EN MEMORIA DE MI
( 9 )
Si la
muerte, la sepultura y la resurrección de Cristo constituyen el tema central
del mensaje del evangelio (1ª Cor.
15:3-4), entonces
Por tres
años, Jesús había estado preparando a
sus discípulos para su Partida. Durante
este tiempo, por lo menos tres veces les dijo que iba a ser entregado en manos
de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser crucificado, y resucitar
al tercer día ( Mateo. 16:21; 17:22-23;
20:18-19). Antes de morir, sin embargo,
comió con ellos una última vez. La
ocasión en la que lo hizo fue la pascua anual, una fiesta que los hebreos
observaban desde que sus antepasados fueron liberados de la esclavitud de
Egipto. La noche anterior a la
liberación de ellos, Dios les había
dicho que mataran un cordero y pusieran
la sangre de este en los dos postes y en el dintel de sus casas. Era esta la sangre de la liberación. Cuando Dios pasó por la tierra para tomar la
vida de los primogénitos de Egipto—la última plaga que vino sobre Faraón y su
pueblo—fueron perdonadas las vidas de los que pusieron sangre en los dos postes
de su casa. Dios les mandó que
observaran la fiesta de la pascua todos los años que vinieran después, para
conmemorar el hecho de que fueron liberados de la esclavitud de Egipto. (Éxodo
12:1—13:10)
El menú de
la pascua incluía el cordero sacrificial, que había de ser asado al fuego y
comido en su totalidad, además del pan
sin levadura, hierbas amargas y vino. El
pan sin levadura había de recordarles la prisa con que salieron de Egipto,
prisa que les impidió ponerle levadura al pan.
Las hierbas amargas les recordaban la amargura de la esclavitud que
habían sufrido. Cuando Jesús participó en esta fiesta memorial con
sus discípulos, El tomó dos artículos de la fiesta de la pascua, y les dio un
nuevo significado, significado que los discípulos no entendieron, sino hasta
después. “Y
mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus
discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo. Y tomando la
copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo
pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados” (Mateo
26:16-28)
Jesús se
convirtió en el Cordero sacrificial de la liberación mesiánica. Dio su propio cuerpo y su propia sangre como
pago por nuestra deuda de pecado, con el fin de librarnos de la esclavitud del
pecado y de la muerte. Los sencillos
artículos que El escogió representan de forma apropiada el sacrificio que él
hizo. Los judíos continúan observando la pascua, y lo
hacen para recordar que sus antepasados fueron liberados de la esclavitud de
Egipto. Los cristianos continúan
reuniéndose alrededor de
La muerte
de Jesús no significó que los discípulos dejaran de festejar juntos; sino que constituyó el inicio de la fiesta
que tendrían a la mesa de su Rey. Es
probable que tuvieran dificultad para entender lo que dijo después: “Y os digo que desde ahora no beberé más de este
fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo con vosotros en el reino
de mi Padre” (Mateo 26:29),
o como lo dijo Lucas: “hasta que el reino de Dios venga” (Lucas
22:18). El no volvería a comer la pascua
con ellos otra vez, sino que comería y bebería en una nueva fiesta que tendría
con ellos cuando viniera el reino; reino que les había prometido que vendría en
el transcurso de la vida de ellos (Marcos 9:1), y cuyas puertas le había
prometido a Pedro que tendría el privilegio de abrir; reino al cual se refirió
también como su iglesia (Mateo 16:18-19).
Pedro usó las llaves del reino cuando se celebró el primer Pentecostés
posterior a la resurrección de Jesús.
Ese día él predicó el primer sermón evangelístico, que dio como
resultado los primeros convertidos al cristianismo (Hechos 2:14-40), convertidos que fueron sumergidos todos en el
nombre de Jesucristo para el perdón de los pecados (Hech. 2:38), y añadidos a
la iglesia (Hech. 2:47). La iglesia era
el reino de Dios en la tierra. Jesús
había prometido también que donde estuvieran dos o tres congregados en su
nombre, El estaría con ellos (Mateo 18:20).
Cuando dijo: “Lo beberé de nuevo con vosotros en el reino de mi
Padre”, lo que hizo fue prometerles que estaría en medio de ellos cuando se
reunieran para participar de
Desde el comienzo mismo de la
iglesia, los cristianos se reunían el primer día de la semana para partir el
pan (Hechos 2:42: 20:7). La frase “partir
el pan” era una expresión que se usaba a menudo para referirse a la
práctica de celebrar
David Roper hizo notar que los judíos observaban el séptimo día
para rememorar la creación física (Éxodo 20:8-11); los cristianos [en cambio]
observan el primer día en memoria de la muerte, sepultura u resurrección de
Cristo (1ª Cor. 11:23-25); [eventos que hacen] posible “una nueva creación”
(Gálatas 6:15).
