La vida en Cristo
(3)
Bendito
sea el Dios y Padre de nuestro Señor
Jesucristo,
que nos bendijo con toda bendición
espiritual
en los lugares celestiales en Cristo
(Efesios
1.3).
El hecho de que un hombre y una mujer lleven puesto un
anillo simboliza, en muchas culturas del mundo, el compromiso matrimonial que
se han hecho el uno al otro. La señal visible de compromiso, aunque pequeña (y
la mayoría de las veces cara), representa la promesa de toda una vida. Este
diminuto símbolo de matrimonio nos recuerda que hay cosas pequeñas, las cuales
a menudo comunican ideas de suma importancia.
La frase “en Cristo”, una frase de dos palabras,
propia del Nuevo Testamento, la cual a menudo pasa casi desapercibida, es
siempre muy significativa. No hay instancia en que aparezca, en la que o
conlleve un concepto espiritual de peso. Puede tomar varias formas; entre
ellas: “en Cristo” Romanos 12.5), “en Cristo Jesús” (Romanos 3.24),“en Cristo
Jesús Señor nuestro” (Romanos 8.39 “en él” (2 Corintios 5.21), “en el Señor
Jesús (Romanos 14.14), “en el Señor” (1 Corintios 4.17 “en su Hijo” (1 Juan
5.11), “en Jesús” (Efesios 4.21 “en aquel” (Efesios 4.15), “en quien” (Efesios
2.21 “por nuestro Señor Jesucristo” (2 Tesalonicense 3.12), “con Jesús” (1
Tesalonicenses 4.14), y “en si Hijo Jesucristo” (1 Juan 5.20). Pese a la
multitud de formas de la frase, sus connotaciones teológicas no pueden pasar
desapercibidas. Ella sugiere una unión con Cristo, un permanecer dentro del cuerpo
espiritual de Cristo. Por lo tanto, no podremos entender el significado ni
lugar de la iglesia en el plan de Dios si ignoramos las implicaciones de esta
frase.
La frase “en Cristo”, así como la frase “en la
iglesia”, tienen esencialmente el mismo significad en los escritos del Nuevo
Testamento. Cuando Pablo habló de la exaltación de Jesús, afirmando que toda
las cosas le habían sido sujetas a los pies de éste, que él había sido puesto
“por cabeza sobre todas la cosas a la iglesia”, él dijo que la iglesia “es su
cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo” (Efesios 1.22-23).
Según lo que dice Pablo, la iglesia es el cuerpo de Cristo; de modo que, estar
“en Cristo” equivale a estar en la iglesia de Cristo.
Si le siguiéramos la pista a la frase “en Cristo” a
sus formas equivalentes, a través de todo el Nuevo Testamento (especialmente a
través de los escritos de Pablo), comprenderíamos el profundo significad
teológico de la iglesia y de nuestra relación con ella. Si nos tomamos el cuidado de examinarla,
vamos estar impresionados con la grandeza de las bendiciones espirituales que
tenemos por ser parte cuerpo de Cristo. Sin un entendimiento correcto de esta
frase, no va a ser posible que tengamos una visión bíblica de lo que significa
ser un miembro de iglesia de Cristo.
UN LUGAR DE PRIVILEGIO
En primer lugar, la frase “en Cristo” sugiere el
privilegio que le pertenece a los que son miembros la iglesia del Señor. Estar
“en Cristo” significa que somos los escogidos de Dios.
En la extensa doxología de Efesios 1.3-14, Pablo alabó
a Dios por hacer de los que están en Cristo sus escogidos:
“…según nos escogió en él antes de la
fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en
amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de
Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de
su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado” (Efesios 1.4-6).
Pablo no estaba escribiendo acerca de una
predestinación de las personas, ni de que uno sería cogido para ser salvo y
otro para quedar perdido. Estaba señalando el hecho maravilloso de que Dios de
antemano eligiera la opción de salvar a todos los que entren en Cristo y
permanezcan fielmente en él. Los eligió, antes de la fundación del mundo, que
el cuerpo de Cristo sería un lugar de privilegio, cuando eligió adoptar como
hijos suyos a los que entren en cuerpo de Cristo.
