ACTUAR COMO
JESUS ACTUABA
LECCIÓN –V
El apóstol Pablo presenta una introducción a este tema: “Pues no somos
como muchos, que medran falsificando la palabra de Dios, sino que con
sinceridad, como de parte de Dios, y delante de Dios, hablamos en Cristo”(2Corintios 2:17)
Para el apóstol de los gentiles, al evangelizar era el contenido real
de su vida, y esta era también la obra que lleno su vivir. Pablo no obró solo con el objeto de debatir a
través de las iglesias, o enriquecerse con los bienes de los cristianos, o para
subir por las gradas de una escalera social imaginaria, porque de otra manera
no hubiera tenido otras oportunidades en su vida. De ninguna manera. Pablo
sirvió a su Señor y a nuestro Señor, de
corazón limpio y honesto. “Porque de la manera que abundan en nosotros las
aflicciones de Cristo, así abundan también por el mismo Cristo nuestra
consolación” (2 Corintios 1:5) El
servicio en el Señor trae consigo mucho sufrimiento. El siervo de Cristo nunca
abandonara la fe, la decencia, la confianza y la esperanza; pase lo que pase;
pues el Señor le librará de todos sus males.
Jesús actuó a la luz de la verdad del todopoderoso. “Trabajar, no por
la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece,
la cual el Hijo del Hombre os dará;
porque a éste señaló Dios el Padre” (Juan 6:27) Muchos de sus Discípulos no podían soportar
esa verdad abandonándolo. Ellos buscaban en Cristo cosas materiales, y no los
bienes espirituales (Juan 6:60, 66-67) Sólo muy poca gente tomaba la verdad y
la enseñanza de Cristo, quedándose con el Señor (Juan 6:68-69) Ese rebaño pequeñito estaba dispuesto a dar a
su Señor todo lo que poseía. Ese mismo rebañito también lo hace en nuestros
días. Cristo nunca movió a las grandes masas. Las multitudes lo escucharon,
pero sus seguidores – y solo eso tiene valor – eran, y siguen siendo, un grupo
relativamente pequeño. Aunque la iglesia de Jerusalén era muy grande, lo
disperso pronto el Señor, a fin de que trajera fruto por la predicación de la
palabra. Una congregación estática nunca puede ser la voluntad final del Señor.
Jesús nunca compró las almas. Tampoco las trajo a sí mismo con
beneficios materiales y ventajas de variada índole. Cristo las invitó a
seguirles bajo sus condiciones.
Jesucristo siempre obró con amor y misericordia. Era un personaje sin
ínfulas, no así como los son muchos sabelotodo en nuestros días. Jesús era
amable y mostró buenas maneras en el trato con sus semejantes, y respetó el ser
humano profundamente (Juan 8:2-11) Para Jesús no existían ricos ni pobres, él
no distinguía entre educados y los que no tenían mucha educación. Lo que para
él valía era el hombre. Ojalá que entendiésemos Su
palabra. ¡Que bendición tan gloriosa sería! Jesús obraba con fe y
responsabilidad delante de Dios y de los hombres (Juan 8:46-58).
Los seres humanos, y muchas veces, también los cristianos, hacen las
cosas por sentimientos de vanidad y de egoísmo, y por amor al dinero. Pedro
dijo a sus hermanos: “muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales
el camino de la verdad será blasfemado, y por avaricia harán mercadería de
vosotros con palabras fingidas” (2Pedro 2:1-3) Pedro se refirió en sus cartas
al hecho de que había visto al Señor con sus propios ojos, siendo así un
testigo ocular de Jesús, cuando estuvo delante de él en su gloria celestial (2
Pedro 1:16-17) Jesús y sus apóstoles actuaron con sinceridad y con buena
conciencia. Ahora bien, es necesario que también nosotros obremos con esa misma
pureza de corazón, pues de otra manera todos nuestros esfuerzos se
desvanecerían, haciéndose sin valor.
Pablo advierte a las viudas jóvenes que no sean ociosas, andando de
casa en casa; ni tampoco sean chismosas y entremetidas, y que no deben hablar
lo que no conviene (1 Timoteo 5:1-13).
El cristiano ha de respetar las autoridades, Pedro dice que debemos
obedecer a Dios primero (Hechos 5:28-29; 4:19-20).
Las palabras no salvarán al alma humana, sino el hacer la voluntad
divina con amor y confianza.
Pablo nos amonesta diciendo que no prestemos atención a la retórica de
la gente, sino que mantengamos abiertos nuestros ojos para quedar siempre en la
verdad de la doctrina de Cristo. Dice: “Porque tales personas no sirven a
nuestro Señor Jesucristo, sino a sus propios vientres, y con suaves palabras y
lisonjas engañan los corazones de los ingenuos” (Romanos 16:17-20).