MAS BIENAVENTURADO ES DAR
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La iglesia
primitiva era un asombroso cuerpo de personas.
Hicieron algo que a la mayoría de las personas de hoy les resultaría muy
difícil hacer – algo tan extraordinario que lo encontramos mencionado dos veces
en el libro de Hechos. “Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían
en común todas las cosas; 45y vendían sus propiedades y sus bienes,
y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno” (Hechos 2:44,45)—“Así que no había entre ellos ningún necesitado; porque
todos los que poseían heredades o casas, las vendían, y traían el precio de lo
vendido, 35y lo ponían a los pies de los apóstoles; y se repartía a
cada uno según su necesidad. 36Entonces José, a quien los apóstoles
pusieron por sobrenombre Bernabé (que traducido es, Hijo de consolación),
levita, natural de Chipre, 37como tenía una heredad, la vendió y
trajo el precio y lo puso a los pies de los apóstoles” (Hechos 4:34-37)
Esta forma tan generosa de dar no constituye un caso aislado
entre los cristianos del siglo primero.
Cuando la iglesia comenzó a propagarse fuera de Judea, se estableció una
iglesia en Antioquia de Siria, a unos
Algunos años después, Pablo animó a los cristianos gentiles que
habitaban en Macedonia, en Acaya y en Galacia a ofrendar para las necesidades de los cristianos judíos que estaba en Palestina.
Les pidió que pusieran aparte algo cada primer día de la semana, para
que cuando el llegara no se recogieran ofrendas (1ª Cor.
16:1,2).
¿Hay alguna base bíblica para
afirmar que la ofrenda semanal es una expresión de adoración a Dios?. Pablo mandó a los
cristianos que estaban en Corinto hacer sus colectas cada primer día de la
semana, es decir, en el momento cuando se reunían para adorar. ¿Estaba él solamente sugiriendo que ése era
el momento más oportuno para hacer las colectas?. ¿Se consideraba esta ofrenda parte del culto
de adoración, o era una actividad sin relación alguna con la adoración a Dios?.
En respuesta a esta pregunta, Andy T. Ritchie escribió: “No
hay duda de que muchos de nosotros oímos enseñanzas, en las cuales se nos dijo
que, [en la iglesia primitiva] había un cierto número de “actos” de adoración,
entre los que se incluía [poner] aparte algo.
Lo anterior nos llevó a la conclusión, un tanto mecánica, en el sentido
de que la ofrenda es, en efecto, uno de estos actos; sin embargo, nunca le
dimos mucha importancia a interpretación alguna de ella, excepto que la iglesia
debe tener dinero para hacer su labor, y que, por lo tanto, tenemos la
responsabilidad de contribuir...”.
Más
adelante hizo la siguiente pregunta: “¿Pero no podríamos, mas bien,
renovar [pulir] los conceptos que ya tenemos, y declararlos de tal modo que la
ofrenda signifique para nosotros un acto conciente, por el cual rendimos
homenaje y adoración”?.
Para responder a esta pregunta bíblicamente, consideremos las
raíces hebreas del cristianismo: el ambiente histórico del cual provino
Pablo. El dar ofrenda a Dios es la
segunda respuesta activa que se menciona en
El pueblo de Dios siempre ha sido un pueblo de ofrenda, y Dios
siempre ha deseado que la ofrenda sea una forma de responderle a Él. Abraham le dio Melquisedec,
rey de Salem y sacerdote de Dios, el diezmo del botín
de guerra que él tomó por haber obtenido la victoria (Génesis 14; note
especialmente los versículos 18 al 20)
Jacob prometió que le daría a Dios el diezmo de todas las bendiciones
que recibiera (Génesis 28:20-22)
Había sacrificios y ofrendas de
varias clases que formaban parte de la adoración que se rendía a Dios, cuando
estaba vigente la ley, lo que requería que hubiera dos altares. El altar que estaba fuera del tabernáculo (y
más adelante del templo) era para recibir los holocaustos. El altar que estaba dentro era para ofrecer
incienso a Dios. Los altares eran para
ofrecer ofrendas a Dios. Los primeros
siete capítulos de Levítico proporcionan las instrucciones que indican la forma
correcta de hacer las diferentes ofrendas y sacrificios a Dios.
Cuando Esdras y Nehemías restauraron a Judá la verdadera adoración entre los artículos del pacto
de restauración había acuerdos en el sentido de contribuir cada año con la
tercera parte de un ciclo para el servicio de la casa de Dios. El pueblo había de continuar las ofrendas de
granos, los holocaustos y los sacrificios de expiación por el pecado; y debían
traer cada año los primogénitos, junto con las primicias de la tierra y del
fruto de todo árbol a la casa de Dios.
