MAESTROS
SIERVOS
(1ª Tes.
2:1-12)
“... habéis llegado a sernos muy
queridos” (2: 8c).
Los eventos y relaciones del
pasado pueden llegar a olvidársenos, o podemos aprender de ellos.
La carta de 1ª Tesalonicenses, del Nuevo Testamento,
contiene mucha enseñanza. La primera mitad del capítulo dos, se centra en la
visita de Pablo, Silvano y Timoteo. Pablo estaba ansioso por recordarles a los
tesalonicenses lo que se podía aprender de la relación cultivada entre ellos
cuando estuvieron juntos. El carácter de los maestros se presenta negativamente
(2:3-6), y luego positivamente (27-11), con el fin de que estos nuevos
cristianos aprendieran que el papel de todo cristiano es mostrar y, también,
hacer partícipes a otros de las buenas nuevas.
En la sección del 2:1-12, se da
la impresión de que el escritor estuviera jactándose; pero si lo examinamos
minuciosamente, veremos que el propósito era examinar las relaciones, actitudes
y motivos. ¿Para qué? Para darle a estos nuevos cristianos aliento y motivación
para crecer. Estos versículos también nos ayudan a examinar y a mejorar
nuestros propios motivos, actitudes y relaciones.
Una de las ideas más importantes
de esta sección es la estrecha relación cultivada entre los miembros maduros y
los cristianos nuevos. Esta relación es asemejada a los fuertes vínculos que
hay dentro de una familia. Si podemos captar el carácter y espíritu de esta
relación, ello nos ayudará a todos a crecer y a madurar.
NUESTRA META ES SERVIRLE A DIOS
(2: 1-3)
¿Qué es lo que torna eficaz la
asociación con los demás? Cuando estos predicadores llegaron a Tesalónica por
primera vez, lo hicieron en medio de circunstancias difíciles; pero su visita
demostró ser de gran bendición (2:1). La visita de ellos no fue “en vano” ni
“sin provecho”. Cuando nos mudamos a una nueva ciudad ¿buscamos oportunidades
para bendecir? A menudo nuestra idea es “no resolverse a nada” o “descansar”.
Tal vez pensemos: “Pasará un tiempo antes de que podamos ser útiles”;
“Necesitamos conocer a los hermanos”; o “Necesitamos averiguar cómo se hacen
las cosas aquí”.
El versículo uno nos alienta a
considerar la nueva ciudad corno la oportunidad de “hacer bien a todos, y
mayormente a los de la familia de la fe” (Gálatas 6:10). Podernos causar
impresiones duraderas si iniciamos positivamente, con una sonrisa, con un
hablar agradable y con acciones provechosas. Recuerde las actividades
mencionadas en nuestra primera lección, tales corno las notas de motivación, as
conversaciones y oraciones de agradecimiento y el recordarle a la gente su
valor. Nuestra llegada no será en vano si conocemos nuestra meta —servirle a
Dios, cualesquiera que sean las circunstancias.
Siempre podemos encontrar razones
para no aprovechar las oportunidades al máximo. El miedo al fracaso, o a la
oposición, a menudo nos detiene de hacer lo que podernos. El versículo dos nos
explica las circunstancias del versículo uno. Los maestros habían “padecido” y
habían sido “ultrajados” en Filipos. Hechos
16:19-23, revela que este tratamiento incluyó el ser prendidos, llevados ante
las autoridades, azotados y luego
encarcelados en el calabozo de más adentro, con los pies asegurados al cepo.
Hoy día, si fuéramos tratados
aunque sólo fuera de una de estas maneras, esperaríamos recibir mucha más
compasión, alguna compensación, y al menos unas cuantas semanas de descanso
para recuperarnos. Podríamos, inclusive, entender que las personas se rindieran
ante tales circunstancias.
