SE REGOCIJARON CON MUY GRANDE GOZO

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   Antes de ir a cualquier lugar o hacer cualquier cosa, a menudo tenemos la tendencia de preguntar: “¿Qué gano yo con ello?.  Lo mismo hacemos cuando nos disponemos a adorar.  Si uno tiene que hacer la pregunta, es probable que no encuentre la respuesta en seguida.  Primero tiene un trayecto que andar --   hay una viaje que emprender, un viaje con Dios.  Una vez que se encuentre en ese viaje, conocerá la respuesta.

 

   Los magos de Mateo2, siguieron una estrella hasta Jerusalén.  Una vez que estuvieron allí, averiguaron donde habría de nacer el Mesías (v-4).  Se les dijo que el profeta Miqueas había profetizado que él nacería en Belén.  Cuando comenzaron su viaje a Belén, vieron la estrella nuevamente, y “se regocijaron con muy grande gozo” (v-10b).  Hay gozo en la adoración.  Para los que están acostumbrados a adorar, hay gozo incluso en esperar que llegue el día de adorar.

 

  Aunque la Biblia no dice explícitamente cómo se sentía Abraham cuando bajaba del monte Moriah después de la experiencia que tuvo allí, su gozo está implícito en el nombre que le dio al lugar: “Jehová proveerá” (Gén. 22:14).  ¡Y cómo proveyó Jehová!.  Uno no tiene más que imaginarse cómo se debió haber sentido Abraham mientras él e Isaac bajaban del monte.  No era para menos:  le habían devuelto al hijo que había ofrecido en su corazón en sacrificio a Dios.  Debió de haberse llenado especialmente de regocijo después de que el ángel le anunció: “y dijo: Por mí mismo he jurado, dice Jehová, que por cuanto has hecho esto, y no me has rehusado tu hijo, tu único hijo; de cierto te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar; y tu descendencia poseerá las puertas de sus enemigos. En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra, por cuanto obedeciste a mi voz” (Gén. 22:16-18)

 

   Los relatos acerca de los magos y acerca de Abraham ilustran que “el que cumple el deseo de Dios de ser adorado, verá cumplido su deseo de tener gozo”.  Aunque la adoración no debe rendirse con el propósito expreso de  recibir de Dios este gozo, éste será, no obstante, el resultado lógico de acercarse a su divina presencia.  “El hecho de que la adoración no debe verse primordialmente como una oportunidad para obtener satisfacción personal no significa que ella no produzca tal satisfacción”.

 

GOZO ESPIRITUAL

     El gozo que se deriva de la adoración no es lo mismo que el gozo terrenal que viene de pasarla bien, o de ser entretenido.  Todo gozo corporal, carnal, es transitorio, fugaz .  Alfred P. Gibbs estaba en lo correcto cuando dijo:  No debe confundirse este “gozo de Jehová que es nuestra fuerza”, con la hilaridad de espíritu que exhibe el ateo descuidado y materialista en las ocasiones en que puede desterrar a Dios de sus pensamientos, y cerrar sus ojos a la realidad de su pecado y a las espantosas consecuencias de morir en esa condición”

 

   Se trata  del gozo profundo, permanente, interior del que habló Jesús en Juan 16:22, cuando dijo a sus discípulos: “También vosotros ahora tenéis tristeza; pero os volveré a ver, y se gozará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestro gozo”.   Este gozo jamás  podría provenir del disfrute superficial de un evento entretenido, sino únicamente de la convicción interior que tiene uno de su estrecha relación con Dios.  Tampoco es este gozo tan solo un sentimiento cálido, “sin explicación aparente”, sino un gozo que nace de la paz y del conocimiento –un calmarse de las tormentas del alma, un lugar de descanso donde el ser interior se ancla a la fe en Dios.

 

     Hay otros contextos, además del contexto de la adoración, en los que se menciona el gozo cristiano.  En la epístola del apóstol Pablo a los filipenses, el gozo es un tema que se repite a menudo.  Por lo menos siete veces usó Pablo las palabras “gozo” y “regocijarse” en esta breve epístola.  En  1:4, leemos acerca de las oraciones en que él “ruega con gozo” por ellos.  En  1:25,  hallamos una expresión en el sentido de que confía de que permanecerá con los hermanos para fortalecer “el gozo de la fe” de ellos.  Les pide que “completen su gozo” por medio de sentir lo mismo y tener el mismo propósito (2:2).  Les insta, además a “regocijarse en el Señor” (3:1; 4:4), y les asegura que él “se goza en el Señor” en gran manera de que ellos revivieron su cuidado de él (4:10).  El gozo es el resultado lógico de andar en estrecha comunión con Dios, y de adorarlo frecuentemente.  Dios no nos creó para que seamos simplemente adoradores, sino para que seamos adoradores llenos de gozo.

