El
rey el reino y la iglesia
(Lección
6)
Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a
decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado (Mateo 4.17).
¿Qué imagen es la que viene a su mente
cuando trata de visualizar cómo será el cielo? ¿Se ve a sí mismo caminando por
calles de oro, en un continuo convivio con todos los redimidos? ¿Se imagina que
está adorando ante el trono de Dios, siendo usted parte de una vasta e
innumerable multitud que alaba a Dios y cumple con su voluntad para siempre?
Hay dos cosas que se pueden afirmar con
certeza, acerca del punto de vista humano de lo que es el cielo: En primer
lugar, el cielo será diferente al de nuestras expectativas. Dios ha usado
símbolos y figuras en
Si usted estuviera tratando de describirle
un aeroplano a alguien que nunca ha visto ni oído de uno, ¿qué le diría? Lo más
probable es que le dijera: “Es como un pájaro, excepto que lleva gente
adentro”. Su descripción sería exacta, aunque un aeroplano es muy diferente a
la figura que usted usó. Cuando la persona vea un aeroplano en la realidad, y
volara en uno de ellos, esto es lo que le diría: “Un aeroplano es diferente a
la forma como usted me lo describió!”. Seguramente lo mismo es cierto en cuanto
a nuestra imagen de lo que es el cielo. Aunque nuestra imagen se basa en la
representación figurada que se da en las Escrituras, hallaremos que el cielo
será diferente a lo que tenemos en nuestra visión.
En segundo lugar, el cielo será más
grandioso que el de nuestras expectativas. La realidad no sólo es diferente,
sino también, más grandiosa que los símbolos que se usan para representarla. El
cielo no tendrá calles literalmente de oro; será aún más hermoso que el oro y
que los otros metales preciosos. La hermosura del cielo superará las cosas más
hermosas que vemos y conocemos de esta vida.
Cuando tengamos la experiencia de la
realidad del cielo, esto es lo que diremos: “El cielo es diferente a lo que yo
esperaba. Es mucho más grandioso que cualquier anticipación que tuve de él,
aunque tuve figuras y símbolos inspirados en las Escrituras para ayudarme a
imaginármelo”.
Esta verdad, acerca del cielo, ilustra el
desarrollo de otro tema que aparece a menudo en las Escrituras. El reino de
Dios es anunciado y a la vez revelado, anticipado y a la vez realizado, dentro
de los dos testamentos de
La palabra “reino” es importante en el
Nuevo Testamento, así como en el Antiguo, pero nos interesa especialmente el
uso que se hace de ella en el Nuevo, porque en éste vemos el cumplimiento de
las profecías del Antiguo. Cuando uno trata de entender la iglesia del Nuevo
Testamento, sin a la vez comprender en forma completa el uso de esta palabra en
Examinemos esta palabra desde tres ángulos,
cada uno de los cuales se relaciona con el uso de ella en conjunción con la
iglesia que Cristo estableció.
SU USO POLÍTICO
La palabra “reino” se usa primero en
Un rey es un gobernante, y un reino es el
dominio sobre el cual este gobernante reina. La primera referencia que se hace
a un “reino” en
Y
Cus engendró a Nimrod, quien llegó a ser el primer poderoso en la tierra. Este
fue vigoroso cazador delante de Jehová; por lo cual se dice: Así como Nimrod,
vigoroso cazador delante de Jehová. Y fue el comienzo de su reino Babel, Erec,
Acad y Came, en la tierra de Sinar (Génesis 10.8-10).
Nimrod estableció un dominio sobre el cual
él gobernaba como rey.
La
extensión del dominio de algunos reyes en los tiempos de
El uso político de la palabra “reino”
también se ilustra en la relación de Jehová con la nación de Israel. Al
comienzo de la historia de Israel, Dios es el rey de ellos. El es la cabeza
soberana de su gobierno como también, la cabeza de su religión. El gobierno de
Israel en ese tiempo era una teocracia, una nación gobernada por Dios. Cuando
vieron que Dios había destruido a los egipcios en el Mar Rojo, esto fue lo que
Moisés y los hijos de Israel cantaron: “Jehová reinará eternamente y para
siempre” (Éxodo 15.18).