Acordaron además traer el diezmo a las cámaras del tesoro de la casa de
Dios, de modo que no se descuidara la casa de Dios (Nehemías
10:32-39).
En el último libro del Antiguo
Testamento se reprende a Judá por faltar a las
promesas que había hecho de ofrendar a Dios.
Dijo Dios, por medio de Malaquías: “¿Robará
el hombres a Dios?”. Pues vosotros me
habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te
hemos robado?.
En vuestros diezmos y ofrendas”.
El profeta le dijo al pueblo de Judá que toda
la nación era maldita por haber robado a Dios.
Luego les mandó: “Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en
mi casa... (Malaquías 3:8-10)
Jesús les enseñó a sus discípulos
a hacerse tesoros en el cielo (Mateo 6:19-21).
Les enseñó el propósito y modo apropiado de ofrendar (Mato 6:1-4). Su ofrenda no debía ser dada para impresionar
a los hombres, sino para ayudar a los pobres.
Se les dijo que dieran en secreto, y que Dios les bendeciría, indicando
con esto que sus ofendas habrían de agradar a Dios, no a los hombres. Una vez, que miraba cómo el pueblo echaba
dinero en el arca del templo, Jesús vio
a ciertos hombres que echaban grandes sumas de dinero. En eso vino una viuda pobre que solo echó dos monedas de cobre. Entonces Jesús llamó la atención de sus
discípulos: <De cierto os digo que esta viuda pobre echó más que todos
los que han echado en el arca; porque todos han echado de lo que les sobra;
pero esta, de su pobreza echó todo lo que tenía, todo su sustento> (Marcos
12:43-44)
Fue a partir de los anteriores
antecedentes que los cristianos primitivos aprendieron a ofrendar a Dios. Son los mismos antecedentes de lo que Pablo
habría aprendido acerca de la ofrenda.
Este nos citó unas palabras de Jesús que no se encuentra en ningún
versículo de los cuatro evangelios: “Más bienaventurado es dar que
recibir” (Hechos 20:35b). Cuando
en la iglesia se habla de ofrenda, no se hace con el fin de mejorar los
ingresos, sino la adoración.
SE OFRENDA DE CONFORMIDAD CON
La definición que hace Pablo de la
ofrenda indica que él la consideraba una expresión de adoración. De hecho nos dio el conjunto de instrucciones
más completo sobre la ofrenda cristiana que se puede encontrar en todo el Nuevo
Testamento. Ya hemos mencionado las
instrucciones que dio a los cristianos que estaban en Corinto, en cuanto a la
recolección de la ofrenda para los pobres que estaban en Judea; les dijo que pusieran
aparte algo cuando se reunieran cada primer día de la semana (1ª Cor. 16:1,2). Tal
vez les pidió que la recogieran ese día porque era cuando estaban todos
reunidos; sin embargo, una vez que entendamos la idea que tenía Pablo de la
ofrenda, no tendremos duda alguna de que
su propósito era de que se le considerara una respuesta por la cual se adora a
Dios.
Pablo deseaba llevar una contribución de las iglesias griegas que
estaban en Macedonia, Acaya y Galacia
a las iglesias judías que estaban en
Palestina, y había dos motivos por los cuales deseaba hacerlo. Uno era ayudar a los cristianos pobres que
estaban en Judea; el otro era mejorar las relaciones entre los cristianos
judíos y los cristianos gentiles. Ambos
motivos se consideraban obra de Dios y una respuesta de alabanza a Dios. Las instrucciones dadas en 2ª Corintios 8 y
Pablo primero describió los no de la ofrenda cristiana. No tiene como propósito solventar los
problemas de unos mientras aumentan los de los dadores (8:13). El cristiano no debe dar con tristeza (9:7).
Es decir, cuando el cristiano da, no debe hacer para después desear no haberlo
hecho. Por último, el cristiano no debe
dar por necesidad (9:7). Esto significa
que no debemos dar sólo porque otros están dando, ni porque otros creen que
deberíamos dar; nuestra ofrenda debe ser, más bien, un acto por el cual el
corazón responde libremente a Dios.
La lista que Pablo hace de los sí de la ofrenda es mucho más larga:
1.
La ofrenda cristiana debe caracterizarse por una abundancia
de ... gozo, aun cuando los dadores se encuentren en grande prueba de tribulación (2ª Cor. 8:1-2). El gozo
es precisamente una de las expresiones de adoración a Dios que estudiamos en
una lección anterior.
2.
La ofrenda cristiana debe caracterizarse por una
<abundancia de... gozo aún cuando los dadores se encuentran en grades
pruebas de tribulación (2ª Cor. 8:1-2). Esta clase de liberalidad sólo podría ser
motivada por una respuesta a Dios por sus abundantes bendiciones. Una expresión de liberalidad para con Dios es
parte de lo que se define como adoración.
