¿Qué es “la iglesia”?
(Lección 1)
Y sometió a todas las cosas bajo sus pies,
y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo,
la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo (Efesios 1.22-23).
Un hombre de otro país quiso venir a los
Estados Unidos con el fin de quedarse por algún tiempo. Una vez que hubo
cumplido con la ardua tarea de aprender el idioma inglés, llegó a pensar que ya
estaba preparado para hacer su viaje. Así que, hizo el viaje por el cual tanto
esperó, a los Estados Unidos, y poco después de su arribo, su conocimiento del
idioma inglés se comenzó a someter a prueba. Entró a una pequeña tienda de
víveres a comprar varios artículos. En el mostrador de salida se le dijo cuánto
debía pagar. Con gran eficiencia, sacó de su bolsillo la cantidad correcta de
dinero, y se la entregó al dependiente. Puso sus víveres en una bolsa, y
comenzó a salir. En el momento que atravesaba la puerta, el dependiente
amablemente dijo: “¡Vuelva!”. El visitante se detuvo, se volvió, y regresó al
mostrador. El dependiente le dijo: “¿Le puedo ayudar en algo?”. Algo
confundido, el hombre dijo: “¡Usted me dijo que volviera!”.
El hombre había tomado una expresión que
significaba: “Gracias por preferirnos; permítanos ayudarle en otra oportunidad pronto”, y la
había interpretado literalmente. Su
errada interpretación del mensaje que
intentaba transmitir el dependiente, resultó en una falla en la comunicación.
Todos hemos tenido esta clase de
experiencias. Conocíamos las palabras
que se nos hablaban, pero no comprendíamos
en qué sentido las mismas estaban siendo
usadas por el que hablaba. Comprendíamos las palabras pero por completo se nos escapaba el mensaje que se nos estaba
transmitiendo.
De cualquier manera que lo mire, la comunicación
es difícil. Es mucho lo que se requiere, tanto del que habla como del que
escucha, para que una verdadera comunicación se verifique.
·
La honestidad ante Dios exige que
la investiguemos cuidadosamente el significado que Dios le quiso dar a su
mensaje.
Apliquemos el proceso de la comunicación al
estudio de
La palabra “iglesia” es una con la cual
estamos familiarizados la mayoría de nosotros. Dios nos habla bastante sobre
esta palabra, en las Escrituras. Para que pueda haber comunicación entre Dios y
nosotros respecto a esta palabra, debemos estar dispuestos a ir al mundo de
UN CUERPO ESPIRITUAL
En primer lugar, debemos reconocer que la
iglesia es un cuerpo espiritual, de hecho es el cuerpo espiritual de Cristo.
Una imagen que usualmente viene a la mente,
junto con la palabra “iglesia”, es la de un edificio material en el cual se
lleva a cabo la adoración. Sin embargo, esta palabra jamás es usada en el Nuevo
Testamento para dar a entender tal significado.
En Las Escrituras, la palabra “iglesia” se
refiere al cuerpo de los que se han rendido al evangelio de Cristo, y que han
sido redimidos por la sangre de Cristo, en el sentido de asamblea, de cuerpo
local, y de cuerpo universal.
En primer lugar, el cuerpo de los
redimidos, cuando están reunidos para adorar a Dios, es llamado “la iglesia”.
Cuando Pablo reprendió a la iglesia en Corinto, por su falta de unidad cuando
se reunían, usó la palabra “iglesia” para referirse a la asamblea de los
cristianos. Esto fue lo que dijo:
·
“... cuando os reunís como iglesia,
oigo que hay entre vosotros divisiones;...” (1ª Corintios 11.18).
En segundo lugar, la palabra “iglesia” es
usada para referirse al cuerpo de los redimidos que se encuentran en un lugar
definido. El cuerpo de los redimidos que estaban en Corinto, es llamado “la
iglesia de Dios que está en Corinto” (1 Corintios 1.2).
Aún más, la palabra “iglesia” se usa para
referirse a la totalidad de los redimidos que se encuentran en todo el mundo.
Pablo se refirió a la iglesia en el sentido universal cuando dijo: “Porque el
marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual
es su cuerpo, y él es su Salvador” (Efesios 5.23).
