La esposa de Cristo

 

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“…pues os he desposado con un solo esposo, para presentaros como una virgen pura a Cristo (2 Corintios 11.2).

   En calidad de broma, algunas mujeres dicen:  “Sabe usted por qué hizo Dios al hombre primero?. ¡Fue porque quiso hacer un boceto en bruto antes de hacer la obra maestra!”. Hablando ya en serio, la mujer, según Dios la creó, es una hermosa criatura —la más hermosa de la creación entera de Dios.

   Una mujer difícilmente se verá más hermosa otro día que no sea en el de su boda. ¿Qué esposo habrá que se olvide de la radiante belleza de su novia el día de la ceremonia nupcial, cuando ella desfiló hasta el frente para prometerle su vida y corazón a él? El encanto de ella en aquel momento se le quedará grabado en su mente hasta que la vejez le oscurezca la memoria o la muerte le pida su cuerpo.

   No hay otra figura de la iglesia que tenga tanta posibilidad de fascinarnos y emocionamos, como la figura que describe la palabra “esposa”. Ésta tal vez se clasifique como la más pintoresca de todas las figuras que el Nuevo Testamento utiliza para referirse a la iglesia.

   Juan es el único escritor del Nuevo Testamento, que directamente utiliza el término como una descripción de la iglesia. Para ello, él entremezcló el estado terrenal y el estado celestial de la iglesia (Apocalipsis 21.2,9; 22.17). Sin embargo, Jesús hace alusión a la iglesia como esposa en Marcos 2.19, del mismo modo que lo hace Pablo en 2 Corintios 11.2. Otras alusiones similares incluyen la comparación que hace Pablo en Efesios 5.22-33 y la analogía de este mismo en Romanos 7.1-4.

   La idea de que la iglesia es la esposa de Cristo nos provee de una visión más de la naturaleza y carácter de ella. Para poder tener un entendimiento completo de lo que la iglesia debe ser, es necesario considerar todos los términos, imágenes y figuras que el Espíritu Santo utilizó para describirla.

   ¿Qué características sugiere esta figura de la esposa cuando se le aplica a la iglesia?

 

UNA LEALTAD INCUESTIONABLE

   En primer lugar, el término “esposa” transmite la idea de fidelidad. Una esposa es una que ha hecho un compromiso; ha hecho un pacto que requiere de su amor, de su lealtad y de su vida.

   Pablo temía que los corintios estuvieran volviéndose del verdadero Cristo a un falso Jesús, a un falso evangelio. En consecuencia, él utilizó el lenguaje más fuerte posible para apremiar a lo corintios a estar firmes y conservarse puros: “Porque os celo con celo de Dios pues os he desposado con un solo esposo, para presentaros como una virgen pura a Cristo” (2 Corintios 11.2). Es impensable que una esposa traicione a su esposo; así, Pablo utilizó la relación del desposorio para ilustrar la fidelidad que un cristiano le debe a Cristo.

¿Qué otra ilustración hay, que pueda sugerir mayor fidelidad, que la unión entre el esposo y la esposa?.  La mayoría de nosotros ha oído historias de esposos y esposas que eligieron morir juntos, antes que estar separados el uno del otro. Para ellos, la devoción que sentían en sus corazones el uno hacia el otro, fue más importante que la vida misma.

   El único imperativo que a la iglesia se le ordena cumplir, es el de la fidelidad a Cristo. Lo que se requiere de las personas que le pertenecen, no es que tengan éxito, ni que prosperen, ni siquiera que vivan —sólo que sean fieles a él (Apocalipsis 2.10). Debemos ponerle un precio a nuestro compromiso con él, que esté por encima del valor que le concedamos a cualquier otra relación (Lucas 14.26), posesión (Lucas 14.33) o causa (Lucas 14.27).

 

UNA IDENTIDAD SINGULAR

   En segundo lugar, la ilustración en el sentido de que la iglesia es la esposa de Cristo, conlleva la idea de identidad. Somos un grupo de personas que hemos reducido el ámbito de nuestros afectos a uno solo, y es con esta resuelta determinación que hemos hecho un pacto con Cristo. De allí que le pertenezcamos a Cristo, y que Cristo nos pertenezca nosotros, del mismo modo que un esposo y una esposa se pertenecen el uno al otro. Hemos puesto la mirada en Cristo como la cabeza que él es, y llevamos su nombre, y él nos toma por su cuerpo sobre la tierra, y se refiere a nosotros como su iglesia.

   El matrimonio significa que tanto el esposo, como la esposa, obtienen una nueva identidad, lo cual es especialmente cierto en el caso de la esposa, pues cuando ésta se somete a los términos del contrato de matrimonio para toda una vida, ella recibe un nuevo nombre, el nombre de su esposo. De un modo similar, cuando nosotros entramos en la iglesia y llegamos a ser parte de “las iglesias de Cristo” (Romanos 16.16), cobramos una nueva identidad, la cual surge de nuestra unión con Cristo.

