| Introduciendo
el tema: No
importa en cuál de los sentidos anteriores se refiera uno a la iglesia;
siempre estará hablando de los que han sido traídos al cuerpo de Cristo
mediante la sumisión a su evangelio. Un cristiano ha sido llamado a salir
del mundo y de la oscuridad y ha sido colocado, por la gracia de Dios, en
aquel cuerpo al que Cristo, y los escritores inspirados del Nuevo
Testamento, le llamaron “iglesia”.
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La palabra especial que usa Cristo para referirse a su pueblo (Lección 5)
Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella (Mateo 16.18).
Era la noche anterior a la crucifixión de Cristo, y el peso de la prueba que le esperaba se había vuelto insoportable sobre su alma. Tomó a sus once apóstoles y fue con ellos al huerto de Getsemaní a orar. Dejó a ocho discípulos cerca de la entrada al huerto, y a éstos, tiernamente les ordenó: “Sentaos aquí, entre tanto que voy allí y oro” (Mateo 26.36). Luego, llevando a Pedro, a Jacobo y a Juan consigo, entró al huerto. Después de andar una corta distancia, esto fue lo que les dijo: “Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo” (Mateo 26.38). Dejando a estos tres, avanzó hasta un lugar solitario y se postró sobre su rostro y oró así: “Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú” (Mateo 26.39). En la oración de nuestro Señor, hay una sola palabra que cobra mucha importancia —tanto para él, como para nosotros. Su oración entera giró en torno a ella. Se trata de la palabra “pero”. No nos quedaríamos cortos si dijéramos que la salvación del mundo dependía del espíritu que indicaba tal palabra. Suponga que Cristo, siendo el único en todo el universo, que podía salvar a la humanidad, no hubiera querido hacer tal. Suponga que hubiese escogido ponerse él mismo en primer lugar y a los pecadores después. Suponga que hubiese dicho: “El sufrimiento es un precio demasiado alto para pagar. Es demasiado sacrificio el que hay que hacer por los pocos que habrían de ser salvos”. Suponga que hubiese orado: “Padre, pasa esta copa de mí; pues no es como tú quieres sino, como yo”. La respuesta es obvia: Si él hubiera tomado tal actitud, tal espíritu, estaríamos perdidos y sin ninguna esperanza de salvación. Todo el mundo puede regocijarse de que él puso la compasión por los pecadores y la sumisión a Dios, por encima de sus deseos personales. Fue debido a que nuestro salvador estuvo dispuesto a expresar la palabra “pero”, que ahora tenemos un camino abierto a la salvación. Si él no hubiera estado dispuesto a expresar tal palabra, jamás hubiera ido a la cruz. Antes de decirle “sí” a los deseos del Padre, hubo necesidad de un “pero” para sus propios deseos. El significado crucial de la palabra “pero” en la oración de nuestro Señor, nos recuerda la importancia de ciertas palabras claves en la comunicación. Hay ciertas palabras que dan tan significativo discernimiento a ciertas ideas y verdades vitales, que las mismas deben ser estudiadas cuidadosamente. El ignorarlas casi siempre resulta en mal malentendido. Tal es el grado de significativo que tiene la palabra “iglesia” y ello se debe a su importante relación con la totalidad del mensaje del Nuevo Testamento. Es una palabra traducida al español la cual aparece 114 veces en el Nuevo Testamento en griego. No sería inexacto decir, que uno no puede esperar comprender el camino de salvación de Cristo, para el mundo hoy día, sin entender el Uso de esta palabra en el Nuevo Testamento. Examinemos esta palabra desde los tres puntos de vista que de ella se expresan en el Nuevo Testamento. Estos puntos de vista transmiten el rico trasfondo contextual de la palabra, el uso que Cristo y los escritores inspirados hacen de ella en conexión con el pueblo redimido de Dios, y la aplicación práctica de la palabra hoy día.
