Introduciendo el tema: El hecho de estar inscritos en el Libro de la Vida del Cordero debería ser motivo de un gozo mucho más profundo que el que podría producir cualquier otra honra que recibiéramos.

Es sumamente honroso pertenecer a ella

 

(Lección 12)

 

[...] sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles, a la congregación de los primogénitos que es tan inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos, a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel (Hebreos 12.22—24).

 

      ¿Qué consideraría usted el más grande galardón que podría recibir, la distinción que en sumo grado apreciaría? ¿Un logro académico? ¿Un repentino ingreso en el círculo de los acaudalados? ¿Una espectacular proeza atlética? ¿Una honra humanitaria? ¿Éxito permanente en el aspecto familiar?

     Se cuenta que cierta noche en el dormitorio de estudiantes de la Biblia un compañero preguntó: «Cuál es el personaje de la Biblia que más les gustaría ser?». Uno dijo: «Me gustaría ser Abraham, porque él fue un hombre de gran fe».. Otro dijo: «Me gustaría ser como Moisés, porque él vio a Dios». Otro dijo: «Me gustaría ser uno de los apóstoles, porque ellos estuvieron con Jesús». Todavía otro dijo: «Yo deseara haber sido Enoc, porque él anduvo con Dios». Cada uno de los jóvenes escogió a alguien de la Biblia que exhibió alguna extraordinaria característica o recibió una singular honra, y luego dijo que si podía ser partícipe de las experiencias de aquel hombre, lo consideraría el más grande de los privilegios.

     Me parece que siempre es fácil anhelar el momento favorable que otro tuvo, y pasar por alto las oportunidades especiales que se nos han concedido. Los cristianos necesitamos que se nos recuerde continuamente acerca de nuestra exaltada posición y rica herencia en Cristo. Hebreos 12.22—24, es uno de los grandes recordatorios del Nuevo Testamento. Allí se presenta un resumen de algunos de los más inestimables tesoros que los cristianos han recibido al venir a Cristo. [...] sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles, a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos, a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel.

     El escritor de Hebreos comenzó este pasaje haciendo una alusión a la conversión de sus lectores a Cristo y al cristianismo. La frase «os habéis acercado», es lenguaje figurado que describe el momento en que abrazaron el cristianismo. Luego hizo una lista de doce diferentes ventajas espirituales que se les han dado a los cristianos. Describe uno de estos beneficios con la frase: «iglesia de los primogénitos» El sustantivo griego que se traduce por «primogénitos», es plural, y el verbo griego que se usa en relación con él, también es plural; así, en realidad se estaba refiriendo a los cristianos como «la iglesia de los primogénitos». Esta frase descriptiva, la cual aparece solamente una vez en todo el Nuevo Testamento, expresa el especial estatus que, se le concede al cristiano por vivir siendo la iglesia de Cristo.

 

LA VERDAD ES ANALIZADA

    El libro de Hebreos fue escrito a cristianos de origen judío que estaban desanimados y a punto de desechar su fe en Cristo. Las persecuciones y presiones del paganismo que les rodeaba, eran como dolorosos aguijones que los horadaban a cada paso que daban en su peregrinar cristiano. En su exasperación, muchos se sentían tentados a volver al judaísmo, del cual habían sido convertidos, con el fin de ser aliviados de este implacable acoso.

    Por toda la epístola, el escritor inspirado les dio a sus lectores varias razones por las que debían valorar el cristianismo como el privilegio más apreciable, y como la más hermosa bendición que Dios le haya dado al hombre. La conclusión global del libro es que apartarse de Cristo y volverse al judaísmo equivaldría a cambiar lo superior por lo inferior, la realidad por la sombra. En Hebreos 12.22—24, resumió en una oración las principales ventajas que el cristiano tiene en Cristo. En una sola declaración general, dio suficiente prueba para convencer a cualquier cristiano de que jamás cambie el cristianismo por cualquier otra religión.

