El
comienzo de la iglesia
(Lección 2)
Así
que, los que recibieron su palabra fueron
bautizados;
y se añadieron aquel día como tres
mil
personas (Hechos 2.41).
Cuando un profesor orienta a un estudiante,
sobre la manera como debe leer un capítulo de un libro, para cumplir con una
asignación, él, por lo general, le dice: “Busque los puntos principales, o las
ideas cruciales, que se constituyen como las raíces del pensamiento del autor,
y que son los que dan origen a otras ideas”. Lo anterior no sólo es un buen
consejo para cuando uno lee cualquier libro; también es una sana guía para
cuando uno lee el libro de libros,
Para que el estudio de
Apliquemos esta verdad, acerca de “dividir
bien
A juzgar, pues, por el movimiento mismo del
relato del Nuevo Testamento —el movimiento que se extiende desde el nacimiento
de Jesús hasta el cumplimiento del tiempo para el establecimiento de la
iglesia— es evidente que el comienzo de la iglesia es un evento significativo
del Nuevo Testamento.
A la luz de la importancia concedida en la
primera parte del Nuevo Testamento al comienzo de la iglesia o del reino, Dios
debió haber querido que nosotros consideráramos este evento con sumo cuidado.
Echémosle una mirada al establecimiento de la iglesia con la esperanza de
comprenderla mejor y de apreciarla más.
SU COMIENZO ES
PROFETIZADO
La iglesia no fue una ocurrencia de último
minuto de Dios ni algo que a él le saliera por accidente. Desde el pasado de la
eternidad, ella era parte del propósito divino de Dios. Aun antes de los días
del Nuevo Testamento, los profetas se refirieron a ella como la venida del
reino de Dios.
Una de las grandes profecías que anuncian
el establecimiento de la iglesia, se encuentra en Daniel 2.36-44. Nabucodonosor
había visto una gran imagen en un sueño. La cabeza de ésta estaba hecha de oro,
sus brazos y su pecho estaban hechos de plata, su vientre y sus muslos, de
bronce; sus pies y dedos, de hierro mezclado con barro. El sueño le causaba
molestias a Nabucodonosor, al punto que no lo dejaba dormir. El buscó que sus
magos le dieran la interpretación del sueño, pero ésta los eludió.
Eventualmente, Daniel, el profeta de Dios, fue traído ante la presencia del rey
para que interpretara el sueño. Por el poder de Dios, Daniel le reveló a
Nabucodonosor, el propósito de Dios en el sueño. La interpretación de Daniel
pone en claro, que el sueño y la interpretación no son sólo para Nabucodonosor,
sino también, para la más amplia audiencia de lectores del libro de Daniel,
pues el sueño anuncia la venida del reino de Dios.
Daniel dijo que, al ser Nabucodonosor un
gobernante del mundo y la cabeza del Imperio Babilonio, él estaba representado
por la cabeza de oro (Daniel 2.38). Después de Nabucodonosor habían de
levantarse otros tres reinos. Los brazos y el pecho de la imagen representaban
el imperio medo- persa, el mundo que le seguiría al imperio babilonio. El vientre
y los muslos simbolizaban el imperio griego, el cual fue creado por Alejandro
el Grande y éste fue el tercer imperio mundial. La última parte de la imagen
ilustraba al imperio romano, el cual fue establecido por César Augusto en el
El imperio romano llegó a su fin, cerca de
476 años después del nacimiento de Cristo. Por lo tanto, la profecía de Daniel
dijo que en alguna fecha entre el
“Y
en los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será
jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá
a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre” (Daniel 2.44).
La interpretación de Daniel apuntaba a un
tiempo futuro, unos cuatrocientos o quinientos años después de su propio
tiempo, cuando el reino de Dios sería establecido. El reino de Dios habría de
existir sobre la tierra así como estos cuatro reinos habían existido, pero el
reino de Dios permanecería y no tendría fin, tal como los cuatros reinos sí lo
habían tenido. Este sería eterno. El contenido de esta profecía nos recuerda
las palabras de Cristo cuando anticipó el establecimiento de su iglesia: “Y yo
también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y
las puertas del Hades no prevalecerán contra ella” (Mateo 16.18).