Esta elección divina no contradice el libre albedrío
del hombre. En lugar de ello, le da al hombre la oportunidad de elegir estar
entre los escogidos. Y Dios eligió salvar al cuerpo de Cristo; pero el hombre
debe elegir entrar en ese cuerpo, y debe elegir permanecer en él.
Dios eligió un lugar para que Noé fuera salvo (Génesis
7.1), pero Noé y su familia tuvieron que entrar en él y quedarse allí (Génesis
7.7). El arca era un lugar de privilegio para Noé y su familia. De todas las
personas que había sobre la tierra, Noé, su esposa, sus hijos y nueras, los
cuales se encontraban en el arca, fueron los escogidos de Dios — éstos se les
dio protección y se les proveyó de lo necesario mediante la gracia y cuidado de
Dios.
Ya alguien dijo que cuando nosotros lleguemos al
cielo, veremos un enorme rótulo panorámico junto a la entrada. Sobre la cara
frontal de éste estarán escritas las palabras: “Venid a mí”. En el momento que
entremos, vamos a leer esas palabras y nos acordaremos de la invitación que
hizo el Señor, en el sentido de venir a él para recibir la salvación, y de la
libertad que Dios le dio al hombre de elegir responder a tal invitación.
Después de entrar a los cielos, nos volveremos para leer lo que está escrito en
la parte de atrás del rótulo. Esto es lo que leeremos “Escogidos de Dios”. En
ese momento nos acordaremos de cómo Dios eligió, antes de la creación del mundo
salvar el cuerpo de Cristo y del incomparable privilegio que Dios nos ha
conferido a todos los que hemos entrado y permanecido en ese cuerpo.
Cualquiera que entre en el cuerpo de Cristo, la
iglesia, entrará en un lugar de privilegio, el lugar de la elección divina. El
ser o no ser hijos de Dios, no es una condición que suceda por casualidad, sino
por voluntad. Ha sido la voluntad de Dios elegir el lugar de la salvación, pero
somos nosotros los que demos elegir entrar en ese lugar y permanecer en
el. Cuando elegimos entrar en el cuerpo
de Cristo, se nos elige para que seamos sus hijos y herederos según sus
promesas.
UN LUGAR DE PROVISIÓN
Además de estar en un lugar de privilegio, el que se
encuentre “en Cristo” tiene acceso a todas las abundantes provisiones
espirituales de Dios. Pablo escribió que el cuerpo de Cristo es “la plenitud de aquel que todo lo llena en
todo” (Efesios 1.23). Además dijo: “... por cuanto agradó al Padre que en
él habitase toda la plenitud” (Colosenses 1.19). De allí que él pudiera decir:
“... vosotros estáis completos en él” (Colosenses 2.10).
Toda bendición espiritual
que Dios nos provee a nosotros,
se encuentra “en Cristo”.
Toda bendición espiritual que Dios nos provee, se
encuentra “en Cristo”. Pablo resumió al comienzo su doxología de Efesios 1, lo
que Dios ha hecho a favor nuestro en Cristo, en una declaración que lo abarca
todo: “Bendito sea el Dios y Padre de
nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los
lugares celestiales en Cristo” Efesios 1.3). La palabra “toda” que Pablo
utiliza, es exhaustiva. No obstante, nadie puede recibir las generosas y
pródigas provisiones de Dios, excepto si entra en Cristo y permanece en éste.
Imagínese las bendiciones, a las cuales tenemos acceso
estando “en Cristo”. En primer lugar, estando “en Cristo”, tenemos bendiciones
que tienen que ver con la salvación. “En él” tenemos perdón: “En quien tenemos redención por su sangre,
el perdón de pecados, según las riquezas de su gracia” (Efes. 1.7). Estando “en Cristo”, somos nuevas
criatura. “De modo que si alguno está en
Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas
nuevas” (2 Corintios 5.17). Estando en “Cristo”, tenemos la vida eterna: “Por tanto, todo lo soporto por amor de los
escogidos, para que ellos también obtengan la salvación que es en Cristo Jesús
con gloria eterna” (2 Timoteo 2.10).