   Dios ha dispuesto el matrimonio de modo tal, que el esposo y la esposa lleguen a ser uno solo: “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne” (Génesis 2.24). Del mismo modo, cuando uno se convierte, uno llega a ser uno solo con Cristo (Romanos 6.3). Esta unidad es tan profunda que no  hay mejor manera de ilustrarla, sino por medio de la unidad que un esposo y una esposa experimentan:

   “Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos... como también Cristo a la iglesia, porque somos miembros de su cuerpo” (Efesios 5.28-30).

   De todos los compromisos que una persona hace en su vida, aparte del compromiso de llegar a ser cristiano, el matrimonio puede ser el más importante. La relación matrimonial es tan extremadamente importante que todo aquel que entre en ella, debe convertirse en una persona diferente. Antes del matrimonio era uno; después del matrimonio es dos; antes del matrimonio era él mismo, pero después del matrimonio le pertenece a otra persona. De modo similar, cuando entramos en la iglesia neotestamentaria, nos convertimos en el cuerpo de Cristo. Ya no somos lo que éramos anteriormente; hemos llegado a ser cristianos, es decir, personas a las que se nos identifica por ser uno con Cristo.

 

UNA RELACIÓN NO SUPERADA POR NINGUNA OTRA

   En tercer lugar, una esposa sostiene un compromiso especial, que está en continua realización, con el esposo. No existe sobre la faz de la tierra otra relación que se pueda ubicar dentro de la misma categoría en la que se ubica la relación que hay entre la esposa y el esposo.

   Pablo caracterizó con detalles en Efesios 5.22-33, el vínculo que une a la iglesia con Cristo; y para ello extendió el paralelo establecido entre ese vínculo y el de la relación que hay entre el esposo y la esposa. Su ilustración explica los papeles que Dios les ha dado al esposo y a la esposa en el matrimonio cristiano, pero su enfoque primordial es en la relación que hay entre Cristo y la iglesia (Efesios 5.32).

   Cuando Pablo hizo la comparación, él fue inspirado a poner el énfasis en el aspecto de la sumisión. Como esposa de Cristo que es, la iglesia se somete a Cristo, el cual es cabeza de ella. Esto fue lo que dijo:

   “Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador” (Efesios 5.22-23). La iglesia busca en Cristo el liderazgo, del mismo modo que la casada se somete a su esposo.

   Ya alguien lo dijo: “El gobierno perfecto es una dictadura, con la condición de que el dictador sea perfecto”. La iglesia se somete al perfecto Cristo, gozando así de un liderazgo perfecto. La iglesia no busca gobierno por parte de hombre o grupo de hombres alguno, ni por parte de sede terrena alguna. La iglesia de Cristo sólo tiene una cabeza, ésta es Cristo el Señor.

   Cuando entramos en el cuerpo de Cristo somos cubiertos con el cuidado y provisiones de Cristo, así como la esposa es cubierta con el amoroso cuidado de su esposo.

   Cada vez que analizo el contenido de Efesios 5.22-33, en una clase bíblica, yo menciono que el versículo 23, se aplica a la esposa, no al esposo, que el versículo 25, se aplica al esposo, no a la esposa.  La palabra que le atañe a la esposa es “sumisión”, la que le atañe al hombre es “sacrificio”. Según lo que dice Pablo, un buen esposo se distingue por menos dos cualidades:

1) Amará a su esposa sacrificándose por ella, así como Cristo amó a la iglesia, y

2) Procurará la manera de proveerle de la más alta calidad de liderazgo espiritual posible.

   Del mismo modo, según lo que dice Pablo, una buena esposa se distingue por al menos dos cualidades:

1) Se someterá a su esposo como cabeza de ella que él es y

2) Amará a su esposo de la misma manera que la iglesia ama a Cristo.

   No es posible para persona alguna tener con Cristo, esta exclusiva clase de relación que hay entre el esposo y la esposa, sin haber entrado primero en la iglesia. No hay organización ni institución —por más renombrada o entregada al servicio que ella sea— a la que se le pueda conceder el privilegio de tener con Cristo, esta clase de relación que hay entre el esposo y la esposa, como tampoco se le puede dar a cualquier otra mujer los mismos privilegios que tiene la esposa de un hombre.

 

PROVISIONES ILIMITADAS

   En cuarto lugar, ser la esposa de Cristo, significa que se cuenta con las provisiones del cuidado y del amor de Cristo. ¿Quién podrá entender, en su totalidad, las bendiciones que se le prodigan a la esposa del Rey de reyes y Señor de señores?

