Introduciendo el tema: Medite en esta frase acompañándose de la oración y de un espíritu analítico. ¿Qué nos dice acerca de la naturaleza de la iglesia esta identificación que se hace de ella con el cumplimiento del propósito eterno de Dios?

El pueblo mediante el cual Dios cumple Su propósito

 (Lección 1)

 

     “… para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales, conforme al propósito eterno que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor (Efesios 3.10-11).

   A menudo, una breve expresión de las Escrituras es el medio por el que se transmite un rico significado. Esto es lo que se puede decir, por ejemplo, de las seis palabras que dicen: «según las riquezas de su gracia» (Efesios 1.7). Esta frase califica el perdón sobre el cual Pablo estaba escribiendo. Nos dice que si Dios fuera pobre en gracia, no es mucho lo que podíamos haber esperado de El, en lo que a «deshacerse de nuestros pecados» compete. No obstante, como El es rico en gracia, tal como Pablo lo afirma, podemos esperar un abundante perdón, el cual hará más que cubrir nuestras transgresiones. Si un hombre pobre nos diera un regalo «de» sus posesiones o «según» sus posesiones, sería un regalo muy insignificante el que recibiríamos; pues un hombre pobre tiene muy poco que dar. No obstante, si un rico nos diera un regalo «de» sus riquezas, o «según» sus riquezas, lo que recibiríamos sería una abundante y generosa cantidad, un regalo en proporción a su capacidad para dar. Este fue el énfasis de Pablo, cuando reveló que el perdón de Dios es «según las riquezas de su gracia». Sus palabras nos garantizan que Dios, por ser rico en gracia, es pródigo y derrochador en Su perdón para con los que creen.

   Este recordatorio, en el sentido de que una breve frase, o parte de una frase de la Biblia, puede transmitir tan profundo significado, sitúa delante de nosotros la siguiente verdad: No debemos permitir que tres palabras de Efesios 3.11 —«al propósito eterno»—, escapen a nuestra consideración cuando pensamos en la iglesia. El propósito de Dios ocupó un lugar importante en una frase clave de la carta de Pablo a los efesios: para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales, conforme al propósito eterno que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor, en quien tenemos seguridad y acceso con confianza por medio de la fe en él (Efesios 3.10-12; énfasis nuestro).

   Toda idea relacionada con el plan general de Dios requiere, sin duda, un minucioso y profundo análisis. Tal vez no haya en el Nuevo Testamento otra tríada de palabras, que esté tan cargada de significado.

   Si la iglesia es el cumplimiento del propósito eterno de Dios, tal como Pablo lo expresó, entonces difícilmente se pecará por exceso al recalcar la importancia de ella. Cuando Pablo presentó a la iglesia como el medio por el cual Dios cumple su propósito eterno, él dio una visión inolvidable, y a la vez incomparable, de la naturaleza de la iglesia.

   Medite en esta frase acompañándose de la oración y de un espíritu analítico. ¿Qué nos dice acerca de la naturaleza de la iglesia esta identificación que se hace de ella con el cumplimiento del propósito eterno de Dios?

 

DECLARA QUE CUMPLE UN PROPÓSITO

   La frase «el propósito eterno» conlleva la idea de un propósito divino, la idea de que hay una santa intención haciendo avanzar a la iglesia. Si se preguntara: «Cuál es el propósito de la iglesia?», deberíamos responder que ella es la puesta en escena del plan divino.

   La muerte de Jesús para lograr la redención de la raza humana pecadora, fue un evento que se conoció, se ordenó y se planeó de antemano, antes de la creación del mundo. Pedro escribió: «[...] fuisteis rescatados,... no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, ya destinado desde antes de la fundación del mundo» (1ª  Pedro 1.18—20). En el momento que Dios escogió, Jesús ofrendó Su cuerpo y Su sangre para hacernos hijos de Dios: «Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos» (Gálatas 4.4—5). Esta adopción de hijos se realiza en el momento en que nos convertimos en el cuerpo de Cristo, la iglesia. Pablo dijo: « [Dios] nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad» (Efesios 1.4—5; énfasis nuestro). En otras palabras, Dios escogió, antes de crear el tiempo, a los que entrarían en Cristo y permanecerían fielmente en este cuerpo, para adoptarlos como hijos Suyos y salvarlos eternamente. Cuando a la iglesia se le mira de este modo, no queda más que entenderla como el plan de Dios, como la expresión de la gracia de Dios en la forma de un proyecto para salvar al mundo.