Apliquemos estos usos que le da el Nuevo
Testamento a la palabra “iglesia”, a un evento específico que se menciona en
Hechos. Los muchos residentes y visitantes que se encontraban en Jerusalén, el
día de Pentecostés (Hechos 2.1-4), oyeron las manifestaciones externas del
derramamiento del Espíritu Santo y se reunieron en torno a los apóstoles para
ver lo que estaba ocurriendo. Cuando Pedro predicaba a la multitud, él los
convenció de que Jesús era ambas cosas, Señor y Cristo (Hechos 2.36), Con
angustia en su alma, muchos clamaron: “¿Qué haremos?” (Hechos 2.37). Dado que
fue la fe lo que motivó su clamor, no fue necesario que Pedro les dijera que
debían creer, sin embargo, sí fue necesario que les dijera que debían hacer lo
que todavía no habían hecho —que se arrepintieran y fueran bautizados para el
perdón de sus pecados (Hechos 2.38). Fueron tres mil los que, con alegría,
recibieron el camino de la salvación, se arrepintieron, y fueron bautizados
para el perdón de pecados (Hechos 2.38, 41).
Observe cómo Lucas describió lo que ocurrió
ese día. Primero describió a los convertidos en términos de aquello que habían
llegado a ser (Hechos 2.41). Los que fueron obedientes a la palabra del Señor
fueron convertidos en la iglesia del Señor. Llegaron a ser parte de una
comunidad, de un grupo. En segundo lugar, Lucas los describió en términos de su
nuevo comportamiento. Tenían una nueva vida en lo referente a su comportamiento
hacia Dios (Hechos 2.42). Las personas redimidas que formaban este cuerpo,
adoraban a Dios y recibían la instrucción divina apostólica. Tenían una nueva
vida en lo referente a su comportamiento de los unos hacia los otros (Hechos
2.44, 45). Se preocupaban los unos por los otros, mediante el llevar las
cargas, el compartir, y el tener cuidado —se llevaban las cargas unos a otros,
compartían con los que tenían necesidad, y tenían cuidado unos de otros. Este
cuerpo de creyentes es mencionado más adelante en Hechos, como “la iglesia”
(Hechos 5,11).
Cuando estos redimidos, que estaban en
Jerusalén, se reunían para adorar a Dios, ellos constituían “la iglesia” (en el
sentido de asamblea reunida). A todos los redimidos que estaban en Jerusalén se
les podía referir como “la iglesia de Jerusalén” (en el sentido local). Cuando
la iglesia creció y se esparció, a todas las personas redimidas del mundo de
aquel tiempo, se les podía referir por medio de decir: “Cuando Jesús venga nuevamente, él va a
recibir a su iglesia (en el sentido universal) y a llevársela para el cielo”.
UN ORGANISMO VIVIENTE
En segundo lugar, necesitamos ver a la
iglesia como un organismo viviente.
Hay quienes toman el grupo de personas
salvas llamado “la iglesia”, como una especie de organización, o alguna clase
de club. La miran como algo a lo cual uno se junta, o con lo cual uno se
compromete, pero nada más.
Al ser un cuerpo de personas redimidas, la
iglesia es, entonces, un organismo viviente, no una organización humana. La
iglesia que Cristo estableció está viva y vibra con la vida y las bendiciones
que Dios le da; no es un grupo hecho por el hombre cuyas energías les sean
completamente canalizadas por la sabiduría, el diseño y las actividades
humanas.
Pablo describió a la iglesia de Corinto
como el templo, como el santuario, o como la morada de Dios. Esto fue lo que
dijo en 1ª Corintios 3.16: “¿No sabéis
que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?”. Más
adelante, en 1ª Corintios 6.19-20, Pablo
representó al cristiano individual como el templo de Dios, cuando condenó la
fornicación como un pecado contra el cuerpo de una persona. 1ª Corintios 3.16
es una referencia a la iglesia, no al cristiano individual. Pablo estaba
afirmando que Dios mora en medio de su pueblo. El mora dentro de su pueblo,
individual (1ª Corintios 6.19-20) y
colectivamente (1 Corintios 3.16). En los tiempos del Antiguo Testamento, el
lugar en el que moraba Dios, era el tabernáculo que estaba en el desierto, y
después lo hizo en el templo de Jerusalén; pero en la era cristiana, según
Pablo, Dios mora en su iglesia, en su pueblo.
