DOS EXPRESIONES DE ALABANZA

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    Dice un hermano que: Cuando yo era niño, la reunión que hacía la iglesia el domingo por la mañana era el evento social más importante de la semana.  La mayoría de los miembros trabajaban en las granjas todos los días, desde que amanecía hasta que se ponía el sol.  En aquel lugar y en aquel tiempo, no eran comunes los teléfonos residenciales, de modo que para ponerse al día sobre las noticias de la comunidad, la gente esperaba las reuniones que se hacían cada semana para adorar.  Los hombres normalmente se reunían para conversar debajo de un gran árbol que estaba en e jardín.  Las mujeres entraban y conversaban hasta que llegara la hora de que el culto comenzara.  Cuando estaba cerca la hora señalada para el culto, el director de las alabanzas anunciaba un cántico y comenzaba a cantar con los que estuvieran dentro del edificio.  Después los hombres que estaban afuera entraban y tomaban sus asientos para participar del culto de adoración.

   

      Esta práctica de “hacerlos entrar cantando”, añadida al hecho de que el sermón a menudo consumía la mayor parte del tiempo apartado para el culto, llevó a le percepción de que el canto y la “apertura” eran preludios a la verdadera adoración.  Sin proponérselo los predicadores a menudo han fomentado esta percepción.  Robert Webber se refirió a un predicador visitante que habría de predicar en una iglesia en la que él servía.  Este orador se acercó a él antes que comenzara el culto y le dijo: “Apresúrate con los preludios.  Hoy tengo muchas cosas que decir”.  Lo anterior da a entender que la oración y el canto se perciben como expresiones menores de la adoración, cuyo propósito es un poco mas que introducirnos a la verdadera adoración.

 

   No debemos eliminar estos llamados “preludios”; debemos, más bien, iluminarlos para destacar la importancia que tienen en el culto.  No creo que Pablo y Silas se estuvieran ocupando de simples preludios cuando oraban y cantaba himnos de alabanza a Dios, mientras estaban con los pies asegurados en el cepo, en el calabozo de más adentro de una cárcel filipense (Hechos 16:23-25).  ¡Estaban adorando!.  Como hemos visto en lecciones anteriores, cuando los seres humanos adoran,  Dios manifiesta su poder de maravillosas maneras.

 

LA ADORACIÓN CON CANTOS

      En cantar en alabanza y adoración a Dios se remonta a un precedente que es por lo menos tan antiguo como Éxodo 15.  Moisés dirigió al pueblo en un cántico para celebrar su liberación de la esclavitud en Egipto.  Por todo el cántico, se alaba y se exalta a Dios por su majestad, su poder y por su excelencia.  Al ponérsele música a los versos se intensifica la capacidad para recordar la letra.  Esto era especialmente importante cuando las palabras del himno habrían de servir para recordar un evento trascendental  dela historia de un pueblo.  Estos cánticos que memorizaban y se trasmitían de una generación a otra.  Toda generación posterior podía entonces alabar a Dios por su excelencia .

 

     En Números 21:17-18,  se recoge un breve cántico para recordar la bendición de Dios cuando les dio agua.  Esta ves el agua no provino de una roca, sino de un pozo.  Jueces 5 está dedicado en su totalidad al cántico de Débora y de Barác, que exalta a Dios por liberar a Israel de Jabin, el rey de Canaán.  No sabemos cómo se usaron estos cánticos en las generaciones que vinieron después; sin embargo, por ello se demuestra el hecho de que desde hace mucho tiempo el pueblo de Dios ha utilizado el cántico como un medio para adorarlo.  El rey David renovó la importancia del cántico en la adoración.  A menudo, los salmos fueron escritos para que se les pusiera música.  Algunos mencionan específicamente el canto de alabanza a Dios (Salmo 30:4; 95:1; 96:1,4; 98:1; 149:1).  Los salmos de David fueron usados en la adoración que se llevaba a cabo en la sinagoga, así como en la que se llevaba a cabo en el templo.

