MAS BIENAVENTURADO ES DAR

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   La iglesia primitiva era un asombroso cuerpo de personas.  Hicieron algo que a la mayoría de las personas de hoy les resultaría muy difícil hacer – algo tan extraordinario que lo encontramos mencionado dos veces en el libro de Hechos. Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas; 45y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno” (Hechos 2:44,45)—“Así que no había entre ellos ningún necesitado; porque todos los que poseían heredades o casas, las vendían, y traían el precio de lo vendido, 35y lo ponían a los pies de los apóstoles; y se repartía a cada uno según su necesidad. 36Entonces José, a quien los apóstoles pusieron por sobrenombre Bernabé (que traducido es, Hijo de consolación), levita, natural de Chipre, 37como tenía una heredad, la vendió y trajo el precio y lo puso a los pies de los apóstoles” (Hechos 4:34-37)

 

    Esta forma tan generosa de dar no constituye un caso aislado entre los cristianos del siglo primero.  Cuando la iglesia comenzó a propagarse fuera de Judea, se estableció una iglesia en Antioquia de Siria, a unos  480 Kilómetros al norte.  Después de esto, un profeta llamado Agabo viajó desde Jerusalén hasta Antioquia, y anunció que vendría una gran hambre.  Ésta sucedió en tiempos de Claudio César (Hechos 11:27-28), y afectó a toda la tierra.  Antioquia y Judea fueron igualmente afectadas; sin embargo, los cristianos que estaba en Antioquia  determinaron enviar socorro a los hermanos que estaban en Antioquia determinaron enviar  socorro a los hermanos que estaban en Judea; lo cual en efecto hicieron, enviándolo a los ancianos por mano de Bernabé y de Saulo (Hechos 11:29-30)

      Algunos años después,  Pablo animó a los cristianos gentiles que habitaban en Macedonia, en Acaya y en Galacia a ofrendar para las necesidades  de los cristianos judíos que estaba en Palestina.  Les pidió que pusieran aparte algo cada primer día de la semana, para que cuando el llegara no se recogieran ofrendas (1ª Cor. 16:1,2).

 

OFRENDAR ES DAR

        ¿Hay alguna base bíblica para afirmar que la ofrenda semanal es una expresión de adoración a Dios?.  Pablo mandó a los cristianos que estaban en Corinto hacer sus colectas cada primer día de la semana, es decir, en el momento cuando se reunían para adorar.  ¿Estaba él solamente sugiriendo que ése era el momento más oportuno para hacer las colectas?.  ¿Se consideraba esta ofrenda parte del culto de adoración, o era una actividad sin relación alguna con la adoración a Dios?.

        En respuesta a esta pregunta, Andy T. Ritchie escribió:  No hay duda de que muchos de nosotros oímos enseñanzas, en las cuales se nos dijo que, [en la iglesia primitiva] había un cierto número de “actos” de adoración, entre los que se incluía [poner] aparte algo.  Lo anterior nos llevó a la conclusión, un tanto mecánica, en el sentido de que la ofrenda es, en efecto, uno de estos actos; sin embargo, nunca le dimos mucha importancia a interpretación alguna de ella, excepto que la iglesia debe tener dinero para hacer su labor, y que, por lo tanto, tenemos la responsabilidad de contribuir...”.

     Más adelante hizo la siguiente pregunta: “¿Pero no podríamos, mas bien, renovar [pulir] los conceptos que ya tenemos, y declararlos de tal modo que la ofrenda signifique para nosotros un acto conciente, por el cual rendimos homenaje y adoración”?.

     Para responder a esta pregunta bíblicamente, consideremos las raíces hebreas del cristianismo: el ambiente histórico del cual provino Pablo.  El dar ofrenda a Dios es la segunda respuesta activa que se menciona en la Biblia (Génesis 4:3-5).  La primera fue la obediencia (Gén. 2:16-17).  Dios mandó a Adán y a Eva no comer del árbol de la ciencia del bien y del mal.  Las instrucciones de Dios respecto de la ofrenda no constan en Génesis, pero el autor de la epístola a los hebreos dijo: “Por la fe Abel ofreció más excelente sacrificio que Caín...” (Hebreos 11:4).  Para que algo se pueda hacer por fe, es preciso que haya instrucciones de parte de Dios, porque la fe es por el oír, y el oír por la palabra de Dios> (Romanos 10:17)

     El pueblo de Dios siempre ha sido un pueblo de ofrenda, y Dios siempre ha deseado que la ofrenda sea una forma de responderle a Él.  Abraham le dio Melquisedec, rey de Salem y sacerdote de Dios, el diezmo del botín de guerra que él tomó por haber obtenido la victoria (Génesis 14; note especialmente los versículos  18  al 20)  Jacob prometió que le daría a Dios el diezmo de todas las bendiciones que recibiera (Génesis 28:20-22)

      Había sacrificios y ofrendas de varias clases que formaban parte de la adoración que se rendía a Dios, cuando estaba vigente la ley, lo que requería que hubiera dos altares.  El altar que estaba fuera del tabernáculo (y más adelante del templo) era para recibir los holocaustos.  El altar que estaba dentro era para ofrecer incienso a Dios.  Los altares eran para ofrecer ofrendas a Dios.  Los primeros siete capítulos de Levítico proporcionan las instrucciones que indican la forma correcta de hacer las diferentes ofrendas y sacrificios a Dios.