 

    Hay por lo menos tres cosas incluidas en el gozo que proviene del estrecho encuentro que se tiene con Dios al adorarlo.  Por su misma naturaleza, la adoración debe incluir el sentimiento.  También, la verdadera adoración resultará en realización y se manifestará con asombro y temor reverencial.

 

 GOZO SINCERO

     El estar concientes de que el sentirse bien no es garantía de que hemos adorado verdaderamente, ha causado que algunos adoradores se muestren escépticos de toda manifestación de sentimiento en la adoración.  Aunque el sentimiento no debe determinar lo que hagamos en la adoración (ya que el sentimiento puede dar como resultado una religión que no pasa de ser “la religión del sentirse bien”), un resultado de la adoración verdadera es el sentimiento de gozo.  Los sentimientos son resultado de las acciones.  Los sicólogos nos dicen que es difícil determinar los sentimientos, pero que no es difícil determinar las acciones.  El saber que pertenecemos a Dios y que estamos delante de su presencia nos produce un sentimiento de gozo.  El actuar de acuerdo con el conocimiento que se tiene de la voluntad de Dios ha revelado acerca de sí mismo, y el hecho de que El nos creó para que seamos adoradores, da como resultado que haya gozo.  No debemos dejarnos llevar por los sentimientos, pero debemos dejar que los sentimientos nos acompañen al entrar por los portales de la adoración y al salir para volver al mundo.

 

    Dios nos concibió para adorar, y concibió la adoración para que fuera sincera.  Sería difícil, si no imposible, hablar de adoración “en espíritu y en verdad” (Juan 4:24) sin hablar de sentimientos.  La razón por la que debemos adorar “en espíritu y en verdad reside en que” “Dios es Espíritu”.  El es de hecho Espíritu sobrenatural.  ¿Cómo es posible que no nos llene de gozo el saber que nuestro espíritu está, ha estado en presencia del Espíritu sobrenatural de Dios a través de la adoración?.  Cuando mi espíritu humano se relaciona con el Espíritu de Dios en la adoración, yo siento algo.  Robert Webber opinaba que la “era secular” en que vivimos, en la cual “Dios ha sido confinado a los límites de nuestra existencia”, hace “difícil que experimentemos la adoración como un medio por el cual nos ponemos en contacto con lo sobrenatural”.

 

    A.W. Toser dijo: “La adoración debe proceder siempre de una actitud interna.  En ella se plasman una serie de factores, entre los que se incluyen factores mentales, espirituales y emocionales”.  Jack Hayford coincidió con lo anterior diciendo: “todo creyente posee la sabiduría para reconocer que la adoración no es un ejercicio unidimensional de la personalidad humana”.  Según las Escrituras, la adoración “en espíritu y en verdad” incluye la participación de la totalidad del ser humano: espíritu, mente, emociones y cuerpo.

 

     En principio, la adoración no es acerca de gozo de recibir, sino acerca del gozo de dar.  Al final, sin embargo, recibimos más de lo que damos.  Cuando Abraham dejó el monte, después de haber ofrendado mental y emocionalmente a Isaac a Dios, él no sólo recibió lo que había dado, sino que también recibió la bendición adicional de Dios que le anunció el ángel.  Abraham obedeció a Dios sin reserva ni duda alguna.  Lo que Dios le dio a Abraham debió de haber sido una fuente de gran gozo para él, por muchos años.  Sencillamente no podemos darle a Dios más de lo que El nos da.  A todos los que bendicen a Dios en la adoración, El los bendecirá a cambio.  Una vez que describió la ascensión de Jesús, Lucas dijo que los discípulos “después de haberle adorado, volvieron a Jerusalén con gran gozo; y estaban siempre en el templo, alabando y bendiciendo a Dios” (Lucas 24:52-53).

 

   Una de las más grandes expresiones de gozo es el canto.  Por toda la Biblia, el canto se menciona como una expresión de adoración.  Cuan pablo habó acerca de “alabar” al Señor en nuestros corazones (Efesios 5:19) lo hizo con el contexto del canto.  La alabanza que se hace en el corazón debe ser el gozo que se expresa con un corazón puro que alaba a Dios.  En un versículo complementario Pablo instó a: “cantar con gracia en nuestros corazones al Señor” (Col. 3:16).  Reiterando lo dicho, el gozo sincero de la acción de gracias se expresa en el canto:  la música puede elevar el espíritu a cumbres de gozo, de una manera que no puede ser igualada en modo alguno”.  Los cánticos sagrados tienen la virtud de hacer sonreír al  alma”.  El canto ha sido parte de la adoración desde los tiempos en que Dios sacó a Israel de la servidumbre de Egipto.

