«El reino de los
cielos se ha acercado»
(Lección
7)
“Desde
entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de
los cielos se ha acercado” (Mateo 4.17).
En
varias ocasiones se me ha pedido que vaya a un lugar a predicar en una campaña
de evangelismo, donde nunca antes había estado. En tales casos, los hermanos
con los que habría de trabajar no me eran conocidos con anterioridad, de modo
que estaría emprendiendo nuevas experiencias y relaciones. Al hablar con
alguien de la congregación por teléfono, o al leer correspondencia acerca del
evento, una imagen se habría formado en mi mente acerca de lo que habría de ver
y de gozar. Cuando el día de dar Comienzo a los servicios llegaba, y ya me
encontraba en el lugar de la campaña, me resultaba interesante comparar lo que
había esperado y pensado, con lo que había encontrado en la realidad. Un
hermano se me acercaría para estrechar mi mano, y yo me diría mí mismo: «De
modo que este es el que me había estado hablando por teléfono», O cuando me
llegaba la hora de pronunciar mi discurso, miraría a mi alrededor y me haría
esta observación: «Conque esta es la congregación que estabas ansioso por
conocer».
Algo
parecido sucede en las Escrituras respecto de la iglesia. El reino de Dios es
mostrado de antemano por la profecía, antes de ser presentado en la realidad de
la vida; primero es el tema de profecías del Antiguo y del Nuevo Testamento, y
luego es presentado como un cuerpo espiritual viviente, dinámico, en el libro
de los Hechos.
Así,
podemos decir que la llegada de la iglesia al mundo, no fue una errada
ocurrencia tardía, sino una sagrada previsión anticipada. Fue el cumplimiento
del plan que Dios preconcibió en los remotos comienzos del pasado de la
eternidad.
Son tres
clases de profecías las que se diseminan por toda
La
profecía nominal, o predicción detallada, es aquella en la que una persona o
lugar concreto es señalado en relación con un evento futuro que está siendo
anunciado. Por ejemplo, un profeta anónimo le habló al rey Jeroboam, cuando
éste preparaba incienso sobre el altar que había erigido en Betel, acción con
la que estaba desobedeciendo a la ley de Dios. En su reprensión a Jeroboam, el
profeta le dijo a éste que un día Josías profanaría su altar quemando sobre él
huesos de hombres. La profecía se cumplió trescientos años después, durante los
días de la reforma de Josías, uno de los reyes buenos del sur (2ª Reyes 23.20).
Otro
ejemplo de profecía nominal sería la de Ciro, rey de Persia, en Isaías 44.28.
Este fue mencionado por Isaías —unos ciento cincuenta años antes de que
viviera— como el rey que les permitiría a los judíos regresar a su tierra natal
a reconstruir Jerusalén, después de la cautividad en Babilonia (Isaías 44.28; Esdras
1.1—3). Las profecías nominales son, por lo general, explícitas y fáciles de reconocer.
Una
segunda clase de profecía, la profecía doble, es aquella que tenía pertinencia
para el tiempo en que era expresada, y que también la tenía para otro tiempo
posterior. En otras palabras, la profecía tenía dos significados: uno para el
presente y otro para el futuro. Se cree que el famoso pasaje de Isaías 7.14,
sobre el nacimiento virginal de Jesús, es una profecía doble. Le reveló a Acaz
las alentadoras nuevas de que sus enemigos Rezín y Peka, desaparecerían de la
escena en breve; también anunció el día en que milagrosamente nacería Jesús de
una virgen. Mateo le da una interpretación inspirada a esa parte de la profecía
que describe el nacimiento virginal (Mateo 1.23).
