GRATITUD A
DIOS
(1ª Tesalonicenses 1:2
(2)
“Damos siempre gracias a Dios”
(1:2).
Nuestra relación con Dios es la
base de nuestra religión y de nuestras vidas. Dios es el único ser con suficiente
inteligencia, poder y amor, como para conocernos completamente, y para darnos
lo que necesitamos. El responderle a Dios a su manera es lo mejor para nosotros
y para nuestras relaciones con los demás y con El.
La primera sección de 1ª Tesalonicenses trata de las relaciones
pasadas y presentes de Pablo, de Silvano y de Timoteo, con la iglesia
tesalonicense, y de la relación de ésta con Dios en Jesús. El texto bajo
estudio, 1:1-5, es el inicio de tres capítulos cuyo contenido es de puras nuevas,
no incluye mandamiento alguno ni explicación doctrinal alguna. Estos capítulos
solamente consignan lo que había sucedido y lo que estaba sucediendo. Hablan
“únicamente” de las buenas nuevas acerca de las relaciones que había entre
todos los que habían sido influenciados.
Al igual que con cualquier otra
carta personal, 1ª Tesalonicenses se
centra en los eventos que sirvieron de fundamento a las relaciones entre el
escritor y los receptores. La diferencia entre esta carta y las demás que no
forman parte del Nuevo Testamento, es que ésta es inspirada por Dios, de modo
que es absolutamente verdadera. También nos sirve de modelo para nuestro
comportamiento en el cultivo de relaciones que agraden a Dios. ¡Estos eventos
realmente ocurrieron, y Dios inspiró, y preservó esta carta, porque quiso que
conociéramos estas verdades y que nuestras vidas fueran bendecidas con ellas!
Estas son, entonces, nuevas que
llevan un propósito. Son nuevas en procura de un cambio en nuestras vidas
cristianas. Son nuevas para hacer de nosotros seguidores de Jesús llenos de
gratitud. ¡Son nuevas para renovarnos!
¿Qué nos pueden enseñar estas
nuevas, acerca de cómo vivir una vida de llena de gratitud?
RECONOZCA A DIOS COMO CREADOR
(1:1)
Dios siempre nos ha reconocido
como creación Suya. ¿No deberíamos nosotros reconocerlo a El como Creador
nuestro? Esto no solamente es lo correcto para nosotros, sino que también es
bueno para nosotros. ¡Qué importante es para nosotros el estar constantemente
conscientes de Dios —el estar conscientes de la existencia de Dios, de Su
carácter, de Sus pensamientos para con nosotros, y de Sus deseos de que le
respondamos!
Cuando los cristianos leemos el
comienzo de cada una de las epístolas del Nuevo Testamento, nos puede parecer
que es el mismo para todas. A menudo leemos los primeros versículos creyendo
que son palabras con las cuales ya estamos familiarizados, que ya las hemos
escuchado antes, que son fáciles de entender. No apreciamos el valor de
estudiarlas en detalle ni de meditar en ellas.
Debemos recordar que
A los escritores y lectores
cristianos, la frase en Dios Padre y en el Señor Jesucristo” (1:1), nos recuerda
que nuestras vidas dependen de El por completo: “Porque en él vivimos, y nos
movemos, y somos” (Hechos 17:28). ¡Los cristianos podemos vivir, hablar, y
trabajar, con la plena certeza de que Dios está con nosotros, a nuestro lado, y
en nosotros! El estar plenamente
conscientes de Dios y de Jesús constituye un aliento y una motivación diaria a
vivir vidas piadosas. Lo anterior fue lo que expresó Pablo cuando dijo: “Porque
para mí el vivir es Cristo” (Filipenses 1:21) y “ya no vivo yo, mas vive Cristo
en mí” (Gálatas 2:20-b).
¿Cómo podemos llegar a tener esta
experiencia de vivir con Dios, de estar en su presencia cada hora del día?
¿Cómo podemos promover esto en nuestros hermanos y hermanas en Cristo? Los
tesalonicenses lo habían logrado, al hacer a un lado a otros dioses (1:9), al
aceptar a Dios siguiendo Su Palabra (2:13), al imitar a los que estaban
siguiendo a Cristo (2:14), y al ver en la fe, la esperanza, y el amor, los
motivos centrales para la obra de ellos (1:3).
¿Qué desea Dios para su
pueblo? Lo primero que se le vino a la
mente a Pablo fue expresar: “Gracia y
paz sean a vosotros” (1:1). Un propósito importante, en la mente del escritor,
era que los tesalonicenses supieran lo que él y Dios pensaban de ellos. Pablo
quería que estos nuevos cristianos contaran con el favor y con el consuelo de
Dios. Puede que los tesalonicenses hayan tenido otras necesidades, o hayan
deseado muchas otras bendiciones, pero estas dos serían las más grandes.