   Lo primero que Jesús le provee a su iglesia es la salvación. Pablo se refirió a Cristo como el “Salvador” de su cuerpo, es decir, de la iglesia (Efesios 5.23). El le dio esta salvación a su iglesia cuando puso su vida por ella: “... así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella” (Efesios 5.25). Otra bendición que Jesús le da a la iglesia, es que la sustenta. Pablo dijo que el esposo debe sustentar a su esposa “como también Cristo a la iglesia” (Efesios 5.29). Jesús guarda a la iglesia en santidad y le asegura su futuro: “... para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha” (Efesios 5.26-27).

  A los niños (y a los adultos) les gusta el encantador relato de la Cenicienta. Nos atrae la idea de que una esclava maltratada pueda eventualmente casarse con un príncipe. Vayamos más allá del final de la historia. ¿Cuál es “el resto de la historia”? Qué clase de vida vivió la Cenicienta siendo ya la esposa del príncipe?. ¡Cuán diferente debió haber sido la vida para ella!.  Después de haber estado acostumbrada a la pobreza, el trabajo esclavizante la burla y la desilusión, ahora conocía el lujo, la riquezas, la ayuda de siervos y tenía un glorioso futuro en su nuevo hogar y vida. El haberse casad con el príncipe le deparó una nueva identidad, un nueva vida, e innumerables deleites.

   Cuando entramos en el cuerpo de Cristo somos cubiertos con el cuidado y provisiones de Cristo, así como la esposa es cubierta con el amoroso cuidad de su esposo. La iglesia es la única entidad que cuenta con la promesa de estar a buen recaudo por parte de Cristo.

 

PROMESA SIN PARANGÓN

   En quinto lugar, como esposa de Cristo que es, la iglesia gozará del mismo futuro que Cristo gozare. La iglesia irá al mismo lugar adonde Cristo vaya,  recibirá lo que Cristo reciba, y vivirá con Cristo eternamente.

   El uso específico de la palabra “esposa” en el Nuevo Testamento, en relación con la iglesia, se encuentra en Apocalipsis 21 y 22. Juan utilizó la palabra para combinar la naturaleza de la iglesia con el destino de ésta. Lo primero que vio, fue “la nueva Jerusalén, descender del cielo de Dio dispuesta como una esposa ataviada para su marido (Apocalipsis 21.2). Más adelante, un ángel le dijo a Juan: “Ven acá, yo te mostraré, la desposada, la esposa del Cordero” (Apocalipsis 21.9). Luego fu llevado en el Espíritu a un monte grande y alto, y se le mostró “la gran ciudad santa de Jerusalén, que descendía del cielo de Dios, teniendo la gloria de Dios. .“ (Apocalipsis 21.10-11). El libro de Apocalipsis termina con una invitación del Espíritu y de la Esposa: “Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente” (Apocalipsis 22.17).

   La iglesia ha de ser vista, según el Espíritu, como la desposada de Cristo mientras esté sobre la tierra, y como la esposa de Cristo cuando se encuentre en los cielos. Lo anterior encaja con la exhortación que hace Pablo a la fidelidad en 2 Corintios 11.2: “Porque os celo con celo de Dios; pues os he desposado con un solo esposo, para presentaros como una virgen pura a Cristo”.

   La relación de la desposada con su prometido tiene como objetivo el matrimonio en sí. Juan describió una visión de la nueva Jerusalén, la ciudad santa, cuando ésta descendía del cielo como una esposa ataviada para su marido, e interpretó esta visión como un anuncio del momento en que la iglesia pasará del estado de desposada al de esposa. La figura es una combinación de la naturaleza de la iglesia, simbolizada por el término “esposa”, con el futuro de ella, el cual es representado por la ciudad celestial que desciende como la esposa del Cordero.

   Jesús ha prometido salvar sólo a su cuerpo, es decir, la iglesia (Efesios 5.23), y no a ninguna otra institución. El futuro de su iglesia se representa en Apocalipsis como el cumplimiento de una promesa hecha anteriormente, y como la victoria sobre el maligno.   Si usted desea entrar en esa ciudad eterna, as Escrituras le guían a procurarla la entrada a través de la fidelidad a Cristo y a su iglesia.

 

HERMOSURA SIN MANCHA

   En sexto lugar, el término “esposa” da la idea de belleza. No hay nada que exceda el encanto de una esposa. Su gracia y hermosura son proverbiales.

   Esto fue lo que Juan escribió: “Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido” (Apocalipsis 21.2; énfasis nuestro). Cuando Isaías escribió acerca de las bendiciones del Señor, él utilizó el atractivo de una novia a modo de ilustración: “En gran manera me gozaré en Jehová, mi alma se alegrará en mi Dios; porque me vistió con vestiduras de salvación, me rodeó de manto de justicia, como a novio me atavió, y como a novia

adornada con sus joyas” (Isaías 61.10). Él más adelante comparó al pueblo fiel de Dios con la radiante belleza de una esposa: “... como gozo del esposo con la esposa, así se gozará contigo el Dios tuyo” (Isaías 62.5).

