LA ADORACIÓN

Una explicación y ampliación de las Sagradas Escrituras

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LA LLAMADA A ADORAR

 

                                                           

¿QUÉ ES LA ADORACIÓN?

 

                             ¿Yacerá la adoración debajo de las diferentes actividades en que la Iglesia está ocupada? ¿Se esconderá en algún rincón del lugar donde llevamos a cabo el culto, esperando ser descubierta?  Mi recuerdo más temprano del culto de adoración tiene que ver con la idea de “Ir a la Iglesia”.  Esta percepción se fijó en mi mente,  a pesar de las continuas amonestaciones de los predicadores en el sentido de que nosotros no “vamos a la Iglesia”, sino que “Vamos a Adorar”.  Si a lo que verdaderamente se supone que vamos es a Adorar, entonces es necesario que sepamos que es la adoración. A. W. Tozer dijo: “Mucho de lo que se llama adoración, no lo es. 

                             La palabra “Adoración”, al igual que la palabra “Amor”, es uno de esos vocablos conocidos que son difíciles de definir en términos que las personas de hoy día puedan entender a plenitud.  Se refiere a algo que algunos desean, y que otros aborrecen.  Hay quienes anhelan ser refrescados, saciados e inspirados por la experiencia de estar ante la presencia de Dios.  Pero hay otros a quienes el culto les parece la manera más aburrida que se pueden imaginar para perder el tiempo.

 

                             Alfred P. Gibbs dijo: “El significado  [de la adoración] al igual que el exquisito perfume de una rosa, o el delicioso sabor de la miel, es mas fácil sentirlo que definirlo”. Puede que Gibbs esté en lo correcto, sin embargo, siempre es necesario buscar una definición bíblica de la adoración.  De otro modo, no podríamos estar seguros de que lo experimentado sea adoración. Habiendo dicho lo anterior, Gibbs pasó a dar varias definiciones tomadas de diferentes fuentes.  Alguna de ellas dicen que la “Adoración” es:

 

1)       El desbordamiento del corazón agradecido, que esta conciente del favor divino.

 

2)       Le efusión del alma reposada ante la presencia de Dios.

 

3)       Lo que hace el corazón cuando se ocupa, no de sus necesidades, ni de sus bendiciones, sino de Dios mismo.

 

4)       La ofrenda que brota del corazón que conocido al Padre como Dador, al Hijo como Salvador y al Espíritu Santo como Huésped residente.

 

   Rick Atchley definió la adoración como “el reconocimiento en Dios de lo que Él es, en uno mismo de lo que uno es y la respuesta correspondiente a tal reconocimiento”.  La adoración afirma la dignidad de Dios y la fragilidad del hombre.  Nos recuerda que dependemos de Dios.  Aunque todas las anteriores definiciones contribuyen a nuestro entendimiento de lo que debería ser la adoración, ninguna de ellas puede explicar todo lo que es.  Llegado a este punto, no trataré de formular ninguna otra definición; sin embargo a medida que avancemos en las lecciones de esta serie, se nos formará un concepto más claro del significado de la adoración.  En una lección que las palabras griegas de las cuales se tradujo la palabra “Adoración”.

 

 

¿POR QUÉ HEMOS DE ADORAR?

 

   Es cuando adoramos que somos más frágiles, porque es el momento en que estamos más concientes de nuestras debilidades humanas; pero,  a la vez, es cuando adoramos que somos más fuertes, porque es el momento en que recurrimos al poder de un Dios que es soberano.  Es Dios quien nos llama a Adorar.  Él nos hizo así.  Los seres humanos fuimos hechos de modo tal que, mientras no haya adoración de parte de nosotros, estaremos vacíos e insatisfechos.  Dios sabe que si no lo adoramos a Él, buscaremos otra cosa que adorar.  Él nos hizo a Su propia imagen, es decir, una prolongación de Su naturaleza (Génesis 1:26; vea 2:7)  No nos hizo para estar aquí para siempre.  Nos hizo para vivir con Él y para  eternamente.  Por lo tanto, Él desea que estemos en Su presencia, que le lleguemos a conocer mejor y que le imitemos.  Él sabe que las personas se llegan a parecer a lo que sea, o a quien sea, que adoren.  Si lo adoramos a Él, llegaremos a parecernos más a Él.  Las siguientes Escrituras hacen hincapié en la anterior verdad:

 

Y así como hemos traído la imagen terrenal, traeremos también la imagen del celestial (1ª  Corintios 15:49).

 

Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor (2ª  Corintios 3:18).

 

Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser, pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a Él porque le veremos tal como Él es (1 Juan 3:2).

 

   En términos generales, lo que Dios realmente desea es restaurar la relación que debe haber entre la humanidad y Él.  Él sabe que si nos convertimos en adoradores, no mentiremos, no haremos trampa, no robaremos ni viviremos inmoralmente.  Dios procura limpiarnos y reunirnos con Él mismo por medio de nuestra fe en lo que Él ha hecho por nosotros en la cruz.  Procura mantenernos limpios por medio de la adoración.  También sabe que si mantenemos nuestra relación con Él por medio de la adoración, compartiremos los deleites y beneficios de tal relación, con el mundo que nos rodea.  La adoración, pro lo tanto, es para el beneficio de nosotros, no para el de Él.

