SE REGOCIJARON CON MUY GRANDE GOZO
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Antes de ir a
cualquier lugar o hacer cualquier cosa, a menudo tenemos la tendencia de
preguntar: “¿Qué gano yo con ello?. Lo mismo hacemos cuando nos disponemos a
adorar. Si uno tiene que hacer la pregunta,
es probable que no encuentre la respuesta en seguida. Primero tiene un trayecto que andar -- hay una viaje que emprender, un viaje con
Dios. Una vez que se encuentre en ese
viaje, conocerá la respuesta.
Los magos de Mateo2,
siguieron una estrella hasta Jerusalén.
Una vez que estuvieron allí, averiguaron donde habría de nacer el Mesías
(v-4). Se les dijo que el profeta
Miqueas había profetizado que él nacería en Belén. Cuando comenzaron su viaje a Belén, vieron la
estrella nuevamente, y “se regocijaron con muy grande gozo”
(v-10b). Hay gozo en la adoración. Para los que están acostumbrados a adorar,
hay gozo incluso en esperar que llegue el día de adorar.
Aunque
Los relatos acerca de los magos y acerca de Abraham
ilustran que “el que cumple el deseo de Dios de ser adorado, verá cumplido su
deseo de tener gozo”. Aunque la
adoración no debe rendirse con el propósito expreso de recibir de Dios este gozo, éste será, no
obstante, el resultado lógico de acercarse a su divina presencia. “El hecho de que la adoración no debe verse
primordialmente como una oportunidad para obtener satisfacción personal no
significa que ella no produzca tal satisfacción”.
El gozo que se deriva de la adoración no es lo mismo que el gozo
terrenal que viene de pasarla bien, o de ser entretenido. Todo gozo corporal, carnal, es transitorio, fugaz . Alfred P. Gibbs estaba en lo
correcto cuando dijo: “
No debe confundirse este “gozo de Jehová que es nuestra fuerza”, con la
hilaridad de espíritu que exhibe el ateo descuidado y materialista en las ocasiones
en que puede desterrar a Dios de sus pensamientos, y cerrar sus ojos a la
realidad de su pecado y a las espantosas consecuencias de morir en esa
condición”
Se trata del gozo profundo,
permanente, interior del que habló Jesús en Juan 16:22, cuando dijo a sus
discípulos: “También vosotros ahora tenéis tristeza; pero os volveré a ver, y
se gozará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestro gozo”. Este gozo jamás podría provenir del disfrute superficial de
un evento entretenido, sino únicamente de la convicción interior que tiene uno
de su estrecha relación con Dios.
Tampoco es este gozo tan solo un sentimiento cálido, “sin explicación
aparente”, sino un gozo que nace de la paz y del conocimiento –un calmarse de
las tormentas del alma, un lugar de descanso donde el ser interior se ancla a
la fe en Dios.
Hay otros contextos, además del contexto de la adoración, en los que se
menciona el gozo cristiano. En la
epístola del apóstol Pablo a los filipenses, el gozo es un tema que se repite a
menudo. Por lo menos siete veces usó
Pablo las palabras “gozo” y “regocijarse” en esta breve epístola. En
1:4, leemos acerca de las oraciones en que él “ruega con gozo” por
ellos. En 1:25,
hallamos una expresión en el sentido de que confía de que permanecerá
con los hermanos para fortalecer “el gozo de la fe” de ellos. Les pide que “completen su gozo” por medio de
sentir lo mismo y tener el mismo propósito (2:2). Les insta, además a “regocijarse en el Señor”
(3:1; 4:4), y les asegura que él “se goza en el Señor” en gran manera de que
ellos revivieron su cuidado de él (4:10).
El gozo es el resultado lógico de andar en estrecha comunión con Dios, y
de adorarlo frecuentemente. Dios no nos
creó para que seamos simplemente adoradores, sino para que seamos adoradores
llenos de gozo.