     Cuando Esdras y Nehemías restauraron a Judá la verdadera adoración entre los artículos del pacto de restauración había acuerdos en el sentido de contribuir cada año con la tercera parte de un ciclo para el servicio de la casa de Dios.  El pueblo había de continuar las ofrendas de granos, los holocaustos y los sacrificios de expiación por el pecado; y debían traer cada año los primogénitos, junto con las primicias de la tierra y del fruto de todo árbol a la casa de Dios.   Acordaron además traer el diezmo a las cámaras del tesoro de la casa de Dios, de modo que no se descuidara la casa de Dios (Nehemías 10:32-39).

       En el último libro del Antiguo Testamento se reprende a Judá por faltar a las promesas que había hecho de ofrendar a Dios.  Dijo Dios, por medio de Malaquías: “¿Robará el hombres a Dios?”.  Pues vosotros me habéis robado.  Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado?.  En vuestros diezmos y ofrendas”.  El profeta le dijo al pueblo de Judá que toda la nación era maldita por haber robado a Dios.  Luego les mandó: “Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa... (Malaquías 3:8-10)

       Jesús les enseñó a sus discípulos a hacerse tesoros en el cielo (Mateo 6:19-21).  Les enseñó el propósito y modo apropiado de ofrendar (Mato 6:1-4).  Su ofrenda no debía ser dada para impresionar a los hombres, sino para ayudar a los pobres.  Se les dijo que dieran en secreto, y que Dios les bendeciría, indicando con esto que sus ofendas habrían de agradar a Dios, no a los hombres.  Una vez, que miraba cómo el pueblo echaba dinero en el arca del templo,  Jesús vio a ciertos hombres que echaban grandes sumas de dinero.  En eso vino una viuda pobre  que solo echó dos monedas de cobre.  Entonces Jesús llamó la atención de sus discípulos: <De cierto os digo que esta viuda pobre echó más que todos los que han echado en el arca; porque todos han echado de lo que les sobra; pero esta, de su pobreza echó todo lo que tenía, todo su sustento> (Marcos 12:43-44)

      Fue a partir de los anteriores antecedentes que los cristianos primitivos aprendieron a ofrendar a Dios.  Son los mismos antecedentes de lo que Pablo habría aprendido acerca de la ofrenda.  Este nos citó unas palabras de Jesús que no se encuentra en ningún versículo de los cuatro evangelios: “Más bienaventurado es dar que recibir” (Hechos 20:35b).  Cuando en la iglesia se habla de ofrenda, no se hace con el fin de mejorar los ingresos, sino la adoración.

 

SE OFRENDA DE CONFORMIDAD CON LA ENSEÑANZA DIVINA

      La definición que hace Pablo de la ofrenda indica que él la consideraba una expresión de adoración.  De hecho nos dio el conjunto de instrucciones más completo sobre la ofrenda cristiana que se puede encontrar en todo el Nuevo Testamento.  Ya hemos mencionado las instrucciones que dio a los cristianos que estaban en Corinto, en cuanto a la recolección de la ofrenda para los pobres que estaban en Judea; les dijo que pusieran aparte algo cuando se reunieran cada primer día de la semana (1ª Cor. 16:1,2).  Tal vez les pidió que la recogieran ese día porque era cuando estaban todos reunidos; sin embargo, una vez que entendamos la idea que tenía Pablo de la ofrenda, no tendremos duda alguna  de que su propósito era de que se le considerara una respuesta por la cual se adora a Dios.

     Pablo deseaba llevar una contribución de las iglesias griegas que estaban en Macedonia, Acaya y Galacia a las iglesias  judías que estaban en Palestina, y había dos motivos por los cuales deseaba hacerlo.  Uno era ayudar a los cristianos pobres que estaban en Judea; el otro era mejorar las relaciones entre los cristianos judíos y los cristianos gentiles.  Ambos motivos se consideraban obra de Dios y una respuesta de alabanza a Dios.  Las instrucciones dadas en 2ª Corintios 8 y 9, a la iglesia que estaba en Corinto revelan el concepto que tenía Pablo de la ofrenda.

     Pablo primero describió los no de la ofrenda cristiana.  No tiene como propósito solventar los problemas de unos mientras aumentan los de los dadores (8:13).  El cristiano no debe dar con tristeza (9:7). Es decir, cuando el cristiano da, no debe hacer para después desear no haberlo hecho. Por último, el cristiano  no debe dar por necesidad (9:7).  Esto significa que no debemos dar sólo porque otros están dando, ni porque otros creen que deberíamos dar; nuestra ofrenda debe ser, más bien, un acto por el cual el corazón responde libremente a Dios.

