...Id
por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será
salvo; mas el que no creyere, será
condenado (Marcos 16:15-16)
JESUS
fue crucificado en la cruz del Calvario; fue quitado de la cruz por manos
amorosas y fue sepultado en la nueva tumba de José de Arimatea en un jardín. Pero en la mañana del tercer día, rompió las barras de la muerte y del infierno y
salió en triunfo de la tumba. Por los próximos cuarenta días, apareció repetidamente a sus apóstoles, y les habló
acerca del reino de Dios. Entonces, desde la cumbre
del monte de los Olivos, ascendió al Padre en el cielo.
Antes
de que ascendiera. Jesús se apareció a
los apóstoles mientras comían, y les regañó por su
incredulidad y su dureza de corazón al rechazar la noticia de los que lo habían
visto después de su resurrección. Entonces les dijo, “Id por todo el mundo y
predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será
salvo; mas el que no creyere, será condenado” (Marcos 16:15-16).
Todos
los que creen en
Y
en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a
los hombres, en que podamos ser salvos (Hechos 4:12).
Por
tanto, todo lo soporto por amor de los escogidos,
para que ellos también obtengan la salvación que es en Cristo Jesús con gloria
eterna (2ª Timoteo 2:10).
Y
este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su
Hijo (11ª Juan 5:11).
Los
requisitos para la salvación son claramente expresados en el registro de Marcos
de la gran comisión de Jesús. La primera responsabilidad del pecador es oír y aceptar el evangelio. Entonces, Jesús prometió
que. “El que creyere y fuere bautizado, será salvo” (Marcos 16:16). Todos a quienes conozco
que se dicen creer en las Escrituras, aceptan el
requisito de la creencia del mensaje del evangelio sin duda alguna, pero la
gran mayoría de ellos abiertamente rechazan el requisito del bautismo. Según
las reglas de la gramática, igual que para la
gramática del griego koine original, la creencia al
igual que el bautismo son esenciales para la salvación como declarado por el
Señor en este versículo. La oración usa una construcción compuesta y es
declarativa, con “el que creyere y fuere bautizado”
como el sujeto compuesto. “El” es el sujeto sencillo,
modificado por la cláusula restrictiva “que creyere y fuere bautizado”. El
predicado sencillo es “será salvo”. La cláusula principal es “el... será
salvo”. Es fácil determinar cuál “el” será salvo. Note que Jesús no dijo, “El que creyere será salvo”,
ni “El que se bautizare será salvo”, sino “El que creyere y se bautizare será
salvo”. La conjunción coordinante “y” une los conceptos de “la creencia” y “el
bautismo” como requisitos para los perdidos para que se salven.
Los
que aceptan
Porque
de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo
aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna (Juan 3:16).
Por
eso os dije que moriréis en vuestros pecados; porque si no creéis que yo soy,
en vuestros pecados moriréis (Juan 8:24).
Y
sacándolos, le dijo: Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo? Ellos dijeron:
Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa. Y le hablaron la
palabra del Señor a él y a todos los que estaban en su casa. Y él, tomándolos
en aquella misma hora de la noche, les lavó las heridas; y en seguida se
bautizó él con todos los suyos. Y llevándolos a su casa, les puso la mesa: y se
regocijó con toda su casa de haber creído a Dios (Hechos 16:30-34).
Justificados,
pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor
Jesucristo (Romanos 5:1).
Todo
aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios; y todo aquel que ama
al que engendró, ama también al que ha sido engendrado por él (1ª Juan 5:1).
