Una explicación y ampliación de las
Sagradas Escrituras
( 1 )
¿QUÉ ES
¿Yacerá
la adoración debajo de las diferentes actividades en que
La
palabra “Adoración”, al igual que la palabra “Amor”, es uno de esos vocablos
conocidos que son difíciles de definir en términos que las personas de hoy día
puedan entender a plenitud. Se refiere a
algo que algunos desean, y que otros aborrecen.
Hay quienes anhelan ser refrescados, saciados e inspirados por la
experiencia de estar ante la presencia de Dios.
Pero hay otros a quienes el culto les parece la manera más aburrida que
se pueden imaginar para perder el tiempo.
Alfred P. Gibbs dijo: “El
significado [de la adoración] al igual
que el exquisito perfume de una rosa, o el delicioso sabor de la miel, es mas
fácil sentirlo que definirlo”.
Puede
que Gibbs esté en lo correcto, sin embargo, siempre
es necesario buscar una definición bíblica de la adoración. De otro modo, no podríamos estar seguros de
que lo experimentado sea adoración. Habiendo dicho lo anterior, Gibbs pasó a dar varias definiciones tomadas de diferentes
fuentes. Alguna de ellas dicen que la
“Adoración” es:
1) El
desbordamiento del corazón agradecido, que esta conciente del favor divino.
2) Le
efusión del alma reposada ante la presencia de Dios.
3) Lo
que hace el corazón cuando se ocupa, no de sus necesidades, ni de sus
bendiciones, sino de Dios mismo.
4) La
ofrenda que brota del corazón que conocido al Padre como Dador, al Hijo como
Salvador y al Espíritu Santo como Huésped residente.
Rick Atchley definió
la adoración como “el reconocimiento en Dios de lo que Él es, en uno mismo de
lo que uno es y la respuesta correspondiente a tal reconocimiento”. La adoración afirma la dignidad de Dios y la
fragilidad del hombre. Nos recuerda que
dependemos de Dios. Aunque todas las
anteriores definiciones contribuyen a nuestro entendimiento de lo que debería
ser la adoración, ninguna de ellas puede explicar todo lo que es. Llegado a este punto, no trataré de formular
ninguna otra definición; sin embargo a medida que avancemos en las lecciones de
esta serie, se nos formará un concepto más claro del significado de la
adoración. En una lección que las
palabras griegas de las cuales se tradujo la palabra “Adoración”.
¿POR QUÉ HEMOS DE
ADORAR?
Es cuando adoramos que somos más frágiles,
porque es el momento en que estamos más concientes de nuestras debilidades
humanas; pero, a la vez, es cuando
adoramos que somos más fuertes, porque es el momento en que recurrimos al poder
de un Dios que es soberano. Es Dios
quien nos llama a Adorar. Él nos hizo
así. Los seres humanos fuimos hechos de
modo tal que, mientras no haya adoración de parte de nosotros, estaremos vacíos
e insatisfechos. Dios sabe que si no lo
adoramos a Él, buscaremos otra cosa que adorar.
Él nos hizo a Su propia imagen, es decir, una prolongación de Su
naturaleza (Génesis 1:26; vea 2:7) No
nos hizo para estar aquí para siempre.
Nos hizo para vivir con Él y para
eternamente. Por lo tanto, Él
desea que estemos en Su presencia, que le lleguemos a conocer mejor y que le
imitemos. Él sabe que las personas se
llegan a parecer a lo que sea, o a quien sea, que adoren. Si lo adoramos a Él, llegaremos a parecernos
más a Él. Las siguientes Escrituras
hacen hincapié en la anterior verdad:
Y así
como hemos traído la imagen terrenal, traeremos también la imagen del celestial
(1ª Corintios 15:49).
Por
tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria
del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por
el Espíritu del Señor (2ª Corintios
3:18).
Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha
manifestado lo que hemos de ser, pero sabemos que cuando él se manifieste,
seremos semejantes a Él porque le veremos tal como Él es (1 Juan 3:2).
En términos
generales, lo que Dios realmente desea es restaurar la relación que debe haber
entre la humanidad y Él. Él sabe que si
nos convertimos en adoradores, no mentiremos, no haremos trampa, no robaremos
ni viviremos inmoralmente. Dios procura
limpiarnos y reunirnos con Él mismo por medio de nuestra fe en lo que Él ha
hecho por nosotros en la cruz. Procura
mantenernos limpios por medio de la adoración.
También sabe que si mantenemos nuestra relación con Él por medio de la
adoración, compartiremos los deleites y beneficios de tal relación, con el
mundo que nos rodea. La adoración, pro
lo tanto, es para el beneficio de nosotros, no para el de Él.