SU USO SECULAR La palabra “iglesia” era, ante todo, una palabra de uso diario, sin ninguna connotación religiosa en particular. En SU significado más sencillo, la palabra parece haberse referido a una “concurrencia” o “asamblea” de cualquier clase, para cualquier propósito. Una muestra de este uso emerge en Hechos 19 en conexión con el alboroto ocurrido en Efeso. Un disturbio por causa del cristianismo se desarrollaba entre los plateros que hacían imágenes en honor a la diosa asiática Diana. La venta de las imágenes estaba siendo afectada por el hecho de que Pablo predicaba a Cristo, en la ciudad de ellos. Como consecuencia de ello, los plateros se reunieron con otros hombres de negocios similares, para decidir lo que se podía hacer respecto a lo que les sucedía a sus negocios y a su religión (Hechos 19.25). Demetrio, un platero, les dio un encendido discurso e incitó a la multitud hasta convertirla en una enloquecida turba (Hechos 19.28). La gente se apresuró a entrar a un teatro que estaba cerca, y la confusión prevaleció. Esto fue lo que Lucas contó de la reunión de ellos en el teatro: “Unos, pues, gritaban una cosa, y otros otra; porque la concurrencia estaba confusa, y los más no sabían por qué se habían reunido” (Hechos 19.32; énfasis nuestro). La palabra que usó Lucas en este versículo, para referirse a la concurrencia, fue la palabra ekklesia, la misma que se tradujo como “iglesia”, la conocida palabra en español. Al comienzo, la multitud pensaba que la reunión de ellos tenía algo que ver con Alejandro pues éste había sido colocado en frente de ellos. Alejandro gesticuló ante ellos para obtener su atención, cuando buscaba la oportunidad de hablarle a la multitud; pero al reconocer ésta que Alejandro era judío, se rehusó a escucharlo y clamó por dos horas: “¡Grande es Diana de los efesios!” (Hechos 19.34). El escribano de la ciudad, eventualmente apeló a Demetrio a que tomara acciones legales en contra de Pablo y de sus acompañantes si es que ellos creían que éste había violado la ley. Además añadió: Y si demandáis alguna otra cosa, en legítima asamblea se puede decidir. Porque peligro hay de que seamos acusados de sedición por esto de hoy, no habiendo ninguna causa por la cual podarnos dar razón de este concurso (Hechos 19.39-40; énfasis nuestro). Lucas después añadió: “Y habiendo dicho esto, despidió la asamblea” (Hechos 19.41; énfasis nuestro). Fueron tres veces en este relato, de una reunión secular, que Lucas usó la palabra del griego ekklesia (Hechos 19.32, 39, 41). La usó para dar a entender la idea de una simple concurrencia o asamblea, pues la concurrencia y la asamblea a las que llamó ekklesia en los versículos 32 y 41, respectivamente, es representada más bien como “una turba” en el versículo 30. A la asamblea o ekklesia que se reunió en el teatro no se le convocó para que se reuniera; ello simplemente sucedió en medio de toda la confusión y el curso que tomaron los eventos. Lucas también le llamó ekkiesia, en el versículo 39, a una legítima asamblea en la que los asuntos legales son dirimidos. La forma como Lucas usa la palabra lleva a pensar que lo mejor es tomar el uso secular de la palabra ekklesia, corno refiriéndose a una asamblea de cualquier clase. Algunas veces una asamblea es convenida, o llamada a reunirse, y algunas veces, una asamblea simplemente sucede. Lucas llamó ekklesia a ambos tipos de asamblea. Hay algunos lingüistas hoy día, que creen que el uso secular de esta palabra en los días del Nuevo Testamento, tenía más el significado de “una simple asamblea”, que el de “una asamblea llamada a reunirse”. El uso que Lucas hace de esta palabra en Hechos 19 parecería confirmar las conclusiones de tales lingüistas. El uso que hace Lucas de esta palabra, nos da un idea de cómo la misma era usada en el mundo secular, antes de que nuestro Señor la usara con un sentido religioso. Estos antecedentes de la palabra serán la base sobre la cual podremos construir una mejor comprensión del uso que nuestro Señor hace de ella.