 

    Los sentimientos pueden también expresarse mediante la postura corporal que se adopta para adorar.  Como ya lo hicimos notar, el postrarse, el arrodillarse y el extender las manos son mencionados todos en las escrituras dentro del contexto de la adoración como expresiones del corazón.  El punto crucial relacionado con la postura corporal es que ésta debe ser una expresión sincera de la manera como el adorados realmente se siente para con Dios; no un despliegue para ser visto por los demás.

 

GOZO QUE LLENA EL CORAZÓN

       La mayoría de los sistemas religiosos del mundo se inspiran en el temor.  Los adoradores se acercan a los lugares sagrados de sus deidades, y lo hacen llenos de temor y espanto, con la esperanza de evitar alguna catástrofe causada por la ira de la deidad  que consideren responsable.  Después de que se acercan a las deidades, con presentes que esperan que sean aceptados, a menudo se alejan todavía dudando de que sus presentes hayan sido suficientes para aplacarlos.  Hasta cierto punto, lo anterior era lo que caracterizaba incluso el  sistema sacrificial Veterotestamentario.  Ahora, el Cordero de Dios—los adoradores pueden acercarse al trono de Dios con “gran gozo” que produce satisfacción en el corazón.  Incluso a los que eran perseguidos, Jesús les dijo: “Gozaos y alegraos porque vuestro galardón es grande en los cielos” (Mateo 5:12).  Si podemos hallar satisfacción llena de gozo en la persecución, “cuanto más la hallaremos al presentarnos sin mancha delante de su gloria con gran alegría” (Judas 24b)

 

   Uno de nuestros más grandes deseos es hallar realización o satisfacción en lo que hacemos.  Un joven lucha con la toma de decisión cuando tiene que escoger un empleo, pues desea dedicar su vida a algo que le satisfaga y lo realice.  Una joven madre que deseaba tener una carrera además de sus responsabilidades familiares, porque según explicó ella, no se “sentía realizada”.  La realización ha llegado a ser sinónimo de la felicidad.  A veces se confunden los anhelos internos del alma con las ansias de la carne.  Cuando se procura satisfacer la carne no se logra satisfacer los anhelos del alma.  Dios nos creo para funcionar y hallar realización en la armonía con El.  Nos concibió como un lugar que sirve de morada suya (1ª Cor. 6:19).  Cuando metemos todo lo demás que hay en el mundo en el espacio interior que Dios hizo para sí mismo, la realización se nos escapará.  La verdadera adoración llena ese vacío; invita a Dios a hacerse presente en nuestras vidas.  La realización se halla en la comunión con Dios.

     Gibss estaba en lo correcto cuando dijo: “la adoración no solamente llena de gozo al adorador, sino que también da como resultado una profunda satisfacción del alma.  Es la antítesis misma de la satisfacción de sí mismos, que es el resultado de ocuparse favorablemente consigo mismos”.  Por medio de la adoración, los creyentes, llegan a conocer mejor a Dios, y llegan a apreciarlo más.  Conocerlo equivale a amarlo.  Amarlo equivale a honrarlo, y alabarlo.  Honrarlo y amarlo equivalen a llenar el corazón con su presencia –a estar llenos de El.  Al estar llenos de El, nos damos cuenta de que cuida de nosotros, y sabemos que tenemos una posición de privilegio con El—de modo que cuando lo llamamos El nos oye.  La realización se produce cuando comenzamos a ver la vida desde su perspectiva, tomamos decisiones desde esa perspectiva y hallamos el propósito para nuestra existencia en esa perspectiva.

 

GOZO QUE NOS LLENA DE TEMOR REVERENCIAL

     En estos tiempos se da mucha importancia a tener una “experiencia de adoración”.  Lo irónico de esto es que no todo lo que se experimenta en los cultos de las iglesias se podría considerar adoración.  Puede que las cosas que se hagan en una asamblea constituyan una experiencia emocionante y conmovedora, y aún así no ser adoración del todo.  La experiencia es lo que queda en nosotros por mucho tiempo, y lo que a menudo hace que volvamos.  Esta es la razón por la que mucho directores de culto le dan tanta importancia a la experiencia.  Los adoradores hablan acerca de lo que experimentaron; no solamente son motivados a volver una y otra vez, sino que desean también que otros sean partícipes de su experiencia.  A menos que entendamos en qué consiste la verdadera adoración, no podremos saber si nuestra experiencia es realmente adoración.  ¿Qué desea Dios que experimentemos? ¿Qué deberíamos llevar con nosotros, para hablar de ellos y reflexionar sobre ello?.