3.
Aunque no se espera de los cristianos, que den más
allá de sus fuerzas, algunos cristianos de los Macedonios si lo hicieron así,
al responder a esta obra en nombre de Dios (8:3,12). Una ofrenda así constituye una adoración sacrificial.
4.
Los cristianos que estaban en Macedonia pidieron con
muchos ruegos que se les concediera la oportunidad de participar en este
servicio para los santos (8:4). Este
gesto constituyó en acto de adoración del que brotó amor y aprecio por la obra
de Dios y por los demás santos.
5.
Estos generosos cristianos dedicaron primeramente
sus corazones a Dios (8:5). Esto quiere
decir que es muy poco probable que una persona ofrende generosamente mientras
ella misma no se de primeramente a Dios.
Una ofrenda que no vaya acompañada del corazón del ofrendante
es una ofrenda árida y vacía. En Romanos 12:1,2, se considera que el
presentarse uno mismo a Dios equivale a rendir adoración a Dios.
6.
El acto de dar ofrenda a Dios es una obra de gracia
(8:6), una en la que debemos crecer continuamente (8:7).
7.
El acto de dar ofrenda constituye una prueba de la
sinceridad de nuestro amor por Dios y por los demás (8:8). La ofrenda no debe darse porque la iglesia lo
necesite. El acto de ofrendar debe ser
una expresión de nuestro amor por Dios. ¡Esto es adorar!.
8.
El que ofrenda sigue el ejemplo de Jesús, que se
<hizo pobre siendo rico, para que nosotros con su pobreza fuésemos
enriquecidos> (8:9). Cuando reconocemos cuán espiritualmente ricos somos,
como herederos de todo lo que el Padre posee, el dar de la abundancia de esas
riquezas constituye un acto de adoración.
9.
El acto de dar ofrenda fomenta la igualdad entre los
cristianos (8:13-14). La igualdad es
muestra de comunión, participación, asociación y compañerismo—todo lo cual es
característico de la adoración colectiva.
10. El acto de dar ofrenda es indicio de buena disposición
para participar en la obra de Dios (8:11-12; 9:2)
11. Ofrendar es cosa del corazón. Dios desea dadores que den alegremente y que
de antemano tengan el propósito de dar así. (9:7). El dar alegremente y con propósito que nace
de un corazón que desborda amor por Dios, constituye un acto de adoración.
12. El dador es bendecido por el que es dador de todas
las dádivas y que da semilla al que siembra (9:10-11). En toda adoración, el adorador es bendecido
por el que recibe la adoración. Esta es
la razón por la que es más bienaventurado dar que recibir (Hech. 20:35)
13. El acto de dar ofrenda produce acción de gracias a
Dios, y la produce tanto en el dador como en el receptor (9:11-15). Toda forma de acción de gracias a Dios es un
acto de adoración.
CONCLUSIÓN:
El acto de ofrendar que es
conforme al plan de Dios coincide con todos los criterios que definen la
verdadera adoración, que sería difícil, aunque se quisiera, separar lo uno de
lo otro. Jummy Jividen
sugirió: “Cuando enseñe la necesidad de dar, céntrese más en las
características que la definen como adoración, y en que es un acto que supone
una sobrecogedora y avasallante sumisión a Dios, y céntrese menos en los
dólares y centavos que se necesitan para cumplir con un presupuesto”.
Muchas iglesias lo piensan para dar enseñanzas sobre la necesidad
de dar. Esto se debe a que se han hecho
estudios de crecimiento de la iglesia, y éstos han revelado que hasta la fecha,
las críticas más virulentas que han lanzado <sectores no religiosos> van
en contra de las peticiones de dinero que hacen las iglesias. Algunas iglesias han reaccionado anunciando
que los visitantes no tienen que dar contribución alguna para los ministerios
de la iglesia. Otras han dejado de
recoger la ofrenda durante el culto, y animan a los miembros a enviar su
ofrenda por correo o por algún otro medio.
Algunos han llegado al extremo de no permitir que en sus cultos se
predique o se enseñe sobre la necesidad de dar.
Como hemos hecho notar en una lección anterior, no debemos
esperar que los sectores no religiosos entiendan o aprecien lo que los
cristianos hacen en el culto, el no considerar el acto de dar como una forma de
responder con adoración a Dios equivale a no entender el significado de la
adoración en su plenitud. En todo caso,
no debemos permitir que los sectores no religiosos de la sociedad nos
intimiden a tal grado que abandonemos esta parte de nuestra alabanza y
respuesta de acción de gracias a Dios que expresamos en la asamblea colectiva.
Fin