SU USO RELIGIOSO La palabra ekklesia también tenía un uso religioso en el Nuevo Testamento. Claramente se desprende del Antiguo Testamento, que en los antecedentes judíos del cristianismo, el concepto de una asamblea del pueblo de Dios está presente. En la Septuaginta, la traducción al griego de las Escrituras del Antiguo Testamento, la palabra para referirse a la “congregación” de Israel, la cual es qahal en hebreo, se tradujo al griego como ekklesía, especialmente cuando la “congregación” consistía del pueblo de Israel reunido ante la presencia del Señor para propósitos religiosos (Deuteronomio 18.16; 31.30; 1 Reyes 8.65; Hechos 7.38). La palabra “sinagoga” también se usaba originalmente para referirse a una asamblea de personas reunidas para un propósito específico. Más adelante, la palabra se aplicaba a una asamblea de cristianos que se habían reunido para adorar a Dios. Santiago usó ambas palabras del griego, sunagoge y ekklesia, en su libro, aparentemente, porque era a los cristianos de origen judío a quienes tenía en mente como lectores de su libro. Usó la palabra sunagoge para referirse a una congregación de cristianos que se habían reunido para adorar a Dios (Santiago 2.2), y usó la palabra ekklesia para referirse al cuerpo de creyentes que se reunía en un lugar dado (Santiago 5.14). Así que, cuando el Señor eligió una palabra que designaría al pueblo que habría de ser el singular pueblo de Dios, mediante la salvación, él seleccionó la palabra “iglesia” (Mateo 16.18), la cual es probable que se refiriera a una “asamblea” en el sentido secular pero con la diferencia que es una “asamblea del pueblo de Dios”, según la connotación que le da el Antiguo Testamento. Nuestro Señor tomó una palabra secular para darle un significado religioso especial. En su selección de esta palabra, él tomó de los significados que le daban los antecedentes seculares y religiosos de ella, y le añadió nuevos significados de su propia cosecha. La palabra, según el uso que Jesús le dio, se refiere al pueblo universal de Dios que ha sido redimido por su sangre, sea que estén reunidos en asamblea, o no (Hechos 8.3; Efesios 1.22). Otra idea que es traída a la luz en el Nuevo Testamento en conexión con la palabra ekklesia, es el concepto de ser “llamado a salir” o ser “apartado”. Aun cuando es probable, que esta idea no estuviera en el uso secular de la palabra, ella es una parte importante del significado, en el uso especial que hace Cristo de la misma. Esta idea es introducida en la palabra por la naturaleza misma del pueblo al cual se le designa con ella. Aunque ningún cristiano hoy día es un miembro de la congregación que fue establecida en Pentecostés, todos los cristianos verdaderos de todos los tiempos, y de todos los lugares, son miembros de la misma iglesia del Señor que fue establecida ese día. Esto fue lo que Pedro le dijo a la multitud el día de Pentecostés: “Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare” (Hechos 2.39). Pablo les dijo a los Tesalonicenses lo siguiente: “y os encargábamos que anduvieseis como es digno de Dios, que os llamó a su reino y gloria” (1 Tesalonicenses 2.12). Fue mediante el evangelio que Dios los llamó. Esto fue lo que Pablo dijo: “a lo cual os llamó mediante nuestro evangelio, para alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesucristo” (2 Tesalonicenses 2.14). Así, a aquellas personas que fueron llamadas a Dios mediante el evangelio, se les llamó “la iglesia” (1 Corintios 1.1-3). Además, Pablo le dijo a la iglesia que estaba en Colosas, lo siguiente: “el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados” (Colosenses 1.13-14), Pedro habló de: “[anunciar] las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1 Pedro 2.9). Pedro también escribió esto: “sino, como aquel que os llamó es santo, sed también Vosotros