Estos predicadores habían
empezado a predicar a Cristo en la sinagoga, después de haber viajado desde
Filipos, pasando por Anfípolis y Apolonia, hasta llegar a Tesalónica (Hechos
7:1-3). El resultado había sido más oposición —“gran oposición”— pero
¡siguieron predicando! Los problemas de ellos entrañaban mucho más que el
enfrentar a unos cuantos oponentes objetivos. ¡Las palabras que se traducen
como “ultrajados” y “gran oposición”, conllevan la idea de abuso, dificultad, conflicto
e inclusive aflicción!. Algunos de los
que estaban persiguiendo a los cristianos de Tesalónica estaban tan resueltos a
causarles daño, ¡que siguieron a los maestros de éstos los cien kilómetros que
los separaban de Berea, para causar revueltas allí! (ver Hechos 17:13).
Pablo, Silvano y Timoteo
continuaron predicando el evangelio porque sabían que Dios estaba del lado de
ellos. En circunstancias parecidas, la iglesia de Jerusalén oró para que Dios
estuviera al tanto de los tratos de los opositores, y les concediera “denuedo” a los apóstoles para que continuaran
hablando la Palabra de Dios (Hechos 4:29).
En circunstancias parecidas
nosotros nos podemos frustrar y desalentar. Puede que deseemos rendirnos. Dios quiere que veamos estas pruebas como
oportunidades adicionales para vivir como El desea que vivamos. Son oportunidades adicionales para honrar a
Dios, para dar buenos ejemplos y para dar aliento a los demás que estén
sufriendo de modo semejante.
Es posible hacer lo correcto con
los motivos equivocados, pero Dios ve la totalidad del cuadro. Si nuestros
corazones están equivocados entonces nuestras acciones serán hipócritas. Es
bueno que examinemos nuestros motivos y les digamos a las persona acerca da
nuestros buenos propósitos. Estos predicadores estaban declarando que sus
prédicas eran sinceras y francas (11:3).
Para ellos era importante una buena reputación porque reconocían el daño
que se hacía por el “error”, la “impureza” el “engaño” en la vida de un
maestro. Por otro lado, conocían el gran
valor que tenía e ejemplo de vivir piadosamente.
A Dios le preocupan las acciones
piadosas, paro también le preocupa el corazón—las actitudes, los motivos y las
intenciones de éste. Algunas personas de la iglesia primitiva tenían motivos
falsos al predicar el evangelio (Filipenses 1:15-17). Otros, aunque no encontraban problema alguno
con las prédicas de Pablo, trataban de causarle daño cuestionándole sus
motivos, su apariencia y su exhortación (2 Corintios 10.10). Aun así, él podía
decir con toda sinceridad que no le interesaba recibir gloria ni dinero de los
que oían su mensaje (2:6, 9)
Las demás personas no pueden
estar seguras de nuestros motivos pero Dios sí los conoce. Por lo tanto, una
parte importante de la evaluación de nuestro progreso como cristianos, es
someter a examen nuestros motivos. Los demás nos podrían juzgar con demasiada
suavidad o con demasiada severidad, pero Dios siempre será justo en su juicio.
¿Cómo ve Dios nuestras razones
para vivir de la manera como vivimos? Es difícil colocar la evaluación de Dios
en nuestros propósitos porque la evaluación humana interfiere. Si nadie nos
está criticando, entonces, lo natural es que creamos que estamos haciendo una
buena labor. Si muchos nos están criticando, entonces nos llegamos a sentir
molestos. Para ciertas personas, la crítica equivale al fracaso. Como
cristianos que somos, debemos saber que Dios nos conoce y conoce nuestras
intenciones. Debemos alegrarnos de que Dios cuida y ve nuestros pensamientos,
como también nuestras acciones.
Pablo, Silvano y Timoteo habían
recibido muchas críticas de los foráneos de Tesalónica. También habían recibido
algunas críticas de los hermanos. ¿Cómo reaccionaron? Estaban alegres de que
Dios examinara sus corazones. La lección de Dios, de usarlos como maestros
inspirados para proclamar el evangelio les había dado la aprobación de su
carácter. Lo que hicieron con el evangelio hacía demostrarlo que eran sinceros.
Sus motivos y sus vidas eran consecuentes.