La iglesia se puede comparar con un
edificio viviente. Cuando Pablo ilustraba aquello que los cristianos de Éfeso
habían llegado a ser, él dijo que ellos constituían un edificio que estaba
hecho de cristianos y que estaba en un estado de crecimiento continuo. Esto fue
lo que Pablo dijo: “en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo
para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente
edificados para morada de Dios en el Espíritu” (Efesios 2.21-22). El edificio
que él describió descansa sobre el fundamento de los apóstoles y los profetas,
con Cristo mismo funcionando como la principal piedra del ángulo. La estructura
superior del edificio está compuesta por cristianos. El edificio no tiene tope,
ni techo; aumenta en altura continuamente, por las personas que obedecen el
evangelio y son añadidas a él.
La iglesia, entonces, no es una
organización —es un organismo viviente, en el cual habita el Espíritu Santo. Es
un cuerpo de cristianos que están vivos con la vida de Dios y que forman un
lugar en el que mora el Espíritu de Dios. Uno podría decir que la iglesia es la
residencia terrenal de Dios.
UNA RELACIÓN ÍNTIMA
En tercer lugar, la iglesia debería tomarse
como una relación íntima con Cristo.
Desde el punto de vista terrenal, sería
fácil ver a la membresía dentro de la iglesia, en términos de entrar a una
relación especial con un grupo de personas, con las personas que conforman la
iglesia. Este punto de vista, no obstante, ignora una significativa verdad. La
iglesia conlleva una relación vital, íntima, y en progreso, por supuesto, pero
tal relación se centra en una relación íntima con Jesús.
Esta relación que la iglesia sostiene con
Jesús en realidad está tan cercana a él, al punto que se le describe como la
relación del cuerpo con la cabeza, en la que los cristianos conforman el cuerpo
y Jesús es la cabeza. Dios ha hecho de la iglesia el cuerpo espiritual de
Cristo, la parte visible del Cristo invisible, sobre la tierra hoy día. Así
como el Señor, cuando estaba sobre la tierra, tenía necesidad de un cuerpo
físico con el cual cumplir su obra de redención, él ahora tiene necesidad de un
cuerpo espiritual en el cual, el fruto de su obra redentora se puede hacer
disponible a todos, en todo lugar. El día de Pentecostés, por lo tanto,
cincuenta días después de su resurrección de entre los muertos, el Espíritu
Santo descendió para formar la iglesia, aquel cuerpo espiritual de Cristo.
Desde ese día hasta el de hoy, cada persona redimida es puesta, en el momento
de su redención, por la maravillosa gracia de Dios, en aquel cuerpo.
Así que, la iglesia en el Nuevo Testamento
es llamada comúnmente “el cuerpo de Cristo” por parte de los escritores
inspirados (Efesios 1.21-22; 5.23). Los que obedecen al evangelio de Cristo
llegan a ser, y funcionan literalmente como, el cuerpo espiritual de Cristo
sobre la tierra, siendo dirigidos por la cabeza, que es Cristo mismo. Esto es
algo tan cierto que cuando uno es bautizado, el Nuevo Testamento dice
específicamente, que uno es bautizado “en Cristo” o, que uno es bautizado “en
un cuerpo [el cuerpo de Cristo]” (Romanos 6.3; 1 Corintios 12,13; Gálatas
3.27).
Como
cuerpo de personas
redimidas
que es, la iglesia también
es
un organismo viviente, no una
organización
humana.
La iglesia tiene la relación con Cristo más
cercana, a la que una persona, sobre esta tierra, pueda entrar. La iglesia es
la plenitud de Cristo, pues su cuerpo es la plenitud de Aquel que todo lo llena
en todo (Efesios 1.23), y Cristo es la plenitud de la iglesia, pues estamos
completos en él (Colosenses 2.10). La iglesia, su cuerpo, estaría incompleto
sin Cristo, la cabeza (Efesios 1.22); y Cristo, la cabeza estaría incompleto
sin su cuerpo, la iglesia (Colosenses 1.18). Todo lo que la cabeza de la
iglesia es, y tiene,
es
posesión de la iglesia, y todo lo que la iglesia es, y tiene, es posesión de Cristo,
nuestra cabeza. Por lo tanto, como iglesia suya que somos, experimentamos una
asociación con Jesús. En Cristo, no sólo somos profesantes del cristianismo;
sino poseedores de Cristo. La fuente de la plenitud de Cristo está abierta a
los que estamos en su cuerpo.