     La lista que Pablo hace de los sí de la ofrenda es mucho más larga:

1.     La ofrenda cristiana debe caracterizarse por una abundancia de ... gozo, aun cuando los dadores se encuentren  en grande prueba de tribulación (2ª Cor. 8:1-2).  El gozo es precisamente una de las expresiones de adoración a Dios que estudiamos en una lección anterior.

2.     La ofrenda cristiana debe caracterizarse por una <abundancia de... gozo aún cuando los dadores se encuentran en grades pruebas de tribulación (2ª Cor. 8:1-2).  Esta clase de liberalidad sólo podría ser motivada por una respuesta a Dios por sus abundantes bendiciones.  Una expresión de liberalidad para con Dios es parte de lo que se define como adoración.

3.     Aunque no se espera de los cristianos, que den más allá de sus fuerzas, algunos cristianos de los Macedonios si lo hicieron así, al responder a esta obra en nombre de Dios (8:3,12).  Una ofrenda así constituye una adoración sacrificial.

4.     Los cristianos que estaban en Macedonia pidieron con muchos ruegos que se les concediera la oportunidad de participar en este servicio para los santos (8:4).  Este gesto constituyó en acto de adoración del que brotó amor y aprecio por la obra de Dios y por los demás santos.

5.     Estos generosos cristianos dedicaron primeramente sus corazones a Dios (8:5).  Esto quiere decir que es muy poco probable que una persona ofrende generosamente mientras ella misma no se de primeramente a Dios.  Una ofrenda que no vaya acompañada del corazón del ofrendante es una ofrenda árida y vacía.  En  Romanos 12:1,2, se considera que el presentarse uno mismo a Dios equivale a rendir adoración a Dios.

6.     El acto de dar ofrenda a Dios es una obra de gracia (8:6), una en la que debemos crecer continuamente (8:7).

7.     El acto de dar ofrenda constituye una prueba de la sinceridad de nuestro amor por Dios y por los demás (8:8).  La ofrenda no debe darse porque la iglesia lo necesite.  El acto de ofrendar debe ser una expresión de nuestro amor por Dios. ¡Esto es adorar!.

8.     El que ofrenda sigue el ejemplo de Jesús, que se <hizo pobre siendo rico, para que nosotros con su pobreza fuésemos enriquecidos> (8:9). Cuando reconocemos cuán espiritualmente ricos somos, como herederos de todo lo que el Padre posee, el dar de la abundancia de esas riquezas constituye un acto de adoración.

9.     El acto de dar ofrenda fomenta la igualdad entre los cristianos (8:13-14).  La igualdad es muestra de comunión, participación, asociación y compañerismo—todo lo cual es característico de la adoración colectiva.

10. El acto de dar ofrenda es indicio de buena disposición para participar en la obra de Dios (8:11-12; 9:2)

11. Ofrendar es cosa del corazón.  Dios desea dadores que den alegremente y que de antemano tengan el propósito de dar así. (9:7).  El dar alegremente y con propósito que nace de un corazón que desborda amor por Dios, constituye un acto de adoración.

12. El dador es bendecido por el que es dador de todas las dádivas y que da semilla al que siembra (9:10-11).  En toda adoración, el adorador es bendecido por el que recibe la adoración.  Esta es la razón por la que es más bienaventurado dar que recibir (Hech. 20:35)

13. El acto de dar ofrenda produce acción de gracias a Dios, y la produce tanto en el dador como en el receptor (9:11-15).   Toda forma de acción de gracias a Dios es un acto de adoración.

 

CONCLUSIÓN:

      El acto de ofrendar que es conforme al plan de Dios coincide con todos los criterios que definen la verdadera adoración, que sería difícil, aunque se quisiera, separar lo uno de lo otro. Jummy Jividen sugirió: “Cuando enseñe la necesidad de dar, céntrese más en las características que la definen como adoración, y en que es un acto que supone una sobrecogedora y avasallante sumisión a Dios, y céntrese menos en los dólares y centavos que se necesitan para cumplir con un presupuesto”.

     Muchas iglesias lo piensan para dar enseñanzas sobre la necesidad de dar.  Esto se debe a que se han hecho estudios de crecimiento de la iglesia, y éstos han revelado que hasta la fecha, las críticas más virulentas que han lanzado <sectores no religiosos> van en contra de las peticiones de dinero que hacen las iglesias.  Algunas iglesias han reaccionado anunciando que los visitantes no tienen que dar contribución alguna para los ministerios de la iglesia.  Otras han dejado de recoger la ofrenda durante el culto, y animan a los miembros a enviar su ofrenda por correo o por algún otro medio.  Algunos han llegado al extremo de no permitir que en sus cultos se predique o se enseñe sobre la necesidad de dar. 

    Como hemos hecho notar en una lección anterior, no debemos esperar que los sectores no religiosos entiendan o aprecien lo que los cristianos hacen en el culto, el no considerar el acto de dar como una forma de responder con adoración a Dios equivale a no entender el significado de la adoración en su plenitud.  En todo caso, no debemos permitir que los sectores no religiosos de la sociedad nos intimiden a tal grado que abandonemos esta parte de nuestra alabanza y respuesta de acción de gracias a Dios que expresamos en la asamblea colectiva. Fin