En el relato del evangelio de
Lucas, cuando Jesús constituyó su fiesta memorial, El dijo a sus discípulos: “haced
esto en memoria de mí” (Lucas 22:19).
¿Sería una pregunta muy trivial si alguien dijera: <Exactamente, ¿de
qué desea él que hagamos memoria?<?. ¡Creo que no!. Es demasiado general decir: “Desea que lo
recordemos a El. ¿Qué desea que
recordemos acerca de El, semana tras semana al reunirnos con El alrededor de su
Mesa?. Cuando
el cristiano sincero reflexiona sobre la cruz, su mente se inunda de una mezcla
de ideas y emociones encontradas. Siente
pena y gozo a la vez. Puede que a uno le
broten las lágrimas cuando reflexiona seriamente sobre el sacrificio que Jesús
hizo en la cruz. Puede que tales
lágrimas sean motivadas tanto por el dolor como por el gozo. No hay duda de que los cristianos tenemos una
buena razón de estar apenados por el hecho de que tuvo que pagarse tal precio
por nuestra redención; pero también tenemos una buena razón para estar gozosos
por el hecho de que Jesús estuvo dispuesto a pagar ese precio. Ambas emociones son apropiadas. Lo que no es
apropiado es reunirse alrededor de
Es obvio que Jesús deseaba que recordáramos, no sólo
lo que ya hizo por nosotros en la cruz, sino también lo que está haciendo por
nosotros ahora que es Rey, Sumo Sacerdote y Mediador nuestro (Hebreos 4:15; 1ª
Timoteo 2:5-6). También desea que recordemos
lo que ha prometido para el futuro, y que ha garantizado con su propia
resurrección: “si somos muertos con él, también viviremos con él; si sufrimos,
también reinaremos con él” ( 2ª Tim. 2:11,12).
Si bien es apropiado mostrarnos apenados y reflexivos al
acercarnos a
Los cristianos tenemos mucho que celebrar. Celebramos la unidad que tenemos por ser un cuerpo,
con Cristo en medio de nosotros.
Celebramos nuestra familia.
Celebramos nuestras victorias—no solo la victoria sobre el pecado,
victoria que obtuvimos en forma compartida en la cruz, sino también las
victorias que tenemos en lo personal al andar en él cada día. Celebramos nuestra esperanza en la resurrección , que es nuestra liberación de la muerte. Celebramos la promesa de su segundo
advenimiento. El volver a la cruz
mediante la participación de
Celebramos—pero reconocemos que
Dios es santo y puro, mientras que nosotros somos pecaminosos y débiles. El no es como nosotros, pero desea que
nosotros seamos como él.
CONCLUSIÓN:
El poder
de
La comunión
familiar es especial—lo es incluso la comunión con la familia física. La iglesia es una familia debido al pacto que
dentro de ella tienen unos con otros y con Dios. Jesús se refirió a su sangre como la
<sangre del nuevo pacto> (Mateo 26:28).
No se puede calificar de demasiado frecuente la participación en esta
comida especial del pacto, y no se debe de comerla a toda prisa. Este es el
evento que nos une y mantiene juntos siendo un solo cuerpo.
Por
tanto,
FIN.
¿HA DE DIRIGIR UNA MUJER
Génesis 2 y 3; 1ª
Cor. 14 y 1ª Timoteo 2, demuestran que el varón ha de ser el líder y la mujer
la seguidora. Aun si los ancianos
autorizaran a una mujer ejercer la dirección (lo que aparentemente la liberaría
de la acusación de usurpar autoridad), sería un error de parte de ella el
asumir tal puesto. Las enseñanzas de
Dios tienen prioridad sobre las de los ancianos.
Se haga en público o
en secreto, la adoración seguirá siendo adoración. Un hombre puede orar mientras corta leña en
el bosque; una mujer puede orar mientras hace sus quehaceres. Cuando una familia ora unida, cuando los
jóvenes se reúnen, o cuando la iglesia se reúne, los fundamentos de la
adoración son los mismos. Si hay hombres
piadosos presentes, las mujeres piadosas desearán que ellos dirijan.