 

    El cristianismo también es una religión de canto.  Después de la institución de la Cena del Señor,  Jesús y sus discípulos cantaron un himno (Mateo 26:30).  Las instrucciones que Pablo les dio a los cristianos que estaban en Corinto revelan que la iglesia primitiva utilizaba el canto en sus cultos de adoración (1ª Cor. 14:15, 26).  El canto se utiliza en casi todas las culturas del mundo para expresar un amplio rango de emociones, que abarcan desde la más profunda angustia hasta el más puro éxtasis.  No hay otro acto de adoración que exprese tan bien el amor de Dios, la gratitud, el gozo o incluso el remordimiento por el pecado.  La mejor manera como se expresa la alabanza es por medio del cántico.  El canto eleva al espíritu y edifica a toda la iglesia.  Jack Hayford observó: “Es posible adorar sin cántico, sin embargo no hay otra cosa que contribuya más a la belleza, majestad, dignidad o nobleza de la adoración, ni a su ternura e intimidad”.

 

Por medio de canto sin acompañamiento

     No hay duda de que la fuente de la cual la iglesia primitiva derivó gran parte de su inspiración fue la adoración antiguo-testamentaria hebrea, especialmente la que se llevaba a cabo en la sinagoga.  Los salmos aportaron muchos de sus cánticos.  No obstante, una diferencia notable entre la veterotestamentaria y la que se llevaba a cabo en la iglesia del siglo 1 es la aparición del canto puro.  El canto que se llevaba a cabo en el templo era acompañado de varias clases de instrumentos musicales y lo hacía un coro de levitas escogidos (1ª  Crónicas 15:16; 23:5; 25:6-7).  En numerosas ocasiones, los salmos requirieron instrumentos musicales ( Salmo 33:2; 43:4; 49:4; 71:22; 92:3;  147:7; 149:3; 150:3-5)

 

     Aunque Dios aceptaba el uso de instrumentos musicales en la adoración veterotestamentaria, los cristianos primitivos no lo usaron en sus asambleas.  Los instrumentos musicales brillan por su ausencia en la adoración que se llevaba a cabo en la iglesia Neotestamentaria.  Por siglos, los historiadores han escudriñado los documentos antiguos en búsqueda de alguna explicación en el sentido de “por qué no se usaban instrumentos en la iglesia primitiva”.  Aunque los historiadores eclesiásticos todavía tienen dudas acerca de la razón para ello, hay una cosa de la que están seguros, y ésta es que tales instrumentos sencillamente no se usaban.  Aubrey Jonson hizo notar: “Había toda clase de instrumentos a disposición de los discípulos, y había un precedente histórico para su uso, sin embargo los cristianos primitivos cantaban alabanzas a su Señor sin  acompañamiento de clase alguna de instrumentos musicales”.  Hubo un cambio deliberado y dramático.

 

   El hecho de que Dios diera su aprobación a algo en la adoración veterotestamentaria no necesariamente tiene relación con las cosas a las que diera su aprobación en la adoración que se llevaba a cabo en la iglesia Neotestamentaria.  El dio su aprobación a los holocaustos, a quemar incienso y a numerosos sacrificios; sin embargo, los cristianos no continuaron con estas prácticas en sus cultos.  Creo que no nos equivocamos al decir que la mayoría de los dirigentes religiosos de hoy día no sienten obligación alguna de restaurar la adoración que se llevaba a cabo en la iglesia primitiva.  ¿Qué cosa podría haber más deseable que el saber qué es lo que la iglesia primitiva hacía y producirlo exactamente?.  Por lo tanto, la pregunta que debiera hacerse es: “¿Porqué hacían lo que hacían en sus asambleas?.  Hay que tomar en cuenta que el Nuevo Testamento no se había escrito todavía, para que guiara a las iglesias más antiguas; las Escrituras con las que contaban se reducían  al Antiguo Testamento.  No obstante,, tenían conciencia de que Jesús había inaugurado una nueva era de adoración. (Juan 4:23-24).  Sabían que Dios ya no moraba en el templo material que estaba en Jerusalén (1ª Cor. 6:19-20).  Algunas de las tradiciones del Antiguo Testamento y de las sinagogas fueron adoptadas en la adoración de las asambleas cristianas más antiguas; sin embargo, no podemos evitar la conclusión en el sentido de que éstas recibieron de los apóstoles sus instrucciones sobre cómo debían adorar.  Estos hombres inspirados por Dios recibieron su mensaje del Espíritu Santo, mensajes que se probaron con señales milagrosas.