     Dios desea que experimentemos su presencia.  En la adoración, ocurre comunión con Dios.  No nos referimos a la comunión de la Cena del Señor por sí sola, sino a la comunión de la presencia de la comunicación.  En la adoración nosotros le hablamos a Dios, y El nos habla a nosotros.  “El saber que uno se encuentre delante del imponente Dios del universo es una experiencia conmovedora.  El hecho de que uno pueda salir de un culto de adoración diciendo: “Hoy he estado delate de la presencia de Dios”, constituye una experiencia sobre la cual reflexionar por varios días.  “El temor reverencial – un respeto sano y una reverencia para con Dios, un sentimiento de asombro – podría ser la actitud que más escasea en los cultos actuales.  Warren Wiersbe dijo: “Son demasiados los santos soñolientos que han perdido su sentido de asombro”.  La gente de hoy día quiere entenderlo todo y explicarlo todo.  Y lo que no puede explicar trata de evitarlo.  Es poco el campo que hay en sus mentes para lo misterioso. Esta tendencia deja vacío el misterio de la adoración.

    Dios no está obligado a explicarse ni a defenderse delante de los mortales. Aun si tratara de hacerlo, Sus explicaciones estarían por encima de nuestra capacidad para entender.  Abraham no le pidió a Dios que le explicara porqué El le había pedido que ofreciera a Isaac.  Cuando Job le pidió a Dios que explicara y justificara sus acciones (Job  29 – 31), El guardó silencio por largo tiempo.  Ala final, respondió, pero no para dar explicaciones, sino para hacerle preguntas a Job (Job  38—41).  Dios reveló que sus caminos son demasiado asombrosos para que el hombre los entienda.  Pablo alabó diciendo: “¡OH profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero? ¿O quién le dio a él primero, para que le fuese recompensado? Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén” (Romanos 11:33-36). 

  

    Aunque Dios les da hoy a los cristianos los derechos y privilegios del sacerdocio, el acercarse a El con confianza no significa que lo debemos hacer despreocupadamente.  Es cierto que el gozo lleva implícito la celebración, pero no justifica el exceso de familiaridad.  Dios desea que sepamos que El es accesible, y desea que busquemos su presencia; sin embargo esta idea es exagerada si lo que nos imaginamos es un cuadro en el que cualquiera llega a la presencia de Dios, corriendo y lanzándose a su regazo, echándole los brazos al cuello y llamándole  ¡Papi!”.  No hay contradicción alguna entre la celebración y la reverencia.  La necesidad de llenarse de temor reverencial ante el poder de Dios no significa que no debemos celebrar su amor y cuidado de nosotros.  (2ª Crónicas29:30), es uno de varios pasajes que mencionan el gozo y la alabanza en un mismo contexto con el inclinarse.  Nehemías se refirió a Dios como “grande y temible”, al mismo tiempo que lo alabó por guardar el pacto y la misericordia (Neh. 1:5).  “...pero mi corazón tuvo temor de tus palabras:  me regocijo en tu palabra...” (Salmo 119:161-162)

 

CONCLUSIÓN.

 

   Cuenta un hermano que, estando el y su esposa en un restaurante. Una pareja comentaba: “realmente la pasamos bien en la iglesia esta noche”. Pero ¿Qué es pasarla bien para los muchos religiosos, en sus cultos de iglesia hoy en día?. Lo bien que predicó el hermano, lo bien que se escuchaba el coro, la música, la cena o comida que se sirvió después de la reunión.  Lo bonito que lucía la iglesia, la forma de vestir de la gente. ¡Gozo externo, carnal!-  ¡Nada más!.  No se habla de la grandeza de aquel que es el Único digno de adoración y todo honor y respeto. ¡Dios Creador y Sustentador del Universo!.

    Jesús se refirió en Lucas 16:15 a esta clase de devoción que se equivoca de objeto: “Vosotros sois los que os justificáis a vosotros mismos delante de los hombres; mas Dios conoce vuestros corazones; porque lo que los hombres tienen por sublime, delante de Dios es abominación”.  En un comentario sobre este pasaje Gibbs dijo: “ ¡Cuánto debiera escudriñar esto el corazón de todo cristiano!.  Tristemente es posible cantar del modo más melodioso un hermoso himno de adoración, e incluso expresar audiblemente en lenguaje bíblico cuidadosamente escogido lo que se dice en el culto de la asamblea; y aun así no llegar al oído de Dios, ni lograr la aprobación de Dios”.

 

  La adoración debería provenir de lo más hondo de un corazón centrado en Dios.  Ese es el corazón que hallará contentamiento y realización en la adoración y en la alabanza de Su santo Nombre.