AMAR Y
VIVIR
(1ª Tes.
4:9-12)
(Lección - 9)
“Pero os rogamos, hermanos, que
abundéis en ello más y más...” (4:l0 b).
Los cristianos siempre tendrán
espacio para crecer. Al igual que las demás cartas del Nuevo Testamento, 1ª Tesalonicenses alienta a crecer en el buen
comportamiento. Los fieles, y amorosos, nuevos cristianos, a los cuales esta
carta les fue enviada, se les instruyó evitar la fornicación y buscar la
santidad, pero también se les animó a cultivar dos atributos positivos en sus vidas:
un amor entusiasta y una vida llena de paz. Estas cualidades tendrían un buen
efecto entre los que estaban alrededor de ellos, tanto entre sus hermanos
cristianos, como también, entre los que se encontraban fuera de la iglesia del
Señor. La mejor manera posible de ejercer una influencia positiva y útil sobre
los que los rodeaban, era teniendo la clase de comportamiento que es correcto a
los ojos de Dios. El evangelio sería demostrado en sus vidas.
El amar y el vivir según la
manera que a Dios le agrada, deben ser características que cultivemos como
parte del crecimiento cristiano. La madurez cristiana entraña la manera como
nos relacionamos con nuestro prójimo, y también la manera corno actuarnos en
nuestro vivir diario.
CREZCA EN EL AMOR (4:9-40)
¿Está usted creciendo en el amor?
Podría ser desconcertante que se nos haga esta pregunta. A veces nos
desconcierta porque no estarnos tratando de madurar en el amor. A veces es
incómodo que se nos pregunte porque creemos que no es parte de nuestra naturaleza
el ser amorosos. Podría, inclusive, ser molesto que se nos pregunte, porque
pensamos que ya somos personas amorosas.
Los apóstoles habían venido a
Tesalónica a predicar el evangelio (2:2), y estas personas que fueron
convertidas lo habían recibido como el mensaje de Dios (2:13). No hay duda de
que las enseñanzas de ellos incluían el mensaje del amor de Dios (1:4). Los
maestros habían demostrado también este amor en sus acciones a favor de los
tesalonicenses (2:7-8). Los nuevos cristianos habían imitado el amor del cual
habían oído que se enseñó, y del cual habían sido objeto por parte de estos
predicadores itinerantes (3:6). No necesitaban que se les hablara del amor,
pues ya habían escuchado, experimentado y seguido ese mandamiento.
Este proceso fue el que Jesús
predijo que sería un indicio de la presencia del evangelio en medio del pueblo
de Dios, cuando El dijo: “Un nuevo mandamiento os doy: Que os améis unos a
otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán
todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros” (Juan
13:34-35). En esta carta ala joven iglesia, Pablo dijo que el propósito de Dios
era que este proceso continuara y se expandiera en las vidas de ellos.
A estos cristianos se les elogió
por el amor de ellos para con los que estaban en la congregación de ellos y
para con los que estaban en las iglesias vecinas de la provincia, tales como
los de Berea y los de Filipos.
Estaban cumpliendo bien el mandamiento de amar a los hermanos. Se les animó a
crecer en el amor, así como se les había animado anteriormente en la carta (3:12).
Los receptores de esta carta no estaban siendo criticados porque les faltara
amor. Ya estaban amando y lo estaban haciendo bien; pero el potencial de ellos
era mucho mayor, así que se les animó a continuar progresando (4:9-10).
A esta amorosa congregación se le
apremió a ser más amorosa. ¿Por qué así? El amor debió haber sido un aspecto
importante del cristianismo, para ellos. Si era importante para ellos, entonces
también debe serlo para nosotros. ¿Cuán bien estamos amando? ¿Se nos podrá
elogiar como lo fueron estos nuevos creyentes? ¿Conoce la gente de nuestra
congregación y de nuestra comunidad nuestro amor? ¿Tenemos reputación de ser
amorosos tal como la tenían estos nuevos discípulos de Jesús? ¿Pueden los demás
ver que somos cristianos, por el amor que les tenemos a los demás? (Juan 13:35).
¿Cómo podemos abundar en el amor?
¿Cómo podemos ayudar a los demás a ser más amorosos? Por medio de entender y
reflejar el amor de Jesús. Jesús les pidió a sus discípulos que se amaran unos
a otros como Él los había amado (Juan 13:34; 15:12). Primero, debemos entender
cómo es Su amor.
Necesitamos lecciones sobre el
amor de Dios tal como éste es mostrado por Jesús. Necesitamos lecciones sobre
cómo seguir a Jesús, sobre cómo ser sus discípulos genuinos y seguir sus
pisadas. Necesitamos lecciones sobre pensamientos amorosos, sobre palabras
amorosas y obras amorosas, y sobre el valor de estas acciones de amor. Podemos
empezar a practicar el amor de Cristo en formas sencillas, extendiéndoselo a
una persona a la vez. Si dejamos que
nuestro amor a Dios nos impulse a poner en práctica las acciones de estos
maestros a favor de estos nuevos cristianos, les ayudaremos amorosamente a las
vidas de los demás a crecer y a florecer! ¡Esta es una
obra importante en nuestras vidas!