Hay por lo menos tres cosas incluidas en el gozo que proviene del
estrecho encuentro que se tiene con Dios al adorarlo. Por su misma naturaleza, la adoración debe
incluir el sentimiento. También, la
verdadera adoración resultará en realización y se manifestará con asombro y
temor reverencial.
El estar concientes de que el sentirse bien no es garantía de que hemos
adorado verdaderamente, ha causado que algunos adoradores se muestren
escépticos de toda manifestación de sentimiento en la adoración. Aunque el sentimiento no debe determinar lo
que hagamos en la adoración (ya que el sentimiento puede dar como resultado una
religión que no pasa de ser “la religión del sentirse bien”), un resultado de
la adoración verdadera es el sentimiento de gozo. Los sentimientos son resultado de las
acciones. Los sicólogos nos dicen que es
difícil determinar los sentimientos, pero que no es difícil determinar las
acciones. El saber que pertenecemos a
Dios y que estamos delante de su presencia nos produce un sentimiento de
gozo. El actuar de acuerdo con el
conocimiento que se tiene de la voluntad de Dios ha revelado acerca de sí
mismo, y el hecho de que El nos creó para que seamos adoradores, da como
resultado que haya gozo. No debemos
dejarnos llevar por los sentimientos, pero debemos dejar que los sentimientos
nos acompañen al entrar por los portales de la adoración y al salir para volver
al mundo.
Dios nos concibió para adorar, y concibió la adoración para que fuera sincera. Sería difícil, si no imposible, hablar de
adoración “en espíritu y en verdad” (Juan 4:24) sin hablar de
sentimientos. La razón por la que
debemos adorar “en espíritu y en verdad reside en que” “Dios es Espíritu”. El es de hecho Espíritu sobrenatural. ¿Cómo es posible que no nos llene de gozo el
saber que nuestro espíritu está, ha estado en presencia del Espíritu
sobrenatural de Dios a través de la adoración?. Cuando mi espíritu humano se relaciona con el
Espíritu de Dios en la adoración, yo siento algo. Robert Webber opinaba que la “era secular” en que vivimos,
en la cual “Dios ha sido confinado a los límites de nuestra existencia”, hace
“difícil que experimentemos la adoración como un medio por el cual nos ponemos
en contacto con lo sobrenatural”.
A.W. Toser dijo: “La adoración debe
proceder siempre de una actitud interna.
En ella se plasman una serie de factores, entre los que se incluyen
factores mentales, espirituales y emocionales”. Jack Hayford coincidió con lo anterior diciendo: “todo
creyente posee la sabiduría para reconocer que la adoración no es un ejercicio
unidimensional de la personalidad humana”.
Según las Escrituras, la adoración “en espíritu y en verdad” incluye la
participación de la totalidad del ser humano: espíritu, mente, emociones y
cuerpo.
En principio, la adoración no es acerca de gozo de recibir, sino acerca
del gozo de dar. Al final, sin embargo,
recibimos más de lo que damos. Cuando
Abraham dejó el monte, después de haber ofrendado mental y emocionalmente a
Isaac a Dios, él no sólo recibió lo que había dado, sino que también recibió la
bendición adicional de Dios que le anunció el ángel. Abraham obedeció a Dios sin reserva ni duda
alguna. Lo que Dios le dio a Abraham
debió de haber sido una fuente de gran gozo para él, por muchos años. Sencillamente no podemos darle a Dios más de
lo que El nos da. A todos los que
bendicen a Dios en la adoración, El los bendecirá a cambio. Una vez que describió la ascensión de Jesús,
Lucas dijo que los discípulos “después de haberle adorado, volvieron a
Jerusalén con gran gozo; y estaban siempre en el templo, alabando y bendiciendo
a Dios” (Lucas 24:52-53).
Una de las más grandes expresiones de gozo es el canto. Por toda
Los sentimientos pueden también expresarse mediante la postura corporal
que se adopta para adorar. Como ya lo
hicimos notar, el postrarse, el arrodillarse y el extender las manos son
mencionados todos en las escrituras dentro del contexto de la adoración como
expresiones del corazón. El punto
crucial relacionado con la postura corporal es que ésta debe ser una expresión
sincera de la manera como el adorados realmente se siente para con Dios; no un
despliegue para ser visto por los demás.
