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el tema:
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Los elegidos de Dios
(Lección 5)
“...según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado (Efesios 1.4-6).
A todo el mundo le gusta que lo recuerden. Tal vez este deseo que todos tenemos, es lo que ha dado lugar a una de nuestras expresiones coloquiales más populares. Cuando enviamos una tarjeta de cumpleaños a un ser querido, esto es lo que le escribimos en ella: “Mis recuerdos”. Cuando hablas por teléfono con un amigo, cuya compañía hemos estimado especialmente, esto es lo que le decimos: “Estaba pensando en usted”. Cuando nos despedimos de nuestros vecinos al salir de vacaciones o de viaje o por alguna otra razón, esto es que les decimos: “Les recordaremos”. Estas son expresiones de cariño, las cuales comunican que una persona es especial y que no la hemos olvidado ni la olvidaremos. Cuando se escriben o se dicen con sinceridad, estas expresiones nos conmueven y nos dan aliento. Si tiene valor para nosotros y para nuestros amigos y parientes el decir que ellos están pensando o han estado pensando en nosotros, ¿cuán mayor valor tendrá el oír que Dios diga que somos especiales para él?. Si usted está en Cristo, esto es precisamente lo que Dios ha dicho de usted. Pablo dijo en Efesios 1.4-6, que los cristianos son los escogidos de Dios. ¡A todos los redimidos en Cristo, las Escrituras les han asegurado que ellos son los elegidos de Dios!. ¿No es esto una gran fuente aliento para usted? Sabemos, por la manera como Pablo construyó la frase, que el propósito del Espíritu ha sido que nosotros veamos el ser escogidos de Dios como algo muy importante, como algo más grande que una honra terrenal. Pablo le estaba escribiendo a la iglesia de Efeso, la cual se encontraba en Asia Menor. El tema de esta epístola podría resumirse con la frase: “La iglesia, el cuerpo de Cristo”. Pablo escribió al comienzo de la carta que a la iglesia la componen aquellos a quienes Dios ha escogido. Ellos son los elegidos de Dios, los que él ha seleccionado para que reciban sus bendiciones divinas. El le llama a esta clase de escogencia “predestinación”, una determinación tomada de antemano o una escogencia anticipada (Efesios 1.5). Este asunto acerca de que Dios nos escoge a nosotros hace que surjan algunas inquietud ¿cierto?. ¿Estaba Pablo diciendo que Dios escoge una persona para ser salva y a otra para que se pierda?. ¿Cómo es posible que Dios le tenga un amor especial a cada persona del mundo, tal como Jesús dijo en Juan 3.16, y a la vez escoja a una para el cielo y a otra para el infierno? Reflexionemos cuidadosamente sobre este pasaje y dejemos que sea Pablo el que responda a estas preguntas sobre este fascinante tema de la predestinación. En Efesios 1.4-6, veremos cómo Dios a ama todo el mundo, cómo el pensó en nosotros desde de la fundación del mundo y cómo él eligió tener sus escogidos.
ESCOGIDOS EN ÉL En primer lugar, Pablo dijo que Dios “nos escogió en él...” (Efesios 1.4, énfasis nuestro). El cuerpo del hijo es el lugar donde Dios ha escogido ofrecerle al hombre su salvación y sus demás bendiciones espirituales. Los que han entrado en su cuerpo son escogidos de Dios. En el contexto mayor de Efesios 1.4-6, que lo -constituye la totalidad de la doxología de 1.3-14, la cual se dice que es la frase más extensa de la Biblia, Pablo enumera las bendiciones específicas que Dios a puesto a disposición en Cristo. El menciona la adopción como hijos de Dios (v. 5), el perdón (v. 7), redención (v. 7), la sabiduría y la inteligencia (v.8) la reunión de todas las cosas en Cristo (v. 10), la herencia (v. 11), y el sello del Espíritu Santo (v.13) Dios, decidió en el pasado inmensurable de la eternidad, que aquellos que entraran en Cristo y se apropiaran del don de la gracia de Cristo, serían sus escogidos, escogidos para sus bendiciones y salvación. Este plan de salvación estaba predestinado, determinado de antemano, por Dios en el pasado de la eternidad. El no fue arbitrario ni parcializó en su elección. El no predestinó a una persona para que ésta se perdiera y a otra para que fuera salva, sino que determinó que a los únicos que salvaría, serían aquellos que recibieran la salvación de Cristo mediante la entrada de ellos en el cuerpo espiritual de éste, es decir, la iglesia. Dios planeó o predestinó nuestra salvación en Cristo, y lo hizo antes de la fundación del mundo, pero es a nosotros a quienes compete elegir si vamos a entrar en la esfera de la salvación, es decir, en el cuerpo de Cristo, para ser salvos.