     El pueblo de Dios de tiempos del Antiguo Testamento llegó al monte Sinaí, donde la ley fue dada. El fuego, el humo, los truenos y los relámpagos expresaron la justa y santa actitud de Dios para con el pecado. Por contraste, los cristianos se acercan al monte de Sion, la ciudad del Dios viviente, Jerusalén la celestial. Se han acercado a Dios durante la era cristiana, la era de la gracia, y son partícipes espirituales de la Jerusalén celestial. Este acercamiento lo han hecho en comunión con muchos millares de ángeles que se regocijan y cantan alabanzas ante la presencia de Dios. Han entrado en la iglesia de los primogénitos, cuyos nombres están inscritos en los cielos, y se han unido a los santos justos de la era del Antiguo Testamento, cuyos espíritus han sido ahora hechos perfectos. Por medio de Su sangre, se han acercado a Jesús, el Mediador de un nuevo pacto. Dicho brevemente, por haber aceptado la invitación de Jesús, han sido hechos partícipes de la culminación del plan de Dios parsi la salvación del mundo.

     Por lo tanto, los cristianos han recibido aquellos dones celestiales exclusivos de la era cristiana. No viven bajo la ley de Moisés, la cual enfatizaba la ley y no la gracia, la justicia y no la misericordia. Son partícipes de la Jerusalén celestial, la cual es el gobierno de Dios que incluye al mundo celestial y nuestro mundo terrenal. Al servir, amar y adorar a Dios, se unen a incalculable número de ángeles, seres del más alto orden, que incesantemente cumplen la voluntad de Dios en la adoración y el servicio. Los cristianos han entrado en la iglesia de los primogénitos, los altamente favorecidos, y viven siendo parte de ellos. Se han unido a los espíritus de los justos del período del Antiguo Testamento, los cuales se encuentran ahora en la eternidad. Se han acercado a Dios, por medio de Jesús, por el nuevo pacto que fue dado por la gracia, mediante la sangre de Jesús.

    El hecho de estar inscritos en el Libro de la Vida del Cordero debería ser motivo de un gozo mucho más profundo que el que podría producir cualquier otra honra que recibiéramos.

    De particular interés para nosotros en esta lista de bendiciones, es la referencia a la «iglesia de los primogénitos». La palabra «primogénito» es especialmente significativa porque connota la más alta honra. En tiempos del Antiguo Testamento, esta palabra llevaba implícita la idea de codiciado prestigio. Podía significar la honra que concede la prioridad; pues el primogénito recibía doble honor entre los hijos de la familia. La palabra también indicaba la honra que concedía la posición, pues podía referirse a la distinción dada a alguien, por causa de su superioridad o carácter.

     A Jesús se lo designa en las Escrituras como el primogénito, por las dos razones anteriores. En primer lugar, El es el primogénito por prioridad, porque nos ha precedido en Su resurrección de entre los muertos. Pablo escribió: «[...] y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia» (Colosenses 1.18). En segundo lugar, El es el primogénito por posición. Dios lo ha exaltado al darle la preeminencia en todo. Pablo además escribió: «El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda la creación» (Colosenses 1.15; Hebreos 1.6). En este versículo, El no es el primogénito por prioridad, porque El no es un ser creado, pues, al igual que Dios el Padre, tiene vida eterna, existe desde la eternidad hasta la eternidad. Más bien, este versículo lo presenta como el primogénito, por ocupar una posición superior, la de Aquel que es Señor de todo lo que ha sido creado.

     Del mismo modo como se usa en relación con Jesús, la palabra «primogénito» se aplica figuradamente a la iglesia en el sentido de distinción. L iglesia es la «iglesia de los primogénitos», es decir, los que de Dios han recibido privilegios, un honor que es similar al doble honor del primogénito. Esta gracia que El imparte resulta de la posición favorable que el redimido posee por ser la iglesia de Cristo; no se origina en la prioridad, ni es dada porque seamos mejores que los demás; sino que se origina en la posición que se nos concede por medio de la justificación llevada a cabo por Dios.

 

LA VERDAD DE DIOS ES EXPLICADA

Esta gloriosa verdad es desarrollada e ilustrada una y otra vez en el Nuevo Testamento.