La
pregunta de suma importancia es, ¿cuál grado de fe salva?. El Nuevo Testamento diferencia entre varios
grados de fe. Por ejemplo. Jesús mencionó “(no)... tanta fe” en Mateo 8:10 y
“poca fe” en Mateo 14:31. Pablo escribió de “fortalecerse en fe” en Romanos
4.20 y de estar “débil en la fe” en Romanos 14:1. Santiago mencionó “fe muerta”
en Santiago 2:17, 26 y una fe “que se perfeccionó” en Santiago 2:22. Mientras
varias denominaciones religiosas hablan de la salvación por medio de la fe
sola, ni una de las referencias nuevotestamentarias dice que la salvación viene
sólo por la fe . El grado de la fe que salva es el grado que trabaja en
obediencia a la voluntad de Dios. La fe que rehúsa trabajar está “muerta en sí
misma” y “sin obras [que] es muerta” (Santiago 2:17-20). Considere otras
referencias que recalcan esta verdad tan importante:
El
que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no
verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él (Juan 3:36).
Hermanos
míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá
la fe salvarle? Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen
necesidad del mantenimiento de cada día, y alguno de vosotros les dice: Id en
paz, calentaos y saciaos; pero no les dais las cosas que son necesarias para el
cuerpo, ¿de qué aprovechará? Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en
sí misma.
Pero
alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras.
Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras... ¿Mas
quieres saber, hombre vano,
que la fe sin obras es muerta? ¿No fue justificado por las obras Abraham nuestro padre,
cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar? ¿No ves que la fe actuó
juntamente con sus obras, y que la fe se
perfeccionó por las obras? Y se cumplió
Porque
en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo, ni la
incircuncisión, sino la fe que obra por el amor (Gálatas 5:6).
En
Hebreos 11:1, el autor inspirado definió la fe: “Es, pues, la fe la certeza de
lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”. El autor ilustró el poder
y la eficacia de la fe al mostrar cómo obró en la vida de hombres y mujeres de
Dios en las edades pasadas (11:4-40). Grandes
hombres como Abel, Noé, y Abraham vivieron y
murieron por la fe. Pero su fe fue demostrada por sus obras de obediencia: “Por
la fe Abel ofreció a Dios...”, “Por la fe Noé...
preparó el arca...”, “Por la fe Abraham... obedeció...”; etc. Sin exageración alguna se podría decir que
estas personas antiguas de Dios le agradaban a Dios por la fe sola. La suya era
una fe obediente. Esta fe incluía la creencia, la
confianza en Dios para cumplir con sus promesas, y un compromiso amoroso hacia
Él. Pablo nos dice que el evangelio de Cristo fue dado a las naciones “para la
obediencia a la fe” (Romanos 1:5; véanse Romanos 16:25-26).
¿Qué es el bautismo bíblico?
El
bautismo se incluye en cada caso de conversión dado en detalle en Hechos.
Existe mucha confusión en el mundo religioso en cuanto a qué es el bautismo y
cuál propósito tiene en el plan de Dios. La palabra se transcribe literalmente
de la palabra griega baptizo, una palabra que los
léxicos definen como, “meter en agua, sumir, sumergir,
inmergir”. Pablo llama al bautismo una sepultura: ¿O no sabéis que
todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en
su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el
bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del
Padre, así también nosotros andemos en vida nueva (Romanos 6:3-4).
Sepultados
con él en el bautismo, en el cual fuisteis también resucitados con él, mediante
la fe en el poder de Dios que le levantó de los muertos (Colosenses 2:12).
Para
ilustrar. Jesús fue sumergido por Juan en el Río Jordán. Bajó al agua, fue
bautizado, y entonces subió del agua.
Y
luego, cuando subía del agua, vio abrirse los cielos, y al Espíritu como paloma
que descendía sobre él. Y vino una voz de los cielos que decía: Tú eres mi Hijo
amado; en ti tengo complacencia (Marcos 1:10-11).
El
bautismo requiere “mucha agua”, suficiente para completamente inmergir a una
persona. “Juan bautizaba también en Enón, junto a Salim, porque había allí
muchas aguas; y venían, y eran bautizados” (Juan 3:23). Cuando Felipe bautizó
al eunuco etiope. Lucas registra:
Y
yendo por el camino, llegaron a cierta agua, y dijo el eunuco: Aquí hay agua;
¿qué impide que yo sea bautizado? Felipe dijo: Si crees de todo corazón, bien
puedes. Y respondiendo, dijo: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios. Y mandó
parar el carro; y descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco, y le bautizó.