La palabra “predestinar”, significa “destinar anticipadamente [una cosa] para un fin”, mientras que “presciencia” significa “conocimiento de las cosas futuras”. Es probable que Dios de antemano sepa quiénes son los que se salvarán, y quiénes, los que se perderán, pero esto no significa que él predestine la salvación o destrucción personal de ellos. Cada persona elige si va a ser salva o no, cuando por su propia voluntad decide si entra o no en Cristo. Es obvio que estos dos temas, el de la presciencia y el de la predestinación, son demasiado profundo como para que nosotros los podamos entender completamente. Hasta cierto punto, simplemente vamos a tener que aceptar por fe lo que la Biblia dice acerca de ellos. Sin embargo, la Biblia no sugiere que Dios tenga presciencia y a la vez sea incapaz de destinar. Al atributo de la presciencia de Dios, le ha asemejado con nuestra memoria. Podemos recordar los eventos del día de ayer, pero el recuerdo de ellos no causa que sucedan. Tal vez, la presciencia Dios se extiende hacia el futuro, del mismo modo que nuestra memoria se extiende hacia el pasado. Puede ser que Dios, por su presciencia conozca el futuro, del mismo modo que nosotros, por la memoria conocemos el pasado. Dios conoce los eventos del futuro porque él es omnisciente; pero el hecho que los conozca no significa que él cause que cedan. Tanto el concepto del libre albedrío, así como el de la predestinación se encuentran en el Nuevo Testamento en un sólo versículo, y éste es Hechos 2:23. Ambos se utilizan en la misma oración y no se contradicen entre sí. Esto fue lo que Pedro dijo: “…a éste, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole…”Hechos 2.23). Dios tuvo conocimiento anticipado de la muerte de Jesús; incluso la predeterminó o destinó, pero él responsabilizó de esta muerte a hombres inicuos que ejecutaron tal acto. El libre albedrío del hombre, el anticipado conocimiento y predestinación de Dios, se encuentran en este versículo, sin embargo, ninguno de los conceptos neutraliza al otro. Dios planeó o predestinó nuestra salvación en Cristo, y lo hizo antes de la fundación del mundo, pero es a nosotros a quienes compete elegir sí vamos entrar en la esfera de la salvación, es decir, en el cuerpo de Cristo, para ser salvos. Cualquiera puede elegir si va a estar dentro del número de los escogido de Dios. Ya alguien lo dijo: “Quien así lo desee, es escogido, y quien así no lo desee, no lo es”. ¿Ha sido usted escogido de Dios?. ¿Cómo puede usted saber que usted lo es?. Según Pablo, la respuesta es simple: ¿Está usted en Cristo?. Los que se hallen en Cristo pueden regocijarse de que están entre los escogidos. Los que estamos en Cristo nos hallamos en el lugar de bendición que Dios escogió o predestinó en el pasado intemporal de la eternidad. Si vivimos fielmente en Cristo durante el tiempo que pasemos sobre la tierra, vamos a recibir el cielo como nuestra herencia eterna.
ESCOGIDOS EN LA DIMENSIÓN DE LO ETERNO En segundo lugar, Pablo dijo que aquellos quienes Dios eligió, es decir, los que componen la iglesia, fueron escogidos en la dimensión de lo eterno, es decir, antes de la fundación del mundo. Estas fueron las palabras que utilizó: “... según no escogió en él antes de la fundación del mundo,... (Efesios 1.4; énfasis nuestro). Pablo utilizó una palabra griega básica, la cual se ha traducido por “fundación” en la Reina-Valera. Lo que en realidad significa es “antes del comienzo de los comienzos”. Dios pensó en nosotros al comienzo, nos escogió para que fuéramos su propio pueblo, y lo hizo en un pasado eterno sin comienzo antes de que pecáramos, antes de que se nos creara y antes de que el mundo fuera creado. En su santa e infinita mente, Dios nos eligió para que fuéramos sus escogidos, y lo hizo mediante el diseño de un plan, el cual giraba en torno a Jesús, la muerte de éste en la cruz y el cuerpo espiritual de Cristo, es decir, la iglesia. En este sentido, a Jesús se le puede llamar el Cordero de Dios que fue inmolado desde principio del mundo (Apocalipsis 13.8; 1 Pedro 9-20). Esto fue lo que Dios le dijo a Jeremías: “Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones” (Jeremías 1.5). Pablo dijo que Dios lo había apartado a él desde el vientre de su madre Gálatas 1.15). No fue que Dios violentara el libre albedrío de Jeremías ni de Pablo, sino que pensó en ellos antes de que nacieran. Dios puede idear, planear e incluso predestinar, sin interferir con el libre albedrío de sus criaturas. Puede que sea algo que no podamos entender, pero de lo que sí podemos depender, dadas las claras enseñanzas de la palabra Dios. Si usted desea saber cuán importante es la iglesia para Dios, sólo considere que él eligió a ésta para que fuera su pueblo escogido, y esto fue algo que hizo antes de la fundación del mundo. Dios había elegido lo que iba a hacer antes de haber creado cosa alguna. A veces le damos a entender a alguien cuál es el orden de nuestras prioridades dentro de alguna situación, cuando decimos: “Cuando eso sucedió, lo primero en que pensé fue...”. Esta es la manera como damos a conocer qué era lo más importante para nosotros en ese momento. Del mismo modo, podemos descubrir, mediante el uso de la palabra de Dios a modo de instrumento de sondeo, qué es lo importante para Dios, echándole una mirada a aquello que estuvo de primero en su mente: “... nos escogió antes de la fundación del mundo,... “. La iglesia, la cual está compuesta por los escogidos de Dios, es decir por los elegidos de él, ¡estaba en la mente de Dios antes de la creación del mundo! ¡Cuán entrañables son los elegidos para Dios. Han estado en la mente de Dios desde antes del comienzo de los tiempos. Esta verdad debe darnos vida y fortalecernos con aliento divino.
