Introduciendo el tema: A los que han llegado a ser cristianos, se les ha conferido un privilegio sacerdotal. Dios los ha honrado abriéndoles la puerta a una relación especial con él, del mismo modo que lo hizo con los sacerdotes antiguotestamentarios.

El sacerdocio santo de Dios

(Lección 12)

 

“Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre, y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén”. (Apocalipsis 1.5-6).

   El hecho de ser ya un adulto y ciudadano de algún País, nos lleva a vivir bajo dos diferentes conjuntos de leyes. Mientras se es niño, se vive bajo el conjunto de leyes que un dado país tiene para los menores. Durante aquel tiempo, no se permite a los niños conducir un auto, ser dueño de una casa, tener su propia cuenta bancaria ni votar para elegir gobernantes. Se tiene que vivir bajo la supervisión de los padres. La firma de un niño, puesta en cualquier documento, carece de valor alguno, a menos que Fuera respaldada por alguno de los padres. Se considera pues al niño como lo que es, “un niño”. Para ello hay leyes especiales que gobiernan la vida del niño y lo protegen.  Cuando se llega a adulto, se vive bajo otro conjunto de leyes. Dentro de los límites de esas leyes, se puede ser dueño de un auto y conducirlo, ser dueño de una casa, tener una cuenta bancaria y votar para elegir oficiales públicos. El hecho de estar bajo este conjunto de leyes, concede al adulto una mayor libertad individual, sin embargo los privilegios personales vienen acompañados de responsabilidades personales. Puede que yo elija trabajar y ganar dinero, pero tengo la obligación de pagar impuestos que gravan el dinero que haya ganado. Tengo el derecho de tomar decisiones por mí mismo, sin la autorización de mis padres, pero se me tendrá por responsable de tales acciones ante las leyes. Es un nuevo conjunto de leyes bajo el cual vivo ya siendo adulto, un conjunto marcadamente diferente de aquel bajo el cual vivía cuando era niño.

   Los judíos del siglo uno pasaron por una experiencia similar. Ellos tuvieron la experiencia de vivir bajo dos diferentes conjuntos de leyes. Cuando vivieron bajo el gobierno de la ley de Moisés, ofrecieron sacrificios en el templo, observaron las fiestas anuales, se acercaron a Dios a través de sacerdotes establecidos para tal propósito, y observaron todas las demás leyes que se le dieron a Israel a través de Moisés. Luego, el cristianismo dio comienzo en Jerusalén el primer día de Pentecostés después de la resurrección de Cristo. Cuando algunos de los judíos tomaron la decisión de seguir a Cristo, convirtiéndose en la iglesia de éste, ellos entraron en el nuevo pacto de Dios, dejaron la ley de Moisés y se sometieron a un nuevo conjunto de leyes. Como cristianos gobernados por el nuevo pacto, que llegaron a ser, ellos andarían ahora por fe, vivirían de acuerdo con la voluntad de Cristo, tal como ésta se les reveló a través de los apóstoles, y servirían y adorarían a Dios, siendo el cuerpo espiritual de Cristo.

   Cuando los judíos hicieron esta transición, en la que pasaron de la ley de Moisés al cristianismo, hubo una verdad que tal vez se les manifestó con fuerza, y ella fue que Dios ya había dejado de tener un grupo selecto de hombres tomados de entre el pueblo para que le sirvieran como sacerdotes, y que en lugar de ellos, ahora todo su pueblo eran sus sacerdotes. Según establece el nuevo pacto, Cristo ha tomado a todos los que han sido lavados en su sangre y los ha hecho “reyes y sacerdotes para Dios, su Padre” (Apocalipsis 1.6). Los que estamos en Cristo, somos “linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios” (1 Pedro 29). Se nos ha añadido a la iglesia de Cristo, la cual es edificada “como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo” (1 Pedro 2.5). Este sacerdocio de todos los cristianos, debería causar una gran impresión en nosotros tal como debió haberla causado en los judíos, debería llenarnos de asombro, reverencia y un profundo sentimiento de gratitud.

