LA VERDADERA ADORACIÓN

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 Introducción:

Unos niños entraron a una sala donde la Cena del Señor estaba preparada y se sirvieron pan y jugo de uva.  ¿estaban ellos adorando? .  Físicamente estaban haciendo lo mismo que los cristianos hacen cuando participan de la comunión.   Sin embargo, lo que hicieron estos niños no constituyó la adoración a Dios.

Tampoco la constituyen acciones físicas semejantes que llevan a cabo cristianos que participan de la cena del Señor porque la adoración es algo más.

 

LO QUE SI ES ADORAR

 

Es una manifestación efusiva de amor a Dios.

La palabra “adorar” significa manifestar respeto y honor a una persona de valor.  El  diccionario de la Real Academia Española define el verbo adorar de la siguiente manera:  Reverenciar con sumo honor o respeto a un ser, considerándolo como cosa divina.  Normalmente las personas desean adorar a su Creador.  Toda persona en sus cabales responde gozosamente  al consejo que dice: “Yo me alegré con los que me decían: A la casa de Jehová iremos” (Salmo 122:1).

          No es cierto que los seres humanos heredan su deseo y habilidad para adorar, de antepasados que evolucionaron de animales inferiores; los animales no pueden adorar.  No obstante, en este aspecto las Escrituras comparan a la humanidad con los animales: “Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, Así clama por ti, OH Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo; ¿Cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios?. (Salmo 42:1,2)

 

La sed física del siervo hace que él busque el agua, y la sed espiritual del hombre lo lleva a sacar con gozo “aguas de las fuentes de salvación” (Isa. 12:3) “Sacaréis con gozo aguas de las fuentes de la salvación”.

En este salmo el adorador que se encontraba lejos de del templo, decía que tenía celos de las aves que vivían en este, y que le hubiera gustado vivir allí también: “Anhela mi alma y aun ardientemente desea los atrios de Jehová; mi corazón y mi carne cantan al Dios vivo” (Salmo 84:2)

          Alabar a Dios, equivale, por lo tanto, a adorar.  Consiste en la extroversión del espíritu humano hacia el Espíritu Divino.  Es adorar a aquél que creó y preserva al adorador.  Es gratitud.  Es una forma de decirle a Dios: “Mi persona te pertenece y te amo”.

 

El cristiano espera ansioso la próxima vez que los santos se congreguen, del mismo modo que el judío del tiempo de los tiempos de David se alegraba cuando le decían que fuera al templo.  (Salmo 122:1).  Al cristiano le causa tristeza el verse obligado a faltar al culto (Salmo 84:2)

La adoración es la reacción del hombre cuya mente se llena de las glorias de la creación, y exclama: “¡Sólo Dios puede hacer un Universo como este!”.  La esencia de la adoración es intangible e invisible.  Es un sentimiento, una emoción, un pensamiento de reverencia y gratitud en el corazón del que canta a Dios: “¡Cuán Grande eres Tu!”.

 

Se origina en la mente

          En vista de que la adoración es la comunión del espíritu humano (interno, invisible, inmaterial y eterno; vea (Zacarías 12:1) “Profecía de la palabra de Jehová acerca de Israel. Jehová, que extiende los cielos y funda la tierra, y forma el espíritu del hombre dentro de él, ha dicho”. (Mateo 22:32) “Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? Dios no es Dios de muertos, sino de vivos”., con el Espíritu Divino, no puede ser nada físico.  Si la adoración se define como expresión de respeto, homenaje y veneración, ella es intrínsecamente una emoción, un pensamiento que se origina en la mente.  Hay actos físicos que acompañan lo que ocurre en la mente del adorador; sin embargo, ellos sólo sirven de acompañamiento.  Puede que en la oración haya inclinación de la cabeza y/ o del cuerpo, que en el canto de alabanza a Dios haya uso de los labios o que en la participación de la Cena del Señor y de la ofrenda haya uso de las manos, pero ninguno de los anteriores pede ser adoración.  Estos actos son externos y físicos, mientras que  la adoración es totalmente interna y mental.