Una
tercera clase de profecía es la típica, la que de algún modo prefigura un
evento o circunstancia futura. Por ejemplo, José tomó a María y al niño Jesús a
Egipto, para escapar de la ira de Herodes, y se quedó allí hasta que éste
murió. Su regreso de Egipto a Nazaret cumplió una profecía típica. Podemos
tener certeza de este significado de tal profecía, porque Mateo habló lo
siguiente acerca del regreso de ellos de Egipto: «[...] para que se cumpliese
lo que dijo el Señor por medio del profeta, cuando dijo: De Egipto llamé a mi
Hijo» (Mateo 2.15). El pasaje veterotestamentario al que se refirió Mateo, es
Oseas 11.1, el cual es una alusión histórica de momento cuando Jehová sacó a su
pueblo de la esclavitud en Egipto. Así, el hecho de salir el pueblo de Israel,
de la esclavitud en Egipto, fue un tipo, o figura anticipada, del evento de
mucho mayor trascendencia que tuvo que ver con la salida de Egipto del niño
Jesús —lo cual llamaríamos el antitipo. Las profecías típicas son oscuras, y
dependemos, en gran medida, de una interpretación inspirada de ellas para
reconocerlas y explicarlas.
Consideremos
concretamente las profecías que Jesús hizo acerca del reino, o la iglesia —la
mayoría de las cuales son explícitas. Jesús es nuestro Rey y Sumo Sacerdote;
pero también es profeta de Dios. Moisés dijo: «Profeta de en medio de ti, de
tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis» (Deuteronomio
18.15). Pedro interpretó esta profecía de Moisés en referencia a Jesús, en
Hechos
3.18—23.
El escritor de Hebreos también dijo de Jesús: «Dios, habiendo hablado muchas
veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en
estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, [...]» (Hebreos 1.1—2).
En su
condición de Profeta de Dios, Jesús hizo varias predicciones en cuanto a la
iglesia, o la venida del reino. Al igual que las profecías de la era del
Antiguo Testamento, Sus revelaciones se cumplieron, tal como cualquier
estudiante de Nuevo Testamento y de historia puede constatarlo. Es especialmente
ilustrador reflexionar sobre las predicciones que Jesús hizo acerca de la
iglesia, para determinar el tiempo cuando daría inicio el reino y la naturaleza
que lo caracterizaría.
VENDRÍA PRONTO
Jesús
anunció que el reino vendría pronto. Se había «acercado». No era que ya había
llegado, sino que se estaba acercando. El momento en el que se establecería
estaba, por decirlo así, «al doblar la esquina», o «no muy lejos».
Juan el
Bautista preparó el camino para el ministerio de Jesús, predicando que la gente
debía arrepentirse, porque el reino se había «acercado». Mateo dijo de Juan:
«En aquellos días vino Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea, y
diciendo: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado» (Mateo
3.1—2).
Después
de Su bautismo y tentaciones, Jesús dio inicio a su ministerio terrenal,
predicando la cercanía del reino; el mismo mensaje que Juan predicaba. Mateo
escribió de El: «Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir:
Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado» (Mateo 4.17). Cuando
Jesús envió a los doce apóstoles a cumplir con la comisión limitada, les dijo:
«Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado» (Mateo
10.7).
Alguien
podría preguntar: ¿No pareció señalar Jesús, en algunos de sus demás
comentarios acerca del reino, que el reino de los cielos estaba presente
durante Su ministerio? ¿No entrarían en contradicción estas referencias con sus
predicciones en el sentido de que se había “acercado”?. Son buenas preguntas. Dos
de sus declaraciones que podrían interpretarse de tal manera, son Mateo 11.12,
y Mateo 12.28: «Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los
cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan» (11.12); «Pero yo por el
Espíritu de Dios echo fuera los demonios, Ciertamente ha llegado a vosotros el
reino de Dios» (12.28).
Si se
lee Mateo 11.12, con mayor detenimiento, se puede observar que Jesús les estaba
hablando a personas que habían oído acerca del reino venidero y que deseaban
«hacerlo venir inmediatamente», cuando ellos querían, no cuando Dios quería.
Jesús no estaba diciendo que el reino ya había venido, sino que había algunos
entusiastas equivocados que estaban tratando de introducirse en él
prematuramente, antes de que Dios lo estableciera. Podrían compararse con los
niños de corta edad que rompen un capullo de mariposa para liberar a ésta
inmediatamente, antes de que haya llegado su tiempo.