   Cuando es bien entendida, la índole sacerdotal de la iglesia, constituye una fuente de aliento para todo cristiano. En la era de la ley mosaica, Dios honró a los levitas haciéndolos sacerdotes suyos; en la era cristiana, Dios ha honrado a todo hombre y mujeres que han venido a Cristo, haciéndolos sacerdotes suyos en su reino.

   ¿Nos habrá absorbido la atención esta verdad acerca del sacerdocio de todos los hijos de Dios?.  ¿Habremos apreciado la importancia que ella tiene?. Hagámosle un análisis más exhaustivo.

 

UN PRIVILEGIO SACERDOTAL CONCEDIDO POR DIOS

   A los que han llegado a ser cristianos, se les ha conferido un privilegio sacerdotal. Dios los ha honrado abriéndoles la puerta a una relación especial con él, del mismo modo que lo hizo con los sacerdotes antiguotestamentarios.

   A los sacerdotes de la era mosaica se les concedió un nivel especial de comunión con Dios. Ellos gozaban todos los días de la presencia de Dios, y esto era algo de lo que no gozaba el resto de los israelitas. En todo lugar donde se detuvieran a acampar, la tienda de ellos era ubicada directamente en frente del tabernáculo, cerca de presencia visible de Dios. Cuando Israel se estableció en Canaán, los sacerdotes, juntamente con los levitas, recibieron a Dios como posesión especial de ellos, en lugar de la parcela que sí recibieron los de las demás tribus. Ellos recibieron cuarenta y ocho ciudades y los terrenos aledaños a éstas, como lugares en los que pudieran vivir (Josué 21.41), sin embargo, ellos habían de ser sostenidos por las demás tribus para que pudieran dedicarle la totalidad de su tiempo al servicio de Dios. Todo sacrificio que Israel trajera para ser ofrecido en el tabernáculo, había de ser ofrecido a Dios por un sacerdote. Dios había apartado al sacerdote para que éste tuviera una asociación preferencial con él.

   Esta comunión íntima con Dios, que sólo los sacerdotes podían tener en los tiempos del Antiguo Testamento, es la que se le brinda, en la era cristiana, a todo cristiano. Cualquiera que se acerque a Dios a través del evangelio, es adoptado miembro de esta familia y es visto como “pueblo propio” de Dios Tito 2.14). Los que antes no eran pueblo, ahora son pueblo de Dios” (1 Pedro 2.10). Los que estaban dejos” (Efesios 2.17) de Dios han “sido hechos cercanos” por la sangre de Cristo Jesús (Efesios 2.13). Dios (Juan 14.23), Cristo (Efesios 3.17; Colosenses 1.27), y el Espíritu Santo (1 Corintios 6.19—20), moran en nosotros. Andamos diariamente en la comunión del Padre, de Jesucristo (1 Juan 1.3), y del Espíritu Santo (Romanos 8.5).

   Moisés bajó del monte Sinaí, trayendo en sus manos la primera copia de los diez mandamientos grabados en dos tablas de piedra, tan sólo para hallar a los israelitas postrados ante un becerro de oro, absortos en un culto idólatra. El arrojó las tablas al suelo, como diciendo: “Antes de haber bajado yo del monte Sinaí, con estos diez mandamientos, ya ustedes los habían quebrantado!”. Molió al becerro hasta reducirlo al polvo, esparció el polvo sobre las aguas y obligó al pueblo a beber de éstas. Moisés se apostó a la entrada del campamento y dijo: “Quién está por Jehová?.  Júntese conmigo”. Inmediatamente, la tribu de Leví se juntó con él en demostración de valiente lealtad y apoyo para Moisés. Moisés mandó a la tribu de Leví ir por todo el campamento y matar a los que habían sido culpables de este culto idólatra. Ellos cumplieron fielmente la orden de Moisés, dejando que Dios los usara como instrumentos suyos de justicia. Fue debido a la fidelidad de ellos, que Dios los honró por el resto de la dispensa mosaica, confiriéndoles el privilegio de ser sus sacerdotes escogidos. Los de la familia de Amrám fungieron como sus sacerdotes, y el resto de los levitas asistieron a los sacerdotes en el servicio del Señor. Así, los levitas recibieron el más alto honor que Dios le puede impartir a persona alguna —cual es, el de ¡ser sus siervos escogidos en el mundo!