   R.C. Bell, renombrado maestro de la Biblia, escribió lo siguiente en su obra  (Estudios sobre Efesios): «De hecho, le sería muy difícil a cualquiera que entienda la naturaleza de la salvación por gracia, desechar la esencialidad de la iglesia».1 A la iglesia no se la presenta en las Escrituras como un cuerpo que anteceda ni que suceda al plan de Dios para la salvación; se la presenta, más bien, como el plan propiamente dicho, de Dios, para la salvación; pues es en el cuerpo de Cristo —a través de la sangre de Jesús— que estamos firmes delante de Dios como Sus hijos redimidos. Si somos Sus Hijos, somos Su iglesia. No podemos ser Sus hijos sin llegar a ser Su iglesia, y no podemos llegar a ser Su iglesia sin ser Sus hijos. La iglesia no es un apéndice adherido al propósito eterno de Dios; ella es el propósito eterno de Dios.

   Suponga usted que está visitando a un amigo suyo, y éste lo lleva a dar un paseo por su granja, de la cual usted sabe que él está muy encariñado. Al caminar a través de las exuberantes praderas, él le dice que desde su niñez soñaba con tener su propia granja. Luego le explica que comenzó a ver cumplido su sueño varios años atrás, cuando adquirió aquella tierra y comenzó a convertirla en una hermosa y productiva hacienda ganadera. Usted observa el brillo en su rostro y percibe el orgullo de su voz, cuando le cuenta acerca de los edificios que ha construido en lugares estratégicos para un óptimo funcionamiento en la facilitación de su trabajo. Le muestra a usted el ganado que con gran esmero ha escogido, mejorado y criado hasta convertirlo en un gran hato ganadero. Lleno de optimismo y emoción, le describe los planes que tiene para el futuro de su granja.

    Después de esta conversación, usted no tiene que adivinar lo que este hombre está haciendo con su vida. Todo lo que ha dicho y hecho le ha permitido observar a usted que su finca es el objeto de su dedicación y amor. Ha sido, y es, el producto del trabajo de toda su vida. Es evidente, dadas las energías que ha consumido, el dinero que ha gastado y los planes que tiene para el futuro, que esta finca ocupa el primer lugar de sus ambiciones. No hubo trozo de la conversación que no señalara la granja como la causa de su más profundo gozo.

    Lo mismo se puede decir de Dios. El hecho de que la iglesia fue Su plan desde el comienzo de los tiempos, de que las profecías se centraron en ella durante los largos años del período veterotestamentario de la historia de la salvación y de que ella fue el resultado del ministerio terrenal de nuestro Señor y de su muerte en la cruz, prueba sin margen de error que el plan supremo de Dios para la salvación del mundo es Cristo y Su iglesia. Cuando todavía no daba comienzo la historia de la humanidad, la creación de la iglesia era el deseo benevolente de Dios; ahora que ha convertido Su deseo en realidad, la propagación y el crecimiento de ella son dos aspectos que lo mantienen continuamente ocupado en el mundo.

    Alguien ya lo dijo: «El vivir sabiamente consiste únicamente en descubrir el camino que está tomando Dios y emprender nosotros en esa misma dirección». Si podemos identificar el propósito eterno de Dios —lo que es y la manera como lo está cumpliendo— tendremos presente el camino que Dios está tomando y lo que El está procurando hacer en nosotros y en el mundo. Pablo explicó en Efesios 3.10—11, que la iglesia es el cumplimiento del propósito eterno de Dios, con lo cual nos indicó un rumbo que infaliblemente nos llevará a agradar a Dios. La única ruta en la que se garantiza que andaremos conforme a la voluntad de Dios, es la que lleva a convertirnos en Su iglesia, a permanecer fieles y a glorificarlo siendo Su iglesia.

 

INSINÚA QUE ES TRASCENDENTE

    Otro aspecto de la naturaleza de la iglesia que «El propósito eterno» de Dios nos muestra, es la sagrada trascendencia de ella. Si la iglesia es la expresión del santo propósito de Dios, ¡sólo imagínese el valor que debe tener para El!