El evangelio es un mensaje
valioso, descrito en 2ª de Corintios 4.7
como “tesoro en vasos de barro”. Las vidas cristianas que reflejan el valor he
ese mensaje pueden, de la misma manera, ser valiosas, Mientras que otros ven
nuestras acciones, Dios ve nuestros corazones, donde tomamos nuestras
decisiones y elegimos sabia o insensatamente. Las acciones pueden mostrar
nuestros talentos e instrucción, pero la naturaleza de los corazones le revela
a Dios la verdadera persona. Dios le
dijo a Samuel que Él “no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira le que
está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón” (1ª Samuel 16:7 b).
NUESTRO PAPEL ES CUIDAR DE LOS
CRISTIANOS (2:4-11)
Los dos testigos del carácter de
los maestros que vinieron a Tesalónica, fueron Dios y la iglesia tesalonicense.
Dios mostró su aprobación al confiarles el evangelio a ellos (2:4). Los
tesalonicenses habían sido capaces de discernir la clase de hombres que estos
maestros eran, durante la visita inicial de ellos a Tesalónica (1:5).
El cuidar de los cristianos no
entraña adulación (versos 5-6)
Pablo, Silvano y Timoteo no
predicaron para recibir alabanzas para sí mismos al adular a los oyentes de
ellos, ni tampoco trataron de obtener dinero para satisfacer codicia alguna.
Dios y los cristianos tesalonicenses sabían esto (2:5).
Pablo les recordó a los hermanos
corintios, que cuando les predicó no usó de “excelencia de palabras o de
sabiduría” para impresionarlos. Su acercamiento más bien entrañó “debilidad, y
mucho temor y temblor” (1ª Corintios
2:1-3). Evitó impresionar del todo a los oyentes con la presentación del
mensaje, excepto con el mensaje en sí. La persuasión experta, la gran
elocuencia, y un vocabulario impresionante pueden usarse para promocionar tanto
la falsedad como la verdad. Pablo quería que fuera sólo la simplicidad y
exactitud del mensaje de Dios lo que impresionara a los oyentes.
Pablo y sus compañeros habían
presentado la verdad a los tesalonicenses en una forma sencilla, sin darles a
los oyentes ninguna falsa impresión acerca de los expositores —ninguna razón
para alabarlos a ellos en lugar de responder al mensaje del evangelio (2:6).
Tampoco queremos que la gente diga, ¡Qué gran expositor! “ ni ” ¡Qué gran
presentación! “, sino más bien, “¡Qué gran mensaje de Dios!”.
Pablo no quería honra ni
ganancias por su trabajo. Como apóstoles que eran (personas escogidas y
“enviadas” al cumplimiento de una misión especial), Pablo, Silvano y Timoteo
fueron capaces de dar los mandamientos de Dios. Para un grupo pequeño de
cristianos de una pequeña ciudad del campo, la visita de estos tres hombres
debió haber sido el evento de toda una vida. Nosotros hubiéramos estado
impresionados. Les hubiéramos ofrecido lugares prominentes para sentarse, los
anunciaríamos como apóstoles, y les pediríamos a todos los presentes que los
honraran. Pablo dijo que ellos no habían llegado para nada de esto.
Muchos aspectos de la vida de
Pablo eran impresionantes. El puso en una lista algunos de esos aspectos en
Filipenses 3:4-8; pero en términos de su valor espiritual, ¡los estimó como
“pérdida”! ¡Como apóstol que era, él pudo haber alegado que su cargo era
suficiente para convencer a las personas de que debían hacer lo que les decía!
En los siguientes versículos, sin embargo, les demuestra que aunque era derecho
de un apóstol el dar mandamientos, el cargo de un verdadero apóstol era servir.
Los maestros y predicadores a
veces son tentados a enseñar o a trabajar con la meta de conseguir que sus
estudiantes les respondan a ellos con honores o con dinero, en lugar de
responderle a Dios mismo. Algunas facetas de la vida del predicador podrían
impresionar a las personas alrededor de él —la habilidad de hablar en público,
la mucha gente que los saluda, el tener una oficina, tener su nombre impreso,
etc. El valor espiritual de esto es “cero”. La meta del predicador es que la
gente se impresione de Jesús, no de la posición de uno de sus mensajeros.
