Las
designaciones divinas de la iglesia
Lección
8 parte # 2
Y
se congregaron allí todo un año con la iglesia, y enseñaron a mucha gente; y a
los discípulos se les llamó cristianos por primera vez en Antioquía (Hechos
11.26).
A menudo usamos la expresión “depende de
cómo se le mire”. Este decir popular nos recuerda que a los temas se les debe
considerar desde diferentes puntos de vista.
En realidad uno no tiene el cuadro completo
de un tema, sino hasta que reúna, en un solo cuadro, todos los diferentes
aspectos del mismo. Por ejemplo, uno puede echarle una mirada a la educación
superior desde diferentes puntos de vista. Hay quienes la ven como un paso
necesario para llegar a tener éxito en el mundo de los negocios, otros la ven
como una oportunidad de mejorar la vida de uno, y todavía otros la ven como una
experiencia social. La mayoría de nosotros creemos que el mejor enfoque de la educación
superior considera, en algún grado, las tres perspectivas juntas. En otras
palabras no es sino hasta que uno junta todas estas facetas separadas de la
educación superior en un solo cuadro, que uno logra tener una idea exacta de lo
que ocurre en una carrera universitaria.
Algunos hechos que tienen que ver con un
tema pueden ser pasados por alto por completo, a menos que el tema sea
estudiado desde varios puntos de vista. El tema de la iglesia no es la
excepción. Deberíamos estudiarlo desde todos los puntos de vista para poder
obtener el cuadro total. La iglesia es
como un diamante. Cualquier ángulo desde donde se le mire reflejará la
hermosura de su multicolorido resplandor.
Que Dios quiso que miráramos la iglesia
desde varias perspectivas es algo que se indica por las numerosas maneras como
él se refiere a ella y a su pueblo. Uno no puede ver la verdadera naturaleza de
la iglesia sin considerar todos sus distintos rasgos.
Las designaciones que usó el Espíritu Santo
para referirse al pueblo de Dios nos ayudan a echarle una mirada a la
naturaleza de la iglesia. Cada designación divina expresa una característica
que debería ser cierta de los miembros de la iglesia de Cristo. Cuando juntamos
estos rasgos, podemos ver más claramente lo que Dios quiso que su iglesia
fuera.
COMO CRISTIANOS
En primer lugar, el Nuevo Testamento
designa los miembros de la iglesia de Cristo como “cristianos”.
El nombre cristiano fue dado por primera
vez a los discípulos en Antioquía: “... Y
se congregaron allí todo un año con la iglesia, y enseñaron a mucha gente; y a
los discípulos se les llamó cristianos por primera vez en Antioquía” (Hechos
11,26). Las circunstancias en las que se les dio este nombre no son claras,
pero podemos estar seguros de que Dios lo escogió para su pueblo. Su uso como
designación, se encuentra tres veces en el Nuevo Testamento (Hechos 11.26;
26:28; 1 Pedro 4.16). La palabra destaca nuestra relación con Cristo. Somos
seguidores de él, y, por lo tanto, llevarnos su nombre.
Pablo describió su vida religiosa, después
de convertirse en cristiano, con estas palabras hoy famosas: “Porque para mí el
vivir es Cristo, y el morir es ganancia” (Filipenses 1.21). ¡No era que Cristo
estaba de primer lugar en la vida de Pablo —Cristo era su vida! La suma y
sustancia de la vida de Pablo era Cristo. Él era verdaderamente un cristiano.
COMO HIJOS DE
DIOS
En segundo lugar, a los miembros de la
iglesia se les refiere como “hijos de Dios”. En nuestra relación con Dios,
somos sus hijos.
En el
momento de la conversión, somos adoptados como hijos de Dios (Efesios 1.5).
Dios envió su Santo Espíritu a nuestros corazones, y éste clama: “Abba, Padre”
(Gálatas 4.6). Al ser hijos suyos, tenemos una herencia eterna (Efesios 1.11) y
la fortaleza y apoyo de su familia terrenal (1 Timoteo 3.15; Efesios 2.19-22).
En esta familia celestial y espiritual, Dios es nuestro Padre (Mateo 6.9),
Jesús es nuestro hermano mayor (Romanos 8.17), y todos los cristianos son
nuestros hermanos y hermanas (2 Pedro 3.15; 1 Juan 2.8-11).