 

    Si algo sabemos acerca de los cristianos del siglo 1, ello es que estaban dedicados a hacer las cosas del modo que a Dios le agradaba ( Hechos 2:42; 4:19-20; 5:29).  Debieron de haber hecho lo que hicieron porque así lo señaló la enseñanza apostólica que provenía de Dios ( Mateo 16:17); 1ª Cor. 2:9-11).  El  Nuevo Testamento fue escrito por los mismos hombres inspirados por el Espíritu que les dieron instrucciones a los primeros cristianos.  Los apóstoles conocían el verdadero propósito de la adoración, y las instrucciones que ellos dieron prepararon a la iglesia primitiva para la adoración que agradara a Dios.  No nos equivocaríamos al decir que si Dios hubiera deseado que la iglesia usara instrumentos en la adoración, El habría dado instrucciones en ese sentido a los apóstoles—pero no lo hizo.  Una vez que entendamos qué es en realidad la adoración y qué propósito desea Dios que realice ella, entendemos que los instrumentos musicales no aportan nada al proceso.  De hecho, los instrumentos pueden más bien hacer que el centro de adoración deje de ser Dios, para llegar a serlo una interpretación musical. Coincidimos con Everett Fferguson cuando dice: “ Realmente hay razón de dudar de que la ofrenda de música instrumental sea consecuente con la naturaleza espiritual de la adoración cristiana.  La acción mecánica de producir música instrumental es distinta de la ofrenda de adoración espiritual, es decir, de lo que sale de la naturaleza espiritual del hombre sobre este asunto, los cristianos no deben permitir que sus preferencias subjetivas dirijan su pensamiento, sino que deben dejar que su teología de la adoración aflore de las declaraciones acerca de la naturaleza de la adoración”.

 

   Lo que debía ocupar el espíritu y la mente era el canto fervoroso (1ª Cor. 14:15).  Aunque no está claro que los contextos en los que se encuentran los siguientes pasajes se hayan escrito específicamente con el culto de adoración en mente, lo que ellos nos dicen acerca del propósito del canto cristiano tendría una amplia aplicación, que incluiría la asamblea. No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu,  hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones” Efesios 5:18-19.- “La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales” Colosenses 3:16).

 

   Los dos pasajes anteriores revelan que el canto cristiano expresa el ruego del corazón a Dios.  El canto debe ser también una manifestación del Espíritu que mora en nosotros.  El cantar instrumentos mientras se canta puede resultar agradable en lo personal, porque atrae a la carne; sin embargo, el interior resultado no es el propósito de la adoración.  Otros propósitos indicados del canto son que los cristianos se enseñen y exhorten unos a otros.  Los instrumentos musicales no pueden realizar tales propósitos.

 

    Por último, los dos pasajes citados mencionan tres cases de cánticos que sirven para realizar los propósitos de Dios.  La palabra “salmos” se refiere al canto del salmo del Antiguo Testamento. Los “himnos” son cánticos de alabanza y adoración a Dios, o cánticos acerca del Señor.  La expresión “cánticos espirituales” es un término genérico que se da a los cánticos que componen miembros de la asamblea, y que tienen un mensaje espiritual.  Según Hayford, estos últimos se daban de forma única en la iglesia primitiva, porque los componían sólo personas guiadas por el Espíritu.  En las tres clases de cántico, son las palabras, no la música, las que realizan el propósito.  La música sirve para ayudarnos a recordar las palabras, pero el mensaje para Dios y para unos y otros es transmitido por las palabras.  La instrumentación no hace más memorable esa música, ni aporta al mensaje contenido en palabras.  Cuando Oseas llamó al pueblo a volverse a Dios, les instó diciéndoles: Llevad con vosotros palabras de súplica, y volved a Jehová, y decidle: Quita toda iniquidad, y acepta el bien, y te ofreceremos la ofrenda de nuestros labios”. Oseas 14:2.

 

   La historia confirma que la música a capella era la práctica acostumbrada de la iglesia Neotestamentaria.  La frase “a capella” se deriva de la palabra latina “a” que significa “a la manera de”, y “capella” que significa “capilla”.  De modo que el significado original de la frase es “a manera de, o al estilo de, la capilla”.  El uso de esta frase para referirse al cántico sin acompañamiento indica que la música de capilla o de iglesia carecía originalmente de acompañamiento musical.