¡Debemos alentar a las personas a responderle a Jesús el Salvador, no a
nosotros!
Si somos tentados a gloriamos en
nuestra función, o en nuestros talentos o logros, debemos salir y vaciar el
cubo de la basura. Mentalmente, pongamos nuestros “pensamientos de grandeza”
allí donde pertenecen, y recordemos “como está escrito: El que se gloría,
gloríese en el Señor” (1ª Corintios
1:31).
El cuidado entraña amabilidad
(versos 7-8)
¿A qué deben asemejarse los
cristianos cuando trabajan con otros? Pablo, Silvano y Timoteo habían sido como
la madre de un pequeño bebé (2: 7). ¡Qué gran lección la que se puede aprender!
Piense en todo el tiempo, cuidado y atención que se le prodigan a un pequeño
niño. Una madre o nodriza cuida constantemente de un niño indefenso que no
puede caminar, ni hablar, ni alimentarse por sí mismo. La madre busca cómo
suplir toda necesidad suya con cariño y con cuidado de que sus necesidades sean
llenadas y de que la más diminuta parte de su delicado cuerpo no vaya a ser
lastimada. ¡Una vida dada por Dios está en sus manos! ¿No suena esto como la
responsabilidad de un predicador?
¿Incluye nuestra preparación como
maestros la meta de preparar maestros que sean “prudentes como serpientes, y
sencillos como palomas” (Mateo 10:16)?
Un vez un predicador felicitó a algunos de los graduados por ser
“mansos”, señalando que este es un requisito especial que deben llenar los
predicadores (2ª Timoteo 2:25). Hasta
ese momento yo no había pensado seriamente en ello; pero esa debería ser una de
nuestras metas al instruir maestros, ancianos y diáconos. Cuando seamos
tentados a ser impresionados con el poder, la autoridad y el dominio,
recordemos la descripción del trabajo de Jesús: “La caña cascada no quebrará, y
el pabilo que humea no apagará,...” (Mateo 12:20).
La idea de Dios es que haya una
relación estrecha entre el mensaje y el mensajero. Aceptamos que lo mejor de
nosotros es imperfecto y que necesitamos del perdón de Dios. Así como Dios
rechaza el pecado y exalta la rectitud en su mensaje, así también quiere El que
sea el mensaje que transmitan nuestras vidas.
Al tratar a los cristianos
tesalonicenses como miembros jóvenes de una familia, es lógico que Pablo y sus
compañeros sintieran ese vínculo que los “padres” sienten con sus “hijos”
recién nacidos. Esto se describe corno gran “afecto”, porque habían llegado a
series “muy queridos” a estos mensajeros (2:8). De modo parecido, 1ª Pedro 1:22, describe el vínculo de los nuevos
cristianos con el cuerpo de los creyentes, como un”... amor fraternal no
fingido”. Esta actitud de amor fraternal es enfatizada más adelante en esta
carta (4:9-10).
Dios quiso que una actitud de
amistad familiar formara parte del ambiente de los nuevos cristianos. El quiso
que formaran parte de una familia, de una hermandad. Esta experiencia les
ayudaría a los nuevos cristianos a hacerle frente al alejamiento, al
aislamiento de sus familias terrenales y a la persecución por parte de éstas y
de otros miembros de su comunidad cuando rechazaron la idolatría para servir al
Dios verdadero. Ellos experimentarían el gozo y la seguridad de ser parte de la
familia y de la comunidad de Dios.
Por causa de este profundo
sentimiento de familia para con los nuevos convertidos, estos apóstoles estaban
ansiosos de hacerles partícipes a ellos del evangelio de Dios y de sus propias
vidas. Ellos querían que escucharan y también que vieran el mensaje trabajando
en sus vidas. El enseñarle una lección a alguien parece ser un buen esfuerzo,
pero el darle a alguien nuestras vidas parece ser un gran sacrificio, uno que
no estamos dispuestos a hacer. Necesitamos aplicar esto en nuestro trabajo con
otros hoy día. Cuidar de las almas significa ser cuidadoso con las almas. ¡Hay
vidas en juego!