    La existencia de la iglesia no puede ser entendida ni estimada sin relación con la cruz de Cristo.2 La muerte de Jesús, el Hijo de Dios, es el fundamento sobre el cual la iglesia descansa, y sobre el cual ella crece. Dios, que es rico en misericordia, hizo planes para que la cruz le dé origen a la iglesia (Efesios 2.4—5), la sustente (lera Juan 1.7) y la comisione (2> Corintios 5.18—19). Por lo tanto, entramos en el cuerpo de Cristo por medio del bautismo en Su muerte (Romanos 6.3); y al andar en la luz de Su Palabra, como miembros fieles de ese cuerpo, somos continuamente limpiados de pecado a través de su sangre. Así, la iglesia neotestamentaria (en el sentido local) es un grupo de personas que ha entrado en el cuerpo espiritual de Cristo, por medio de Su sangre, y que están andando, trabajando y adorando como tal cuerpo, sostenido y fortalecido por el Espíritu de Dios y el poder de Cristo. Este es el plan de Dios para la salvación del mundo.

    Todo el que se encuentre fuera de la iglesia neotestamentaria, se encuentra fuera del propósito eterno de Dios, y todo el que se encuentre fuera del propósito eterno de Dios, se encuentra fuera de la obra redentora de Dios. Esta verdad acerca de la iglesia presupone dos verdades clave. La primera es que Dios está activo en el mundo, procurando realizar la salvación del hombre. Está ocupado en la puesta en práctica de Su plan de redención, en el cual pensó antes de que diera comienzo el mundo, y el cual ha enriquecido, guiado y bendecido a través de toda la existencia del mundo. Es la obra que Dios ha elegido hacer, obra que surge de Su gran amor por el hombre, y que Pablo ha descrito como «el propósito eterno» de Dios (Efesios 3.11). La segunda verdad es que la iglesia neotestamentaria es el método, la encarnación y la realización del propósito eterno de Dios.

    El camino de salvación que Dios proporciona, podría compararse con el matrimonio. Dios tiene un plan para el hogar y la procreación. ¿Cuál es ese plan? Todos conocemos la respuesta: El matrimonio. Basándonos en la clara enseñanza de las Escrituras, podemos decir que el propósito eterno de Dios para la felicidad de la familia es que el hombre y la mujer vivan como esposo y esposa, sujetos a Sus leyes. Cuando Dios creó al hombre y a la mujer, El les dio a conocer Su plan para el matrimonio y para traer hijos a este mundo. ¿Pueden traerse niños a este mundo fuera del matrimonio legítimo? Sí. ¿Busca la gente la felicidad y la tranquilidad fuera del matrimonio legítimo? Sí. No obstante, cuando así sucede, es obvio que se pasa por alto la voluntad de Dios, se frustra Su propósito para la creación y la felicidad de la familia. ¿Es lo mejor para un niño, o para los padres de ese niño, vivir en un hogar que no se ajusta al modelo de matrimonio ordenado por Dios? No. ¿Por qué? ¡Porque no viven dentro del plan de Dios para la sociedad y la felicidad personal!

    La iglesia neotestamentaria es el plan de Dios para la salvación del mundo. Es Su único plan. ¿Qué puede suceder si pasamos por alto la iglesia neotestamentaria? ¿Podemos tener comportamiento religioso en un cuerpo que no es la verdadera iglesia? Sí. ¿Podemos llevar a cabo maravillosas acciones de bondad siendo parte de un grupo aparte de la iglesia? Sí. No obstante, la pregunta que debemos hacernos es esta: «, Estaremos, en tal caso, cumpliendo con el propósito eterno de Dios?». Según las Escrituras, la respuesta es «no». ¿Podemos cumplir con la voluntad de Dios estando fuera del plan eterno de Dios? La respuesta es, una vez más, un «no».

    En vista de la certeza de que solamente cuando somos parte del cuerpo de Cristo, la iglesia neo- testamentaria, es que experimentamos el cumplimiento del «propósito eterno» de Dios, lo lógico es que nadie debiera estar satisfecho sino hasta ser parte de tal iglesia. Cuando uno llega a ser la iglesia del Señor, se encuentra dentro del bondadoso plan de Dios para reconciliar consigo al mundo.

