Los elegidos de Dios
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“...según
nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y
sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados
hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para
alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado
(Efesios 1.4-6).
A todo el mundo le gusta que lo recuerden.
Tal vez este deseo que todos tenemos, es lo que ha dado lugar a una de nuestras
expresiones coloquiales más populares. Cuando enviamos una tarjeta de
cumpleaños a un ser querido, esto es lo que le escribimos en ella: “Mis
recuerdos”. Cuando hablas por teléfono con un amigo, cuya compañía hemos
estimado especialmente, esto es lo que le decimos: “Estaba pensando en usted”.
Cuando nos despedimos de nuestros vecinos al salir de vacaciones o de viaje o
por alguna otra razón, esto es que les decimos: “Les recordaremos”. Estas son
expresiones de cariño, las cuales comunican que una persona es especial y que
no la hemos olvidado ni la olvidaremos. Cuando se escriben o se dicen con
sinceridad, estas expresiones nos conmueven y nos dan aliento.
Si tiene valor para nosotros y para nuestros
amigos y parientes el decir que ellos están pensando o han estado pensando en
nosotros, ¿cuán mayor valor tendrá el oír que Dios diga que somos especiales
para él?. Si
usted está en Cristo, esto es precisamente lo que Dios ha dicho de usted. Pablo
dijo en Efesios 1.4-6, que los cristianos son los escogidos de Dios. ¡A todos
los redimidos en Cristo, las Escrituras les han asegurado que ellos son los
elegidos de Dios!.
¿No es esto una gran fuente aliento para usted?
Sabemos, por la manera como Pablo construyó
la frase, que el propósito del Espíritu ha sido que nosotros veamos el ser
escogidos de Dios como algo muy importante, como algo más grande que una honra
terrenal. Pablo le estaba escribiendo a la iglesia de Efeso,
la cual se encontraba en Asia Menor. El tema de esta epístola podría resumirse
con la frase: “La iglesia, el cuerpo de Cristo”. Pablo escribió al comienzo de la carta que a
la iglesia la componen aquellos a quienes Dios ha escogido. Ellos son los
elegidos de Dios, los que él ha seleccionado para que reciban sus bendiciones
divinas. El le llama a esta clase de escogencia “predestinación”, una
determinación tomada de antemano o una escogencia anticipada (Efesios 1.5).
Este asunto acerca de que Dios nos escoge a
nosotros hace que surjan algunas inquietud ¿cierto?. ¿Estaba Pablo diciendo que Dios escoge una
persona para ser salva y a otra para que se pierda?. ¿Cómo es posible que Dios le tenga un amor
especial a cada persona del mundo, tal como Jesús dijo en Juan 3.16, y a la vez
escoja a una para el cielo y a otra para el infierno?
Reflexionemos cuidadosamente sobre este
pasaje y dejemos que sea Pablo el que responda a estas preguntas sobre este
fascinante tema de la predestinación. En Efesios 1.4-6, veremos cómo Dios a ama
todo el mundo, cómo el pensó en nosotros desde de la fundación del mundo y cómo
él eligió tener sus escogidos.
ESCOGIDOS EN ÉL
En primer lugar, Pablo dijo que Dios “nos
escogió en él...” (Efesios 1.4, énfasis nuestro). El cuerpo del hijo es el
lugar donde Dios ha escogido ofrecerle al hombre su salvación y sus demás bendiciones
espirituales. Los que han entrado en su cuerpo son escogidos de Dios.
En el contexto mayor de Efesios 1.4-6, que
lo -constituye la totalidad de la doxología de 1.3-14, la cual se dice que es
la frase más extensa de
Dios, decidió en el pasado inmensurable de
la eternidad, que aquellos que entraran en Cristo y se apropiaran del don de la
gracia de Cristo, serían sus escogidos, escogidos para sus bendiciones y
salvación. Este plan de salvación estaba predestinado, determinado de antemano,
por Dios en el pasado de la eternidad. El no fue arbitrario ni parcializó en su
elección. El no predestinó a una persona para que ésta se perdiera y a otra
para que fuera salva, sino que determinó que a los únicos que salvaría, serían
aquellos que recibieran la salvación de Cristo mediante la entrada de ellos en
el cuerpo espiritual de éste, es decir, la iglesia.
Dios
planeó o predestinó nuestra
salvación
en Cristo, y lo hizo antes de
la
fundación del mundo,
pero
es a nosotros a quienes compete
elegir
si vamos a entrar en la esfera
de
la salvación, es decir, en el cuerpo de Cristo, para ser salvos.