En Mateo
12.28, Jesús se estaba refiriendo a que había echado fuera un demonio, acto por
el cual se le acusó de sanar por el poder de Beelzebú. El respondió a esta
acusación señalando que hizo ese milagro por el poder de Dios, probando así que
El era divino. La presencia del Hijo de Dios en medio de ellos significaba que
el reino de Dios estaba comenzando a «hacer su aparición» en este mundo. El
reino no había venido todavía, sino que, a través de la presencia de Hijo de
Dios en medio de ellos, el Rey del reino venidero, estaba en proceso de llegar.
Una
regla esencial de interpretación bíblica es dejar que los pasajes obvios
expliquen los oscuros. La frase «se ha acercado», del mensaje que predicaron
Juan y nuestro Señor, se debe, por lo tanto, considerarse como una señal clara
acerca del tiempo de la venida del reino. Tal frase establece firmemente dos
verdades: En primer lugar, el reino no había venido; en segundo lugar, el reino
vendría pronto —su venida habría de producirse inmediatamente. Estas verdades
no son simples detalles sin importancia, que no merezcan nuestra consideración.
Enseñan la importantísima lección en el sentido de que Jesús no predicó que el
reino vendría al final de los tiempos, sino dentro de un breve tiempo posterior
a Su ministerio. ¡Podemos regocijarnos de que la frase, además, lleva implícita
la idea de que el reino está ahora aquí, y que no es una esperanza futura para
nosotros!
Cuando
nuestros hijos eran más pequeños, a veces les prometíamos que los íbamos a
llevar a algún lugar de recreo, a una tienda para que se compraran un juguete o
algún otro objeto que tenían ilusión de obtener. Les habíamos prometido:
«Dentro de poco iremos a la tienda, iremos al parque». El tiempo marcha muy
despacio para los niños que están pasando por la experiencia de esperar algo
con ilusión. Parecía que cada uno o dos minutos preguntaban: «Ya es hora de
ir?, ¿Nos vamos ya?». Y nosotros les respondíamos: «No, todavía no. En unos
pocos minutos iremos. Ya casi es hora de salir». Les resultaba difícil entender
la frase que dice: «el tiempo se ha acercado». No podían esperar —la vida, para
ellos, se vivía en el ahora. A veces bastaba con decirles: «Ya no pregunten más
acerca de cuándo iremos. Yo les diré cuándo será la hora de ir».
Juan y
Jesús usan la frase «se ha acercado» para designar un tiempo en el futuro,
cuando el reino vendría, y también, lleva implícita la idea de un tiempo en el
que el reino no estaba presente. Con base en ella, no debemos esperar que el
reino estuviese presente durante los días en que Juan y Jesús predicaban que el
reino de los cielos vendría pronto; sino que, y es una razonable conclusión, el
reino vendría al final del ministerio de Jesús, o poco tiempo después de éste.
VENDRÍA CON PODER
Jesús
también anunció que el reino vendría acompañado de fortaleza divina, vendría
con gran poder. En Marcos 9.1, leemos: «[...] De cierto os digo que hay algunos
de los que están aquí, que no gustarán la muerte hasta que hayan visto el reino
de Dios venido con poder». En este pasaje, Jesús reveló que el reino vendría
con poder en un momento en que todavía estarían vivos algunos de los que
estaban presentes cuando Jesús habló. La profecía de nuestro Señor nos obliga a
llegar a tres conclusiones:
1)
El
reino vendría durante el período de vida de algunos de los que lo estaban
escuchando.
2)
No
todos estarían con vida en el momento de la venida del reino.
3)
Una
de las marcas que identificaría la venida del reino sería el poder divino que
la acompañaría.
Todos
usamos marcas de identificación en nuestro diario vivir. Las marcas de identificación
para el establecimiento del reino, comienzan a aparecer en los evangelios.
Sabemos, por la predicación de Juan y de Jesús, que la venida del reino se
había «acercado». Esto significa que deberíamos hallar su venida, cerca del
final del ministerio de Jesús, o poco tiempo después de éste. También sabemos
que el reino había de venir con poder durante el tiempo en que todavía
estuvieran con vida algunos de Los que estaban escuchando a Jesús hablar en
Marcos 9.1. Debía venir pronto, y su venida estaría sellada con poder divino.