Sea un pensador amoroso; ore,
anime, agradezca, escriba cartas y visite, haciéndolo todo amorosamente. Si no
está haciendo estas obras, empiece hoy Si siente que lo está haciendo bien, tal
como estos hermanos lo estaban haciendo, entonces esta lección también es para
usted, para animarlo a progresar. ¡Ame como Jesús ama! ¡Cambiará su vida y la
de los demás, para bien, y para siempre!
CREZCA EN EL VIVIR (4:11)
A los cristianos de Tesalónica se
les pidió que se ocuparan en los negocios de ellos (4:11). Dios quería que
ellos hicieran bien sus propios trabajos. En la segunda carta a esa iglesia,
Dios les enseñaría sobre los peligros de entrometerse en los asuntos de los
demás. Este versículo enfatiza que el trabajo es importante. Es importante para
Dios, y El quería que fuera importante para ellos.
A veces pensamos que a Dios
solamente le interesa el trabajo de los que predican sermones y enseñan clases
bíblicas. Quería que la iglesia de Tesalónica —y nosotros— se enterara de lo
importante que es para Él que ellos trabajen con sus manos. Éste es trabajo de
Dios tanto como lo es la predicación del evangelio. Él desea que pongamos
nuestro mejor empeño en la ejecución de nuestros trabajos a la manera que Él
desea. Estos hermanos habían recibido el mandamiento de Dios a trabajar de tal
manera, pero también habían visto grandes ejemplos de personas que estaban
dispuestas a llevar a cabo la difícil tarea de predicar el evangelio con
paciencia y sosiego, a la vez que trabajaban de día y de noche para no serles
gravosos a los demás (2:8-9).
A estos cristianos se les pedía
ahora seguir esa regla en sus propios empleos. Al igual que los siervos y los
amos de Colosas, ellos necesitaban darse cuenta, de
que Dios es el Amo de todos, y que cuando hacemos nuestro trabajo bajo la guía
de El, ello hace de nuestro trabajo el trabajo de El. A los de Colosas se
les dijo: “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para
los hombres” (Colosenses 3:23). ¡Tenían al más grandioso de los Amos del mundo!
¡Él es nuestro Amo también! ¡Trabaje usted para el Señor!
¿Es usted ambicioso? Dios quiere
que usted lo sea. Él no quiere que seamos ambiciosos por medios pecaminosos, ni
tampoco quiere que procuremos alcanzar metas y honores humanos. La manera de
Dios de ser ambiciosos es que hagamos nuestros mejores esfuerzos en nuestros
empleos. El es el mejor jefe del mundo. Conoce nuestros potenciales y nuestras
limitaciones. Siempre desea lo mejor para nosotros. El sabe que el trabajo es
bueno para nosotros y que el hacerlo bien nos trae beneficios a nosotros y a
los demás. El trabajo suyo es importante para Dios. Puede que no sea apreciado
por los demás, incluso, que ni sea conocido por muchos, pero Dios tiene un
propósito para usted, y es que usted sea el mejor empleado de su trabajo.
A Dios le interesa su trabajo. En
el mundo, y a veces entre los cristianos, tenemos la impresión de que algunos
trabajos son más importantes que otros. Debido a esto, a menudo, caemos en la
trampa de honrar a la gente por su posición laboral, pasando por alto los
motivos y los esfuerzos de ellos. Tenemos la tendencia a creer que a Dios le agrada
más un doctor que un barredor de pisos. Eso no es cierto. Aquel que tenga su
corazón centrado en Dios, es más agradable para El, que otro que gane muchos
títulos, placas, y certificados. Pablo consideró los honores humanos corno
“basura” (Filipenses 3:4-8). Tengo tres parientes que son doctores. Es un gran
empleo. Pero también lo es el recoger basura, el cuidar niños, o el limpiar
pisos sucios, cuando el trabajo se hace para Dios.
Lo que le agrada a Dios es que
reconozcamos que estamos trabajando para Él, y luego, que hagamos nuestro
trabajo de acuerdo con esto. ¡Cuando una madre alimenta a su hijo motivada por
la preocupación amorosa de ella, ese es el trabajo más importante del mundo!
¡Cuando un niño trata de hacer la voluntad de Dios por medio de obedecer a sus
padres y de limpiar su habitación, esa es la ambición de Dios! Haga su trabajo
bien; usted está trabajando para el Dios del universo!
IMPRESIONE A LOS DE AFUERA (4:12)
¿Cuáles son los resultados de
trabajar bien y sosegadamente para Dios en su lugar de trabajo? Son dos resultados
los que se mencionan en 4:12: el efecto en los que están fuera de la iglesia y
el efecto en las necesidades de nosotros.