La palabra “predestinar”, significa
“destinar anticipadamente [una cosa] para un fin”, mientras que “presciencia”
significa “conocimiento de las cosas futuras”. Es probable que Dios de antemano
sepa quiénes son los que se salvarán, y quiénes, los que se perderán, pero esto
no significa que él predestine la salvación
o destrucción personal de ellos. Cada
persona elige si va a ser salva o no, cuando por su propia voluntad decide si
entra o no en Cristo.
Es obvio que estos dos temas, el de la
presciencia y el de la predestinación, son demasiado profundo como para que
nosotros los podamos entender completamente. Hasta cierto punto, simplemente
vamos a tener que aceptar por fe lo que
Tanto el concepto del libre albedrío, así
como el de la predestinación se encuentran en el Nuevo Testamento en un sólo
versículo, y éste es Hechos 2:23. Ambos se utilizan en la misma oración y no se
contradicen entre sí. Esto fue lo que Pedro dijo:
“…a éste, entregado por el determinado
consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de
inicuos, crucificándole…”Hechos 2.23). Dios tuvo conocimiento anticipado de la muerte de Jesús; incluso la
predeterminó o destinó, pero él responsabilizó de esta muerte a hombres inicuos
que ejecutaron tal acto. El libre albedrío del hombre, el anticipado
conocimiento y predestinación de Dios, se encuentran en este versículo, sin
embargo, ninguno de los conceptos neutraliza al otro.
Dios planeó o predestinó nuestra salvación
en Cristo, y lo hizo antes de la fundación del mundo, pero es a nosotros a
quienes compete elegir sí vamos entrar en la esfera de la salvación, es decir,
en el cuerpo de Cristo, para ser salvos. Cualquiera puede elegir si va a estar
dentro del número de los escogido de Dios. Ya alguien
lo dijo: “Quien así lo desee, es
escogido, y quien así no lo desee, no lo es”.
¿Ha sido usted escogido de Dios?. ¿Cómo puede usted saber que usted lo es?. Según Pablo, la respuesta es simple: ¿Está
usted en Cristo?. Los que se hallen en Cristo pueden
regocijarse de que están entre los escogidos. Los que estamos en Cristo nos
hallamos en el lugar de bendición que Dios escogió o predestinó en el pasado
intemporal de la eternidad. Si vivimos
fielmente en Cristo durante el tiempo que pasemos sobre la tierra, vamos a
recibir el cielo como nuestra herencia eterna.
ESCOGIDOS EN
En segundo lugar, Pablo dijo que aquellos
quienes Dios eligió, es decir, los que componen la iglesia,
fueron escogidos en la dimensión de lo eterno, es decir, antes de la fundación
del mundo. Estas fueron las palabras que utilizó: “... según no escogió en él antes de la fundación del mundo,...
(Efesios 1.4; énfasis nuestro).
Pablo utilizó una palabra griega básica, la
cual se ha traducido por “fundación” en
Esto fue lo que Dios le dijo a Jeremías: “Antes que te formase en el vientre te
conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones”
(Jeremías 1.5). Pablo dijo que Dios lo había apartado a él desde el vientre
de su madre Gálatas 1.15). No fue que Dios violentara
el libre albedrío de Jeremías ni de Pablo, sino que pensó en ellos antes de que
nacieran. Dios puede idear, planear e incluso predestinar, sin interferir con
el libre albedrío de sus criaturas. Puede que sea algo que no podamos entender,
pero de lo que sí podemos depender, dadas las claras enseñanzas de la palabra
Dios.
Si usted desea saber cuán importante es la
iglesia para Dios, sólo considere que él eligió a ésta para que fuera su pueblo
escogido, y esto fue algo que hizo antes de la fundación del mundo. Dios había
elegido lo que iba a hacer antes de haber creado cosa alguna. A veces le damos
a entender a alguien cuál es el orden de nuestras prioridades dentro de alguna
situación, cuando decimos: “Cuando eso sucedió, lo primero en que pensé
fue...”. Esta es la manera como damos a conocer qué era lo más importante para
nosotros en ese momento. Del mismo modo, podemos descubrir, mediante el uso de
la palabra de Dios a modo de instrumento de sondeo, qué es lo importante para
Dios, echándole una mirada a aquello que estuvo de primero en su mente: “...
nos escogió antes de la fundación del mundo,... “. La iglesia, la cual está
compuesta por los escogidos de Dios, es decir por los elegidos de él, ¡estaba
en la mente de Dios antes de la creación del mundo!