 Mejor que ser precursor

     Juan el Bautista no alcanzó a vivir en la era cristiana; por lo tanto, jamás llegó a formar parte de la iglesia. Fue uno de los más grandes hombres de Dios, pero jamás recibió las bendiciones que los cristianos poseen. Por esta razón, Jesús dijo acerca de Juan: «De cierto os digo: Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista; pero el más pequeño en el reino de los cielos, mayor es que él» (Mateo 11.11). ¿Qué mayor cumplido podía recibir uno, que el de ser escogido para prepararle el camino al Mesías que venía? Jesús dio a entender que los beneficios de estar en el reino son mayores que los de andar en las sandalias de Juan, el precursor de Cristo. Todo cristiano ha recibido una mayor honra por ocupar un lugar dentro del reino, que la honra recibida por Juan por haber tenido el privilegio de presentarle a Cristo al mundo.

 Mejor que hacer milagros

     Al comienzo del ministerio de Jesús, se les dio a setenta discípulos una comisión limitada, con instrucciones detalladas. Jesús los envió de dos en dos, como «equipos de avanzada», para que fueran delante de Él a todos los lugares a donde Él iba  a predicar y a enseñar (Lucas 10.1). Les dio poder y autoridad para hacer milagros y echar fuera demonios. Cuando regresaron, estaban llenos júbilo, regocijándose de que los demonios se sujetaban, cuando mandaban a éstos en el nombre de Jesús a salir de aquellos a los que poseían.

     No tengo idea de lo emocionante que puede ser hacer un milagro. Imagínese lo que es  ir donde alguien que ha tenido una enfermedad mortal y poder sanarlo milagrosamente. ¡Cuánto se  gozaría usted de que el poder divino fluyera través suyo, y le diera a usted la capacidad de impartir tal sanidad! La era de los milagros llegó su final con el primer siglo, en el momento que s completó la revelación de Dios —la Biblia. ¡Aunque nadie tiene hoy día el poder de hacer milagro, todavía podemos entender por qué los discípulos se regocijaron, a su regreso, del poder de echar fuera demonios!

     Cuando estos discípulos le expresaron a Jesús el gozo que tenían, Este les dijo unas palabras difíciles de creer: «He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará. Pero no os regocijéis de que los espíritus se os sujetan, sino regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos» (Lucas 10.19—20). En otras palabras, nuestro Señor les dijo que debían poner su mirada en algo más grande que el hacer milagros. ¡El tener sus nombres escritos en el Libro de la Vida era de mayor grandeza que el estar dotados de poder sobrenaturales!

      Estos discípulos vivían durante un tiempo cuando la ley de Moisés todavía estaba en vigor (hebreos 9.15—17). Si el tener el nombre de uno inscrito en el Libro de la Vida durante la era mosaica, era de mayor valor que el ser capaz de ejercer poderes milagrosos, ¡de cuánto mayor valor deberá  ser el tener el nombre de uno inscrito en el Libro de la Vida durante la era cristiana, la era final de los tiempos, la era del cumplimiento del plan salvador de Dios! Los que están en la iglesia, según el escritor de Hebreos, son los que están inscritos en los cielos en la era cristiana. ¡No es de extrañar que se los refiera como la iglesia de los primogénitos, la iglesia de los altamente favorecidos!

 

Mejor que cualquier lista de honor terrenal

     El tener el nombre de uno inscrito en el Libro de la Vida del Cordero, debería ser causa de un regocijo mucho mayor que el producido por cualquier otra honra que pudiéramos recibir. Pablo se refirió a sus colaboradores del evangelio en Filipos como personas «cuyos nombres están escritos en el libro de la vida» (Filipenses 4.3) A cada uno de los que estaban en la iglesia de Sardis que no habían manchado sus vestiduras con la corrupción de este mundo, Jesús les dijo: «1…] no borraré su nombre del libro de la vida» (Apocalipsis 3.5). Juan escribió que aquellos cuyos nombres no se hallen inscritos en el Libro de la Vida serán lanzados al lago de fuego (Apocalipsis 20.15).

