HOMILÉTICA
(15)
CONSEJOS PARA
PREDICADORES EN EL PULPITO
- Sube el pulpito con entera dependencia en
Dios; observa un porte digno, maneja tu lenguaje con toda
naturalidad. Domina tu tema y
cíñete a él. Mientras hablas,
trata que la mente del auditorio este fija en Cristo y no en ti. No olvidemos que el objeto es dirigir
las almas a Cristo.
- Al principiar tú discurso, ponte derecho,
hombros hacia atrás, pecho adelante, respiración profunda. Mantente en esa posición durante el
sermón entero. Los brazos libres,
las manos nunca en el bolsillo.
- No permitas que las manos hagan tropezar al
pensamiento, tocando objetos del pulpito, pelo, barba, ropa o haciendo
movimientos raros. Todo movimiento de esta naturaleza desvía el
pensamiento.
- Usa gestos cuando haya razón especial para
ello; de otra manera, no. Los gestos o ademanes no son ornamentos sino
auxilios. Úsalos para la claridad
y eficacia, nunca para adorno.
- Al hablar mueve los labios, de modo que una
persona sorda fácilmente pueda leer las palabras por su movimiento.
- Evita la monotonía: que haya variación y
cambio de voz.
- Abre la boca más de lo ordinario al hablar al
público, emitiendo la voz en tono rico
pleno y claro.
- Habla despacio y con cuidado acentuando cada
sílaba. Procura no hacer
contracciones, haciendo una sola sílaba o palabra de dos.
- Aumenta tú vocabulario, estudiando el valor
de las buenas palabras.
- Evita expresiones vulgares y modos incultos
de hablar, a no ser que cites dichos de otros para el buen efecto.
- Permite que tu rostro manifieste el cambio de
las emociones que produce en ti lo que dices.
- Fija la vista en el rostro de los oyentes, no
en los que ocupan una sola sección de asientos.
- Procura que te domine un espíritu de bondad,
a pesar de la tentación que puede haber de hablar con amargura,
recriminación bajo un temperamento de violencia critica o reproche.
- No hables tan alto que en la congregación
algunos no te entiendan. El asunto no está en ser un enciclopédico y
latinista, sino en presentar el mensaje de amor por Jesucristo en tal
forma, que los entendidos y los simples lo puedan entender.
- Pide a Dios que te dé gracia para todo a fin
de que resulte en su honra y gloria.
NOTA: Arreglado por: F. Ávila E.