El primer versículo del libro
también da un ejemplo acerca de cómo los cristianos pueden ayudarse unos a
otros. Pablo estaba escribiendo una carta de aliento. Los tesalonicenses habían
reconocido el valor de seguir tal ejemplo y de hacerse imitadores de sus
maestros (1:6). ¿Cuánto tiempo se debe ser cristiano para estar en condiciones
de darle aliento a otro cristiano? ¿Cuánto tiempo se debe asistir a una escuela
de predicadores para estar en condiciones de escribir una carta de aliento?
Esto es algo que hasta los cristianos nuevos pueden hacer.
Los niños de una clase dominical
pueden escribir notas de aliento piadoso a sus padres para expresarles palabras
elogiosas a éstos. Los adultos pueden poner por escrito su agradecimiento para
con los jóvenes de su congregación, para mostrarles que se les aprecia. A los
miembros que se han mudado a otro lugar, se les pueden enviar notas dándoles
seguridad de que las buenas obras de ellos en la congregación que dejaron, no
pasarán al olvido y que todavía se les aprecia. Los cristianos pueden
escribirles a los hermanos y hermanas de otras ciudades o países, expresando el
favor y el cuidado de Dios para con ellos.
Buenas aplicaciones para toda una
vida pueden hallarse en un versículo tan conocido como éste. ¡Dios se propuso
que así fuera, para que pudiéramos leerlo, entenderlo y ponerlo en práctica!
DELE GRACIAS A DIOS (1:3)
El ser agradecidos es parte del
ser cristianos. Pablo, Silvano y Timoteo, fueron maestros agradecidos. Ellos
regularmente expresaban su agradecimiento en sus oraciones a Dios: “Damos
siempre gracias a Dios por todos vosotros, haciendo memoria de vosotros en
nuestras oraciones” (1:2). Ellos consideraban esto una parte importante de la
vida de un maestro, pero ¿será esto solamente para maestros y predicadores? ¡Esta
valiosa lección es para todos nosotros!
A todo cristiano se le pide dar “siempre gracias por todo” (Efesios
5:20). La palabra “gracias” es una que a
los niños se les enseña a usar regularmente.
Los cristianos necesitan aprender a decir “gracias”, no porque sea una
expresión de cortesía (¡y lo es!), sino porque es una expresión piadosa.
El dar gracias es una idea que se
repite bastante en las cartas del Nuevo Testamento. ¿Se repetirá también en
nuestras oraciones? ¿Estaremos siempre buscando razones para estar agradecidos
en nuestras vidas, en nuestras familias y en la iglesia? ¿Son hábitos nuestros
el estar pensando en lo bueno y el estarle diciendo a Dios “gracias”? ¿Somos
tan entusiastas en nuestro agradecimiento a Dios, cuando todo anda bien, así
como cuando le pedimos ayuda cuando todo anda mal? ¡Seamos la clase de personas
que siempre le están dando gracias a Dios!
¿Qué estaba sucediendo en este
versículo dos? ¿Estaban Pablo, Silvano y
Timoteo simplemente elevando oraciones de agradecimiento? No, también les estaban diciendo a aquellos,
por los cuales estaban agradecidos, que estaban agradecidos. La oración de agradecimiento fue propuesta
por Dios, no solamente para expresarle nuestro agradecimiento a El, sino
también para cultivar nuestras relaciones unos con otros. Después de orar por nuestros hermanos,
debemos decirles que lo hemos hecho. ¡De cuánta ayuda no les sería a los
atribulados, a los desalentados y a los débiles, si a ellos regularmente se les
dijera! “¡He estado orando por ti todos
los días”! Ciertamente que jamás podrían quejarse diciendo: “nadie se preocupa
por mi”.
Todos tenemos alguna obra que
hacer en la iglesia. No tenemos que ser líderes, ni maestros, ni siquiera
adultos, para comenzar esta gran labor. Podemos iniciar hoy.
APRECIE LAS VIDAS PIADOSAS DE
OTROS (1:3)
El agradecimiento debe ser
genuino. Cuando somos agradecidos, ¿estaremos simplemente obedeciendo a un
mandamiento, o estaremos realmente recordando las buenas acciones por las
cuales estar agradecidos? Las cosas en las cuales Pablo pensó, lo motivaron a
orar del modo descrito aquí como “la obra de... fe, el trabajo de amor y de
constancia en la esperanza en nuestro Señor Jesucristo” de los tesalonicenses
(1:3). El pensó en las buenas acciones y actitudes de estos cristianos y luego
le habló a Dios acerca de ellos cuando oró. Como cristianos que somos, la forma
como “pensemos” afectará nuestra vida de oración. Si hemos de mejorar nuestras
oraciones, debemos prestarles atención a nuestros pensamientos.
Cuando, por lo general,
ejercitamos nuestro comportamiento, evitando lo impío, lo ofensivo, lo impuro o
lo ilegal, y hacemos lo correcto, algunas veces no le prestamos mucha atención
al ejercicio de nuestras mentes. El
“control mental” —no de parte de otros, sino de nosotros mismos, siguiendo las
instrucciones de Dios— es una idea bíblica. Cuando la Biblia nos dice:
“mediten”, o nos dice: “mediten largamente en” algo, nos está motivando a
disciplinar, o a ejercitar nuestras mentes, con el fin de mejorar nuestros
pensamientos y actitudes.