VENDRÍA CON EL
ESPÍRITU
Jesús
dijo en Sus enseñanzas que el reino vendría cuando el Espíritu viniera. Poco
antes de Su ascensión, les dijo a Sus discípulos: «[...] recibiréis poder,
cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu, [...]» (Hechos 1.8). Dicho de
otra manera, la venida del reino se caracterizaría por una impartición
milagrosa del Espíritu Santo.
Recuerde,
Jesús había dicho anteriormente que algunos de los que estaban allí presentes
con El, verían el reino de Dios venido con poder (Marcos 9.1). En Hechos 1.8,
les dijo a Sus discípulos que dios recibirían poder, cuando el Espíritu viniera
sobre ellos. Además, Jesús identificó esta venida del Espíritu Santo sobre los
apóstoles, como el bautismo del Espíritu Santo. Lucas escribió lo siguiente,
acerca de los últimos días que Jesús estuvo con sus apóstoles: Y estando
juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa
del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí. Porque Juan ciertamente bautizó
con agua, mas vosotros seréis bautizados con el
Espíritu
Santo dentro de no muchos días. Entonces los que se habían reunido le
preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo? Y
les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre
puso en su sola potestad; pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre
vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea,
en Samaria, y hasta lo último de la tierra (Hechos 1.4—8). Lucas consignó aún
otra oportunidad en la que Jesús les dijo: «Y vosotros sois testigos de estas
cosas. He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos
vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde
lo alto» (Lucas 24.48—49).
Los educadores
sostienen que «la repetición es la ley del aprendizaje». También podría decirse
que «la evaluación de los hechos relacionados con una situación, es la ley de
la precisión». Considere minuciosamente los hechos que hemos observado acerca
de la venida del reino:
1)
El
reino se había «acercado» durante los primeros días del ministerio de Jesús.
2)
El
reino vendría dentro del período de vida de algunos que escucharían a Jesús en
una etapa posterior de Su ministerio.
3)
El
reino vendría con poder.
4)
El
poder se manifestaría cuando el Espíritu Santo viniera sobre los apóstoles.
5)
Cuando
Jesús les habló a Sus apóstoles, tal vez por última vez, les dijo que serían
bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días.
6)
Los
apóstoles debían esperar en Jerusalén la venida del Espíritu Santo, es decir,
la venida del poder.
Jesús
les dijo a Sus discípulos, por medio de todos estos hechos, que cuando el reino
viniera, ellos lo sabrían; pues su venida estaría marcada por todas estas
características distintivas.
Sería
algo así como la respuesta que le daríamos a alguien que preguntara: «¿Cómo
sabré que el fin de los tiempos está llegando?». Le contestaríamos que el Nuevo
Testamento dice que el fin llegará a la venida de Jesús. Dice además que la
aparición de Jesús al final de la era cristiana, vendrá acompañada de llama de
fuego (2a Tesalonicenses 1.7—9; Apocalipsis 1.7), de una hueste de ángeles
(Mateo 25.31), y que todo ojo lo verá cuando venga (Apocalipsis 1.7). ¡Cuando
el fin llegue, usted no tendrá necesidad de que otro le diga qué está llegando!
Asimismo, Jesús les dijo a Sus discípulos que el reino, o la iglesia, vendría
pronto y sería establecido con la venida del Espíritu Santo con poder. Cuando
llegara, ellos lo reconocerían y estarían completamente conscientes de ello.
CONCLUSIÓN
¿Cuándo
se cumplieron las predicciones que Jesús hizo? ¿Cuándo vino el reino?
¿No se
cumplieron todas estas profecías el primer día de Pentecostés posterior a la
resurrección de Cristo? Cuando aquel día de Pentecostés por fin llegó, el
Espíritu Santo fue derramado sobre los apóstoles (Hechos 2.1—4). Con este
derramamiento, los apóstoles fueron facultados por los cielos para ser testigos
del Cristo resucitado por todo el mundo romano. Cuando Pedro pronunció el
discurso de fondo a la multitud que se había reunido, él hizo ver que el
derramamiento del Espíritu Santo era el cumplimiento de la profecía de Joel
(Joel 2.28—32; Hechos 2.16), y dio a entender que el derramamiento del Espíritu
Santo equivalía al comienzo del período conocido como «los postreros días».