En segundo lugar, estando “en Cristo”, tenemos
bendiciones que tienen que ver con la condición de hijos. Estando “en Cristo
Jesús”, tenemos completo acceso al Padre: “Pero
ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido
hechos cercanos por la sangre de Cristo”; “... porque por medio de él los unos
y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre” (Efesios 2.13, 18).
Estando “en él”, tenemos una
herencia eterna. “En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme
al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su volunta
(Efesios 1.10-11).
En tercer lugar, estando “en Cristo” tenemos
bendiciones que tienen que ver con la segunda.
Estando “en él”, somos sellados con el Espín Santo: “En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el
evangelio de vuestra salvación habiendo creído en él, fuisteis sellados con el
Espíritu Santo de la promesa” (Efesios 1.13). “Estando Cristo” estamos
libres de condenación: “Ahora, pues,
ninguna condenación hay para los que están Cristo Jesús” (Romanos 8.1).
Nuestro Padre que está en los cielos, ha elegido el
cuerpo de Cristo para que éste sea el lugar en el que se hallen todas las
bendiciones espirituales. Solamente los que entren en ese cuerpo y permanezcan
en él, tienen acceso a estos generosos regalos. Considere el ejemplo que nos
refiere el Antiguo Testamento. Israel se prepara para salir de Egipto y a
viajar hacia la tierra prometida de Canaán. La primera pascua tiene lugar. Dios
les ha dado instrucciones a los israelitas en el sentido de que unten el dintel
y las columnas de las entradas a sus casas con la sangre del cordero de la
pascua, y de que permanezcan en sus casas durante la noche de la pascua (Éxodo
12.22). Los que no cumplan con estas instrucciones verán morir a su primogénito
cuando Dios pase por encima. ¡Cuán
solemne será esa histórica noche que ya se acerca!. Toda familia israelita estará levantada toda la noche en solemne
vigilia. Poco después de que la noche comienza, podemos imaginarnos al hijo
mayor de una de las familias preguntando a su padre: “Padre, ¿estás seguro de que untaste con sangre el
dintel y las columnas de la entrada?”. El padre responde: “Sí hijo, lo hice
yo mismo. Fue hecho”. Un poco más tarde, el hijo pregunta: “Padre, ¿no crees
que deberíamos comprobar para asegurarnos de que lo hiciste bien?. Ya casi es
de noche, y tendremos que quedarnos dentro de la casa y no podremos comprobar
más”. El padre dice: “Está bien. Comprobaré y me aseguraré de que todo haya
sido hecho correctamente”. El padre comprueba y afirma que él ha untado la
sangre en las columnas y dintel tal como Dios lo había instruido. El padre
regresa para consolar a su hijo, le da seguridad con estas palabras: “Todo está
bien, hijo mío. Hemos seguido las instrucciones de Dios. Estás a salvo en la
voluntad de Dios”.
Este padre pudo darle seguridad a su hijo porque
estaban viviendo dentro de los límites demarcados por las instrucciones de
Dios. Asimismo, estando “en Cristo”, nosotros estamos dentro de la esfera la
voluntad de Dios(2ª Juan 7-9). Nuestro Padre llenará todas nuestras necesidades
espirituales, siempre y cuando nosotros permanezcamos fielmente en su Hijo.
UN LUGAR DE PROMESA
En tercer lugar, nuestra única esperanza para el
futuro se encuentra “en Cristo”. La sabiduría humana no puede servir como guía
cierta e infalible para esta vida, en cambio, en Cristo “están escondidos todos
los tesoros de la sabiduría y del conocimiento” (Colosenses 2.3). Este mundo
está destinado a la destrucción (2 Pedro 3.10). Por tanto, cualquier esperanza
que se base en este mundo, eventualmente perecerá, en cambio, en “ Cristo”
tenemos una herencia eterna que no desvanecerá (Efesios 1.11).