El cuidado entraña trabajo
(versos 9-l1)
Como cualquier otra persona, los
predicadores y les maestros se pueden ver tentados a ser perezosos. El
versículo 9, nos da la impresión de que el ir a una ciudad extranjera a
predicar el evangelio entrañaba arduo trabajo—y es que así era. Esto fue lo que sucedió especialmente aquí:
Puesto que estos predicadores se sostenían a sí mismos económicamente, ellos en
realidad tenían dos trabajos.
Pablo entendía que Dios apoyaba
la ayuda económica para los predicadores entregados a la proclamación del
evangelio. Les dijo a los corintios que tales obreros tenían el derecho de ser
sostenidos (1ª Corintios 9:6-7), y que
estaba agradecido por la reiterada ayuda de los hermanos de Filipo (Filipenses
4:15-16). Señaló que él era bendecido por tal ayuda, y que también lo eran los
dadores de ella (Filipenses 4:17).
Al mismo tiempo, los predicadores
no pidieron que las congregaciones les ayudaran. No querían gravar a los
tesalonicenses con sostenimiento que fuera a aumentar el peso de las
dificultades que ellos ya tenían. Esta fue una manera como estos obreros dieron
de sus vidas con el fin benéfico de proporcionar aliento cristiano.
Obviamente los cristianos debían
aceptar el derecho de los predicadores a ser sostenidos. Los maestros también
deberían aprender a trabajar arduamente en la predicación del evangelio, con o
sin sostenimiento. En la enseñanza no hay espacio para la pereza ni para una
actitud despreocupada hacia el trabajo.
Muchos trabajos demandan
entrenamiento, talento y habilidad. ¿Cuán a menudo ha observado usted que se
mencionen la sinceridad, la integridad, la diligencia y la paciencia como
requisitos para un puesto laboral? No hay duda de que esos son requisitos que
harían más eficaz cualquier papel piadoso de la vida. ¿Cuán a menudo hemos
buscado nosotros estas características en maestros, predicadores o ancianos en
potencia? Algunas congregaciones les han pedido educación, elocuencia, y éxito
en los negocios a sus obreros, y completamente han pasado por alto los ejemplos
bíblicos que se dan en 2:10, donde dice: “... cuán santa, justa e
irreprensiblemente nos comportamos con vosotros los creyentes” (énfasis
nuestro). El versículo diez usa un trío de palabras tan parecidas, que
podríamos tener dificultad para hacer una distinción entre ellas. Por lo
general no es el propósito de tales combinaciones, usadas en varios lugares de
las cartas a los tesalonicenses, el dar tres ideas distintas, sino reforzarse
una con otra, y enfatizar una característica importante.
Era importante que los maestros
mantuvieran un alto estándar de comportamiento. Cualquier tarea que realizaran
se lograba de conformidad con los patrones de Dios. Esto no quiere decir que
ellos jamás cometieran errores de juicio ni que jamás pecaran. Lo que sí quiere
decir es que ellos aplicaban los estándares de Dios para hacer su obra, de
manera que cualquier situación, buena o mala, era tratada del modo que Dios la
trataría para alcanzar las metas de Dios. Cuando los predicadores partieron,
los tesalonicenses no pudieron decir: “Aquí hay problemas que no fueron
considerados; aquí hay pecados de los cuales no hubo arrepentimiento”. No se
les podía hacer acusación alguna en contra de sus reputaciones.
En los versículos once y doce, se
usa otro trío de palabras relacionadas con el comportamiento de estos maestros:
“... sabéis de qué modo, como el padre a sus hijos, exhortábamos y consolábamos
a cada uno de vosotros, y os encargábamos que anduvieseis como es digno de
Dios,...” (énfasis nuestro). Reiterando lo dicho, no es necesario tener una
explicación exclusiva para cada palabra, para poder entender el mensaje del
versículo. ¡Las palabras se refuerzan una con la otra y enfatizan el mensaje!