Pedro también predicó que Cristo estaba en ese momento sentado a la diestra de
Dios, después de haber sido levantado y exaltado. Dijo: «Así que exaltado por
la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu
Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís» (Hechos 2.33). En respuesta
al sermón de Pedro, tres mil obedecieron al Señor mediante la fe, el
arrepentimiento y el bautismo para el perdón de los pecados y fueron añadidos a
la iglesia (Hechos 2.41). Esta venida del Espíritu Santo se produjo tan sólo
diez días después del regreso de nuestro Señor a los cielos (Hechos 1.3; 2.1),
cumpliéndose de esta manera Su promesa de bautizar a los apóstoles con el
Espíritu Santo no muchos días después de Su ascensión (Hechos 1.5). Otro
aspecto importante a observarse, es que el momento de la venida del Espíritu
Santo, coincide con la secuencia cronológica anunciada por Juan y Jesús, cuando
predicaron que el reino se había acercado (Mateo 3.1; 4.17).
Este
Pentecostés posterior a la resurrección de Cristo, se mantiene
indiscutiblemente como el momento de la venida del reino. Es la coyuntura en la
historia de la humanidad, durante la cual el Señor estableció Su iglesia.
Aunque los términos «iglesia» y «reino» se refieren a puntos de vista
diferentes del gobierno actual de Cristo, los dos se refieren a la misma
relación fundamental con Dios y con Cristo. La iglesia es el reino eterno del
Señor.
¡Cuán
gran privilegio es vivir en la era cristiana! No vivimos en una era en la que
haya necesidad de pedirle a Dios: «Venga tu reino», ni una en la que se deba
esperar que el reino aparezca algún día, tal como lo esperaban los profetas y
las personas que vivieron durante el ministerio de Jesús; sino una en la que
debemos darle gracias a Dios diciéndole: «Tu reino ha venido». El reino está
aquí, y todos podemos ser ciudadanos de él, participando de todas las
bendiciones celestiales que la muerte de Cristo y el establecimiento de ese
reino proporcionan.
Una de
las verdades en la que todos estaríamos de acuerdo, es que la mayor tragedia
humana es la de la oportunidad no aprovechada. Es un error de grandes proporciones,
porque describe lo que fácilmente pudo haber sido; pero no lo fue por causa de
la negligencia. Qué error más garrafal podría cometer una persona, que el de
vivir en esta era, la era del reino de Dios, y no aprovechar la oportunidad
para formar parte de él, y vivir como ciudadano de él.
Un grupo
de niños de Sudáfrica estaban jugando a las canicas con unas pequeñas piedras
redondas, de color oscuro. Alguien que los vio, después de analizar aquellas
piedras, descubrió que se trataba de diamantes en bruto. ¿Qué le parece?
¡Estaban usando diamantes en lugar de canicas —estaban jugando un juego de
niños con una fortuna!
Si
observamos con cuidado, podríamos hallarnos en esta misma situación. Estamos
rodeados de actividades de toda clase, de agendas saturadas de deberes apremiantes,
estamos Como niños absortos en un juego de canicas. Damos la impresión de estar
ignorando completamente, que en medio de nosotros se está dando la oportunidad
de llegar a formar parte del reino de Dios, el precioso diamante de Dios,
enviado desde los cielos mediante el sacrificio de Cristo. El diamante de Dios
está a nuestro alcance; pero lo pasamos por alto por estar prestándole toda
nuestra atención a un juego de canicas.
¿Sucede
igual en el caso suyo? ¿Se conformará usted con hacer de su vida un juego de
canicas, o extenderá usted su mano para recoger el precioso diamante de Dios,
llegando a formar parte de Su reino?
PREGUNTAS PARA
ESTUDIO Y ANÁLISIS