   Una costumbre que observan muchas parejas de los Estados Unidos y también en México es no permitir que el novio vea el vestido de la novia, sino hasta el momento en que ella lo lleve puesto para desfilar hacia la ceremonia nupcial. Según esta costumbre, la novia está verdaderamente “ataviada para su marido”. Cuando éste la ve por primera vez, halla que su belleza lo deja sin palabras.

   La iglesia, la esposa de Cristo, está vestida con vestiduras de justicia y con vestido de novia de santidad. Esto fue lo que Pablo escribió: “... a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que - no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino

que fuese santa y sin mancha” (Efesios 5.27).

   Si la iglesia es hermosa para Cristo, también lo será para el mundo. Es tal como dice el cliché: Cuida de tu carácter, y tu carácter cuidará de tu reputación”. Así como la iglesia permanece pura a través de la palabra de Cristo, y de este modo es hermosa para Cristo, la reputación de ella en el mundo será lo que debe ser.

   Es por medio de permanecer en la palabra, por medio de ser fiel a Cristo, que la iglesia se atavía para el matrimonio con éste en los cielos. Nosotros nos preparamos para esa ocasión especial mediante la observancia de un carácter puro y un espíritu sin culpa delante de Dios (2ª  Pedro 1.3-11).

 

CONCLUSIÓN

   ¿Qué es más hermoso que una novia ataviada para su marido?. La hermosura, la pureza y la fidelidad de toda una vida, están todas representadas en la palabra “esposa”. Es fácil ver por qué el Espíritu eligió esta figura para expresar la naturaleza de la iglesia. En este término, vemos encerrada la singular relación que tiene la iglesia con Cristo, la fidelidad de la iglesia a Cristo, las provisiones de Cristo para la iglesia, la identidad que Cristo le da a la iglesia, y el futuro que Cristo le ha reservado a la iglesia. La figura nos recuerda de las ventajas y aspiraciones que tenemos como cristianos que somos, como también de nuestras obligaciones y oportunidades. Nos invade con la idea del hermoso y glorioso lugar que tiene la iglesia al lado de Cristo.

   Una vez constatado que la iglesia es la esposa de Cristo, ¿quién no desearía ser miembro de ella?. ¡Cuán gran privilegio conlleva el ser la esposa de Cristo!. Es obvio que cualquiera que se prive de entrar en el cuerpo de Cristo y de vivir como seguidor de Cristo, no ha entendido la naturaleza de la iglesia.

   Suponga que alguien le ofreciera un vasto tesoro y que usted pudiera gastarlo como quisiera. ¿Lo aceptaría? ¿Puede imaginarse que alguien se rehúse a aceptar el premio de diez millones de dólares de la lotería del Reader’s Digest?.  Si el dinero se lo otorgaran a usted, ¿se portaría usted indiferente hacia él?.  ¿Acaso diría usted: “Con que diez millones de dólares. Lo siento no estoy interesado”?.  La respuesta es obvia. Usted se regocijaría eufóricamente con las riquezas que habría recibido.

   La invitación que le hace Cristo a entrar en su iglesia y a vivir siendo su esposa, trasciende todas las riquezas y puestos de gloria y placer que hay sobre la tierra. Se trata de una invitación a entrar en una relación eterna con Jesús, la cual le prodigará bendiciones aquí y más allá de nuestra habilidad para entenderlo, en la eternidad.

“Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo... Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos” (Hechos 2.38, 47).

 

PREGUNTAS PARA ESTUDIO Y ANÁLISIS

  1. Haga una lista de las características de una esposa.
  2. ¿Cuál escritor neotestamentario se refiere específicamente a la iglesia como la “esposa de Cristo”?
  3. ¿Qué significa serle fiel a Cristo?
  4. ¿De qué modo cambia el matrimonio nuestra identidad?
  5. ¿Diría usted que el matrimonio es uno de los compromisos más serios que hacemos en la vida?
  6. ¿Qué significa la palabra “sumisión”?
  7. Comente la aseveración: “El gobierno perfecto es una dictadura, con la condición de que el dictador sea perfecto”. Relacione esta aseveración con Cristo.
  8. ¿De qué modo ha de amar un esposo a su esposa, según lo que dice Efesios 5.22—33?
  9. ¿De qué le provee Cristo a su iglesia?
  10. ¿Qué clase de futuro le aguarda a la iglesia de Cristo? Describa este futuro con sus propias palabras.
  11. ¿Cuáles características principales le recuerda a usted la idea de que la iglesia es la “esposa de Cristo”?
  12. ¿Le ha prometido Cristo la salvación a su iglesia? ¿Le ha prometido él salvación a alguna otra iglesia?.  Fin