Introduciendo el tema:

 

Entrando a la iglesia

(Lección 11)

 

Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que
habían de ser salvos (Hechos 2.47).

 

    Hay cosas que son muy caras pero que realmente no son valiosas —hay cosas que son baratas pero muy valiosas —por ejemplo, la luz del sol o la lluvia; algunas cosas son muy caras y muy valiosas —la iglesia de Cristo cae en esta categoría.

     El Nuevo Testamento no deja ninguna duda acerca del incomparable valor de la iglesia. Su valor se manifiesta de tres maneras por lo menos:

 

  1. En primer lugar, vemos su valor en su singular origen. Fue planeada y su propósito diseñado en el concejo eterno del cielo (Efesios 3.10-11), y su establecimiento se le preparó por medio del ministerio terrenal de Jesús (Mateo 4.17). Fue una idea divina premeditada, no una errada ocurrencia.
  2. En segundo lugar, vemos su valor en su costo sin par. Se nos dice, por medio de Pablo, que fue comprada por la sangre de Cristo (Hechos 20.28). El propósito último de la muerte de Cristo fue hacer nacer la iglesia. Si el precio de la compra indica el valor, entonces la iglesia, habiendo sido comprada con la sangre de Cristo, es indisputablemente el más valioso de todos los cuerpos terrenales.
  3. En tercer lugar, vemos su valor en la insuperable valía que se le atañe. Cristo nos instó a buscar el reino de los cielos por encima de todas las demás prioridades. Esto fue lo que dijo: “También el reino de los cielos es semejante a un mercader que busca buenas perlas, que habiendo hallado una perla preciosas fue y vendió todo lo que tenía, y la compró” (Mateo 13:45-46). No sólo hizo asemejarse la iglesia a una perla preciosa, sino a la más preciosa de todas las perlas!

 

    Este supremo valor de la iglesia sugiere que ignorar a la iglesia del Nuevo Testamento sería el más grande de todos los errores. Un millonario llega a ser paupérrimo si no halla la iglesia de Señor y entra a ella. El más grande de los hombres fuera de la iglesia llega a ser el más pequeño.

A la luz del inconfundible valor de la iglesia. La razón dicta que sinceramente preguntemos: “Cómo es que se entra a la iglesia?”. Tal vez no haya pregunta más grande que se pueda considerar. Dediquémonos a encontrar la respuesta que el Nuevo Testamento le da a esta pregunta.

 

LA RESPUESTA ES ANUNCIADA

    Cristo fue claro y definitivo acerca de lo que quiso que sus discípulos hicieran después de que él regresara al cielo, después de su ministerio terrenal. Son tres versiones bastante completas de su comisión, las que se registran en el Nuevo Testamento (Mateo 28:18-20; Marcos 16.15-16; Lucas 24,46-47). No se peca de exceso al sobreestimar la importancia de estos relatos. En ellos se da la guía de Cristo para sus discípulos para la totalidad de la era cristiana.

     Cristo primero les hizo un encargo de envergadura universal a sus discípulos cuando les dijo: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” (Marcos 16.15). En segundo lugar, les especificó las condiciones bajo las cuales la salvación es ofrecida cuando el evangelio es predicado. Les dijo a los discípulos qué debían hacer —“Id”, y les dijo qué decir —“Predicad el evangelio”. Con las palabras “Id” y “evangelio” les resumió el trabajo para el futuro.

     Una vez, según Marcos, Cristo les dio la comisión y recalcó el creer como condición. Esto fue lo que dijo: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado será salvo; mas el que no creyere, será condenado” (Marcos 16.15-16). Al bautismo se le menciona claramente como una condición en este registro de la comisión, sin embargo, el énfasis parece recaer sobre el creer.

     Según Lucas, en otro momento que Cristo dio la comisión, el énfasis de ésta fue sobre el arrepentimiento. Esto fue lo que dijo: “Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; y que se predicase su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén” (Lucas 24.46-47). El arrepentimiento y el volverse del pecado a Dios, habría de ser la nota dominante en la predicación del evangelio durante la era cristiana.

     Mateo retrató a Cristo dando la comisión sobre una montaña en Galilea, donde acentuó el bautismo. Esto fue lo que dijo: “Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28.18-20).

     Es obvio, entonces, que las tres condiciones bajo las cuales la salvación ha de extenderse, son: la fe, el arrepentimiento y el bautismo, cada una de las cuales fue singularmente señalada por nuestro Salvador y recalcada en los tres relatos de la gran comisión.

    Estas tres condiciones son evidentes y son fáciles de percibir. Nadie que tome en serio la comisión de Jesús, dejará de reconocer estas condiciones y la importancia de las mismas en el plan del Señor. Ellas constituyen los términos o condiciones de entrada al reino o iglesia del Señor. Ellas han de regir durante la totalidad de la era cristiana.