 

No hay adoración a Dios cuando los hombres muestran amor con sus bocas, mientras que el corazón de ellos está en pos de la avaricia (Ezeq. 33:31) “Y vendrán a ti como viene el pueblo, y estarán delante de ti como pueblo mío, y oirán tus palabras, y no las pondrán por obra; antes hacen halagos con sus bocas, y el corazón de ellos anda en pos de su avaricia”.  El discernimiento del cuerpo de Cristo (1ª Cor. 11:29) no se lleva a cabo con los dedos ni con la boca.  Es posible que el pueblo honre a Dios de labios que aún sabiendo Este que el corazón de ellos está lejos de El. (Mateo 15:8).  La esencia de la adoración está, por lo tanto, en el corazón del adorador.

Lo esencial y lo externo

A pesar de que la adoración es totalmente interna, hay ciertas acciones externas, físicas, que casi siempre acompañan la adoración..  Históricamente, lo que el adorador siente en su corazón, a menudo trata de expresarlo externamente, tal como con la postración del cuerpo.  De hecho la palabra hebrea que más se usa para describir la adoración, shachah, significa, primeramente, inclinarse.  Cuando  Orma compraba un sitio para sepultar a Sara, él se levantó y se inclinó (shachah) al pueblo de aquella tierra, a los hijos de Het> (Gén. 23:7).  La misma palabra se emplea para describirse el inclinarse interno de Abraham para adorar a Dios.  Cuando pidió a sus siervos que esperaran en el campamento, el dijo:  Esperad aquí con el asno, y yo y el muchacho iremos hasta allí y adoraremos (shachah), y volveremos a vosotros (Gen. 22:5)

De igual modo, la palabra griega que más se usa para dar la idea de adoración, proskuneo, significa primeramente (sin el prefijo) “besar”.  Los antiguos Persas se ponían de rodillas y se doblegaban para besar la mano o el pie del rey, o el borde de su manto.  Con el tiempo, la magia del acto físico de proskuneo comenzó a usarse para describir el acto mental de la adoración.  Prueba de lo anterior es que, para cuando se habla de que >los verdaderos adoradores (proskunetai) al Padre en espíritu y en verdad>  ya no se tiene presente el acto físico (Juan 4:23)

Está bastante claro que el hacer reverencia (tal como lo hicieron los soldados ante Jesús en el palacio de Pilato, según se narra en Marcos 15:9), y el besar ( tal como lo hizo Judas, según se narra en Mateo 26:49) pueden ser actos que utilicen los hipócritas cuando uno no tiene respeto en su corazón.  No deja uno de pensar en Aod, que yendo con un puñal ceñido debajo de sus vestidos y que inclinándose y sonriendo ante el rey Eglon, le hundió el puñal en el vientre (Jueces 3:14-23).  Las manifestaciones, externas físicas de respeto, no constituyen por sí mismos actos de reverencia o adoración.  Mientras el corazón no se humille en su interior, no hay adoración.

La esencia de la adoración no la constituye, por lo tanto, ningún acto externo. A menudo se habla de los cinco actos de adoración, cuando se ve en la adoración como un conjunto de estos actos físicos en la adoración. Pensar así es estar falto de entendimiento de la palabra adoración .  El fruto de labios, es decir, el canto, no constituye por sí mismo adoración; mas bien acompaña la adoración que se hace en el corazón (Hebreos 13:15; 1ª Cor. 1415).  La adoración en sí es puramente interna.

Es necesario usar las manos y la boca para observar la Cena del Señor, sin embargo, la adoración reside en el discernimiento que uno haga de la Cena, y en agradecimiento que uno tenga por el cuerpo herido y sangrante del Señor (1ª Cor. 11:29).  La adoración en sí es puramente mental.

Y así como ocurre en el canto y la Cena del Señor, también ocurre en los otros tres actos de adoración.  Nada externo es por sí solo adoración – no es orar, ni el ofrendar, ni la lectura de la Biblia.  He dejado de hablar de los cinco actos de adoración, para hablar ahora de las cinco expresiones de adoración, o de los cinco >actos que acompañan la adoración. Debemos entender lo que constituye la esencia de la adoración.