Cuando Israel acampaba en frente del Monte
Sinaí, esto fue lo que el Señor le dijo a la nación: “Ahora, pues, si diereis
oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre
todos los pueblos; porque mía es toda la tierra. Y vosotros me seréis un reino
de sacerdotes, y gente santa” (Éxodo 19.5-6). Jehová le dio a Israel las leyes
por las cuales ellos habían de vivir, y toda justicia y actividades religiosas
eran administradas en su nombre. El dirigió a Israel en sus batallas y recibió
el reconocimiento por las victorias (Número 21.34). El era el rey de Israel, e
Israel, como una nación bajo su gobierno, era su dominio.
Más
de un tercio de las parábolas
de
Jesús dan a conocer verdades
sobre
el reino.
Durante los días de Samuel, Israel, motivada
por el deseo de ser como las naciones que estaban en los alrededores de ella,
le pidió a Dios, que le diera un rey terrenal. Dios le concedió la petición al
pueblo y le dio a Saúl como su primer rey. El rey de Israel no había de ser un
monarca en el más estricto sentido del término. El era responsable ante Jehová
como una especie de vice-regente y siervo. Su autoridad estaba limitada por la
ley de Moisés. Había de ser un siervo de Jehová y había de servir como su
representante terrenal. Había de defender a Israel en contra de sus enemigos,
dirigir a ésta con justicia, y mantenerla unida en una sola nación.
Un reino en el sentido político, entonces,
incluía un rey que era soberano, un
dominio de algún tipo, súbditos sobre los cuales gobernar y leyes que emanaban
del rey, con las cuales llevaba a cabo su gobierno. Los reinos podían ser
grandes o pequeños; podían incluir un dominio de territorio físico o a una
nación nómada. La idea dominante en la palabra “reino” es el gobierno de un
rey, y la sumisión de una ciudadanía a ese rey.
SU USO PROFÉTICO
La palabra “reino” también tiene un uso
profético en las Escrituras. Este término político fue usado por el Espíritu
Santo para anunciar la obra que Dios se propuso hacer en el mundo de la última
era de éste, la era cristiana.
Una importante profecía del Antiguo
Testamento se encuentra en Daniel 2. Daniel estaba siendo guiado por el
Espíritu Santo para que escribiera: “Y en los días de estos reyes el Dios del cielo
levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro
pueblo; desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para
siempre” (Daniel 2.44). La revelación de Daniel da a conocer
importantes verdades respecto al reino que está siendo anunciado. En primer
lugar, éste sería un reino especial o un gobierno ejercido por un rey,
establecido por el Dios del cielo. En segundo lugar, sería un reino eterno, o
sea, que no tendría fin. En tercer lugar, superaría a todos los demás reinos
del mundo en poder y fortaleza.
Además, la profecía acerca de la venida del
reino de Dios tuvo un lugar de importancia medular en la predicación de Juan el
Bautista (Mateo 3.1-2). También lo tuvo en la predicación y enseñanza de Jesús
(Mateo 4.17). Cristo dijo del evangelio que éste era el evangelio del reino
(Mateo 9.35). Los doce apóstoles y los setenta discípulos fueron enviados por
Jesús a anunciar que el reino de los cielos se había acercado (Mateo 10.7;
Lucas 10.9). Más de un tercio de las parábolas de Jesús dan a conocer verdades
acerca del reino. Jesús les enseñó a sus discípulos a orar pidiendo que viniera
el reino (Mateo 6.10).
Dado el
énfasis que se le dio a este tema en el ministerio de Juan y de Cristo, son
varias las conclusiones que se pueden sacar:
La
idea prevaleciente en la palabra “reino” es el gobierno de un rey y la sumisión
de una
ciudadanía
a ese rey.