santos en toda vuestra manera de vivir” (1 Pedro 1.15). Saulo de Tarso, el fariseo, llegó a ser Pablo, el cristiano, mediante responder al llamado de Dios, al obedecer el evangelio. Cuando Cristo se le apareció en el camino a Damasco, Saulo creyó en él, se arrepintió de su anterior manera de vivir, y confesó a Cristo como Señor. Tres días después, en Damasco, esto fue lo que Ananías le dijo: “Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre” (Hechos 22.16). Cuando Saulo recibió estas instrucciones, él se levantó e invocó el nombre del Señor para salvación, cuando fue bautizado. Posteriormente, Pablo se refirió a su conversión en cristiano como a un haber sido llamado mediante la gracia de Dios (Gálatas 1.15). Así que, Pablo fue llamado, apartado, o convertido en cristiano, y como tal, fue añadido por el Señor al cuerpo de personas redimidas, al que Cristo se refirió como su iglesia. Jesús usó la palabra “iglesia” para referirse a todos los que forman el pueblo de Dios en el período del nuevo pacto, sin acepción de lugar, ni de tiempo. Aunque ningún cristiano hoy día es miembro de la congregación que fue establecida en Pentecostés, todos los cristianos verdaderos de todos los lugares, y de todos los tiempos, son miembros de la misma iglesia que el Señor estableció ese día. La iglesia fue establecida una vez para siempre, en Jerusalén, el primer Pentecostés, después de la resurrección de Jesús. No tuvo sino sólo un día de nacimiento; no nació una y otra vez en cada siglo ni después de períodos de apostasía.
SU USO PRÁCTICO Es de esperar que el significado dado por Jesús y el Espíritu Santo, a la palabra “iglesia” se manifestara de una forma práctica en el Nuevo Testamento, y tal ha sido el caso. Los escritores inspirados usaron esta palabra de cuatro maneras prácticas.
No importa en cuál de los sentidos anteriores se refiera uno a la iglesia; siempre estará hablando de los que han sido traídos al cuerpo de Cristo mediante la sumisión a su evangelio. Un cristiano ha sido llamado a salir del mundo y de la oscuridad y ha sido colocado, por la gracia de Dios, en aquel cuerpo al que Cristo, y los escritores inspirados del Nuevo Testamento, le llamaron “iglesia”.
CONCLUSIÓN ¿Está usted en esta iglesia? ¿Ve usted la necesidad de venir a la iglesia de Cristo si usted no está en el cuerpo de él? ¿No ve usted lo que Cristo quiso decir con la palabra “iglesia”? El tomó una palabra que en su uso secular significaba “asamblea” y que en su connotación judía significaba “una asamblea del pueblo de Dios”, le dio significado adicional, y la aplicó al pueblo formado por las personas que son llamadas a la salvación mediante el evangelio de la gracia de Dios. En su significado amplio, por lo tanto, se refiere a todos los que han sido redimidos por la sangre de Cristo. En un sentido local, práctico, no obstante, se refiere a los que él ha salvado y que se están reuniendo para adorar a Dios. Alguien dijo por allí: “La iglesia no nos salva, pero en ella están los salvos”. Jesús es el Salvador del mundo, y a los que él ha salvado, él les llama su iglesia. El que ha sido salvado por Cristo amará a los demás que también han sido salvados por él. Tendrá afinidad con ellos, y querrá estar con ellos para poder ser fortalecido en su fe por ellos, y para que él pueda, de alguna forma, también fortalecer la fe de ellos. Mediante los apóstoles inspirados, Cristo ha instruido a su pueblo salvo, en el sentido de que se reúna para adorar a Dios y para trabajar juntos en el cumplimiento de su misión (Hebreos 10.25; Tito 3.1). Este agrupamiento de su pueblo salvo, en un lugar dado, para adorar a Dios y para trabajar, es la iglesia de Cristo. ¿Se referirá Cristo a usted como la iglesia de él?
PREGUNTAS PARA ESTUDIO Y COMENTARIO
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