Nuestra condición de hijos de Dios, hace
que él tenga un amor especial por nosotros (1 Juan 3.1). Nos protege del
maligno y provee para nuestras necesidades diarias. Jesús enseña que si un
padre terrenal da cosas buenas a sus hijos, ¡cuanto más podremos esperar que
nuestro todopoderoso Dios, nuestro perfecto Padre que está en los cielos, les
dé hermosos regalos a SUS hijos cuando éstos le piden (Mateo 7.11)!
COMO DISCÍPULOS
En tercer lugar, el Nuevo Testamento se
refiere a la iglesia como “discípulos” (Hechos 11.26). Cuando consideramos
nuestro compromiso de seguir a Cristo, nos vemos a nosotros mismos como
discípulos.
Un
discípulo es uno que se ha consagrado a alguien más grande que él, uno que
alega haber aprendido de alguien más grande que él, y que continuamente busca
aprender más de ése más grande que él. No es sólo un oidor; es un aprendiz es un
suplente.
La
iglesia se compone de cristianos, hijos de Dios, discípulos siervos,
ciudadanos, amigos y santos.
La
palabra “discípulo” se usa especialmente en los evangelios apareciendo 238
veces en ellos. Se encuentra veintiocho veces en Hechos, y no aparece del todo
en las epístolas ni en Apocalipsis. Tal ves la razón por este obvio cambio en
la terminología cuando uno pasa de los evangelios a Hechos y a las epístolas,
es que durante la vida de Cristo sobre la tierra, sus seguidores fueron
llamados “discípulos” en referencia a él. Después, en Hechos, las epístolas, y
Apocalipsis, se les llamó “santos” en referencia a su santo llamamiento, o
“hermanos” por la relación unos con otros.
Esto fue lo que Cristo les dijo a sus
apóstoles, antes de su ascensión: “Por
tanto, id y haced discípulos a todas las
naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu
Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo
estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28.19-20).
De esta forma, él dio un uso continuo a la palabra “discípulo”, aun cuando no
se ve a menudo en la última parte del Nuevo Testamento.
Un discípulo es un hacedor de la palabra.
Esto fue lo que Santiago dijo: “Pero sed hacedores de la palabra, y no tan
solamente oidores ...“ (Santiago 1.22). Un discípulo es más que un estudiante;
es un imitador de Cristo, es un seguidor de Cristo.
COMO SIERVOS
En cuarto lugar, a los miembros de la
iglesia se les describe como “siervos”. Cuando pensamos en nuestra sumisión a
Cristo, nosotros somos sus siervos.
Cuando el Nuevo Testamento fue escrito, la
relación esclavo/amo era parte de la sociedad del imperio romano. Un esclavo
estaba totalmente bajo el control de su amo. No tenía derechos ni verdaderas
posesiones. Ni siquiera era dueño de sí mismo. No es de extrañar que este
término y relación, se usara para ilustrar nuestra sumisión a Cristo, y a la
vida que vivimos bajo la autoridad de su palabra. Esto fue lo que Pablo
escribió: “Si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo”
(Gálatas 1.10). Además dijo: [andamos] derribando argumentos y toda altivez que
se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento
a la obediencia a Cristo” (2 Corintios 10.5).
Ya alguien dijo, que todo corazón tiene un
trono y una cruz en él. Cuando nos ponemos a nosotros mismos en el trono,
ponemos a Cristo en la cruz. Pero cuando ponemos a Cristo en el trono, que es
donde él debería estar, debemos ponernos nosotros mismos en la cruz. Esto fue
lo que Pablo dijo: “Pero lejos esté de
mí gloriarme sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me
es crucificado a mí, y yo al mundo” (Gálatas 6.14). Dijo, además: “De aquí en
adelante nadie me cause molestias; porque yo traigo en mi cuerpo las marcas del
Señor Jesús” (Gálatas 6.17).
COMO CIUDADANOS
En quinto lugar, a la iglesia se le
describe como “ciudadanos” del reino de los cielos (Mateo 16.18-19). Cuando
pensamos en la parte nuestra en el reino de Dios, vemos que somos ciudadanos.