   A través de Cristo, cualquiera puede recibir hoy día el honor que Dios le concedió solamente a los levitas de los tiempos del Antiguo Testamento. Cualquiera que se acerque a él, lleno de fe, y obedientemente, es añadido al pueblo que Dios ha apartado, a su santo sacerdocio.

   Esta maravillosa verdad contiene un mensaje para nosotros. En primer lugar, debe recordarnos de que Dios nos ha considerado importantes y valiosos delante de él, a nosotros, su pueblo redimido. Después de no haber sido cosa alguna, hemos sido elevados a la condición de posesión especial de Dios. Ya no somos “un pueblo” cualquiera; somos “el pueblo de Dios”. También, esta verdad debe clarificar nuestra misión en el mundo. Somos siervos de Dios en un sentido particular. Por último, esta verdad debe producir una continua actitud de agradecimiento en nosotros. Quiénes somos y qué somos, se lo debemos a la gracia de Dios.

 

ACCESO SACERDOTAL A DIOS

   Los que son miembros del cuerpo espiritual de Cristo, tienen acceso sacerdotal a Dios. No tenemos que acercarnos a Dios teniendo como mediador a ser humano alguno. A través de Cristo, tenemos entrada abierta a Dios.

   Los judíos sólo podían llegar a Dios mediante un sacerdote humano. Dios les habló a los judíos a través de un profeta o sacerdote, y los judíos le hacían sacrificios a Dios, a través del sacerdote. Los judíos necesitaban un mediador que cerrara la brecha que había entre ellos y Dios.

   Ahora, en Cristo, los cristianos pueden ir directamente a Dios a través de Jesús. Todas las barreras que había entre Dios y el hombre han sido quitadas mediante la cruz, tanto para el judío como para el gentil. Después de discurrir sobre la unidad que los judíos y los gentiles tienen en Cristo, Pablo mencionó este acceso: “porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre” (Efesios 2.18). Más adelante, Pablo escribió: “…en quien tenemos seguridad y acceso con confianza por medio de la fe en él” (Efesios 3.12). Jesús es el único mediador que necesita el cristiano para acercarse a Dios: “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre” (1 Timoteo 2.5).

      Acceso a Dios: A través Cristo, tengo entrada libre, sin impedimento, en la presencia de Dios. Me le puedo acercar a él en oración, en cualquier momento. Me acompaña diariamente su presencia y fortaleza. Como él el Dios Todopoderoso, él jamás tiene que hacerme esperar ni devolverme una llamada cuando oro. La puerta que lleva a su presencia, está siempre entreabierta para que yo entre, gracias a Cristo. El no solamente me permite venir a su presencia, sino que también me recibe con gusto delante de él. El no procura tener comunión conmigo, y yo procuro tenerla con él. El es verdaderamente mi Padre celestial.

Cualquiera que se acerque lleno
de fe, y obedientemente,
es añadido al pueblo que Dios ha apartado,
a su santo sacerdocio.

  

    Los judíos que estaban sometidos a la ley de Moisés no tenían el acceso a la presencia de Dios pene yo sí tengo siendo cristiano. Ellos iban a la presencia de Dios a través de los sacerdotes levíticos. Dios los acompañaba constantemente, pero el acceso de ellos a él estaba limitado a un acceso a través de un sacerdocio humano.

   Esta verdad acerca del acceso sacerdotal que los cristianos gozan, debería no sólo darnos aliento, sino también darnos energía. Dios nos recibe gustoso en su presencia, goza de nuestra comunión, y nos da entrada libre para que nos acerquemos a él, tal como un padre les da entrada a sus hijos para que estos se le acerquen. Aprovechemos esta oportunidad de tener comunión con Dios a través de la  oración, el compañerismo y el servicio espiritual.