¿Qué piensan los de afuera acerca
de la iglesia? En Tesalónica, algunas personas se oponían violentamente a la
predicación del evangelio y resistían a los que obedecían el mensaje. Hechos
17, nos muestra el entusiasmo con el que algunos judíos perseguían a los
predicadores del evangelio y a los que respondían al mensaje. ¿Cómo reaccionarán
los de afuera a la iglesia? ¿La amarán o la odiarán? Eso depende de ellos. Lo
que a Dios le interesa es cómo nosotros, como cristianos que somos, nos
comportamos a los ojos de nuestros vecinos. Aun en los momentos de persecución,
era importante para los cristianos de Tesalónica portarse bien. A los
cristianos dispersos se les dijo: “...
manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los Gentiles; para que en lo
que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de
la visitación, al considerar vuestras buenas obras” (1ª Pedro 2:12).
Cuando tenemos contacto con los
que están fuera de Cristo, es importante no solamente evitar el mal, sino
también, hacerles ver lo que está bien en nuestras vidas. “Andad sabiamente
para con los de afuera, redimiendo el tiempo” (Colosenses 4:5). Dios ve nuestra
asociación con los no cristianos como una oportunidad valiosa para mostrarles a
ellos el camino de El. La forma como reaccionen depende de ellos. No somos
responsables de las acciones de ellos, pero sí tenernos la oportunidad de
enseñarles con nuestras vidas, y ellos tienen una oportunidad en potencia, de
enterarse de lo que Dios desea en las vidas de ellos. ¡Puede que nosotros
seamos la primera y única oportunidad de que vean
Cuando nosotros, como cristianos
que somos, seguimos el camino de Dios entre los que no conocen a Dios ni el
mensaje de Este, los de afuera se preguntarán acerca de las razones para
nuestras acciones. Esta es una buena oportunidad de decirles que estamos
tratando de hacer lo que Dios desea. Debemos rechazar la tentación de decir:
“Esa es la manera como me criaron”; “Eso es lo que me enseñó mi madre”; “Eso es
lo que creo correcto”. Aunque estas expresiones sean ciertas, no le dan la gloria
a Dios. En lugar de eso, centran la atención en nosotros. La razón por lo cual
hagamos cualquier cosa, debería ser porque eso es lo que Dios desea. Entonces,
es mejor que demos una respuesta que le dé reconocimiento y honra a Dios. Tal
vez podríamos decir: “Eso es lo que Dios desea”; “Eso es lo que
La otra razón dada en el
versículo doce, por la cual debemos hacer bien nuestro propio trabajo, es que
no pasemos necesidad. Cualquier cosa que Dios quiera que hagamos producirá
beneficios. El trabajo no solamente le produce una buena impresión a los de
afuera, sino que también suple nuestras necesidades diarias. A los cristianos
de Éfeso se les dijo: “El que hurtaba, no harte más, sino trabaje, haciendo con
sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece
necesidad” (Efesios 4:28). El trabajo para suplir nuestras propias necesidades,
y para compartir con los demás, debe ser parte de la vida de todo cristiano.
En la actualidad, muchos
gobiernos tienen programas de bienestar social para cuidar de los necesitados.
Estos programas les han ayudado a muchos, pero es pecaminoso aprovecharse de
tales beneficios cuando podríamos trabajar para sostenemos a nosotros mismos y
a los demás. ¿Cómo podremos infundirles el deseo de trabajar a los cristianos?
Podemos empezar con nuestros hijos, dándoles buenos ejemplos que los animen a
ayudar cada vez que puedan, dándoles responsabilidades que puedan cumplir, y
enseñándoles sobre las responsabilidades que tendrán cuando alcancen la edad
adulta. Podemos ayudarles a ver el trabajo como una bendición dada por Dios,
que es deseable y beneficioso para ellos mismos y para los demás, y no como
algo que están obligados a hacer, ni como algo que deberían evitar si pudieran
salirse con la suya.
Los cristianos que son ociosos
—que no tratan de cuidar de sus familias y que no les agrada trabajar— no son
buenos reflejos de la naturaleza de Dios. Por otro lado, los cristianos que
trabajamos, que ven por nuestras propias necesidades, y les ayudamos a los
demás, somos una importante influencia en el mundo que nos rodea. Al poner en
práctica tal comportamiento, demostramos al mundo cómo es Dios y cómo es el
pueblo de Éste, además de que seremos de gran beneficio para la sociedad al ver
por nuestras propias familias y por los que padecen necesidad. Podemos ser
obreros de Dios en el mundo de Dios para el bien de muchas personas.
CONCLUSIÓN
Todos nos podemos beneficiar de
la instrucción dada en el sentido de abundar “más y más” en el amor entusiasta.
A través del amor podemos darles el mejor aliento posible a nuestros hermanos.
A través del trabajo sosegado, podemos proveer para nuestras propias
necesidades, y ejercer la mejor influencia posible en los que están fuera de la
familia de Dios.
Piense y propóngase desarrollar
estos atributos en su vida. Si todos hacemos esto, los resultados serán
iglesias más sólidas, una reputación saludable para la iglesia entre los que
aun no forman parte del pueblo de Dios, y la capacidad para ayudarles a otros
que padezcan necesidad. Usted puede contribuir a edificar iglesias más sólidas
con una buena reputación y con el anhelo de ayudar a los demás por medio de
abundar en el amar y en el vivir.