ESCOGIDOS PARA SER SANTOS En tercer lugar, Pablo dijo que hemos sido cogidos para ser santos. Esto fue lo que escribió: “…nos escogió en él antes de la fundación del mundo para que fuésemos santos y sin mancha delante de (Efesios 1.4; énfasis nuestro). Hemos sido escogidos con un propósito. Dios ha escogido a la iglesia para que sea pueblo, y para que refleje su carácter o semejanza. El ha decretado que su iglesia sea santa. Esto fue lo que Pedro dijo: “... sino, como aquél que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos porque yo soy santo” (1 Pedro 1.15-16). Ser santo significa ser limpio de pecado y ser apartado para aquellos usos santos que Dios señale. Dios también escogió a su pueblo para que sea sin mancha. Esta palabra significa “sin falta”. Señala la meta, a la cual debe aspirar el pueblo de Dios. Debemos esforzarnos por vivir sin falta delante él. Aunque en esta vida jamás veremos realiza completamente esa ambición, ésta debe ser la actitud continua de nuestros corazones. Nuestros esfuerzos por alcanzar la santidad y la condición de estar sin mancha, no se cristalizarán, sino hasta que nos encontremos delante de su trono en la eternidad. Los cristianos procuran observar delante de Dios un estilo de vida tal, que ninguna acusación legítima se pueda endilgar, pues así lo señalan las añoradas directrices del Señor. Pablo también dijo que Dios nos predestinó “para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo” 1:5). El nos ha escogido para que seamos sus hijos. La adopción, en este contexto, significa “recibir todos los derechos, privilegios y responsabilidades de la condición de hijo”. En el momento de la adopción, nosotros recibimos todo lo que esa condición de hijo conlleva en la familia de Dios. Dios predestinó —determinó de antemano, decidió un pasado eterno sin comienzo— que él adoptaría a los que entraran en Jesús, y que los haría sus hijos, dándoles a ellos todos los derechos, riquezas, y responsabilidades de su divina familia. Suponga que a usted lo llamaran desde una estación de radio, y le dijeran: “Usted ha sido escogido, lo hemos seleccionado”. Usted inmediatamente preguntaría: “Escogido para qué?”. Suponga al otro lado de la línea le contestan: “Lo hemos escogido a usted, pero no sabemos para qué. No estábamos pensando en nada especial cuando lo escogimos. Lo más que le podemos decir en este momento, es que usted es el elegido. Teníamos miles de nombres dentro de un cesto, y cuando el sorteo se hizo, usted fue escogido. Así que, le llamamos para felicitarlo”. El entusiasmo por haber sido escogido inmediatamente se desvanecería cuando oyera: “No sabemos para que fue escogido”. Usted dejaría de sentirse escogido o excepcional. La emoción de ser escogido se perdería en la confusión de su significado. Dios tiene un propósito para su escogencia. Dio nos escogió para que recibiéramos la salvación en Cristo, para que fuéramos adoptados hijos suyos, para que viviéramos santamente y sin mancha en este mundo, comportándonos como un pueblo especialmente suyo. Nos ha escogido para que vivamos apartados siendo el pueblo suyo, que ha sido llamado a salir, con el fin de que cumpla una misión divina. La santidad y la condición de estar sin manche se mantienen mediante una constante dedicación al cumplimiento de la palabra de Dios. Hemos sido apartados o llamados a ser santos, a través de la obediencia a la voluntad de Dios, y el vivir en esta voluntad nos vuelve personas sin mancha y sin falta delante de él. Recibamos de todo corazón las palabras de nuestro hermano Pedro: “Por lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás. Porque de esta manera os será otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo (2 Pedro 1.10-l1).