La mayoría de los sistemas religiosos
del mundo se inspiran en el temor. Los
adoradores se acercan a los lugares sagrados de sus deidades, y lo hacen llenos
de temor y espanto, con la esperanza de evitar alguna catástrofe causada por la
ira de la deidad que consideren
responsable. Después de que se acercan a
las deidades, con presentes que esperan que sean aceptados, a menudo se alejan
todavía dudando de que sus presentes hayan sido suficientes para
aplacarlos. Hasta cierto punto, lo
anterior era lo que caracterizaba incluso el
sistema sacrificial Veterotestamentario. Ahora, el Cordero de Dios—los adoradores
pueden acercarse al trono de Dios con “gran gozo” que produce satisfacción en
el corazón. Incluso a los que eran
perseguidos, Jesús les dijo: “Gozaos y alegraos porque vuestro galardón es
grande en los cielos” (Mateo 5:12). Si
podemos hallar satisfacción llena de gozo en la persecución, “cuanto más la
hallaremos al presentarnos sin mancha delante de su gloria con gran alegría”
(Judas 24b)
Uno de nuestros más grandes deseos es hallar realización o satisfacción
en lo que hacemos. Un joven lucha con la
toma de decisión cuando tiene que escoger un empleo, pues desea dedicar su vida
a algo que le satisfaga y lo realice.
Una joven madre que deseaba tener una carrera además de sus
responsabilidades familiares, porque según explicó ella, no se “sentía
realizada”. La realización ha llegado a
ser sinónimo de la felicidad. A veces se
confunden los anhelos internos del alma con las ansias de la carne. Cuando se procura satisfacer la carne no se
logra satisfacer los anhelos del alma.
Dios nos creo para funcionar y hallar realización en la armonía con
El. Nos concibió como un lugar que sirve
de morada suya (1ª Cor. 6:19). Cuando metemos todo lo demás que hay en el
mundo en el espacio interior que Dios hizo para sí mismo, la realización se nos
escapará. La verdadera adoración llena
ese vacío; invita a Dios a hacerse presente en nuestras vidas. La realización se halla en la comunión con
Dios.
Gibss estaba en lo correcto cuando dijo: “la
adoración no solamente llena de gozo al adorador, sino que también da como
resultado una profunda satisfacción del alma.
Es la antítesis misma de la satisfacción de sí mismos, que es el
resultado de ocuparse favorablemente consigo mismos”. Por medio de la adoración, los creyentes,
llegan a conocer mejor a Dios, y llegan a apreciarlo más. Conocerlo equivale a amarlo. Amarlo equivale a honrarlo, y alabarlo. Honrarlo y amarlo equivalen a llenar el
corazón con su presencia –a estar llenos de El.
Al estar llenos de El, nos damos cuenta de que cuida de nosotros, y
sabemos que tenemos una posición de privilegio con El—de modo que cuando lo llamamos
El nos oye. La realización se produce
cuando comenzamos a ver la vida desde su perspectiva, tomamos decisiones desde
esa perspectiva y hallamos el propósito para nuestra existencia en esa
perspectiva.
En estos tiempos se da mucha importancia a tener una “experiencia de
adoración”. Lo irónico de esto es que no
todo lo que se experimenta en los cultos de las iglesias se podría considerar
adoración. Puede que las cosas que se
hagan en una asamblea constituyan una experiencia emocionante y conmovedora, y
aún así no ser adoración del todo. La
experiencia es lo que queda en nosotros por mucho tiempo, y lo que a menudo
hace que volvamos. Esta es la razón por
la que mucho directores de culto le dan tanta
importancia a la experiencia. Los
adoradores hablan acerca de lo que experimentaron; no solamente son motivados a
volver una y otra vez, sino que desean también que otros sean partícipes de su
experiencia. A menos que entendamos en
qué consiste la verdadera adoración, no podremos saber si nuestra experiencia
es realmente adoración. ¿Qué desea Dios
que experimentemos? ¿Qué deberíamos llevar con nosotros, para hablar de ellos y
reflexionar sobre ello?.
