| Introduciendo el tema: Muchas personas son incapaces de visualizar la manera como la iglesia llena nuestras necesidades espirituales. No han estado cerca de una verdadera iglesia neotestmentaria. No han visto que la iglesia sea la familia espiritual de Dios. | ||
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La familia de Dios (Lección 6)
Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios (Efesios 2.19).
Si a usted se le diera una hoja de papel en blanco, y que se le pidiera hacer una lista de las diez bendiciones más satisfactorias que Dios le ha concedido a la raza mana, ¿qué pondría usted en la lista? ¿Cuáles considera usted que son los diez beneficios más valiosos y que más le han servido a la humanidad? La mayoría de las personas, pienso, pondrían a la familia en el primer lugar de la lista. Lo experimentado a través de la familia, desde su creación en el Jardín del Edén hasta la más reciente ceremonia matrimonio, incluye las innumerables alegrías y veces en que se ha manifestado el apoyo incondicional de los parientes. Es probable que la mayoría de las personas digan que la mayoría de sus recuerdos felices se agrupan en torno a los hogares, en los cuales crecieron o en los hogares, en los cuales actualmente viven. Además, yo pienso que todas las personas, excepto unas pocas, bien podrían decir que fue de sus familiares de quienes recibieron mayor fortaleza y apoyo para la vida. Verdaderamente que la familia le fue dada a la raza humana, de parte de un Padre celestial que diseñó el hogar de modo que éste les proveyera aliento cálido y comprensivo a nuestros espíritus. En vista de lo significativo que es la familia para nosotros, no debería sorprendernos que en las Escrituras a ella se le utilice como figura para ayudarnos a visualizar la naturaleza de la iglesia neotestamentaria. La utilización de la palabra “familia” o “casa” en las Escrituras nos obliga a ver a la iglesia como la familia de Dios. Cuando llegamos ser cristianos, nacemos dentro de la familia espiritual de Dios, es decir la iglesia (Juan 3.5; Efesios 2.19). Otra forma de decirlo es que cuando obedecemos evangelio de Cristo y entramos en el cuerpo de éste, Dios nos adopta hijos suyos (Efesios 1.5). Pablo refirió a esta adopción como el resultado final, razón principal, de la venida de Jesús al mundo “Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos” (Gálatas 4.4-5).
NECESIDADES Todos los seres humanos tenemos ciertas necesidades básicas, las cuales sólo pueden ser llenadas por la familia natural. ¿Qué necesidades serán ésta?. En primer lugar, cada uno de nosotros necesita tener un sentimiento de pertenencia, es decir, de que tiene un origen. La familia natural provee cierta estabilidad social. Nos da un nicho en este mundo, el cual nos pertenece a nosotros y a nadie más. En segundo lugar, necesitamos tener un sentimiento de seguridad. La certeza de que somos parte una comunidad que cuidará de nosotros si algún día llegamos a sufrir de discapacidad mental, social o corporal. La familia natural nos provee de esta seguridad a nosotros. Nos protege de las tempestades de la vida. Fue la que nos proveyó de lo necesario cuando éramos bebés y éramos incapaces de cuidar nosotros mismos. Ella nos provee de lo necesario cuando estamos enfermos o desanimados, y nos proveerá también cuando lleguemos a viejos y vamos perdiendo nuestras fuerzas, y estemos viviendo ya en nuestra segunda niñez. Es nuestro refugio, nuestro asilo, la roca a la cual nos aferramos. En tercer lugar, tenemos necesidad de un sentido de identidad. Tenemos un apremio interno por saber quiénes y qué somos. Hasta cierto punto, nuestras familias naturales responden a este anhelo. En cuarto lugar, tenemos necesidad de un sentimiento de aceptación, la seguridad de saber que podemos comportarnos tal como somos, de que podemos deshacernos de las máscaras y el maquillaje. La familia natural nos ama tal como somos—no como vayamos a ser ni como hayamos sido. Dentro de nuestras familias naturales no tenemos que alcanzar logros para ser aceptados. Si no somos caces de alcanzar el ideal en la manera de ser y de actuar, aún así seremos amados y gozaremos de un lugar entre nuestros familiares. No tenemos que ganarnos el amor que recibimos; se nos da sin condiciones ni exigencias. Los seres humanos también tienen necesidades espirituales, las cuales corresponden, en cierta medida, a las necesidades emocionales, sociales, corporales que nuestra familia natural llena. Algunas personas reconocen estas necesidades espirituales en ellas mismas, mientras que otras no. Sea que lo reconozcamos o no, ellas son reales y deben ser llenadas para poder vivir en este mundo, teniendo verdadera felicidad. La personalidad y el espíritu del ser humano tienen una dimensión espiritual. Cuando estas características se ignoran o se descuida aunque siempre podremos gozar de cierta clase de felicidad social y material, no podremos gozar de felicidad espiritual y realización plena que Dios ha querido que gocemos. Las necesidades espirituales que les son comunes a todos los seres humanos no desaparecen. No se les apaga, pretendiendo que no existen. Cristo ya lo dijo: “No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mat. 4.4) Para que podamos experimentar la felicidad material normal y el gozo espiritual, estas necesidades corporales espirituales deben ser llenadas.