El siervo de Abraham que estaba de pie junto a una fuente de agua, en las afueras de la Ciudad de Nacor, a la hora de la tarde, estaba adorando.  Si uno hubiera estado allí en ese momento, no lo habría notado.  No estaba arrodillado, no estaba levantando alguna mano al cielo ni estaba cerrando sus ojos.  No se oía que expresara palabras, ni que sus labios se movieran; sin embargo estaba adorando en su corazón al hablar con Dios en ferviente oración (Génesis 24:12-14)  Intrínsecamente, la adoración se reduce, entonces, a pensar—lo que hace un alma que entra en contacto con el Padre que está en el cielo.

 

 LO QUE NO ES ADORAR

   Algunos enseñan que, en vista de todo lo que el cristiano haga es para la gloria de Dios (1ª Cor. 10:31), su vida religiosa no se puede desligar de su vida secular. Tales maestros han concluido que todo lo que hacemos es adoración.

   Estos bienintencionados maestros han sido confundidos, según parece, por las diversas traducciones que se han hecho de (Romanos 12:1)  “...presentad vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro servicio racional” (KJV).  La (NASB), la (NRSV) y la (NIV) han quitado la palabra “servicio” de este versículo, y han puesto la palabra “adoración” o la palabra “culto”.  Esto ha dado lugar a que algunos digan que, en vista de que sus cuerpos están dedicados al servicio cristiano las 24 horas del día, ellos están adorando en todo lo que hacen.

   Lo que están enseñando es cierto en lo que a dedicación total a Jesús se refiere.  El mandamiento apostólico dice: “Si coméis o bebéis, o hacéis ora cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios” (1ª Cor. 10:31); el amor de Cristo constriñe a los cristianos a ya no vivir para sí, sino para aquél que murió y resucitó por ellos” 2ª  Cor. 5:14-15).  El cristiano no tiene la opción de ocuparse n servicio a medio a medio tiempo; es cristiano día y noche, y tiene una ocupación en la cual jamás se jubilará en esta vida.  Se olvida completamente de sí mismo.  El que no deje todo lo que tiene, dijo el Señor, no puede ser mi discípulo (Lucas 14:33)

  Por otro lado, si la esencia de la adoración es un pensamiento que uno tiene en su mente, si es una sincera emoción – y los actos físicos solo la acompañan – entonces no todo lo que hacemos es adoración.  Es cierto que la palabra griega que se usa en Romanos 12:1 (latreuo) se ha traducido correctamente >adoración< en ciertos contextos.  (En hebreos 10:2 hay una forma de la palabra que se traduce por >adoradores<).  Sin embargo, la palabra en sí significa >servir<, ya sea que el servicio se dé a Dios, o a los hombres. (Un “latris” es un siervo contratado; “latron” significa contratar o pagar).  A veces, ciertas formas de la palabra se refieren a una vida de servicio a Dios (Hechos 24:14; hebreos 12:28)

   El contexto de Romanos 12:1 presenta la ofrenda del cuerpo de uno como sacrificio vivo.  Este sacrificio se refiere a una vida de servicio, no a la meditación (que es lo que define la adoración).  Los cristianos están llamados a estar a la disposición  24 horas al día para servir a Dios y a la humanidad, sin embargo es imposible estar dedicado a la adoración (la meditación) 24 horas al día.   Aun su uno pudiera mantener su mente centrada en Dios 24 horas al día, tal persona sería inútil; no podría producir ningún bien práctico en su vida.  Si no hiciera nada más que adorar, no podría trabajar ni comer.