     Los administradores de la ciudad imperial de Roma, llevaban una nómina o lista maestra con los nombres de todos los ciudadanos romanos. A unos que vivían durante el primer siglo, el escritor de los hebreos les dijo que mucho más importante que la lista de ciudadanos romanos, era la lista que se llevaba en los cielos. Cuando el nombre de uno aparece en esa lista, uno tiene en su haber el más alto honor de todos. Es la lista que lleva Dios de los salvos. ¡El escritor de Hebreos dijo que este honor le pertenece a la iglesia!

 

Mejor que el honor del Antiguo Testamento

     A Hebreos 11, se le ha llamado «el salón de la fama de los fieles de Dios». Se presentan en este clásico capítulo instantáneas de diecisiete hombres y mujeres, entre los que se incluyen: Abel, Enoc, Noé, Abraham, Sara, Jacob, José y Moisés. Estas figuras del Antiguo Testamento fueron escogidas por Dios para ser colocadas en esta sección especial de las Escrituras, y para que todo el mundo las recordara. Lo sorprendente es esto que el escritor de Hebreos dijo acerca de estos héroes y heroínas. «Y todos éstos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido, proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen ellos perfeccionados aparte d nosotros» (Hebreos 11.39—40).

     Esa «alguna cosa mejor» se refiere a la venida del Señor y a la iglesia. El hecho de ser la iglesia de los primogénitos nos significa el ser bendecidos con un honor, al cual los grandes de Hebreos 11, sólo pudieron mirar con anticipación. No lo vieron realizado; solamente lo saborearon como promesa,

 

Mejor que cualquier posición terrenal

      En cierta ocasión hablaba Charles Hodge para la iglesia de Madison en Nashville, Tennessee, una de las más grandes iglesias de Cristo de los Estado Unidos. Estando allí, anduvo por el edificio de ellos para ver cómo lo habían diseñado y lo que allí estaba teniendo lugar. Miró dentro de una sala y vio a una anciana doblando cartas para ser enviadas. Le preguntó: «Quién es usted?». Ella rápidamente contestó: «¡Soy una de las personas más importantes de esta iglesia!». El dijo: «¿De veras lo es? ¿Cómo lo sabe?». «Porque el hermano Ira North dijo que lo soy». ¡El gran predicador de ellos, Ira North, le había dicho a ella, y estaba en lo cierto, que la obra que ella hacía era tan importante como la de los ancianos, los diáconos y los predicadores!

      Dios dice: «Al entrar en Mi iglesia, Yo te concedo un honor a ti, y te llamo la iglesia de los primogénitos. Te doy una importancia que es mayor que la de la posición y obra que le di a Juan el Bautista. Yo otorgo este honor a uno y a todos por igual, desde el más pequeño hasta el más grande. Si estás en Mi iglesia, estás en un lugar de importancia inigualada».

 

LA VERDAD ES APLICADA

    La verdad en el sentido de que la iglesia neo- testamentaria es la iglesia de los primogénitos, debería provocar en cada miembro de ella una profunda respuesta personal, inspirándonos a extendernos a Cristo y al hombre. ¿Cómo deberíamos aplicar esta verdad concretamente a nuestras vidas?

    En primer lugar, tengamos una desbordante gratitud. Dios no sólo nos ha salvado, sino que también nos ha dado un lugar de honor sin par. No solamente nos ha hecho Su iglesia, sino que también nos ha hecho la iglesia de los primogénitos, la iglesia en la que es doblemente honroso estar! En vista de lo anterior, no debería ser difícil para nosotros obedecer el mandato de Pablo que dice: «Dad gracias en todo, [,..]» (1ª  Tesalonicenses 5.18).

    En segundo lugar, seamos una expresión de la gracia de Dios a los demás. Su gracia se nos manifestó en la persona de Jesús (Tito 2.11); y en un grado menor, pero muy importante, podemos hacer quo Su gracia se manifieste por medio de nosotros a los que nos rodean. Queremos compartir esto maravilloso honor que Dios ha derramado sobre nosotros, con los que no lo conocen.