 

UNA FUNCIÓN SACERDOTAL PARA DIOS

   Como cristianos que somos, nosotros tenemos  una función sacerdotal que cumplir. Tenemos un trabajo que es propio de sacerdotes. En los tiempos del Antiguo Testamento, los sacerdotes le ofrecían sacrificios a Dios en nombre de todo Israel. Los sacerdotes eran los únicos que podían entrar en el Lugar Santo del tabernáculo, cuando se llevaba a cabo el servicio de adoración a Dios. Al israelita común, que se quedaba a la entrada del tabernáculo, lo representaban dentro de éste los sacerdotes. Cuando llegaba el gran día de la expiación, el sumo sacerdote entraba al Lugar Santísimo, en la presencia de Dios, y lo hacía con la sangre del sacrificio de expiación, a través del cual, los pecados de la nación eran limpiados hasta el siguiente día de la expiación. Además de estas responsabilidades del culto, Dios les encomendaba a los sacerdotes la enseñanza de sus leyes en todo Israel, para que así la nación tuviera certeza de cuál era su voluntad para ellos.

   Estas santas funciones de los sacerdotes durante el período del Antiguo Testamento, hallan su paralelo en todo aquello que se le pide a los cristianos que hagan en esta era cristiana. Los sacrificios que se ofrecen durante la dispensa cristiana, no son de animales, sino que son sacrificios espirituales que incluyen el cántico, la oración, la observancia de la cena del Señor, dar la ofrenda, estudiar la palabra de Dios, y prestar servicio cristiano, todos los cuales ofrece a Dios cada cristiano. En cuanto al cántico, esto es lo que el escritor de Hebreos dice: “Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre” (Hebreos 13.15). En Apocalipsis, en lenguaje que es propio de este libro, a las oraciones de los santos sobre la faz de la tierra, se les describe como incienso que es añadido sobre el altar de oro Apocalipsis 8.3). Uno de los propósitos más importantes de la existencia de la iglesia sobre la tierra, es ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo” (1 Pedro 2.5). El escritor de Hebreos describe la puerta que lleva a la presencia de Dios como una puerta que siempre está abierta a los cristianos a través de la sangre de Cristo:

“Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura” (Hebreos 10.19-22).

  

    Cristo Jesús ha llegado a ser nuestro gran sumo sacerdote eterno, y todo cristiano es un sacerdote que puede acercarse a Dios en cualquier momento, cualquier lugar, a través de él. Nuestro Salvador entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención” para nosotros Hebreos 9.12). Los sumos sacerdotes de la era del Antiguo Testamento, ofrecían sacrificios de animales llevaban la sangre al Lugar Santísimo para expiar los pecados de toda la nación una vez al año, pero Cristo entró en el cielo mismo, presentándose el mismo como la ofrenda (Hebreos 9.24-25). Ahora a través de ese sacrificio personal que Cristo ha hecho, él seguirá siendo nuestro sumo sacerdote siempre, proveyéndonos así, de un sacerdocio personal delante de Dios. Es debido a esto, que a los cristianos se les ha mandado enseñar la palabra de Dios por todo el mundo, para que todos los hombres puedan conocer su gracia salvadora (Marcos 16.15-16).

   La función de un objeto por lo general sugiere identidad. Si un instrumento tiene un mango largo y una hoja curva afilada en su extremo es usado para azadonar, es por eso que le llamamos azadón. Si una pequeña herramienta, la cual tiene un mango corto y una cabeza de metal con un lado plano, y usada para hundir clavos, es por eso que le llamamos martillo. Dado que los cristianos han de funcionar como sacerdotes delante de Dios, no nos debe sorprender que en el Nuevo Testamento se les llame sacerdotes. Son tres las veces que en el Nuevo Testamento, a los cristianos se les refiere específicamente como sacerdotes (Apocalipsis 1.6; 5.10; 20. y hay varias otras veces en las que su condición sacerdotes está implícita en la función de ellos (1 Ped 2.5, 9; Hebreos 13.15).

   El haber sido invitados por el Señor a funcionar en este mundo como sacerdotes de Dios, es una verdad que debería darnos una visión más clara la importancia de nuestro trabajo y servicio. Un sacerdote antiguotestamentario cualquiera, tendría idea de la trascendencia que envolvía todas sus actividades —pues él era siervo especial de Dios que guiaba a su nación en el culto y servicio a Dios.  Así también, como sacerdocio santo de Dios que somos hoy día, nosotros adoramos, servimos enseñamos, llenos de gratitud, por habernos dado Dios esta incomparable función sobre la faz de tierra.