Cuando subieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe; y el eunuco
no le vio más, y siguió gozoso su camino (Hechos 8:36-39).
De
estos pasajes de
¿Quién
se debe bautizar?
Tome
Ud. en cuenta otra vez la comisión que Jesús dio en Marcos 16:15-16: “Id por
todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere
bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado”. De este pasaje,
es claro que la responsabilidad del pecador es oír y obedecer el evangelio.
Pablo llama esto “el oír con fe” (Calatas 3:2). También dijo, “Así que la fe es
por el oír; y el oír, por la palabra de Dios” (Romanos 10:17). Cuando el
evangelio de Jesús fue predicado en Corinto, Lucas dijo, “Y Crispo, el
principal de la sinagoga, creyó en el Señor con toda su casa, y muchos de los
corintios, oyendo, creían y eran bautizados” (Hechos 18:8).
El
candidato para el bautismo bíblico tiene que arrepentirse de todos sus pecados.
El arrepentimiento incluye el dolor que es según Dios y un cambio de parecer que
resulta en una reformación de vida. Jesús dijo, “Os digo, no; antes si no os
arrepentís, todos pereceréis igualmente” (Lucas 13:3). En el día conmemorable
de Pentecostés cuando los judíos fueron convencidos de sus pecados terribles
por medio de la predicación de Pedro y los demás apóstoles, clamaron
preguntando qué debían hacer. Pedro les dijo, “Arrepentios, y bautícese cada
uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y
recibiréis el don del Espíritu Santo” (Hechos 2:38). Unos días más tarde Pedro
se dirigió a otra asamblea de judíos en el pórtico de Salomón, y les mandó,
“arrepentios y convertios, para que sean borrados vuestros pecados; para que
vengan de la presencia del Señor tiempos del refrigerio” (Hechos 3:19). Cuando
Pablo les habló a un grupo de intelectuales en la cumbre del Acrópolis en
Atenas, les dijo, “Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta
ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan”
(Hechos 17:30).
En
el caso del eunuco etíope registrado en Hechos 8:26-39, Felipe andaba en el
carro con él y “le anunció el evangelio de Jesús” (v.35). El discurso incluyó
la necesidad del bautismo, porque cuando llegaron a “cierta agua”, el eunuco le
dijo, “Aquí hay agua; ¿qué impide que yo sea bautizado?” (v. 36). Versículo 37
dice, “Felipe dijo: Si crees de todo corazón, bien puedes. Y respondiendo,
dijo: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios”. La confesión de fe en Cristo fue
una condición de salvación en el primer siglo y todavía es necesaria hoy día.
En casos donde la gente se presentaba para el bautismo, el que lo iba a
administrar tenía que asegurarse que la persona a quien iba a bautizar fue un
creyente. No fue otorgado inmergir a inconversos. Felipe se aseguró que el
eunuco etíope creía en Cristo antes de bajar al agua y bautizarlo. Pablo dijo
en Romanos 10:9-10:
...
que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor,
y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.
Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para
salvación.
Pablo
también dijo acerca de Timoteo, “Pelea la buena batalla de la fe/ echa mano de
la vida eterna, a la cual asimismo fuiste llamado, habiendo hecho la buena
profesión delante de muchos testigos” (1ª Timoteo 6:12) . Jesús dijo acerca de la confesión de la fe
A
cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres yo también le
confesare delante de mi Padre que esta en los cielos (Mateo 10:32)
Os
digo que todo aquel que me confesare delante de los hombres, también el hijo del Hombre le confesara delante de
los ángeles de Dios (Lucas 12:8)
Haciendo
un resumen de la enseñanza de estas escrituras, podemos ver que el que debe
bautizarse es uno que oye y cree el evangelio, se arrepienta de sus pecados, y confiesa
su fe en Cristo. Estas condiciones para el bautismo necesariamente excluyen a
bebés y a cualquier otra persona no responsable (como los discapacitados
mentales), porque éstos no son capaces de creer, y no tienen pecados de los
cuales arrepentirse
¿Por
qué se debe bautizar el creyente arrepentido?