 

Por medio del canto congregacional

     No solo no se usaba instrumento musical la iglesia primitiva, sino que estos cristianos también discontinuaron la tradición del coro levítico.  El mensaje que llevan implícito los pasajes citados anteriormente es que la totalidad de las congregaciones participaban en el canto.  El canto es una expresión de adoración, en la cual la congregación en su totalidad puede participar por igual.  La asamblea es dirigida en oración por una sola persona.  Una sola persona predica.  Aunque tenemos la opción de seguir la lectura, o de leer en voz alta al unísono, lo normal es que una sola persona lea las escrituras.  “Aunque la universalidad del cántico podría hacer mundana o trivial la experiencia, esa misma universalidad es la posibilidad una comunión tal entre la congregación que canta, cual no podría producirse por medio de ninguno de los demás medios de adoración.  El canto había de hacer uso de un intercambio que edificaría y uniría a toda la ásamela.

 

   A Andy T. Ritchie le preocupaba y con razón el problema de la “orquestación” de la música de la iglesia.  Las interpretaciones musicales que ejecutan músicos profesionales, cuyo fineza agradar al gusto musical de la asamblea, son contrarias al propósito para el cual Dios concibió la adoración.  Cualquier actividad de la adoración que dirija la atención a las personas, o a las interpretaciones que hagan estas, constituye un abuso del privilegio de la adoración.  Toda adoración debe dirigir la atención a Dios y debe hacer que todos centren sus pensamientos y su corazón en El. La adoración es algo que las personas (cristianos) debemos hacer.  Todo miembro de la asamblea debiera estar activamente envuelto en el proceso de la adoración.

LA ADORACIÓN POR MEDIO DE LA ORACIÓN

     Jamás debiera verse la oración como un preludio a la adoración.   La oración es una de las vías más íntimas de comunión con Dios, se trate de la oración que se hace en secreto o de la que se hace en asamblea.  La iglesia primitiva era una iglesia que oraba. El Nuevo Testamento contiene varias de las oraciones de los cristianos primitivos, además de instrucciones acerca de la oración.  La oración es uno de los instrumentos más poderosos que Dios ha dado a su pueblo—instrumento que a nadie más le ha dado. “La oración eficaz del justo puede mucho” (Santiago 5:16b)

     La oración puede definirse de la manera más sencilla como “ hablar a Dios”; sin embargo, no es un hablar cualquiera, pues se trata de cierta clase de conversación con Dios.  La oración es más que un simple monólogo que se recita de vez en cuando.  En un sentido más pleno, la oración es comunión con Dios.  En la Biblia King James, a la conversación que tuvo Abraham con Dios, de la cual leemos en Génesis 18, se le llama <tener contacto (Gén. 18:33).  A la conversación que tuvo Moisés con Dios en el Monte Sinaí se le refiere igualmente como tener contacto (Éxodo 31:18).  Jesús acostumbraba retirarse a solas a algún monte retirado para estar en contacto con su Padre en oración, y algunas veces lo hacía por toda la noche (Mateo 14:23; Marcos 6:46; Lucas 6:12)

      Las personas a menudo creen que la oración es sólo el acto por el cual le pedimos algo a Dios.  Sin embargo, es mucho más que esto.  Una vez que Jesús oraba, uno de sus discípulos que le observaba le dijo: “Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos” (Lucas 11:1).  Jesús respondió dándoles un modelo a seguir en la formación de sus propias oraciones. (Mateo 6:9-13).  Su modelo comenzó con palabras de alabanza y honra al nombre de Dios.  La expresión “santificado sea tu nombre” subraya la reverencia y respeto debido a Dios.  Homer Hiley dijo: “ El nombre de Dios representa todo lo que El es: Su ser, Su Divinidad, Su poder, Su Majestad y Su Gloria.  Cualquiera que se dirija a Dios de esta manera, teniéndole la más completa reverencia a Su nombre, debe reconocer y aceptar que El es absoluto y supremo en todos Sus atributos”.