Cuando Pablo discutió el tema de la iglesia
en Efesios 5, él usó, para comparar la relación de ésta con Cristo, la figura
de la relación entre el esposo y la esposa, siendo la figura del esposo la que
ilustra a Cristo y la de la esposa, la que ilustra a la iglesia. En primer
lugar, él se refirió a esta relación en principio. Cristo es la cabeza de la
iglesia, así como el esposo es la cabeza de la esposa (Efesios 5.23). En
segundo lugar, él habló de esta relación en práctica o en función. Así como la
esposa ha de estar sujeta a su esposo en todo, así también la iglesia lo ha de
estar a Cristo. Se trata de mirar a Jesús como su cabeza, como su líder y como
su guía (Efesios 5.24). Por último, Pablo habló de esta relación en propósito.
Así como un esposo ama a su esposa, Cristo ama a la iglesia, y está preparando
a este cuerpo de creyentes en él, para que vivan con él por la eternidad
(Efesios 5.25-27).
La iglesia del Nuevo Testamento es,
primordialmente, una relación con Cristo. No es, inicialmente, una relación con
otras personas, pero, el resultado inmediato es una relación con otros
cristianos, con los miembros de la iglesia, así como los hijos de un mismo
padre tienen una relación secundaria unos con otros. Los miembros del cuerpo de
Cristo, son miembros unos de otros, pero la iglesia es, en primer lugar y
mayormente, el cuerpo de Cristo. Para ser miembros de la iglesia de Cristo
debemos entrar a una relación con Cristo, una relación tan íntima y tan
especial, que llegamos a ser parte de él, de la misma forma que un cuerpo
pertenece a su cabeza.
CONCLUSIÓN
Son muchos los que se confunden con el
verdadero significado de la palabra “iglesia”. Tal confusión no tiene razón de
ser, pues
¿Qué es la iglesia? Es un cuerpo espiritual
compuesto por los que han obedecido el evangelio de Cristo, han llegado a ser
su pueblo, y están adorando y trabajando como su pueblo, en una comunidad dada.
Llevan su nombre y constituyen su cuerpo espiritual sobre la tierra. Honran a
Cristo en todas las cosas. Este cuerpo espiritual es un organismo viviente en
el cual mora el Espíritu del Dios viviente; no es una organización humana. No
es una simple membresía en un grupo. Es una relación íntima, y activa con
Cristo.
A la iglesia, al cuerpo de Cristo, se entra
mediante la fe. Esta respuesta de fe conlleva el arrepentimiento (Hechos 17.30-31),
la confesión de Jesús como Hijo de Dios (Romanos 10.10), y el bautismo en
Cristo (Romanos 6.3; Gálatas 3.27). En el momento del bautismo, los pecados de
uno son lavados y, con su nuevo nacimiento completado, uno llega a ser parte
del cuerpo de Cristo (Hechos 2.38, 41, 47; 22.16; 1 Corintios 12.13).
La iglesia del Nuevo Testamento no es una
denominación, Las denominaciones son establecidas por los hombres; la iglesia
del Nuevo Testamento es diseñada, creada, habitada, y sostenida por el Señor.
Las denominaciones proceden de la tierra,
del hombre; la iglesia del Nuevo Testamento viene del cielo, de Dios. La
iglesia le pertenece a Cristo
—lleva
su nombre, se reúne para adorar, lleva a cabo su obra en el mundo, y es
habitada por su Espíritu.
Es Cristo quien les extiende la invitación
a todos los seres humanos, a que entren a su iglesia, siguiendo sus términos de
salvación (Apocalipsis 22.17), y a que vivan en el mundo siendo la iglesia de
él.
PREGUNTAS PARA ESTUDIO Y COMENTARIO
FIN
Lección
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