 

    La adoración no consiste simplemente en celebrar alguna idea acerca de Dios, o alguna faceta de Su naturaleza, sino en estar en la presencia de Dios mismo.  Adorar es dedicarse por completo a Él, es llegar a estar absorto en Él, experimentando la comodidad y seguridad de Su protección, y la calidez de su abrigo.  Cuando uno disfruta de la Luz de Su gloria y absorber el resplandor de Su presencia, obtiene como resultado que se llega a parecer más a Él.  Lo anterior contribuye a prepararnos para Su presencia eterna cuando venga por segunda vez.  Las personas tienden a parecerse a aquel con  quien sea que pasen el  tiempo.  En su forma más simple, adorar es pasar tiempo con Dios con el propósito de llegar a parecernos mas a Él.  Cuando estamos concientes de quién es Él , le honramos y le adoramos, porque estamos concientes de que es digno de ello.  “adorar y glorificar a Dios-  este es el fin primordial de todo hombre o mujer”.

 

 

¿CUÁNTO HEMOS DE ADORAR?

 

     Idealmente, la adoración en privado o familiar debería llevarse a cabo con más frecuencia que la adoración colectiva que llevan a cabo los cristianos en asamblea.  La mayoría de las instrucciones y ejemplos de adoración que se dan en las Escrituras se encuentran en un contexto de adoración en privado, o familiar.  Sin embargo, no son muchas las preguntas que oigo sobre esta clase de adoración.  ¿Significará esto que no se está llevando a cabo mucha adoración en privado, o familiar?

 

    Cuando se nos viene a la mente la “Adoración”, por lo general la asociamos con la adoración colectiva que llevan a cabo los cristianos en asamblea.  No obstante, si no estamos adorando a Dios en privado, no estaremos preparados espiritualmente para adorarlo el domingo ( el primer día de la semana), día al que a veces se le llama “El Día del Señor”.  (Vea Hechos 20.7; 1ª  Corintios 16.2; Apocalipsis 1.10)

 

 

¿COMO HEMOS DE ADORAR?

   Aunque son pocos los detalles y descripciones que se dan acerca de cómo se llevaba acabo la adoración en la iglesia primitiva, en 1ª Cor. 1-14, Pablo expuso algunos principios generales, por los cuales habían de guiarse los cristianos en sus cultos.  Muchos estudiantes de las escrituras consideran que Pablo escribió la totalidad de 1ª a los Corintios 11-14  pensando en el culto.  En los personal considero que el contexto en el que se ubica la totalidad de los 4 capítulos es el culto.  Sin embargo hay quienes ponen en duda los primeros 16 versículos del capítulo 11 se refieran a la conducta a observarse en el culto de adoración.  No obstante a partir de 11:17, no se pone en duda que es el culto de adoración a que se refiere. La frase “os congreguéis” claramente revela el contexto.  Independientemente lo que estos cristianos hicieran en la adoración – e independientemente lo que nosotros hagamos – los siguientes principios han de aplicarse.

 

Qué hacer

1.       Hemos de reunirnos para ayudarnos entre nosotros a mejorar (11:17).  Los versículos que siguen describen facciones y divisiones que perturbaban los cultos de los corintios.  Mucho de lo que ellos hacían en sus cultos era perjudicial para su desarrollo espiritual.  En lugar de honrar a Dios, se honraban así mismos.  Sus acciones necesitaban ser dirigidas a Dios y no así mismos.

2.     Hemos de tener presente el propósito ( 11:27-29).  El contexto de este principio se encuentra en la celebración de la cena del Señor.  La palabra “indignamente” (v. 27) obviamente significa “errando el propósito y el espíritu”.  En corinto se había perdido el propósito del culto, y especialmente el de la cena del Señor.  Pablo instó a estos cristianos a examinarse a sí mismos (v. 28), y a reconocer el verdadero propósito para el que se congregaban.

3.     Hemos de funcionar como un cuerpo ( 12:12-21).  Dios desea que su pueblo se congregue para adorar (Heb. 10:25).  La adoración debe ser tan vertical como horizontal.  Es decir, debe establecer relaciones, no sólo con Dios, sino con los demás.  La adoración en privado o familiar es muy importante para el crecimiento espiritual, pero la adoración colectiva proporciona algo que aquella no puede proporcionar.  La participación con otros en eventos que cimientan la fe fomenta un sentimiento de comunión y mutuo estímulo, algo que se pierden cuando existen divisiones dentro de la iglesia congregada.  Cuando hay un miembro que prefiere una cosa, y otros que prefieren otra cosa, las relaciones horizontales se han deteriorado.  Lo que ha menudo se nos olvida es que cuando las relaciones horizontales se deterioran, lo mismo le ocurre a la relación vertical (la relación personal de cada uno con Dios)