 

LA RESPUESTA ES AMPLIADA

    Las condiciones para la salvación no solamente son dadas inconfundiblemente en el Nuevo Testamento, sino que también son ilustradas gráficamente en los Hechos de los apóstoles. Por ejemplo, el libro comienza con la emocionante historia del establecimiento de la iglesia. En Hechos 2, una multitud de gente, compungida por el sermón de Pedro, clamó con las siguientes palabras: “¿Qué haremos?”. Había sido la fe en Jesús lo que les había movido a clamar de tal manera. En consecuencia, Pedro les ordenó que se arrepintieran y se bautizaran para el perdón de los pecados (Hechos 2.38). Fueron tres mil los que se bautizaron aquel día (Hechos 2.41). Como consecuencia de lo anterior, esto es lo que Hechos 2.47 dice: “Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos”. Más adelante, el grupo al cual fueron añadidos, se le refiere nuevamente con el término “iglesia” (Hechos 5.11). Nuestro Señor, en su comisión final, había especificado la fe, el arrepentimiento y el bautismo como las condiciones bajo las cuales la salvación habría de proclamarse. Las personas que entraron a la iglesia en Pentecostés cumplieron con estas tres condiciones.

     Otro ejemplo es el que se encuentra en Hechos 8. En la última parte de Hechos 8, un ángel le dijo a Felipe que fuera hacia el sur para continuar con la predicación (Hechos 8.26). Cuando llegó a cierta intersección, Felipe vio a un eunuco etíope que viajaba por el camino a bordo de un carro (Hechos 8,27-28). Éste era un hombre muy religioso, pero no era cristiano. A Felipe se le instruyó mediante el Espíritu Santo, que se le acercara y se le uniera al etíope (Hechos 8.29). Después de correr hacia éste, descubrió que estaba leyendo el libro de Isaías, mas sin entenderlo (Hechos 8.31). Felipe comenzó con el mensaje que el etíope había estado leyendo, y le abrió a sus ojos la historia de Cristo (Hechos 8.35), contándole sin duda, todo lo concerniente a la venida de Cristo a este mundo, y de su muerte por nuestros pecados.

     Cuando viajaban juntos, hablando acerca de Cristo, pronto encontraron cierta agua. El etíope preguntó: “¿Puedo ser bautizado?”. Dado que el etíope creía, era completamente apropiado que se bautizara.  Ellos pararon el carro y entraron al agua, y Felipe sumergió al etíope (Hechos 8.38). Después de su bautismo, el etíope siguió gozoso su camino.

    Nuestro Señor, en su última comisión, había especificado la fe, el arrepentimiento y el bautismo como condiciones bajo las cuales la salvación habría de ser proclamada.

 

    Una vez más los términos para salvación que nuestro Señor había establecido, eran obedecidos. La fe en Cristo llegó a ser una realidad como resultado de la predicación de Felipe (Hechos 8.35-36). El etíope era un religioso que estaba sinceramente tratando de hacer la voluntad de Dios. El arrepentimiento, por lo tanto, resulta evidente a través de aceptar el mensaje de Cristo que Felipe le llevó. En este relato el bautismo es retratado, más claramente que en ningún otro del libro de Hechos. Tanto Felipe como el Eunuco entraron al agua, y Felipe lo sumergió.

     Veámoslo de otra manera: Suponga que usted vive en un reino y que conoce al rey, con quien tiene una relación de amistad personal. Un día, mientras sostiene una conversación con el rey, éste le dice que si le vuelve a hacer una visita, él le perdonará su deuda por concepto de impuestos. Eventualmente, usted vuelve a visitar al rey, anticipando el perdón de su deuda. Cuando llega al palacio, se le dice que el rey se ha ido de viaje a otro país. Usted le dice al guarda de palacio, lo que el rey le dijo, que su deuda por concepto de impuestos sería perdonada si usted volviera a visitarlo. El guarda de palacio le dice: “El rey ha hecho arreglos especiales para usted”. Luego lo lleva a una habitación en la que se encuentran doce administradores. Usted les cuenta su historia. Corno respuesta le dicen: “Cuando el rey estaba aquí, el tenía la facultad de perdonar deudas por concepto de impuestos con sólo decir una palabra, pero el rey se ha ido. El dejó especificados los términos bajo los cuales tal deuda habría de ser perdonada. Lo primero que debe hacer, es regresar a su casa; lo segundo es escribirnos una carta contándonos su historia; en tercer lugar, debe hacer una lista de los miembros de su familia; y cuarto, debe firmar la carta en presencia de tres testigos. Cuando estos términos se hayan cumplido, su deuda será perdonada”.

     Compare esta historia con lo que Cristo ha hecho en la realidad. Cuando él estuvo aquí, a menudo perdonaba los pecados con sólo decir una palabra. Por ejemplo, perdonó al malhechor en la cruz (Lucas 23.43). No obstante, cuando Cristo estaba listo para salir de esta tierra y regresar a los cielos, él nos dio los términos bajo los cuales la salvación sería impartida a la gente durante la era cristiana. Además, indicó que su comisión habría de tener vigencia hasta el fin del mundo (Mateo 28.20). Ahora que el rey se ha ido, sus términos para el perdón están vigentes.