En cuanto a nuestra esperanza en Cristo, esto fue lo
que Juan escribió: “Y este es el
testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en Hijo” (1 Juan
5.11). Esta vida eterna nos llega de dos maneras: una es la abundancia de
vida en este mundo, y la otra es la vida eterna en el mundo venidero. En Cristo
tenemos esperanza en esta vida y esperanza de la vida venidera —vida abundante
ahora, y vida eterna en los cielos. Esto fue lo que Jesús “... yo he venido para que tengan vida, y para la tengan en abundancia”
(Juan 10.10). Juan además dijo: “El
que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la
vida” (1 Juan 5.12). Juan escribió todavía algo más: “Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo
de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para creáis en el nombre del
Hijo de Dios” (1 Juan 5.13). Según la ley del Antiguo Testamento, cuando un
hombre mataba accidentalmente a alguien, él podía huir a una ciudad de refugio
para protegerse del vengador de la sangre”, el cual estaría buscando el modo de
vengar la muerte de su pariente (Josué 20). Mientras se mantuviera dentro de la
ciudad de refugio, él estaba protegido. En esa ciudad podía vivir una vida
normal, y tener un futuro normal. Si salía de la ciudad, iba a ser
constantemente perseguido por el vengador de sangre, y lo más probable es que
éste lo matara. Tenía una vida y un futuro, solamente en la ciudad de refugio.
Del mismo modo, nuestra única esperanza está Cristo”.
Fuera de él no tenemos las provisiones que necesitamos para una vida abundante
en este mundo ni esperanza segura para la eternidad. Pablo dice que los
gentiles que estaban separados de Cristo, estaban sin esperanza en el mundo
(Efesios 2.12). Del mismo modo, todo el que se encuentre fuera de Cristo, está
sin esperanza en este mundo.
CONCLUSIÓN
En vista de la importancia de la frase “en Cristo”,
sería insensato no preguntarse: “¿Cómo podemos nosotros entrar en
Cristo?”. Hay dos pasajes que responden
nuestra pregunta. En primer lugar Pablo dijo en Romanos 6.3, que a nosotros se
nos introduce en Cristo a través del bautismo neotesmentario: “¿O no sabéis que
todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en
su muerte?”. En segundo lugar, Pablo
dio a conocer esta misma verdad en Gálatas
3.27: “... porque todos los que habéis sido bautizados Cristo, de Cristo estáis
revestidos”.
Cuando creemos en Cristo, nos arrepentimos de haber
vivido en el pecado y nos volvemos a Dios, confesamos que Jesús es el Cristo, y
somos bautizados para el perdón de los pecados, se nos introduce en Cristo por
la gracia de Dios. Sufrimos un cambio inmediato de nuestra posición, pues se
nos ha colocado en un lugar de privilegio, provisión y promesa. Nuestra
condición cambiará continuamente por el crecimiento diario que resulta de
alimentación de la palabra de Dios, la comunión con Cristo y familia de Dios, y
el andar en la luz.
Leí acerca de una iglesia de una confesión religiosa,
que halló petróleo en su propiedad. Eran chorros los que salían, y aquella
iglesia de pronto halló que ella era rica. Inmediatamente dejaron de aceptar
nuevos miembros y decidieron dividirse ingresos mensuales en partes iguales
entre todos los miembros. Esta iglesia se convirtió al instante en un negocio y
le produjo grandes riquezas materiales a los que estaban dentro de ella.
¡La iglesia neotestamentaria es tan diferente de esta
confesión religiosa y de todas las demás!.
Ella es el cuerpo espiritual de Cristo, el cual está lleno de riquezas
de los cielos. Nunca se deja de aceptar nuevos miembros. Todo el que obedezca al evangelio puede
entrar en ella y ser parte de los regalos de
Dios. Todo miembro tiene
libre acceso, mediante Espíritu, a través de Jesús, a toda bendición
espiritual, todo el tiempo. Nadie jamás encontrará que el banco de los cielos
se encuentra cerrado o que no pueda proveer de su inagotable fuente de tesoros
espirituales.
Dado que todo aquel que se encuentre en Cristo tiene
el privilegio de ser hijo de Dios, tiene toda bendición espiritual, y tiene la
esperanza de vida eterna, no hay duda de que la más grande pregunta se podría
hacer en cuanto a nosotros es esta:
¿Se
encuentra usted en Cristo?”.
EGUNTAS PARA ESTUDIO Y ANÁLISIS
10.¿Qué
dice Gálatas 3.27, acerca de la entrada Cristo?
11.Compare
nuestra posición en Cristo con nuestra condición en
Cristo.
12.
¿Cómo podemos estar
seguros de que estamos “en Cristo”?. Fin