4.     Hemos de preocuparnos los unos por los otros, dando honor a los miembros que más necesidad de honor tienen ( 12:22-25); comparar con (Sant. 2:1-13) Puede que nos veamos tentados a desatender o a evitar a los miembros del cuerpo que no son como nosotros somos.  Santiago se refirió explícitamente al peligro de hacer acepción a los ricos.  La congregación es un refugio seguro en la presencia de Dios, donde todos los ciudadanos del pueblo de Dios deben ser iguales.  La iglesia no trata a los pobres, ni a los menos deseables, ni a los marginados por la sociedad, del mismo modo que el mundo los trata.  La congregación es un lugar donde hallan amparo los que huyen del mundo, por ser marginados, oprimidos y maltratados por una sociedad que se caracteriza por su crueldad.  Entrar en la congregación debe ser como obtener un respiro de aire fresco.  Una vez allí, debe ser manifiesto que hay preocupación unos por otros, y  que se da honra por igual a todos.

5.     Hemos de tratarnos con amor los unos a los otros (13:1-8).  No hay duda que la enseñanza sobre el amor  también se aplica a otros aspectos de la vida cristiana; sin embargo, el contexto inmediato tiene que ver con el trato que debemos darnos los unos a los otros en el culto colectivo.  El amor debía ser el interés primordial de estos cristianos (14:1).  El amor nos lleva a considerar las necesidades y preferencias de los demás antes que las nuestras.

6.     Hemos de procurar edificarnos los unos a los otros (14:3,4,5,12,17, 26, 31).  La palabra clave del capítulo 14 es “edificar” en sus diversas formas.  Por los menos siete veces, dependiendo de la versión que se use, vemos a Pablo haciendo hincapié  en la necesidad de que la adoración sea edificante.  <Edificar> significa >levantar>.  La edificación debe ser el resultado colectivo de los cinco principios anteriores.  Lo que Satanás el mundo trata de derribar, la adoración lo vuelve a levantar.  La adoración no debe ser una actividad gravosa para la iglesia, sino una actividad que edifique a ésta.

7.     Hemos de hacer todo decentemente y en orden (14:40).  Dios no crea ni aprueba la confusión.  Toda confusión que se da en e culto de adoración es creada por el hombre.  Si hay algún espíritu moviéndose dentro de la reunión, el cual crea confusión, téngase la certeza de que no se trata del Espíritu Santo.

 

Que no hacer

   Una de las cosas que más debemos preocuparnos por evitar es que vengamos al culto, sigamos la formalidad del acto, digamos las palabras que deben decirse, cantemos los cánticos que deben cantarse y, aun así, no haber adorado.  Esto podría suceder por varias razones.

1.       En primer,  lugar podría ser que no adoramos debido a que tendríamos un propósito equivocado para congregarnos.  En mateo 15:8, Jesús advirtió de esto citando Isa. 29:13: “Este pueblo de labios me honra; mas su corazón está lejos de mí”.

2.     En segundo lugar, podría ser que no adoráramos debido al pecado que hubiera en nosotros.  El profeta Amós describió una situación que se tornaba inaceptable a la correcta adoración.  El pueblo de su época observaba, los días festivos, presentaban ofrendas quemadas y cantaban cánticos espirituales; pero Dios no aceptaba la adoración de ellos debido a la vida corrupta que vivían (Amós 5:21-27)

3.     En tercer lugar, podría ser que no adoráramos debido a algo que hubiéramos hecho para lastimar a un hermano. Jesús dijo: “Por tato si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda” (Mateo 5:23-24)

    La adoración no es aceptable para con Dios mientras uno no viva su vida diaria en armonía con él.  Dios dispuso la adoración de modo que cambiara la forma en como vivimos.  La adoración forma dentro de nosotros las cualidades de vida que nos moldean y nos hacen a la imagen de Dios.  Dios no nos ha llamado a adorarlo porque El lo necesite.  El es soberano, completo en si mismo.  No necesita nada que tengamos que le podamos ofrecer. Nos ha llamado a adorarlo porque somos nosotros los que lo necesitamos.  En la adoración El nos llama a la grandeza espiritual

 

Conclusión:

   No es la intención enredarnos en las diferentes cuestiones que las personas han planteado en torno a la adoración.  La mayoría de ellas, si no todas, desaparecerán cuando nos centremos en la esencia que es la adoración.  La adoración no tiene que ver con forma ni con estilo.  No tiene nada que ver con lo que me guste o prefiera, sino con lo que le agrada a Dios.  No es con el propósito de brindar una oportunidad para que todos ejerzan su talento personal que el culto de adoración se diseña, sino con el propósito de llevar a todos a la presencia de Dios.  La adoración no siquiera tiene que ver con atraer los que nos congregan.  La adoración Neo-Testamentaria es una actividad para cristianos.   Esto no significa que debemos ser insensibles a las necesidades o preocupaciones de los invitados presentes en nuestras asambleas; sin embargo, debemos comprender que a un invitado que no es sensible a Dios, ni hacia el verdadero propósito de la adoración, no le parecerá que las cosas que se hacen en el culto guarden relación alguna con el momento que está pasando en esta vida.