LAS NECESIDADES SON LLENADAS Las necesidades espirituales que todos tenemos son llenadas a través de otro núcleo familiar, la familia de Dios. En esta familia, Dios es el Padre Juan 3.1), los cristianos somos hermanos y hermanas (1 Juan 5.1), y Jesús es el hermano mayor Romanos 8.17). Pablo se refirió a esta familia celestial con el término “iglesia”. Esto fue lo que le dijo a Timoteo: “Esto te escribo, aunque tengo la esperanza de ir pronto a verte, para que si tardo, sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios, que la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de verdad” (1 Timoteo 3.14—15; énfasis nuestro). En la iglesia neotestamentaria, un cristiano experimenta un sentimiento de pertenencia espiritual. Tiene un Padre celestial, al cual orar, con el cual andar y por el cual vivir. Tiene un hermano mayor mediante el cual orar, del cual aprender y en el cual apoyarse. Vive siendo parte de una comunidad de creyentes que se aman unos a otros, como hermanos y hermanas que trabajan juntos para la gloria de Dios—no como una organización, sino como una familia espiritual. Dentro de la familia de Dios, tenemos un sentimiento de seguridad espiritual. Sabemos que nuestro Padre celestial nos ama, y proveerá para nuestras necesidades. Este Padre incluso provee para nuestras necesidades corporales. Cuando les enseñaba a sus seguidores el no preocuparse, Jesús nos instó a recordar que nuestro Padre celestial sabe de nuestras necesidades y que él cuidará de nosotros: “No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos?. Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas (Mateo 6.31-32). Del mismo modo, nuestro Padre nos provee para nuestras necesidades espirituales. Judas nos recordó de este cuidado celestial mediante la doxología, con la cual concluyó su carta, referirse a Dios como “aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría” (Judas 24). Nuestra necesidad de tener un sentimiento de identidad espiritual, también es llenada dentro de la familia de Dios, es decir, dentro de la iglesia. Antes de la conversión, nosotros vagábamos sin rumbo ni propósito, pero a través del nuevo nacimiento dentro de la familia de Dios, nosotros llegamos a ser su pueblo propio de Dios. Esto fue lo que Pedro escribió acerca de esta transformación: Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia (1 Pedro 2.9-10). Pablo, incluso, se refirió a la familia de Dios como herencia de Dios (Efesios 1.18). Como miembros que somos de la familia de Dios, los cristianos tenemos una herencia eterna —los cielos; Di también tiene una herencia —los cristianos! Del mismo modo, la familia de Dios nos provee de un sentimiento de aceptación espiritual. Cuando nosotros venimos a Dios llenos de fe obediente vivimos delante de él llenos de confianza y sincera obediencia, somos aceptados hijos suyos. Él nos imparte su amor especial a nosotros y envía a nuestros corazones su Espíritu, el cual dama: Abba, Padre!” (Gálatas 4.6). Estando en Cristo podemos decir, juntamente con Pablo: “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús” (Romanos 8.1). Esto no significa que ya no se espere de nosotros el arrepentimiento y el crecimiento espiritual; lo que significa es que él nos recibe en el lugar en que estamos y tiernamente nos guía para que lleguemos a ser lo que debemos ser. Ya alguien lo dijo: “El nos ama donde nos encontramos, pero nos ama demasiado como para dejarnos allí”. Muchas personas son incapaces de visualizar la manera como la iglesia llena nuestras necesidades espirituales. No han estado cerca de una verdadera iglesia neotestmentaria. No han visto que la iglesia sea la familia espiritual de Dios. Por lo tanto, es difícil para ellos imaginarse qué es aquello de lo que se está perdiendo por vivir apartados de la iglesia de Cristo. Es el deber de los cristianos estar continuamente recordándole a la gente que está en esa condición de lo que la iglesia es y de cómo la verdadera iglesia como la familia de Dios que es, responde a la dimensión espiritual de nuestras vidas. Es solamente a través de la familia de Dios que nosotros podemos hallar la paz, seguridad, propósito e identidad que en lo más profundo de nuestro ser anhelamos. No podremos tener verdadera felicidad mientras nos encontremos fuera de esta familia que es la iglesia.