Un padre usaría toda la
instrucción, persuasión y advertencia que le fuera posible para guiar a su hijo
hacia la madurez, al mismo tiempo que evitaría desalentarlo o insultarlo.
Efesios 6:4, describe este proceso: “Y vosotros padres, no provoquéis a ira a
vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor”. Así como
la correcta crianza de los hijos demanda que los padres den de sus vidas,
también la correcta predicación demanda que el predicador dé de su vida como
ejemplo.
De la misma manera, los maestros
deben usar medios alentadores de instrucción para ayudarles a los estudiantes a
madurar. De hecho, todos los cristianos deberían sacrificarse y enseñar
pacientemente en las relaciones de unos con otros. Esto es lo que se señala en
5:11: “Por lo cual, animaos unos con otros, y edificaos unos a otros...”.
¡Ténganos como meta ser los obreros diligentes, pacientes y sin mancha, que
Dios desea para el bienestar de su pueblo! ¡Debemos comportarnos como progenitores
preocupados, como padres amorosos y como madres cuidadosas!
NUESTRA META ES GLORIFICAR A DIOS
(2:12)
La vida cristiana debe reflejar a
Cristo. Una vida piadosa debe demostrar a Dios. El Nuevo Testamento a menudo usa
la idea de ser “digno”. Por ejemplo, en 2:12, a los cristianos se les pide que
anden “como es digno de Dios” que los llamó. ¿Qué significa esto? A los
tesalonicenses se les estaba alentando a mostrar que Dios había tocado sus
vidas. Los cristianos deben comportarse de una manera que les muestre a los
demás cómo es Dios y cómo espera Él que su pueblo viva.
Este proceso de aprender cómo es
Dios y de aprender lo que Dios desea, es parte del madurar de cada uno de
nosotros como cristianos. No se espera de los nuevos convertidos que conozcan
todo acerca de Dios, y de la voluntad de Este para sus vidas, pero sí se espera
que estén “comprobando lo que es agradable al Señor” (Efesios 5:10). La base
del crecimiento cristiano está en aprender y poner en práctica este principio.
El versículo doce no dice que
seamos dignos de compartir el reino y la gloria de Dios. Ese es un regalo que
jamás podremos ganarnos. Lo que sí enseña es que nuestro propósito es vivir
vidas piadosas, y éste es un propósito digno. ¡Nos podernos alegrar por Dios y
estar agradecidos con El que es generoso y quien con gran agrado compartiría su
reino y gloria con cada uno de nosotros!
El desea que le respondamos por medio de vivir de un modo que refleje Su
carácter. ¿Ven las personas a Dios en nosotros?
CONCLUSIÓN
¡Qué gran cambio se produciría si
cada maestro aprendiera las lecciones de estos versículos! ¡Qué cambio sería
para todos, si pusiéramos en práctica lo que predicamos, antes de que lo
prediquemos! ¿Qué pasaría si tuviéramos que dar el ejemplo con nuestras propias
vidas, de cómo desea Dios que vivamos? ¡Qué diferente sería para cada familia
si los padres tuvieran que demostrar cuidadosamente los principios que ellos
piden de sus hijos! ¡Qué diferente sería para muchas congregaciones y familias,
si cada maestro de adultos y de niños, en las familias o en la iglesia,
estuviera dispuesto a dar el mensaje de Dios, y a respaldarlo dando su vida
también! ¡Qué diferencia más agradable sería que cada cristiano demostrara
primero en su vida lo que él cree que sus hermanos y hermanas deben hacer!
El servir a otros con nuestras
vidas es una gran tarea para los cristianos. ¡Nuestra enseñanza será mucho más
eficaz, y nuestras vidas, mucho más útiles si damos
Demasiado importante como para no
compartirla.
Un comercial reciente de
¡Cuánto más verdadero es lo anterior, para la preciosa verdad del
evangelio! Es demasiado importante como para no compartirla.