 

Muchas grandes oraciones que se recogen de las Escrituras siguen este modelo.  Nehemías se dirigió a Dios como el <grande y temible Dios que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos> (Nehemías 1:5).  La gran oración de Esdras (Esdras 9:6-15) reconoce la misericordia (v-8), la fidelidad (v.9,13) y la justicia de Dios (v- 15).  Tanto en la oración de Esdras como el la oración de Nehemías se incluyó el elemento de la confesión y se hace intercesión por los demás.  Nehemías sólo pidió una cosa para sí mismo: que cuando se presentara delante del rey, éste tuviera compasión de él (Nehemías 1:11)

     En la oración de Pablo que se recoge en Efesios 3:14-21, él reconoció la fuerza y el poderío de Dios (v. 20-21), y oró por los cristianos que estaban en Efeso, pidiendo que ellos recibieran fortaleza, amor y entendimiento espirituales, y que fueran llenos de Dios.  La oración es mucho más que simplemente pedir algo.  Jimmy Jividen describió la oración que brota de nuestros deseos de alabar a Dios, de darle a conocer nuestras peticiones y de mostrarnos penitentes delante de El.  Explicó además: “ El objetivo de la oración es alabar a Dios y presentarle peticiones por nosotros y por los demás.  Nos llena de temor reverencial el hecho de que Dios—para quién  aún nuestros cabellos están todos contados, y sin quien ningún pajarillo cae a tierra—oye y responda nuestras oraciones”

     

   Algunas de las bendiciones que le pedimos a Dios constituyen un reconocimiento de su poder porque tales bendiciones no serían posibles sin que su poder influya en ellas.  En el libro de Josué se encuentran unas conmovedoras palabras sobre la oración.  El contexto que las rodea es la ocasión en que Josué le pide a Dios que detenga el avance del sol por el cielo, con el fin de que los ejércitos de Israel tengan suficientes horas luz, para terminar de derrotar a sus enemigos.  Dios oyó y respondió la petición de Josué.  El versículo dice: “Y no hubo día como aquél, ni antes ni después de él, habiendo atendido Jehová a la voz de un hombre; porque Jehová peleaba por Israel”. (Josué 10:14)

     La oración invoca un poder que tienen a disposición suya únicamente los justos.  Orar es adorar; el acto mismo por el cual se le pide al Todopoderoso constituye un reconocimiento de su soberano poder.  “Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforma a su voluntad, él nos oye” 1ª Juan 5:14)

    Se nos manda orar por todas las cosas (Fil. 4:6).  La oración puede ser acción de gracias o intercesión por alguien que tiene necesidad (1ª Timoteo 2:1-2).  La oración puede ser ruego para pedir perdón, o ruego por alguien que está enfermo, ya sea que lo esté físicamente, o que lo esté espiritualmente (Sant. 5:13-14,16); 1ª Juan 5:16).  Cuando nuestros anhelos son tan profundos que no podemos encontrar palabras que expresarlas, el Espíritu Santo nos ayuda a comunicarle los deseos de nuestro corazón a Dios: “Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos”. (Rom. 8:26-27)

 

CONCLUSIÓN:

   Dios desea tanto nuestra adoración, que nos ha dado las vías de la oración y de la alabanza para hacernos pasar ante Su asombrosa presencia.  La sola idea de que se nos permita entrar a Su presencia constituye una lección de humildad.  No solamente se nos permite entrar, sino que también se nos permite acercarnos a Su trono, adorándolo. Dos de los medios que Dios ha concebido para que nosotros le expresemos alabanza y acción de gracias, son el canto y la oración.  Los cánticos también pueden ser oraciones.  Muchos cánticos de nuestros himnarios son, de hecho, oraciones.  No se deben considerar que el canto y la oración sean preludios a la adoración; pues ellos son en sí mismos actos de adoración, tal como Dios los concibió.  James P. Gills sugirió que la oración es la palpitación de la adoración.

    Los cánticos y las oraciones son formas de adoración que no deben circunscribirse a la reunión de la iglesia.  Se nos manda orar sin cesar (1ª Tes. 5:17).  Del mismo  modo, debemos ir por la vida con cánticos espirituales en nuestros corazones y en nuestros labios, ya que ellos nos ayudarán a mantenernos cerca de Dios y de mantener a Satanás a una distancia segura, velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, peor la carne es débil (Mateo 26:41)

FIN.