ESCOGIDOS POR GRACIA En cuarto lugar, somos escogidos por gracia. Pablo dijo que Dios nos escogió “según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado (Efesios 1.5-6; énfasis nuestro). En otras palabra esta escogencia fue iniciada y consumada por la benignidad y bondad de Dios. ¿Qué es este “puro afecto de su voluntad”?. La voluntad de Dios incluye mandamientos, instrucciones, preceptos. La voluntad de Dios en su totalidad, en todos sus extremos y temas, tiene una intención básica, una motivación fundamental y un diseño amable. ¿Qué es esta intención básica?. ¿No será el que seamos salvos del pecado y el que vivamos con él? En otras palabras, él procura lo mejor para nosotros. Todo lo que Dios ha hecho, lo ha hecho por causa de su benevolente interés en nuestro verdadero bienestar. Esto fue lo que Pedro dijo: “El Señor es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3.9). Esto fue lo que Pablo escribió: “Porque esto es bueno y agradable delante Dios nuestro Salvador, el cual quiere que todos hombres sean salvos y vengan al conocimiento la verdad” (1 Timoteo 2.3-4). La existencia de la iglesia, es decir, del pueblo escogido de Dios, tiene como fin “la alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en Amado” (Efesios 1.6). Dios proyectó la iglesia, profetizó el establecimiento de ésta, envió a Jesús a poner su fundamento y a morir en la cruz para comprarla, le dio un comienzo milagroso a ella el día de Pentecostés, y ha guiado providencialmente la predicación del evangelio —pero todo esto lo ha hecho para cumplir con su propósito compasivo de salvar el mundo. Lo actuado por Dios ha dado como resultado la existencia de la iglesia, lo cual es para alabanza de la gloria de su gracia. La iglesia no puede jactarse de haber comenzado de la nada y de haberse convertido en una entidad a nivel mundial. Lo único que puede hacer es gloriarse en lo que Dios, de su gracia, ha hecho y ha sido su propósito. Es en su gracia que nos gloriamos ¿Conoció alguna vez a alguien que constantemente se preocupara porque usted saliera beneficiado?. ¿Ha conocido a alguien, cuya actitud en lugar de ser “yo primero”, siempre ha sido “usted primero”?. ¿Le ha dado alguien la preferencia a usted en todas las cosas?. Si usted pudiera formar una imagen mental de la persona más desinteresada y generosa que usted haya conocido, y multiplica esa imagen un millón de veces, tan sólo tendría un cuadro muy rudimentario de cómo es Dios. Todo lo que él hace es consecuente con su misericordia. Deberíamos estar llenos de gratitud por la gracia de Dios y regocijarnos en la salvación que tenemos en Cristo, en la misión que nos ha dado y en el glorioso porvenir que tenemos con él, como escogidos de Dios que somos, en el futuro sin fin de la eternidad. El corazón de todo santo debería estar continuamente cantando el tema musical de la sin igual gracia de Dios. La superabundante gracia de Dios debería producir en nosotros la gratitud, la alabanza, la fe y la obediencia.
CONCLUSIÓN Verdaderamente, el Espíritu Santo, a través del apóstol Pablo, nos ha enseñado que la iglesia es un grupo de los elegidos de Dios. Nos ha dicho que Dios nos escogió en Jesús, que esa elección la hizo en la dimensión de lo eterno, que la hizo con el propósito de que fuésemos santos, y que fue hecha por su gracia. Nosotros somos la niña de sus ojos. Fuimos la primera idea que tuvo cuando proyectó la creación del mundo, y ocupamos ahora el lugar más importante en su mente. Cualquiera que se encuentre fuera de Cristo, fuera de la esfera de los escogidos, debería elegir entrar en el cuerpo de él, y no debería tardarse en hacerlo. Muchas escuelas seleccionan a los estudiantes excepcionales y se les ponía en la lista de “¿Quién es quién?” del anuario escolar. Son pocos los estudiantes que se eligen, y la elección se basa en la popularidad de los estudiantes, la esplendidez de sus talentos y la excelencia de su expediente académico. La lista de los “Quién es Quién?” de Dios, es la iglesia. El que se nos ponga en lista es una opción que nosotros tenemos, no que Dios tiene. El nos pone en el grupo de los elegidos a través de nuestra fe y obediencia a Cristo, no por nuestra popularidad, talentos o expediente. A través de su gracia amorosa, la cual se nos imparte en el Amado, Jesucristo, Dios invita a todos los no elegidos a entrar en el cuerpo de Cristo y a llegar a ser uno de los elegidos, uno de los que han sido elegidos para la salvación, para la vida abundante en los cielos. Elija estar entre los elegidos. Escoja ser uno de los escogidos. Decida ser uno de los hijos predestinados de Dios.
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