 

 No es acción continua

   La adoración no es continua. Abraham subió a una montaña para adorar en su cumbre; luego, después de adorar, regresó a su campamento al pie de la montaña (Gén. 22:1-5)

   David pasó siete días acostado en tierra ayunando y orando por la vida de su hijo moribundo (2º Samuel 12:15-20).  Cuando el rey se dio cuenta de que su hijo había muerto, <se levantó de la tierra, y se lavó y se ungió, y cambió sus ropas, y entró a la casa de Jehová, y adoró.  Después vino a su casa, y pidió, y le pusieron pan, y comió> (v. 20).  El bañarse, el cambiar sus ropas, su entrada a la casa de Jehová son acciones que precedieron a su adoración.  Después de un periodo de adoración, fue a su casa y comió.  Su adoración no fue continua, y tampoco lo es la nuestra.

   Un etíope que iba en un curro viajó cerca de 800 kilómetros para ir >a Jerusalén para adorar< (Hech. 8:27), y después volvió a casa.  Un largo viaje precedió a su adoración, y el viaje de regreso la siguió.  La adoración es discontinua; tiene un comienzo y tiene un final.  En el caso del etíope, comenzó y terminó y empezó de nuevo.

 

 No es lo mismo que servir

   Un antiguo letrero que cuelga sobre la puerta de algunos lugares de adoración, reza: Entramos para adorar; salimos para servir.  Esta idea aún es acertada.  Hubo momentos en los que Jesús oró (adoró) a solas (Marcos 1:35), y momentos en los que oró (adoró) en público (Mateo 15:35-36).  No obstante, El hizo más que adorar: También anduvo haciendo bienes (Hechos 10:38)

   Adorar es  servir a Dios, y es correcto decir que asistimos al servicio de adoración (o al culto de adoración).  No obstante, no todo servicio que demos es adoración.  Acciones como arar un campo, tocar una guitarra o comerse una hamburguesa no constituyen adoración.

   La adoración es vertical – las alabanzas son elevadas a Dios.  El servicio es horizontal – las manos se extienden para ayudar a la humanidad.  Es bueno proveer para la familia, criar hijos, ayudar a los afligidos o tomarse unas vacaciones (1ª Tim. 5:8,10; marcos 6:31).  Sin embargo, tales acciones no constituyen adoración.  El contraste podría explicarse de la siguiente manera:

 

Adoración                                                                    Servicio

Se dirige a Dios- Juan 4:24                                       Se dirige a la humanidad- Hechos 17:24,25; Gálatas 5:13; Heb. 6:10

Un pensamiento- Sal. 95:4 --------------------               Un acto – Efesios 4:28

Interno    --- Hechos 17:25 ---------------------             Externo  -  Lucas 10:33.35

Vertical --    Salmo  95:6; Juan. 17:1----------              Horizontal – Mat. 10:42

Discountinua -   Gén. 22:5; 2 Sam.12:20------            Duradero o discontinuo- Heb. 6:2; 1ª Tin.5:10                                                                    

Cinco actos que la acompañan -----------------           Miles de obras Hech. 2:42; Efesios 5:19;  Tito 3:1; Gálatas 6:9

 

CONCLUSIÓN:

  ¡OH hermosura y sencillez de la adoración colectiva!  Los cristianos se reúnen el primer día de la semana para partir el pan una actividad visible, física – pero en sus corazones, disciernen otra vez el cuerpo sangrante de su Señor (1ª  Cor. 11:29)

   Sus labios se abren en gozosa alabanza para su Padre Celestial (Hebreos 13:15).  Los que están allí de simples espectadores podrán ver solamente lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón (1ª Samuel 16:7).  Con alegría ponen aparte ofrenda voluntaria para dar a su Señor (2ª Cor. 9:7), del mismo modo que los magos abrieron sus tesoros de oro, incienso y mirra y, arrodillados, ofrecieron presentes al niño Jesús (Mateo 2:11)

   Ni el arrodillarse, ni las riquezas que ofrecieron los magos constituyeron adoración – sino sólo acompañamiento de este.  La mayoría de los cristianos cierran los ojos cuando la oración, cual incienso se eleva a Dios; sin embargo, el cerrar los ojos no constituyen adoración, se hace solo para ayudar al adorador a centrar su mente en hablar con Dios.

FIN.