     En tercer lugar, anunciemos las virtudes de Dios, que nos llamó de las tinieblas a Su luz admirable; pues en otro tiempo no éramos pueblo, pero ahora somos pueblo de Dios (1ª  Pedro 2.9—10). El alabar a Dios por las glorias de Su gracia debería ser tan natural en nosotros como el respirar.

     En cuarto lugar, ocupémonos continuamente en el servicio a Dios como un pueblo que es posesión adquirida de Dios. Puesto que hemos recibido un reino inconmovible, tengamos gratitud, mediante la cual le brindemos a Dios un servicio aceptable con temor y reverencia (Hebreos 12.28). Presentemos nuestros cuerpos en sacrificio vivo y santo a Dios (Romanos 12.1).

 

CONCLUSIÓN

     La iglesia neotestamentaria, según el escritor de Hebreos, es la iglesia de los primogénitos. Dios le ha comunicado a Su iglesia gloria eterna y celestial, la cual hace que los aplausos de este mundo se reduzcan a inútiles cenizas y marchitas malas hierbas.

     El escritor de Hebreos nos advirtió con el ejemplo de Esaú, que no dejemos de alcanzar la gracia de Dios (Hebreos 12.15—16). La infidelidad puede ser causa de que perdamos las bendiciones eterna que tenemos (1ª  Pedro 1.10—13). Esaú fue un profano que vivió para el momento presente y no para la eternidad.

     La palabra «profano» se relacionaba originalmente con lo secular. Proviene del vocablo del latín profanus. En las afueras de todo templo (del latín: fanum) había una zona de tierra abierta a todo mundo. Contrastando con esta zona se encontraba el recinto interior del templo. Este se consideraba la parte sagrada; mientras que el espacio abierto, donde la gente se reunía, era considerada la parte profana. Esaú era un profano; no tenía un recinto sagrado dentro de su vida, no tenía un alma santa, no sujeta a negociación alguna. En el acto de vender su primogenitura, él reveló su verdadero carácter, sus valores internos. Vivió sin una visión de lo eterno, como un ser material, teniendo únicamente lo material como su motivación y destino. Más adelante, cuando Esaú quiso heredar su bendición, ya era demasiado tarde para él. Había malvendido sus inestimables oportunidades y el día en que se podía arrepentir ya había pasado.

     Deje que la vana y profana vida de Esaú le advierta de la necesidad de mantener su corazón centrado en el eterno honor que es suyo por ser la iglesia. Que nada le impida vivir siendo posesión adquirida por Dios, por ser la iglesia de los primogénitos. Dios aguarda para honrarlo a usted como nunca antes lo ha sido. Los hombres sólo pueden galardonarle con coronas corruptibles; pero Dios puede darle verdadera vida ahora, y vida eterna más adelante.

 

PREGUNTAS PARA ESTUDIO Y ANÁLISIS

  1. ¿Qué es honor?
  2. Si usted pudiera vivir la vida de algún personaje de la Biblia, ¿cuál elegiría? Dé una razón para si elección.
  3. ¿A qué se refieren las palabras «os habéis acercado» de Hebreos 12.22?
  4. Describa las circunstancias en que se encontraban los cristianos cuando fue escrito el libro de Hebreos.
  5. Haga una lista de algunas de las bendiciones que los cristianos tienen y que los israelita> fieles no tuvieron.
  6. Defina dos maneras como se usa la palabra «primogénito» en las Escrituras.
  7. ¿Cómo se usa «primogénito» cuando se aplica Jesús?
  8. ¿Cómo se usa «primogénito», cuando se refiere a la iglesia?
  9. Dé ilustraciones que iluminen el gran honor que los cristianos tienen dentro de la iglesia.
  10. Explique qué significa el tener el nombre de un inscrito en los cielos.
  11. Explique la expresión «alguna cosa mejor», de Hebreos 11.39-40.
  12. ¿Cómo deberíamos responder al honor que nos ha otorgado en Cristo?

 

 

 

 

 

INICIO