¨JESUCRISTO¨
(11)
JESÚS: NUESTRO DIVINO EJEMPLO
Fue por muchos motivos que el unigénito Hijo del Altísimo se dignó
honrar esta tierra con Su presencia. Uno de ellos fue presentar el Sermón del
Monte y muchas otras enseñanzas divinas. Otro motivo por el que vino fue
derramar Su sangre. Aún otro motivo fue vencer la muerte. También vino para
poder ser nuestro ejemplo. El Dios de los cielos sabía que los hijos tratan de
imitar a sus padres. Sabía que aún los adultos necesitan un ejemplo. Ninguno de
nosotros puede seguir Sus pisadas a la perfección,
pero nos regocijamos de tener un ejemplo perfecto.
FUE UN JOVEN DEVOTO
Jesús es un ejemplo para muchachos y muchachas. El Espíritu Santo nos ha
dicho algunas cosas acerca de los años de juventud de Cristo. En Lucas 2.51, leemos que Él «estaba sujeto» a Su padre y a Su
madre. Una de las primeras leyes de la vida es que el niño debe aprender a
obedecer a sus padres, y es también una de las prioridades que más se descuida.
Además, siendo joven. Jesús fue religioso.
Dijo que «en los negocios de [Sul Padre [le era] necesario estar» (Lucas 2.49). No era
de los que andaban de jarana, pecando. Tanto los muchachos como las muchachas
pueden aprender del ejemplo de Jesús, a ser puros y
devotos cuando jóvenes.
TUVO UN OFICIO
No
es por casualidad que está escrito en
SE BAUTIZÓ
Jesús es un ejemplo por el hecho de que viajó desde Galilea hasta el
lugar donde Juan estaba bautizando, y es evidente
que caminó más de cien kilómetros, con el fin de
ser bautizado. ¿Cuan lejos viajaría usted a pie
para ser bautizado? Hay quienes no darían ni un paso. Hay quienes completamente
rehusan bautizarse. Es obvio que estas personas no
están viendo el ejemplo de Jesús. Su ejemplo en este aspecto es especialmente
categórico, puesto que no tenía pecados que hubieran de ser lavados. Aun así,
insistió en ser bautizado. Sabía que Su Padre había mandado a todo el pueblo
ser bautizado para la remisión de pecados, y aunque no tenía pecados, deseaba
cumplir todos los mandamientos de Dios. Tuvo que convencer al predicador (Juan
el Bautista) de que observara este mandamiento para Él. Tomó la iniciativa.
¿Qué puede decir usted acerca del ejemplo de Jesús en este aspecto, en lo que a
su propia vida atañe?
RESISTIÓ
El
Maestro es también el gran ejemplo por la manera como le hizo frente a la
tentación. Como ser humano que era, estaba sujeto a
las tentaciones del mismo modo que lo estamos el resto de nosotros. Uno de los
medios por los cuales podemos resistir al maligno es el uso de citas bíblicas.
Jesús conocía pasajes veterotestamentarios y podía citarlos.
AMÓ A LOS PERDIDOS
Su
celo por la enseñanza a las almas pecadoras es otra característica excepcional
de nuestro gran Modelo. Exponiéndose a la pérdida de popularidad entre los dirigentes de Su tiempo. Jesús pasaba tiempo con la humanidad pecadora y
marginada por la sociedad En cierta ocasión, aunque tenía hambre, se dedicó tan
intensamente a la conversación con un pecador que perdió todo interés por la
comida. Si su interés para hablar del evangelio a los demás se queda atrás,
usted está haciendo caso omiso de su Líder en este aspecto.
AMÓ A SUS ENEMIGOS
La
actitud de Jesús para con los que lo maltrataban constituye uno de los más
grandes capítulos de Su vida. Mientras nosotros hacemos bien a los que nos
hacen bien. Jesús tenía un corazón amoroso y compasivo para con los que lo
maltrataban. Dijo: «Padre, perdónalos, porque no
saben lo que hacen» (Lucas 23.34). Pedro escribió:
[ ] Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas, el cual no
hizo pecado, ni se halló engaño en su boca (lera
Pedro 2.21-22)
Es
dudoso que muchos de nosotros seríamos capaces de
seguir a Jesús en todos los anteriores aspectos, pero es pecaminoso no
proponérselo, y podremos mejorar a medida que pasen los años.
OBEDECIÓ AL PADRE
La
experiencia de Jesús al obedecer a Sus padres terrenales y al guardar los
mandamientos de Su Padre celestial le ayudó cuando llegó al huerto de Getsemaní. En ese conocido lugar, cerca de la medianoche, el Maestro estuvo postrado y
ofreció «ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de
la muerte» (Hebreos 5.7). No deseaba morir. Para Él,
el ser clavado a una cruz era tan doloroso como esa angustia lo sería para
usted o para mí. Tuvo que negarse el deseo de mantener intacta su integridad
física. Esto es lo que leemos: «Y aunque era Hijo,
por lo que padeció aprendió la obediencia; y
habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos
los que le obedecen» (Hebreos 5.8-9).
Si no podemos negarnos lo que deseamos, ni podemos
estar dispuestos a entregarnos a Él desprendida e
incondicionalmente, entonces no hemos aprendido a obedecer. Jesús no reclamó
estar exento de tortura física por ser Hijo de Dios. Puesto que Él tuvo esta
actitud, ¿cómo podemos rehusar seguir su bendito ejemplo? (Vea Filipenses 2.5.)