Dios desea que experimentemos su presencia. En la adoración, ocurre comunión con
Dios. No nos referimos a la comunión de
Dios no está obligado a explicarse ni a defenderse delante de los
mortales. Aun si tratara de hacerlo, Sus explicaciones estarían por encima de
nuestra capacidad para entender. Abraham
no le pidió a Dios que le explicara porqué El le había pedido que ofreciera a
Isaac. Cuando Job le pidió a Dios que
explicara y justificara sus acciones (Job
29 – 31), El guardó silencio por largo tiempo. Ala final, respondió, pero no para dar
explicaciones, sino para hacerle preguntas a Job (Job 38—41).
Dios reveló que sus caminos son demasiado asombrosos para que el hombre
los entienda. Pablo alabó diciendo: “¡OH
profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán
insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Porque
¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero? ¿O quién
le dio a él primero, para que le fuese recompensado? Porque de él, y
por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos.
Amén” (Romanos 11:33-36).
Aunque Dios les da hoy a los cristianos los derechos y privilegios del sacerdocio,
el acercarse a El con confianza no significa que lo debemos hacer
despreocupadamente. Es cierto que el
gozo lleva implícito la celebración, pero no justifica el exceso de
familiaridad. Dios desea que sepamos que
El es accesible, y desea que busquemos su presencia; sin embargo esta idea es
exagerada si lo que nos imaginamos es un cuadro en el que cualquiera llega a la
presencia de Dios, corriendo y lanzándose a su regazo, echándole los brazos al
cuello y llamándole ¡Papi!”. No hay contradicción alguna entre la
celebración y la reverencia. La
necesidad de llenarse de temor reverencial ante el poder de Dios no significa
que no debemos celebrar su amor y cuidado de nosotros. (2ª Crónicas29:30), es uno de varios pasajes
que mencionan el gozo y la alabanza en un mismo contexto con el
inclinarse. Nehemías
se refirió a Dios como “grande y temible”, al mismo tiempo que lo alabó por
guardar el pacto y la misericordia (Neh. 1:5). “...pero mi corazón tuvo temor de tus
palabras: me
regocijo en tu palabra...” (Salmo 119:161-162)
CONCLUSIÓN.
Cuenta un hermano que, estando el y su esposa en un restaurante. Una
pareja comentaba: “realmente la pasamos bien en la iglesia esta noche”. Pero
¿Qué es pasarla bien para los muchos religiosos, en sus cultos de iglesia hoy
en día?. Lo bien que predicó el hermano, lo bien que
se escuchaba el coro, la música, la cena o comida que se sirvió después de la
reunión. Lo bonito que lucía la iglesia,
la forma de vestir de la gente. ¡Gozo externo, carnal!- ¡Nada más!. No se habla de la grandeza de aquel que es el
Único digno de adoración y todo honor y respeto. ¡Dios Creador y Sustentador
del Universo!.
Jesús se refirió en Lucas 16:15 a esta clase de devoción que se equivoca
de objeto: “Vosotros sois los que os justificáis a vosotros mismos delante de
los hombres; mas Dios conoce vuestros corazones; porque lo que los hombres
tienen por sublime, delante de Dios es abominación”. En un comentario sobre este pasaje Gibbs dijo: “ ¡Cuánto debiera escudriñar esto el
corazón de todo cristiano!. Tristemente es posible cantar del modo más
melodioso un hermoso himno de adoración, e incluso expresar audiblemente en
lenguaje bíblico cuidadosamente escogido lo que se dice en el culto de la
asamblea; y aun así no llegar al oído de Dios, ni lograr la aprobación de
Dios”.
La adoración debería provenir de lo más hondo de un
corazón centrado en Dios. Ese es el
corazón que hallará contentamiento y realización en la adoración y en la
alabanza de Su santo Nombre.