¡Cuán entrañables
son los elegidos para Dios. Han estado
en la mente de Dios desde antes del comienzo de los tiempos. Esta verdad debe
darnos vida y fortalecernos con aliento divino.
ESCOGIDOS PARA SER SANTOS
En tercer lugar, Pablo dijo que hemos sido
cogidos para ser santos. Esto fue lo que escribió:
“…nos escogió en él antes de la fundación del mundo
para que fuésemos santos y sin mancha delante de (Efesios 1.4; énfasis
nuestro). Hemos sido escogidos con
un propósito.
Dios ha escogido a la iglesia para que sea
pueblo, y para que refleje su carácter o semejanza. El ha decretado que su
iglesia sea santa. Esto fue lo que Pedro dijo: “... sino, como aquél que os llamó es santo, sed también vosotros
santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos porque
yo soy santo” (1 Pedro 1.15-16). Ser santo significa ser limpio de pecado y
ser apartado para aquellos usos santos que Dios señale.
Dios también escogió a su pueblo para que
sea sin mancha. Esta palabra significa “sin falta”. Señala la meta, a la cual
debe aspirar el pueblo de Dios. Debemos
esforzarnos por vivir sin falta delante él. Aunque en esta vida jamás veremos
realiza completamente esa ambición, ésta debe ser la actitud continua de
nuestros corazones. Nuestros esfuerzos por alcanzar la santidad y la condición
de estar sin mancha, no se cristalizarán, sino hasta que nos encontremos
delante de su trono en la eternidad. Los cristianos procuran observar delante
de Dios un estilo de vida tal, que ninguna acusación legítima se pueda
endilgar, pues así lo señalan las añoradas directrices del Señor.
Pablo también dijo que Dios nos predestinó
“para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo” 1:5). El nos ha
escogido para que seamos sus hijos. La adopción, en este contexto, significa
“recibir todos los derechos, privilegios y responsabilidades de la condición de
hijo”. En el momento de la adopción, nosotros recibimos todo lo que esa
condición de hijo conlleva en la familia de Dios. Dios predestinó —determinó de
antemano, decidió un pasado eterno sin comienzo— que él adoptaría a los que
entraran en Jesús, y que los haría sus hijos, dándoles a ellos todos los
derechos, riquezas, y responsabilidades de su divina familia.
Suponga que a usted lo llamaran desde una
estación de radio, y le dijeran: “Usted ha sido escogido, lo hemos
seleccionado”. Usted inmediatamente preguntaría: “Escogido para qué?”. Suponga al otro lado de la línea le contestan: “Lo hemos
escogido a usted, pero no sabemos para qué. No estábamos pensando en nada
especial cuando lo escogimos. Lo más que le podemos decir en este momento, es
que usted es el elegido. Teníamos miles de nombres dentro de un cesto, y cuando
el sorteo se hizo, usted fue escogido. Así que, le llamamos para felicitarlo”.
El entusiasmo por haber sido escogido inmediatamente se desvanecería cuando
oyera: “No sabemos para que fue escogido”. Usted dejaría de sentirse escogido o
excepcional. La emoción de ser escogido se perdería en la confusión de su
significado. Dios tiene un propósito
para su escogencia. Dio nos escogió para que recibiéramos la salvación en
Cristo, para que fuéramos adoptados hijos suyos, para que viviéramos santamente
y sin mancha en este mundo, comportándonos como un pueblo especialmente suyo.
Nos ha escogido para que vivamos apartados siendo el pueblo suyo, que ha sido
llamado a salir, con el fin de que cumpla una misión divina.
La santidad y la condición de estar sin
manche se mantienen mediante una constante dedicación al cumplimiento de la
palabra de Dios. Hemos sido apartados o llamados a ser santos, a través de la
obediencia a la voluntad de Dios, y el vivir en esta voluntad nos vuelve
personas sin mancha y sin falta delante de él. Recibamos de todo corazón las
palabras de nuestro hermano Pedro:
“Por
lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección;
porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás. Porque de esta manera os será
otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y
Salvador Jesucristo (2 Pedro 1.10-l1).
ESCOGIDOS POR GRACIA
En cuarto lugar, somos escogidos por gracia.
Pablo dijo que Dios nos escogió “según el
puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la
cual nos hizo aceptos en el Amado (Efesios 1.5-6; énfasis nuestro). En
otras palabra esta escogencia fue iniciada y consumada por la benignidad y
bondad de Dios.
¿Qué es este “puro afecto de su voluntad”?.