   El hecho de funcionar como sacerdotes de Dios, debería hacernos sentir un gran peso de responsabilidad. Cuentan que el gerente de una compañía de transportes terrestres, colocó un rótulo sobre la entrada al plantel, de modo que los conductores de los camiones lo pudieran leer al salir con sus cargas hacia los diferentes destinos. Esto es lo que decía: Al salir de este plantel, usted representa a la compañía”. Cuando la gente veía a estos conductores, ellos veían a la compañía. El hecho de ser nosotros sacerdotes, nos convierte en representantes de Dios ante el mundo.

Colega sacerdote, ¿estaremos nosotros tomando en serio nuestra responsabilidad?

 

CONCLUSIÓN

   Los cristianos son, pues, el sacerdocio santo de Dios de la era cristiana. Tenemos acceso sacerdotal a Dios, se nos han concedido privilegios sacerdotales, estamos cumpliendo una función sacerdotal en el mundo. Se nos ha hecho objeto de la más elevada honra, pues se nos ha apartado para que seamos el pueblo propio de Jehová. Tenemos un llamado supremo, pues se nos ha llamado a ser santos, a ser como Dios. Tenemos el más sublime trabajo pues se os ha llamado a cumplir la función de sacerdotes de Dios.

   ¿Es usted cristiano?. ¿Ha dejado usted que Cristo le limpie de sus pecados y le convierta en uno de los sacerdotes de Dios?.  Deberíamos desear ser cristianos, no sólo por lo que un cristiano recibe, sino también por lo que un cristiano es y hace.

    La letra de nuestras canciones refleja lo que más nos importa, aquello a lo que más le tenemos apego lo que más valoramos. Lo mismo sucede en los cielos. ¿Qué cánticos serán los que se cantan en el cielos?. Tome nota del cántico que la corte celestial cantó cuando el Cordero tomó de la mano del que estaba sentado en el trono el libro sellado con si sellos:

Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra (Apocalipsis 5.9-10).

  

    Si a usted le pidiera el presidente de su nación que preste servicio siendo parte de su gabinete gobierno, ¿lo aceptaría?.  Lo más probable es que si a usted le pidiera el alcalde de su ciudad preste servicio a su ciudad en calidad de siervo especial, ¿lo aceptaría?.  Por supuesto que sí. Dios el Creador del universo, aquel que le brindó redención a través de su Hijo, le está pidiendo a usted que le sirva a él y a este mundo formando parte de su sacerdocio santo. ¿Lo aceptará usted?

 

PREGUNTAS PARA ESTUDIO Y ANÁLISIS

  1. Compare las leyes para menores con las le para adultos de su nación.
  2. Describa la confusión que pudieron haber tenido los judíos del siglo uno acerca de la ley bajo la cual estaban pues, podía ser la ley de Moisés o la nueva ley de Cristo.
  3. ¿Qué cree usted que pudo haberse manifestado como una verdadera diferencia en la mente judío que había llegado a ser cristiano?
  4. ¿Qué clase de relación especial existía entre Dios y los sacerdotes antiguotestamentarios?
  5. ¿En qué modo hace el hecho de ser sacerdotes de Dios que se nos considere importantes y valiosos hoy día?
  6. ¿Qué significa la frase “acceso a Dios”?
  7. Haga una lista de las bendiciones que gozamos como resultado de tener acceso a Dios.
  8. ¿De qué modo es que funcionamos como sacerdocios de Dios hoy día?
  9. Haga una lista de las Escrituras que se refieren a los cristianos como sacerdotes de Dios.
  10. ¿De qué modo es que Apocalipsis 5.9—10, refleja el sacerdocio de los creyentes?
  11. ¿De qué modo es que uno llega a ser sacerdote de Dios hoy día?
  12. ¿Puede cualquier persona llegar a ser sacerdote de Dios hoy día?. Fin

 

 

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