El énfasis repetido de una cosa, sugiere
que ella es importante. Cualquier comunicado que repetidamente recalque una
cierta idea u orden, debe entenderse que lo hace con el fin de expresar su
importancia mediante la repetición. El hecho de que la iglesia sea el tema de
numerosas profecías del Antiguo Testamento, indica que ella es parte del
propósito eterno de Dios y que es el objeto de su énfasis y de la especial
importancia que le da. La iglesia debería ser muy especial para nosotros, dado
que ella es tan importante para Dios.
SU COMIENZO ES
PLANEADO
La venida de la iglesia fue objeto de un
complejo planeamiento. La obra más importante de Cristo durante su ministerio,
consistió en establecer el fundamento para su reino o iglesia.
Al ministerio de Juan podría llamársele
ministerio de preparación. El preparó el camino para el ministerio de Cristo.
Su predicación hizo sonar dos temas característicos: “Arrepentíos, porque el
reino de los cielos se ha acercado” (Mateo 3.2) y “El que viene tras mí... es
más poderoso que yo” (Mateo 3.11). La frase “se ha acercado” significa “no está
lejos”. Cuando la gente oía a Juan, sus corazones comenzaron a palpitar con la
anticipación por la venida del Mesías y del reino de Dios. Aunque el ministerio
de Juan, es probable que durara no más de un año, cual voz que clamaba en el desierto, cual precursor
que proclamaba la venida del rey, fue el que llevó a cabo la obra preliminar al
ministerio de Cristo.
No
debería haber nada más inspirador para cualquiera de nosotros, que la verdad de
que la iglesia del Señor fue establecida según el plan de nuestro bendito
Señor.
Al ministerio de Cristo podría llamársele
ministerio de construcción del fundamento. Nacido bajo la ley de Moisés, vivió
su vida entera bajo ella; pero con su ejemplo y preceptos les enseñó a los
seres humanos, cómo debían vivir bajo el gobierno especial de Dios cuando su
reino viniera. Sus prioridades para sermones, conversaciones, y ministerio
estaban enfocadas en poner el fundamento para la venida del reino.
A una gente que estaba reunida, Cristo les
dijo: “De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán
la muerte hasta que hayan visto el reino de Dios venido con poder” (Marcos
9.1). Cuando Cristo dijo lo anterior, la venida del reino estaba muy cerca,
estaba incluso, dentro del tiempo que le restaba de vida, a algunos de los que
le escuchaban. Cristo, incluso, identificó la manera como el reino vendría
—“con poder”.
Después de su resurrección, ésta fue una de
las cosas que dijo Cristo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo
padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; y que se predicase en su
nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones,
comenzando desde Jerusalén. Y vosotros sois testigos de estas cosas. He aquí,
yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la
ciudad de Jerusalén hasta que seáis investidos de poder desde lo alto (Lucas
24.46-49).
En las anteriores palabras, Cristo también
mencionó el lugar al cual vendría aquel poder —se trataba de Jerusalén. La
venida del reino se estaba acercando, y el lugar donde daría comienzo era
Jerusalén. El día de su ascensión, esto fue lo que Cristo les dijo a sus
apóstoles: “Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el
Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y
hasta lo último de la tierra” (Hechos 1.8). Así que, el poder que acompañaría
la venida del reino, vendría cuando el Espíritu Santo descendiera sobre los
apóstoles.
Son cuatro los hechos evidentes que se
desprenden de las anteriores palabras de Cristo:
1)
En
el momento que él hablaba, el establecimiento de la iglesia o el reino no
estaba lejano,
2)
el
establecimiento de la iglesia o el reino tendría lugar en Jerusalén,
3)
el
establecimiento del reino vendría acompañado de poder, y
4)
los
apóstoles recibirían ese poder cuando el Espíritu Santo fuera derramado sobre
ellos.
En la construcción de cualquier tipo de
casa, el fundamento es de vital importancia. Entre más grande o más duradera se
quiera que sea la casa, más importante será el fundamento. Cristo usó la
totalidad de su ministerio para poner un fundamento para el establecimiento de
la iglesia. La extensa preparación que se hizo para la iglesia o el reino,
sugiere cuán importante es la iglesia para Dios, y cuán crítica la misma para
la humanidad.
SU COMIENZO ES
DESCRITO
¿Cuándo fue que en realidad se estableció
la iglesia? ¿Cuándo fue que se cumplieron las profecías acerca de la iglesia?
¿Cuándo fue que los planes para su establecimiento por fin se cumplieron?