La
adoración no consiste simplemente en celebrar alguna idea acerca de Dios, o
alguna faceta de Su naturaleza, sino en estar en la presencia de Dios
mismo. Adorar es dedicarse por completo
a Él, es llegar a estar absorto en Él, experimentando la comodidad y seguridad
de Su protección, y la calidez de su abrigo.
Cuando uno disfruta de
¿CUÁNTO HEMOS DE ADORAR?
Idealmente,
la adoración en privado o familiar debería llevarse a cabo con más frecuencia que
la adoración colectiva que llevan a cabo los cristianos en asamblea. La mayoría de las instrucciones y ejemplos de
adoración que se dan en las Escrituras se encuentran en un contexto de
adoración en privado, o familiar. Sin
embargo, no son muchas las preguntas que oigo sobre esta clase de
adoración. ¿Significará esto que no se
está llevando a cabo mucha adoración en privado, o familiar?
Cuando se
nos viene a la mente la “Adoración”, por lo general la asociamos con la
adoración colectiva que llevan a cabo los cristianos en asamblea. No obstante, si no estamos adorando a Dios en
privado, no estaremos preparados espiritualmente para adorarlo el domingo ( el primer día de la semana), día al que a veces se le
llama “El Día del Señor”. (Vea Hechos 20.7;
1ª Corintios 16.2; Apocalipsis 1.10)
¿COMO HEMOS DE ADORAR?
Aunque son
pocos los detalles y descripciones que se dan acerca de cómo se llevaba acabo
la adoración en la iglesia primitiva, en 1ª Cor.
1-14, Pablo expuso algunos principios generales, por los cuales habían de
guiarse los cristianos en sus cultos.
Muchos estudiantes de las escrituras consideran que Pablo escribió la
totalidad de 1ª a los Corintios 11-14
pensando en el culto. En los personal considero que el contexto en el que se ubica la
totalidad de los 4 capítulos es el culto.
Sin embargo hay quienes ponen en duda los primeros 16 versículos del
capítulo 11 se refieran a la conducta a observarse en el culto de adoración. No obstante a partir de 11:17, no se pone en
duda que es el culto de adoración a que se refiere. La frase “os congreguéis”
claramente revela el contexto.
Independientemente lo que estos cristianos hicieran en la adoración – e
independientemente lo que nosotros hagamos – los siguientes principios han de
aplicarse.
1. Hemos de
reunirnos para ayudarnos entre nosotros a mejorar (11:17). Los versículos que siguen describen facciones
y divisiones que perturbaban los cultos de los corintios. Mucho de lo que ellos hacían en sus cultos era
perjudicial para su desarrollo espiritual.
En lugar de honrar a Dios, se honraban así mismos. Sus acciones necesitaban ser dirigidas a Dios
y no así mismos.
2. Hemos de tener
presente el propósito ( 11:27-29). El contexto de este principio se encuentra en
la celebración de la cena del Señor. La
palabra “indignamente” (v. 27) obviamente significa “errando el propósito y el
espíritu”. En corinto se había perdido
el propósito del culto, y especialmente el de la cena del Señor. Pablo instó a estos cristianos a examinarse a
sí mismos (v. 28), y a reconocer el verdadero propósito para el que se
congregaban.
3. Hemos de funcionar
como un cuerpo ( 12:12-21). Dios desea que su pueblo se congregue para
adorar (Heb. 10:25).
La adoración debe ser tan vertical como horizontal. Es decir, debe establecer relaciones, no sólo
con Dios, sino con los demás. La
adoración en privado o familiar es muy importante para el crecimiento espiritual,
pero la adoración colectiva proporciona algo que aquella no puede proporcionar. La participación con otros en eventos que
cimientan la fe fomenta un sentimiento de comunión y mutuo estímulo, algo que
se pierden cuando existen divisiones dentro de la iglesia congregada. Cuando hay un miembro que prefiere una cosa,
y otros que prefieren otra cosa, las relaciones horizontales se han
deteriorado. Lo que ha menudo se nos
olvida es que cuando las relaciones horizontales se deterioran, lo mismo le
ocurre a la relación vertical (la relación personal de cada uno con Dios)
4. Hemos de
preocuparnos los unos por los otros, dando honor a los miembros que más
necesidad de honor tienen ( 12:22-25);
comparar con (Sant. 2:1-13) Puede que nos veamos
tentados a desatender o a evitar a los miembros del cuerpo que no son como
nosotros somos. Santiago se refirió
explícitamente al peligro de hacer acepción a los ricos. La congregación es un refugio seguro en la
presencia de Dios, donde todos los ciudadanos del pueblo de Dios deben ser
iguales. La iglesia no trata a los
pobres, ni a los menos deseables, ni a los marginados por la sociedad, del
mismo modo que el mundo los trata. La congregación es un lugar donde hallan
amparo los que huyen del mundo, por ser marginados, oprimidos y maltratados por
una sociedad que se caracteriza por su crueldad. Entrar en la congregación debe ser como
obtener un respiro de aire fresco. Una
vez allí, debe ser manifiesto que hay preocupación unos por otros, y que se da honra por igual a todos.