Según
Jesús en
Los
que en otro tiempo desobedecieron, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noe, mientras se preparaba
el arca, en la cual pocas personas, es decir, ocho, fueron salvadas
por agua. El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios) por la resurrección
de Jesucristo, (1ª
Pedro 3:20-21)
Pedro
no enseñó que el bautismo solo salva En la misma epístola, muestra que la fe es necesaria (1ª Pedro
1:5-9), y en su segunda epístola mostró la importancia del arrepentimiento (2ª Pedro 3:9).
En 1ª Pedro 1:22-23, el apóstol
dijo que los corazones son purificados por la obediencia a la verdad.
Pablo
dijo, “Pues todos sois
hijos de Dios por la fe
en Cristo Jesús, porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos” (Gálatas 3:26-27) la
frase “en Cristo” trae a la mente el concepto de sitio o lugar Estar “en Cristo” es estar eslabonado junto
con él en una unión más hermosa Cristo y los que son bautizados
“en” el forman una comunión corporativa, así que el estar “en
Cristo” es ser miembro
de su cuerpo, que deriva su v ida misma de Cristo. En la discusión de Pablo en el contexto de Calatas 3, su punto es que los que son hijos de Dios no son los
que están “en Israel” sino los que están “en Cristo” El lugar
donde uno es hijo de Dios
por la fe esta “en Cristo” El bautismo de un creyente arrepentido
lo pone “en Cristo”
En
el bautismo en Cristo, se le aplican a la
persona los beneficios de la sangre de Cristo Pablo dijo: “¿0 no
sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su
muerte?. Porque somos sepultados
juntamente con el para muerte por el bautismo a fin de que como Cristo
resucito de los muertos por la gloria del Padre así también
nosotros andemos en vida nueva (Romanos 6:3-4)
El
ser “bautizado en su muerte” es ser sepultado con
Cristo, y al ser
sepultado con el, la persona se une con el Antes de ser “sepultados juntamente con el a muerte por el bautismo”, el pecador no se une con él, pero en el bautismo “en la muerte”, se
une con él, y los beneficios gloriosos de su muerte
sacrificial en el Calvario se le
aplican. La
importancia de este
paso de fe se muestra en 2ª Corintios 5:17 donde Pablo dijo, “De modo que si
alguno esta en Cristo,
nueva criatura es las cosas viejas pasaron, he aquí todas son hechas nuevas” El apóstol Juan
también recalco esta verdad en 1ª Juan 5:11, “Y
este es el testimonio
que Dios nos ha dado vida
eterna, y esta vida
esta en su Hijo”
En
el bautismo la persona es trasladada de la familia de Satanás a la familia de Dios, la iglesia
Jesús le dijo a Nicodemo, “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere
de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios” (Juan
3:5). El bautismo
es una parte esencial del nuevo nacimiento. Todos los que se convirtieron en hijos de Dios en los primeros días del Cristianismo fueron bautizados, y así entraron al
remo de Dios, y la iglesia Pablo escribió, “Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres, y a todos se nos dio a
beber de un mismo Espíritu”
(1ª Corintios 12:13). No
hay otra manera de convertirse en hijo de Dios y miembro del cuerpo del Señor, la iglesia.
Jesús
sufrió y murió por todos, porque “todos pecaron, y están destituidos de la
gloria de Dios” (Romanos 3:23). Su plan
de salvación es fácil de comprender.
Cuando el evangelio de la gracia de Dios se le presenta a gente hoy día
que está bajo la condenación, y ellos los creen y lo obedecen, el Señor les
promete la salvación y un lugar en su glorioso reino. “El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no
creyere, será condenado” ¨