Anterior
al día de Pentecostés, de la iglesia siempre se habló en tiempo futuro; siempre
fue algo que vendría. No obstante, desde ese día en adelante, se habla de ella
en tiempo presente; es ya una realidad —ya ha venido.
Dentro del capítulo 2 de Hechos, se
encuentran registradas las circunstancias y eventos que llevan al cumplimiento
de las predicciones del Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento acerca del
establecimiento del reino eterno. Hechos 2 llena los requisitos para el
cumplimiento de Daniel 2.44, pues ocurre dentro de la época anunciada por
Daniel —la época indicada por la frase: “en los días de estos reyes”. Marcos
9.1 se cumple en Hechos 2, pues algunos de los que estaban presentes cuando
dijo las palabras acerca de la venida del reino, estaban presentes en
Pentecostés. Por ejemplo, los apóstoles oyeron las palabras de Marcos 9.1 y
estuvieron presentes en Pentecostés. Lucas 24.46-49 se cumple en Hechos 2, pues
el escenario de Hechos 2 es Jerusalén. Hechos 1.6-8 se cumple en Hechos 2, pues
el Espíritu Santo desciende (Hechos 2.1-4) sobre los apóstoles y éstos reciben
el poder que se les había prometido. No hay duda de que Hechos 2 describe el
establecimiento de la iglesia o reino de Dios. Por ende, de Hechos 2 en
adelante, se habla de la iglesia como de algo que existe (Hechos 8.1, 3; 9.31;
11.22; Colosenses 1.13).
Después de que los apóstoles fueron
bautizados con el Espíritu Santo el día de Pentecostés, ellos predicaron el
evangelio del Cristo resucitado a los que se habían reunido. Pedro predicó el
sermón principal, al cual, a menudo, se le llama el primer sermón evangelístico
que se predicó después de que la gran comisión fue dada. El presentó la
evidencia que probaba que Jesús, a quien ellos habían crucificado, había sido
hecho Señor y Cristo (Hechos 2.36). Compungidos por esta evidencia, muchos
clamaron: “Qué haremos?” (Hechos 2.37). Pedro les dijo a estos creyentes que se
arrepintieran y que fueran bautizados. Fueron tres mil los que se bautizaron
ese día. De esta manera, la iglesia del Señor había sido establecida. El reino
de Dios había venido. En la parte restante de Hechos 2, se describe la vida
diaria, en acción, de la iglesia (Hechos 2.42-47).
La palabra de Dios provee el testimonio
para la verdadera fe. Esto fue lo que Pablo dijo: “Así que la fe es por el oír,
y el oír, por la palabra de Dios” (Romanos 10.17). Si no puede leer acerca de
algo en
¿Puede leer acerca del establecimiento de
la iglesia de la cual usted es miembro, en Hechos 2?
¿Se basa su religión en la suposición
humana, o en
CONCLUSIÓN
¡Cuán inestimable y preciosa deben ser la
iglesia o el reino para Dios! Es mediante varias profecías del Antiguo
Testamento, que Dios recalca la importancia de la venida del reino. Además de
ello, él muestra la importancia de la iglesia para él, en el énfasis que se le
da en los evangelios, en que se pone un fundamento para ella, por medio del ministerio
terrenal de Jesús. Luego, inmediatamente después de la resurrección y ascensión
del Señor, Dios representa el valor de la iglesia por medio del cuadro en el
que se derrama el Espíritu Santo, y en el que se establece su reino, cuando
tres mil almas son traídas a éste.
Nada debería ser más inspirador para
cualquiera de nosotros, que la verdad de que la iglesia del Señor fue
establecida según el plan de nuestro bendito Señor. La iglesia que el Señor
prometió existe hoy día y así continuará siendo para siempre.
La iglesia es el reino de mayores
consecuencias al cual la gente puede entrar. Los miembros de éste son
bendecidos más allá de toda medida, al tener acceso a toda bendición espiritual
(Efesios 1.3) y al poseer la vida eterna (1ª Juan 5.13). Los que no aprovechan su
oportunidad de entrar al reino de Dios, seguramente es porque no han captado su
importancia. No hay un reino terrenal que se le compare. Es espiritual en su
naturaleza, eterno en su calidad, y divino en su origen. No es de extrañar que
a la iglesia sólo se puede entrar por medio de un nuevo nacimiento (Juan 3.5).
PREGUNTAS PARA ESTUDIO Y COMENTARIO