tienen el derecho de orar, diciendo: «Padre nuestro». Lo único
que pueden decir con verdad es «Creador nuestro». En contraste con estos, los
que se encuentran en Cristo han sido adoptados como hijos de la familia del
Padre. A Éste le agrada que tales hijos clamen a Él, diciendo: «¡Abba,
Padre!» (Calatas
4.5-7). Tampoco tienen los que se encuentran fuera de Cristo a un Hermano mayor
que hable por ellos. Los miembros de la familia de Dios tienen a Jesús como
Hermano mayor que está al lado de Dios, actuando
como abogado justo y haciendo intercesión por ellos (Hebreos 7.25; 1ª Juan 2.1-2).
Las asociaciones no cristianas por lo general carecen del elemento espiritual
que enriquece las vidas y relaciones de los cristianos. Cuando una persona
entra en Jesús, entra en comunión con la gente más
excelente de toda la tierra. Su código moral es mucho más elevado, y su motivación (hacer la voluntad del Padre; Juan
6.38) no tiene comparación sobre la tierra. El que está en Cristo tiene
comunión con otros que han sido hechos dignos de participar de la herencia de
los santos en luz. Ya no pasa sus días con los que se están haciendo dignos de
ser arrojados a las tinieblas de afuera (Colosenses 1.12; Mateo 25.30).
Solamente dos versículos de
¿O no sabéis que todos los que hemos sido
bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados
en su muerte? (Romanos 6.3).
Porque todos los que habéis sido bautizados
en Cristo, de Cristo estáis revestidos (Calatas 3.27).
Los dos pasajes anteriores dicen que uno entra en Cristo por medio de
ser bautizado. Precedido de fe sincera y de
arrepentimiento verdadero, el bautismo es el último
mandamiento que llevan a cabo las personas al entrar en Cristo. Hay muchos
otros mandamientos que tendrán que obedecer más adelante, pero el del bautismo es el que sirve de línea
divisoria entre estar en Cristo y estar
fuera de Cristo. Fin.