PERDONAR COMO JESUS
PERDONABA
Capítulo XI
Una cosa es evidente. El que de corazón perdona, ama. El que no ama,
aunque perdona, no olvida, de modo que su perdón llega a ser una actuación superficial,
insincera, deshonesta – un juego con emociones ajenas. Cuando Jesús perdonaba,
la ofensa se echaba al olvido; y así ha de ser entre los cristianos verdaderos.
Si perdonar equivale a olvidar, debemos tratar a nuestros semejantes
con sinceridad y amor. Sobre todo, cuando uno viene a nosotros y dice,
“perdóname por la ofensa”, hemos de perdonar de todo corazón. En Mateo 18:35
dice Jesús: “Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis
de todo corazón cada uno a su hermano.”
Es un hipocresía abominable cuando un cristiano
dice “te perdono”, pero continuamente se acuerda del mal que se le ha hecho.
Debemos ordenar nuestra mente y andar en la verdad de Cristo. Si no lo hacemos,
seremos guiados por nuestra concupiscencia, y una vida así nos llevará al error
y al pecado.
“Por lo tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando
tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano. Mas
si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres
testigos conste toda palabra. Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si
no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano” (Mateo 18:15-19). Este
lenguaje de Cristo es bien claro. Primero debemos reprender al hermano que peca
contra nosotros. Si nos oyere, habremos ganado nuestro hermano. Si insiste en
pecar, hemos de tratar de arreglar el asunto con testigos. Si aún así no
escuchare, debemos comunicar el caso al conjunto de la iglesia, a la cual
asistimos; y si no oyere a la iglesia, entonces debemos considerarlo como
pecador (gentil y publicano). Las ofensas hechas a nosotros no deben ser
pregonadas a otras personas. Esto es chisme y una ofensa a Dios y a todo
cristiano decente. Se comunica el caso a testigos cuando el ofensor no quiere
oírnos, y luego a la iglesia. Y aquí, en la iglesia, cuando sea necesario
conforme a la enseñanza de Jesús, y no de acuerdo a la mentalidad chismosa de
cristianos malos, se comunicará a todos los miembros para que sepan quién es la
persona que no quiere arrepentirse.
Ahora bien, ¿cuántas veces perdona Jesús las ofensas de los hombres?
Escuchémosle otra vez: “Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas
veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? Jesús le dijo: No te digo
hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete.”
Pedro, como buen judío, pensó en el numero siete, tomándolo como señal
imaginaria, a su interpretación, como una medida perfecta para perdonar
ofensas. “Hasta siete veces.” Jesús
revolucionó ese pensamiento al contestar “no”, sino “hasta setenta veces
siete.” Si esta respuesta de Cristo
fuese una simple tarea de multiplicación, llegaríamos nuevamente a un límite y
Jesús se habría contradicho. Setenta por siete son 490. ¿Y cuando el hombre
peque 491 veces ya no hay perdón? Vemos que esa suma no sale.
En Lucas 17:3-4 dice
7x7=49x7=343x7=2401
2401x7=16807x7=117649x7=
No hemos multiplicado más que cinco veces; aún faltan 65
multiplicaciones de cada resultado. Siga usted adelante. Le deseo mucho
entretenimiento. Pero fíjese bien en el número tan largo que obtendrá como
resultado final. ¿Tantas veces debemos perdonar?
Dios nos ha perdonado TODAS nuestras culpas, y está dispuesto a seguir
PERDONÁNDONOS, si se lo pedimos (Mateo 18:24-27) ¿Cómo puede haber cristianos tan insensatos
que quisieran limitar el perdón, ignorando que estarían cavando su propia
tumba? (Mateo 18:28-34)
Escuchemos de nuevo a Jesús: “Si confesamos nuestros pecados, él es
fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1
Juan 1:9) No hay ninguna limitación.
“Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los
hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada” (Mateo
12:31) Aquí hace Cristo una sola excepción a cuanto pecados que Él no
perdonaría “la blasfemia contra el Espíritu.” Pero dice que TODO pecado y
blasfemias serán perdonados. Y en este espíritu de perdón, debemos actuar. “La
blasfemia contra el Espíritu”, ¿será el rechazar a Cristo por la incredulidad?
Lo que sea, esta excepción se reservó el Señor para sí mismo, y no tiene nada
que ver con los hombres entre sí.
¿Qué sentido tendría el siguiente texto, si nuestro perdonar estuviese
limitado?, “y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a
nuestros deudores” (Mateo 6:12)
“Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque
amó mucho; mas aquel a quien se le perdona poco, poco ama” (Lucas 7:47) ¿No es
este el problema de muchos, “que aman poco”?
Jesús en la cruz: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”
(Lucas 23:34)
“Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno
para que también nuestro Padre que está
en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas” (Marcos 11:25) Es una
hipocresía orar a Dios y pedirle que nos perdone, cuando a la vez no queremos
antes perdonar las ofensas que los hombres nos han hecho. Es tiempo que
mostremos madurez. Pablo dice finalmente: “soportándoos unos a otros, y
perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que
Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros” (Colosenses 3:12) “Y sobre todas estas cosas vestios de amor, que es el vinculo perfecto” (Colosenses
3:14)
El que guarda rencor no solo daña a otros, sino, en primer lugar, a si
mismo. Y lo hace en doble manera: se daña a si mismo por cuanto pone toda la
amargura del rencor en su propia alma, destrozándose psicológicamente, y
enfermando su espíritu que se llena del veneno amargo de la maldad; y se daña a
si mismo por cuanto Dios le rechaza
hasta que deponga tal actitud anticristiana.
El perdón une a los hombres; el guardar rencor los distancia. El
perdón sana las heridas del alma, nos alivia en nuestras emociones y nos hace
sentir bien, pues ya no hay nada que nos acuse porque hemos perdonado como Dios
en Cristo nos ha perdonado a nosotros. Hermano: no lo digas, sino hazlo, y
tendrás una vida más diosa.