La voluntad de Dios incluye mandamientos, instrucciones, preceptos. La voluntad
de Dios en su totalidad, en todos sus extremos y temas, tiene una intención
básica, una motivación fundamental y un diseño amable. ¿Qué es esta intención
básica?. ¿No será el que seamos salvos del pecado y el
que vivamos con él? En otras palabras, él procura lo mejor para nosotros. Todo
lo que Dios ha hecho, lo ha hecho por causa de su benevolente interés en
nuestro verdadero bienestar. Esto fue lo que Pedro dijo: “El Señor es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno
perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3.9). Esto
fue lo que Pablo escribió: “Porque esto
es bueno y agradable delante Dios nuestro Salvador, el cual quiere que todos
hombres sean salvos y vengan al conocimiento la verdad” (1 Timoteo 2.3-4).
La existencia de la iglesia, es decir, del
pueblo escogido de Dios, tiene como fin “la
alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en Amado”
(Efesios 1.6). Dios proyectó la iglesia, profetizó el establecimiento de
ésta, envió a Jesús a poner su fundamento y a morir en la cruz para comprarla,
le dio un comienzo milagroso a ella el día de Pentecostés, y ha guiado
providencialmente la predicación del evangelio —pero todo esto lo ha hecho para
cumplir con su propósito compasivo de salvar el mundo. Lo actuado por Dios ha
dado como resultado la existencia de la iglesia, lo cual es para alabanza de la
gloria de su gracia. La iglesia no puede jactarse de haber comenzado de la nada
y de haberse convertido en una entidad a nivel mundial. Lo único que puede
hacer es gloriarse en lo que Dios, de su gracia, ha hecho y ha sido su
propósito. Es en su gracia que nos gloriamos
¿Conoció alguna vez a alguien que
constantemente se preocupara porque usted saliera beneficiado?. ¿Ha conocido a alguien, cuya actitud en lugar
de ser “yo primero”, siempre ha sido “usted primero”?. ¿Le ha dado alguien la
preferencia a usted en todas las cosas?. Si usted pudiera formar una imagen mental de
la persona más desinteresada y generosa que usted haya conocido, y multiplica
esa imagen un millón de veces, tan sólo tendría un cuadro muy rudimentario de
cómo es Dios. Todo lo que él hace es consecuente con su misericordia.
Deberíamos estar llenos de gratitud por la
gracia de Dios y regocijarnos en la salvación que tenemos en Cristo, en la
misión que nos ha dado y en el glorioso porvenir que tenemos con él, como
escogidos de Dios que somos, en el futuro sin fin de la eternidad. El corazón
de todo santo debería estar continuamente cantando el tema musical de la sin
igual gracia de Dios. La superabundante gracia de Dios debería producir en
nosotros la gratitud, la alabanza, la fe y la obediencia.
CONCLUSIÓN
Verdaderamente, el Espíritu Santo, a través
del apóstol Pablo, nos ha enseñado que la iglesia es un grupo de los elegidos
de Dios. Nos ha dicho que Dios nos escogió en Jesús, que esa elección la hizo
en la dimensión de lo eterno, que la hizo con el propósito de que fuésemos
santos, y que fue hecha por su gracia. Nosotros somos la niña de sus ojo. Fuimos la
primera idea que tuvo cuando proyectó la creación del mundo, y ocupamos ahora
el lugar más importante en su mente.
Cualquiera que se encuentre fuera de Cristo,
fuera de la esfera de los escogidos, debería elegir entrar en el cuerpo de él,
y no debería tardarse en hacerlo. Muchas escuelas seleccionan a los estudiantes
excepcionales y se les ponía en la lista de “¿Quién es quién?” del anuario
escolar. Son pocos los estudiantes que se eligen, y la elección se basa en la
popularidad de los estudiantes, la esplendidez de sus talentos y la excelencia
de su expediente académico. La lista de los “Quién es Quién?”
de Dios, es la iglesia. El que se nos ponga en lista es una opción que nosotros
tenemos, no que Dios tiene. El nos pone en el grupo de los elegidos a través de
nuestra fe y obediencia a Cristo, no por nuestra popularidad, talentos o
expediente. A través de su gracia amorosa, la cual se nos imparte en el Amado,
Jesucristo, Dios invita a todos los no elegidos a entrar en el cuerpo de Cristo
y a llegar a ser uno de los elegidos, uno de los que han sido elegidos para la
salvación, para la vida abundante en los cielos.
Elija estar entre los
elegidos. Escoja ser uno de los escogidos. Decida ser uno de los hijos
predestinados de Dios.
EGUNTAS PARA ESTUDIO Y ANÁIJSIS