 

PROCLAMA SU PERMANENCIA

    El hecho de que la iglesia sea «el propósito eterno» de Dios, proclama, además, la prístina permanencia de ella. La iglesia no es una solución provisional que se haya dado mientras otra solución más adecuada a los problemas del hombre pueda ocupar su lugar. No es un plan interino que se habría puesto en práctica hasta que el plan definitivo se pudiera hacer realidad.

    La iglesia es el plan de Dios para la era cristiana. Pablo dijo: « a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén» (Efesios 3.21). Cuando la iglesia se estableció se le identificó con el reino de Dios (Daniel 2.44; Mateo 16.18), la expresión terrenal del reino de los cielos, en el cual nos gozamos ahora como familia Suya, y en el cual nos gozaremos de modo más pleno, cuando entremos en gloria (2 Pedro 1.11).

    Se requirieron muchos años de preparación para que Dios pudiera hacer realidad Su reino espiritual en el mundo, y hacerlo tomar forma en la iglesia. El primer vislumbre de un Mesías prometido parece ser Génesis 3.15, donde se profetiza y se alude a una victoria sobre Satanás. Más adelante, en la era patriarcal, una clara promesa sobre el Mesías se le hace a Abraham, y esto es lo que dice: « y serán benditas en ti todas las familias de la tierra» (Génesis 12.3; cfr. 13.15; Gálatas 3.16). La ley de Moisés estuvo en vigor en el período que se dio entre el momento en que Dios le hizo la promesa a Abraham y el momento en que tal promesa se cumplió en Jesús (Gálatas 3.19). Por lo tanto, las eras patriarcal y mosaica proporcionaron la preparación requerida para la venida del Mesías y el establecimiento de Su reino. Durante Su ministerio personal, Jesús continuó con el proceso, poniendo los cimientos del reino por medio de Su enseñanza, la instrucción que les dio a los doce apóstoles, Su ejemplo, Su muerte y resurrección, y las apariciones Suyas posteriores a la resurrección.

    El reino vino con poder el día de Pentecostés, según se relata en Hechos 2 (vea Marcos 9.1; Hechos 1.8), cuando la iglesia fue establecida. Cuando vemos a los cristianos como miembros del cuerpo de Cristo, los reconocemos como la iglesia; cuando los vemos como personas que se han sometido al reinado de Dios, los reconocemos como el reino de Dios. La iglesia, el cuerpo espiritual de Cristo, es el plan sagrado que Dios diseñó en su mente antes de crear a Adán.

    Según lo expresado por Pablo, no es sino hasta ahora —por medio de la iglesia— que los ángeles pueden ver el cumplimiento de toda la sabiduría y planeamiento de Dios a través de los años. Pablo escribió: « para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales» (Efesios 3.10). La expresión «los principados y potestades en los lugares celestiales» debe ser una referencia a los ángeles. Desde el lugar en el que se encuentren, pueden mirar al cuerpo espiritual de Cristo, la iglesia, y decir: «Ya vemos. Ya entendemos. Está claro lo que Dios ha estado tratando de lograr a través de los años. Por fin vemos el cumplimiento de Su propósito eterno». Los ángeles no conocen la redención, porque no la han experimentado (1ª  Pedro 2.4). Tal vez esta sea la explicación a la expresión inspirada de Pedro, en la que dice: «A éstos se les reveló que no para sí mismos, sino para nosotros, administraban las cosas que ahora os son anunciadas por los que os han predicado el evangelio por el Espíritu Santo enviado del cielo; cosas en las cuales anhelan mirar los ángeles» (1ª  Pedro 1.12; énfasis nuestro).

   «Cuando ustedes, como cristianos que son, andan por el mundo, viviendo para Cristo y constituyendo Su cuerpo espiritual sobre la tierra, los ángeles los observan y dicen: “Ahora sí entendemos lo que significa ser cristiano. Ahora sí vemos en qué consistía el plan de Dios”». Ojala que la gente que habita esta tierra, que no son cristianos, también nos puedan ver y decir: «He aquí la vida que Dios crea. Si yo deseo tal clase de vida, tendré que someterme al plan de redención de Dios para obtenerla».