5. Hemos de tratarnos con
amor los unos a los otros (13:1-8).
No hay duda que la enseñanza sobre el amor también se aplica a otros aspectos de la vida
cristiana; sin embargo, el contexto inmediato tiene que ver con el trato que
debemos darnos los unos a los otros en el culto colectivo. El amor debía ser el interés primordial de
estos cristianos (14:1). El amor nos
lleva a considerar las necesidades y preferencias de los demás antes que las
nuestras.
6. Hemos de procurar
edificarnos los unos a los otros (14:3,4,5,12,17, 26,
31). La palabra clave del capítulo 14 es
“edificar” en sus diversas formas. Por los menos siete veces, dependiendo de la versión que se use,
vemos a Pablo haciendo hincapié en la
necesidad de que la adoración sea edificante.
<Edificar> significa >levantar>. La edificación debe ser el resultado
colectivo de los cinco principios anteriores.
Lo que Satanás el mundo trata de derribar, la adoración lo vuelve a
levantar. La adoración no debe ser una
actividad gravosa para la iglesia, sino una actividad que edifique a ésta.
7. Hemos de hacer todo
decentemente y en orden (14:40).
Dios no crea ni aprueba la confusión.
Toda confusión que se da en e culto de adoración es creada por el
hombre. Si hay algún espíritu moviéndose
dentro de la reunión, el cual crea confusión, téngase la certeza de que no se
trata del Espíritu Santo.
Una de las
cosas que más debemos preocuparnos por evitar es que vengamos al culto, sigamos
la formalidad del acto, digamos las palabras que deben decirse, cantemos los
cánticos que deben cantarse y, aun así, no haber adorado. Esto podría suceder por varias razones.
1. En primer, lugar podría ser que no adoramos debido a que
tendríamos un propósito equivocado para congregarnos. En mateo 15:8, Jesús advirtió de esto citando
Isa. 29:13: “Este pueblo de labios me honra; mas su corazón está lejos de mí”.
2. En segundo lugar,
podría ser que no adoráramos debido al pecado que hubiera en nosotros. El profeta Amós describió una situación que
se tornaba inaceptable a la correcta adoración.
El pueblo de su época observaba, los días festivos, presentaban ofrendas
quemadas y cantaban cánticos espirituales; pero Dios no aceptaba la adoración
de ellos debido a la vida corrupta que vivían (Amós 5:21-27)
3. En tercer lugar,
podría ser que no adoráramos debido a algo que hubiéramos hecho para lastimar a
un hermano. Jesús dijo: “Por tato si traes tu ofrenda al altar, y allí te
acuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del
altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta
tu ofrenda” (Mateo 5:23-24)
La
adoración no es aceptable para con Dios mientras uno no viva su vida diaria en
armonía con él. Dios dispuso la
adoración de modo que cambiara la forma en como vivimos. La adoración forma dentro de nosotros las
cualidades de vida que nos moldean y nos hacen a la imagen de Dios. Dios no nos ha llamado a adorarlo porque El
lo necesite. El es soberano, completo en
si mismo. No necesita nada que tengamos
que le podamos ofrecer. Nos ha llamado a adorarlo porque somos nosotros los que
lo necesitamos. En la adoración El nos
llama a la grandeza espiritual
Conclusión:
No es la
intención enredarnos en las diferentes cuestiones que las personas han
planteado en torno a la adoración. La
mayoría de ellas, si no todas, desaparecerán cuando nos centremos en la esencia
que es la adoración. La adoración no
tiene que ver con forma ni con estilo.
No tiene nada que ver con lo que me guste o prefiera, sino con lo que le
agrada a Dios. No es con el propósito de
brindar una oportunidad para que todos ejerzan su talento personal que el culto
de adoración se diseña, sino con el propósito de llevar a todos a la presencia
de Dios. La adoración no siquiera tiene
que ver con atraer los que nos congregan. La adoración Neo-Testamentaria es una
actividad para cristianos. Esto no
significa que debemos ser insensibles a las necesidades o preocupaciones de los
invitados presentes en nuestras asambleas; sin embargo, debemos comprender que
a un invitado que no es sensible a Dios, ni hacia el verdadero propósito de la
adoración, no le parecerá que las cosas que se hacen en el culto guarden
relación alguna con el momento que está pasando en esta vida.