 

LA RESPUESTA APLICADA

    Estos términos de entrada a la iglesia deberían aplicarse a cada uno de nosotros. La comisión final de Cristo no ha cambiado. Hoy es la misma tal como la que fue cuando fue dada. Los términos de la salvación son para nosotros, precisamente los mismos que fueron para los que oyeron el primer sermón predicado por Pedro. Cristo establece los términos de entrada a la iglesia y es el que añade los nuevos miembros a ella. Los argumentos e instrucciones de los hombres no alteran su última voluntad y testamento. El rey se ha ido, y los términos que él estableció, para la edad cristiana, son los que deben seguirse.

     ¿Dónde se encuentra usted con respecto a los términos de Cristo para la entrada a su iglesia? ¿Ha creído usted? La fuente de la fe es la palabra de Dios (Romanos 10.17). La sabiduría, el conocimiento, o logros de los hombres, no pueden producir fe. ¿Cree usted en Dios? ¿Cree usted que Cristo es su Hijo y el Salvador de la humanidad?

     ¿Se ha arrepentido usted de sus pecados (Hechos 17.30-31)? ¿Se ha vuelto usted de andar en pos del pecado para andar en pos del Dios viviente? ¿Se ha consagrado de corazón a la voluntad de Dios sin importar lo que ello signifique y sin importar adónde le lleve?

     ¿Ha hecho una declaración en público de que usted cree en Jesús, que él es el Hijo de Dios y que es el Señor (Romanos 10.10)? ¿Ha confesado con sus labios que Jesús es el Salvador y el Señor?

     ¿Ha sido bautizado usted? El bautismo que señala la gran comisión es el que se lleva a cabo por inmersión (Romanos 6.4), es en Cristo (Romanos 6.3; Gálatas 3.27), para el perdón de los pecados (Hechos 2.38; 22.16), y en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo (Mateo 28.19-20). ¿Se ha bautizado según el patrón del Nuevo Testamento?

     Hoy día, cuando uno se adhiere a los términos que Cristo estableció en su última comisión, ¿no es razonable creer que nuestro fiel Señor y Salvador lo añade a uno a su iglesia o reino? Nadie está justificado para cambiar los términos del Señor. No debemos permitir que se les reemplace, ni que se les adultere. Nuestro compromiso con Cristo no debe dar lugar a otra cosa más que la obediencia.

 

CONCLUSIÓN

    ¿Ha entrado usted a la iglesia del Nuevo Testamento? ¿Le gustaría entrar a ella hoy?

    Ciertamente es la más grande y magnífica de las noticias para nosotros, el saber que la iglesia que se halla en el Nuevo Testamento es una a la que cualquiera puede entrar, cumpliendo sinceramente con los términos del Señor para entrar.

     Todas las naciones, todas las razas, y todas las personas pueden entrar al reino de Cristo y ser uno en Cristo (Efesios 2.14).

    El buen juicio exige que comencemos por el principio, asegurándonos de que el fundamento sea verdadero. Si usted no tiene certeza de que ha cumplido con los términos del Señor para la salvación, complete el cumplimiento de ellos y hágalo inmediatamente. Entre a su reino, y desde ahora en adelante, viva como un ciudadano de su reino y de nada más que su reino.

    La iglesia de Cristo no tiene ningún valor para usted, a menos que entre a ella.

 

PREGUNTAS PARA ESTUDIO Y COMENTARIO

  1. Describa el incomparable valor de la iglesia del Señor.
  2. Haga una lista de los tres relatos de la gran comisión.
  3. Mencione el énfasis especial de cada uno de los relatos de la gran comisión.
  4. Aplique las condiciones de la gran comisión a la historia de la conversión de los judíos que se encuentra en Hechos 2.
  5. Aplique las condiciones de la gran comisión a historia de la conversión del etíope que s’ encuentra en Hechos 8.
  6. ¿Rigen las condiciones de la gran comisión hoy día?
  7. ¿Por qué es que no podemos ser salvos hoy di tal como lo fue el malhechor en la cruz?
  8. ¿Cómo podemos llegar a ser miembros de la iglesia hoy día?
  9. ¿Son los hombres los que añaden nuevos miembros a la iglesia?
  10. ¿Hay alguna razón para creer que si uno hace lo que fue hecho en el libro de los Hechos para llegar a ser cristiano, que Dios no hará con uno lo mismo que hizo con aquellos que obedecieron a su voluntad según el libro de los Hechos?
  11. ¿Ha sido extendida la invitación de Cristo a toda la gente?
  12. ¿Cómo podemos estar seguros de que estamos en la iglesia de Cristo?
  13. Si uno no entra a la iglesia de Cristo, ¿significa esto que ella es valiosa para uno?
  14. Cuando las condiciones de salvación del Señor han sido adulteradas, ¿es grande el daño que se ha causado?

 

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