HOMILÉTICA

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CONSEJOS PARA PREDICADORES EN EL PULPITO

  1. Sube el pulpito con entera dependencia en Dios; observa un porte digno, maneja tu lenguaje con toda naturalidad.  Domina tu tema y cíñete a él.  Mientras hablas, trata que la mente del auditorio este fija en Cristo y no en ti.  No olvidemos que el objeto es dirigir las almas a Cristo.
  2. Al principiar tú discurso, ponte derecho, hombros hacia atrás, pecho adelante, respiración profunda.  Mantente en esa posición durante el sermón entero.  Los brazos libres, las manos nunca en el bolsillo.
  3. No permitas que las manos hagan tropezar al pensamiento, tocando objetos del pulpito, pelo, barba, ropa o haciendo movimientos raros. Todo movimiento de esta naturaleza desvía el pensamiento.
  4. Usa gestos cuando haya razón especial para ello; de otra manera, no. Los gestos o ademanes no son ornamentos sino auxilios.  Úsalos para la claridad y eficacia, nunca para adorno.
  5. Al hablar mueve los labios, de modo que una persona sorda fácilmente pueda leer las palabras por su movimiento.
  6. Evita la monotonía: que haya variación y cambio de voz.
  7. Abre la boca más de lo ordinario al hablar al público, emitiendo la voz en tono rico  pleno y claro.
  8. Habla despacio y con cuidado acentuando cada sílaba.  Procura no hacer contracciones, haciendo una sola sílaba o palabra de dos.
  9. Aumenta tú vocabulario, estudiando el valor de las buenas palabras.
  10. Evita expresiones vulgares y modos incultos de hablar, a no ser que cites dichos de otros para el buen efecto.
  11. Permite que tu rostro manifieste el cambio de las emociones que produce en ti lo que dices.
  12. Fija la vista en el rostro de los oyentes, no en los que ocupan una sola sección de asientos.
  13. Procura que te domine un espíritu de bondad, a pesar de la tentación que puede haber de hablar con amargura, recriminación bajo un temperamento de violencia critica o reproche.
  14. No hables tan alto que en la congregación algunos no te entiendan. El asunto no está en ser un enciclopédico y latinista, sino en presentar el mensaje de amor por Jesucristo en tal forma, que los entendidos y los simples lo puedan entender.
  15. Pide a Dios que te dé gracia para todo a fin de que resulte en su honra y gloria.

 

NOTA:  Arreglado por: F. Ávila E.