    Los que estamos dentro del cuerpo de Cristo, formamos parte del propósito eterno de Dios, un plan que constituye la propuesta fundamental de Dios para la salvación del mundo, y del cual veremos su cumplimiento final, cuando seamos recibidos en el reino eterno de los cielos en la perpetuidad (2ª  Pedro 1.10-11). Su iglesia tiene existencia en dos mundos:

    Es un reino terrenal presente (Colosenses 1.13), y un reino celestial venidero (2ª  Timoteo 4.1). No es de extrañar que el escritor de Hebreos le llamara reino «inconmovible» a este reino (Hebreos 12.27).

 

CONCLUSIÓN

    Según lo expresan las Escrituras, la iglesia es, entonces, el pueblo por el cual se cumple el propósito de Dios. Dios concibió, de su generosidad, un plan para proporcionarle salvación al hombre, por medio del cuerpo espiritual de Cristo. Cuando la iglesia fue establecida el día de Pentecostés, según se relata en Hechos 2, El santo propósito de Dios fue cumplido.

    La frase que dice: «el propósito eterno», da a entender que la iglesia es la intención y determinación de Dios para salvar al mundo. El hecho de que ella sea el propósito eterno de Dios, la hace trascendente y permanente.

    La realidad de la existencia de Dios, dada Su condición de Creador del universo y del hombre, es infinitamente superior a la realidad de la existencia de todo lo demás. Todo lo que existe se puede clasificar como Dios y lo que no es Dios: Existe Dios, y existen todas las cosas creadas por Dios. Estas dos categorías constituyen la suma total de todo lo que  existe. Esta forma de ver la realidad, en dos grupos, nos ayuda a entender nuestro lugar en el mundo creado por Dios, y a entender el poder y trascendencia de Dios en el universo. Somos seres creados, y Dios es omnipotente, omnisciente, omnipresente y eterno. El peor de los errores que puede cometer el ser humano, es vivir una vida discordante respecto de El. Lo contrario también es verdad:

    Cuando se cumple Su voluntad, ello equivale a armonizar con El y a estar llenos de esperanza divina y promesa eterna.

    Toda persona que se halle fuera del cuerpo espiritual de Cristo, se encuentra fuera del propósito eterno de Dios. Por lo tanto, para cualquiera que piense seriamente en su vida y destino, debería ser de primordial interés entrar en el cuerpo de Cristo.

    Prestémosles oído a las palabras de Jesús: «De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios» (Juan 3.5).

    Atendamos al llamado del Espíritu: «Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente» (Apocalipsis 22.17).

     Después que hayamos llegado a ser la iglesia de Cristo, mantengamos cerca de nuestro corazón las palabras de Pablo: « así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra» (Efesios 5.25—26).

    Nadie podrá decir que tiene un legítimo propósito para su vida en este mundo, a menos que viva dentro del propósito eterno de Dios. ¿Es usted parte del pueblo mediante el cual El cumple Su propósito?

 

PREGUNTAS PARA ESTUDIO ‘Y ANÁLISIS

  1. Explique la frase: « según las riquezas de su gracia». Vea Efesios 1.7.
  2. Analice el significado de la frase: «el propósito eterno de Dios». Lea Efesios 3.11.
  3. ¿Ordenó Dios de antemano la muerte de Jesús, antes de la fundación del mundo? Si así fue, ¿por qué lo hizo?
  4. ¿Cuál es el significado de la frase: «el cumplimiento del tiempo»?
  5. ¿Es la iglesia una adición al plan de Dios o el plan mismo? Explique.
  6. Si la iglesia está formada por los hijos de Dios, ¿puede alguien ser Hijo de Dios sin ser parte de su iglesia?
  7. Explique cómo la iglesia es creada por la cruz.
  8. Si alguien se encuentra fuera de la iglesia, ¿se hallará también fuera del propósito eterno de Dios?
  9. ¿Cuáles son las dos verdades que presupone la idea de que la iglesia es el propósito eterno de Dios?
  10. ¿Puede alguien llevar a cabo actividades religiosas estando fuera de la iglesia? Si así fuera, ¿sería éste parte del propósito eterno de Dios?
  11. ¿De qué modo le damos gloria a Dios por medio de la iglesia? Vea Efesios 3.20.
  12. ¿Cómo es que los ángeles llegan a captar el pleno significado del propósito eterno del Señor? Vea Efesios 3.10—11.
  13. ¿Cómo entra uno en el cuerpo de Cristo, la iglesia?

 

 

 

 

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