LAS NECESIDADES SON COMPLETAMENTE LLENADAS Para poder visualizar la iglesia como la familia d Dios que es, reflexionemos en el esbozo que hace Lucas de la iglesia que estaba en Jerusalén. Su descripción muestra las hermosas características de la familia de Dios en las vidas diarias de los cristianos primitivos: “Y perseveraba, en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones. Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas; y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno. Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos (Hechos 2.42-47).
Todos y cada uno de los cristianos tenían un sentimiento de pertenencia, pues “todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común las cosas” (Hechos 2.44). Cada miembro tenía propia identidad, pues a ninguno se le valoraba por encima de los demás, y la congregación en su totalidad respondía a las necesidades de cualquier miembro que padeciera. Todos gozaban de aceptación. Día tras día, la gente era añadida al cuerpo del Señor y se le recibía con gozo de parte de la congregación. Cada miembro gozaba de una seguridad, cual solo podía tenerse dentro de una clase de vida comunitaria. Ellos “vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad cada uno” Esta congregación de la familia de Dios perseveraba en cultos regulares de adoración, en los cuales había oraciones, alabanzas, enseñanza, comunión los unos con otros y la observancia de la cena del Señor Hechos 2.42). Ellos adoraban a su Padre celestial, reconocían el don de la gracia de éste, la cual fluía a través del hermano mayor de ellos, Jesucristo, y vivían llenos alegría y sencillez de corazón. Ellos gozaban de la seguridad de la vida comunitaria de la iglesia, del cuidado benevolente para esta vida, y de la certeza de vida eterna, a través de Jesús, en la venidera.
CONCLUSIÓN ¿No desea usted ser miembro de la familia de Dios? ¿Se da cuenta usted de que su vida no esta completa, sino hasta haber entrado en la familia de Dios, en la iglesia?. Fuera de esta familia, usted seguirá perdiéndose de la estabilidad, seguridad, aceptación e identidad espirituales que sólo la membresía en su familia puede dar. Todo niño tiembla de sólo pensar en la posibilid de quedarse huérfano, y a todo adulto se le llena el corazón de dolor cuando mira a un huérfano. Nadie desea quedarse huérfano, y nadie desea ver que aya huérfanos. No podremos evitar que del todo los niños no sean abandonados por causa de crueles circunstancias de la vida, o de la injusticia humana; lo más que podremos hacer es extenderles una mano amorosa, compasiva y llena de ayuda a los huérfanos. No obstante, a nadie se le justifica que sea un huérfano espiritual. Que no tenga al Dios Todopoderoso como a su Padre Celestial. A través del evangelio, cualquiera puede entrar a formar parte de la familia de Dios, ser adoptado hijo de éste, y recibir el amor la condición de hijo que todos los demás hijos reciben. Entramos a la familia de Dios, mediante un nacimiento espiritual. Esto fue lo que Jesús dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios” (Juan 3.5). A través de la palabra de Dios somos llevados por el Espíritu a creer en Cristo Juan 8.24), arrepentimos del pecado (Hechos 7.30), a confesar que Jesús es Señor y Cristo Romanos 10.10) y a ser bautizados en Cristo 1 Corintios 12.13). Esto fue lo que Pedro dijo: “…siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre” (1 Pedro 1.23). Dios recibe como hijos suyos a todos los que nacen del agua y del Espíritu. El les da a éstos su Espíritu (Gálatas 4.6), las bendiciones de su familia Efesios 1.3) y la herencia eterna (Efesios 1.11). En consecuencia, los hijos de Dios viven sin carecer de sentimientos de pertenencia, de seguridad, de aceptación y de identidad. ¿Es usted un hijo de Dios? PREGUNTAS PARA ESTUDIO Y ANÁLISIS
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