Esto fue
lo que Pablo escribió: “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde
también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo” (Filipenses 3.20). También
escribió: “Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de
los santos, y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de
los apóstoles y profetas1 siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo
mismo” (Efesios 2.19-20). Cristo es nuestro rey (1 Corintios 15,24-25), y sólo
los que viven bajo el gobierno de Cristo están en su reino (Mateo 7.21).
El reino del cual somos ciudadanos, es el
reino eterno del cual Daniel habló (Daniel 2.44). El escritor de Hebreos lo
describió como un reino “inconmovible”: “Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible,
tengamos gratitud...” (Hebreos 12.28). La próxima vez que usted se pregunte
dónde va a estar dentro de mil años, si usted es cristiano, se puede decir a sí
mismo: ¡Estaré en el reino eterno! El reino de Dios no es uno que esté aquí hoy
y ya no lo esté mañana —es eterno.
COMO AMIGOS
La iglesia está compuesta de “amigos”. Los
cristianos se mantienen juntos en una hermosa camaradería. Son de la clase más
grande de amigos que hay.
Juan concluyó en su tercera epístola con
las siguientes palabras: “La paz sea contigo. Los amigos te saludan. Saluda tú
a los amigos, a cada uno en particular” (3 Juan 15). El llamó “amigos” a los
cristianos que estaban a su alrededor, y llamó “amigos” a los cristianos que
iban a estar recibiendo la epístola. Jesús les llamó amigos a sus discípulos, y
no hay duda de que Juan estuviese usando este término siguiendo el ejemplo de
Jesús. Esto es lo que Jesús les había dicho a sus discípulos:
Nadie
tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos. Vosotros sois
mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamaré siervos, porque el
siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas
las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer (Juan 15.13-15).
Ya alguien dijo: “Un amigo es aquel que
sigue al lado de uno cuando todos los demás se han ido”. Jesús es este tipo de
amigo. Cuando nadie más nos pudo ayudar, él puso su vida por nosotros. Los
cristianos han de ser este tipo de amigos unos a otros (1 Juan 3.16). Los
cristianos son “amigos”.
COMO SANTOS
En sexto lugar, la iglesia está compuesta
de “santos”, o sea, de los que han sido santificados. Los cristianos son
personas que han sido apartadas como el pueblo escogido de Dios.
Pablo se dirigió a los efesios con las
siguientes palabras: “Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, a
los santos y fieles en Cristo Jesús que están en Efeso” (Efesios 1.1). En Tito
2.14 se lee: “un pueblo propio”. El significado básico de “santo” es “apartado
para Dios”. La iglesia de Dios es “un pueblo propio” de Dios, un pueblo santo,
un pueblo apartado para Dios. Los cristianos han sido llamados con llamamiento
santo (2 Timoteo 1.9); hemos de tener una conducta santa y piadosa (2 Pedro
3.11); buscamos la manera de presentarnos, el último día, delante de él, “santos
y sin mancha” (Colosenses 1:22).
En la traducción de
CONCLUSIÓN
A los miembros de la iglesia de Cristo se
les refiere en el Nuevo Testamento de varias maneras. Estas son designaciones
hermosas y atractivas.
¿Quién es “la iglesia”? La respuesta
inspirada tiene muchas facetas: La iglesia es los cristianos, los hijos de
Dios, los discípulos, los siervos, los ciudadanos, los amigos y los santos.
Cuando alguien pregunta “Qué es la
iglesia?”, es necesario pintar un cuadro de ella desde varios puntos de vista
—-como un reino, como una relación con Cristo, como la familia de Dios, en
términos de sumisión a Cristo, y en relación con Dios.
Si alguien le preguntara: “¿Qué es un
elefante?”, ¿cómo le respondería? Lo más probable sería que usted diera una
respuesta que incluyera diferentes características del elefante. Usted
mencionaría su tamaño, su trompa, su cola, sus patas, sus orejas, y puede que
otros rasgos. Su respuesta sería insuficiente si sólo describiera su trompa.
Asimismo, debemos ver el cuadro completo, para comprender lo que Dios quiere
que la iglesia sea.
Para ser la iglesia del Nuevo Testamento
hoy día, debemos esforzarnos por ser todo lo que la iglesia del Nuevo
Testamento es.
¿Seremos
nosotros lo que “la iglesia” es?
PREGUNTAS PARA
ESTUDIO Y COMENTARIO