Al avanzar uno a través del Nuevo
Testamento, uno nota un decrecimiento en el uso de la palabra “reino”, ya sea
en las frases “reino de los cielos”, “reino de Dios”, o cualquiera otra que se
refiera al reino. Las referencias al reino ocurren cuarenta y nueve veces en
Mateo, quince en Marcos, treinta y nueve en Lucas, cinco en Juan, ocho en
Hechos, catorce en las epístolas de Pablo, dos en las epístolas generales, dos
en Hebreos y tres en Apocalipsis. De allí que, la palabra “reino” en el Nuevo
Testamento tenga un uso continuado pero decreciente.
Mateo es el único escritor del Nuevo
Testamento que usa la frase “reino de los cielos”. Marcos, Lucas y Juan sólo
usan la frase “reino de Dios”. Mientras el uso de la palabra “reino” decrece
cuando uno llega a Hechos, el uso del término “iglesia” aumenta. Es como si el
término “reino” fuera reemplazado con la palabra “iglesia” por el Espíritu
Santo.
De Hechos 2 en adelante, se habla del reino
siendo ya una realidad, como estando ya presente. Jesús le había dicho a
Nicodemo: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del
Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios” (Juan 3.5). Pero de la
predicación de Cristo que hace Felipe en Samaria, esto es lo que Lucas escribe: “Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba
el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo, se bautizaban hombres
y mujeres” (Hechos 8.12). Felipe no pudo haber predicado este mensaje si el
reino no hubiera estado ya presente.
El
uso profético de la palabra “reino”, por lo tanto, se refiere al reinado
espiritual de Dios sobre aquellos que se han sometido a su voluntad para el
mundo. Se refiere a un reinado y a un ámbito —siendo aquél el reinado
espiritual de Dios sobre una vida, y éste, la esfera espiritual en el que ese
reinado es evidente. Este gobierno real de Cristo, se incluye en la palabra
“iglesia”: Cuando uno se somete a la voluntad de Cristo al recibir el
evangelio, uno es introducido al cuerpo de Cristo, la iglesia; y cuando uno
vive en sumisión a la cabeza de la iglesia, Cristo Jesús, uno vive dentro, y
forma parte, del reino terrenal de Dios. El gobierno real de Cristo en los
corazones de las personas es lo que crea la iglesia. Así que, “el reino de
Dios” y “la iglesia de Cristo” son expresiones que se pueden intercambiar, tal
como Jesús lo revela en Mateo 16.18-49.
SU USO ACTUAL
El trasfondo político, el uso profético, y
la realidad del Nuevo Testamento, de la palabra “reino”, hacen que se requiera
de una aplicación práctica, actual, de ella.
CONCLUSIÓN
Estamos seguros de que este estudio de la
palabra “reino”, nos enseña que el desafío de Dios, es en el sentido de que
entremos a su reino y que vivamos bajo su gobierno divino.
Cuando uno estudia la profecía de Daniel,
así como las de Juan y de Cristo, uno se pregunta cómo es que habría de ser el
reino que ellos anunciaban. A algunas de las personas del tiempo de Cristo les
fue difícil sacarse de su cabeza el concepto de un reino terrenal. Ellos
esperaban un rey que los liberaría de sus opresores. Ellos veían el reino en
términos de poderío, liberación, y paz.
Cuando el reino vino, lo que Dios les dio a
entender mediante la profecía, les llegó a ser claro. Aquellas primeras
personas que entraron al reino, es probable que no lo vieran exactamente igual
a lo que esperaban, pero lo que hallaron cuando entraron al reino, fue un
reinado de Dios expresado en la iglesia de una forma mucho más grandiosa, y
mucho más hermosa, que la que ellos habían anticipado.
El reino de Dios es la obra de Dios en el
mundo. A través de los largos años de las eras mosaica y patriarcal, él planeó
e hizo preparativos para su venida. El ha cumplido todo lo que inspiró en sus
profetas para que éstos anunciaran, y su reino está ahora aquí.
La pregunta crucial para nosotros es ésta:
¿Hemos llegado a ser parte del reino de Dios?
PREGUNTAS PARA
ESTUDIO Y COMENTARIO