¿Cuáles son los pensamientos que
Dios quiere que tengamos? Los Salmos hablan del hombre bienaventurado “que en
la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche” (Salmos
1:2). Pablo dijo: “... todo lo que es
verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo
lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en
esto pensad” (Filipenses 4:8). Debemos buscar lo que es bueno en la vida de los
demás cristianos, pensar en ello, orar por ello y compartir esos pensamientos
con los demás. Dios ha dicho que nos ayudará a nosotros y a aquellos cuyas
vidas toquemos.
MEDITE EN SU RELACIÓN CON DIOS
(1:4)
¿Qué piensa Dios de nosotros?
¿Cómo podemos averiguarlo? Lea lo que pensó de los que estaban en la iglesia de
Tesalónica. El versículo 4, nos da dos pensamientos de Dios sobre ellos: Dios
los amó, y Dios los escogió. Podemos saber que Dios nos ama a nosotros los
cristianos, y que nos ha escogido. Puede que a veces pensemos: “Se me hace
difícil amar a esa persona”, o tal vez: “Yo no hubiera elegido a esa persona
para ser cristiana”. Cuando la iglesia de Corinto tuvo conflictos entre los
hermanos, y se les alentó a trabajar como un solo cuerpo, esto fue lo que se
les dijo: “... Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo,
como él quiso” (1ª Corintios 12:18). ¡A
Dios le agradan los que él ha puesto en su familia!
Si somos genuinos al tratar de
servir a Dios, aceptaremos su manera de ver la gente y trataremos de adoptar su
punto de vista. Diremos: “Aunque yo no elegiría a esa persona, Dios sí lo
haría; y Él sí sabe lo que hace. Puesto
que sé que Dios la ha escogido, intentaré tratarla de esa manera”. No debemos
pensar que alguno no merezca ser tratado como hermano; más bien, debemos
recordar que El “nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos
hecho, sino por su misericordia” (Tito 3:5a). El recordar que Dios nos salvó,
cuando no lo merecíamos, nos ayudará a tratar a otros no de la manera como se
lo merecen, sino de la manera como Dios los trata —con misericordia.
RESPONDA AL MENSAJE DE DIOS (1:5)
Dios se comunica con nosotros a
través de un mensaje. Él senos ha dado a conocer a través de un mensaje. El hace
su oferta de salvación a través de un mensaje. La manera como respondamos a su
mensaje, demuestra nuestro respeto, o falta de éste, hacia El.
El versículo 5, tiene dos ideas acerca del mensaje de Dios. La primera es
que el evangelio nos llegó “en palabras”. La segunda es que el evangelio vino
“en poder y en el Espíritu Santo y en plena certidumbre”. Cada una de estas
ideas revela algo del propósito de Dios para propagar su evangelio.
La primera idea es que el
evangelio se propaga cuando el mensaje es predicado. Si el mensaje verdadero ha
de influenciar la vida de las personas, entonces el mensaje de Dios debe ser
presentado en palabras que sean verdaderas y precisas. Si nos basáramos en los
dichos de otros y en las vidas de ellos, habría imperfección en el mensaje que
la gente recibiera. No podríamos saber si el mensaje es perfecto o no. Por lo
tanto, la predicación del evangelio era y es esencial. El evangelio no es un
conjunto de ideas de hombres acerca de Dios, sino el mensaje de Dios para los hombres.
Pablo reveló que el Espíritu le dio “palabras” para usar, de modo que
pudiéramos conocer “la mente de Dios” (1ª
Corintios 2:11-13). Cuando los tesalonicenses oyeron el mensaje, ellos
lo recibieron “no como palabra de hombres, sino según es en verdad, la palabra
de Dios,...” (1ª Tesalonicenses 2:13).
El evangelio también vino “en
poder, en el Espíritu Santo y en plena certidumbre”. Esta descripción plantea
preguntas tales como: ¿En qué consistió el poder, y cómo se demostró?”; “¿Qué hizo el Espíritu Santo?”; “¿Era esa
plena certidumbre, la de los maestros, o la de los que escucharon?”. La última parte del versículo cinco, nos da
información valiosa para contestar esas preguntas. La demostración del poder,
del Espíritu y de la plena certidumbre, se dio en la clase de hombres que ellos
demostraron ser delante de los tesalonicenses. Cuando estos adoradores paganos
observaron la vida que vivían los maestros, eso les ayudó a obedecer al
evangelio. Esto incluyó no solamente el poder sobrenatural de los milagros
realizados por el Espíritu Santo, sino también el poder espiritual de las vidas
piadosas que ellos vivían.
Cuando el predicador Bob Abney y
otros viajaron a Albania en 1993, él tuvo el privilegio de enseñarle a un joven
varón el mensaje del evangelio. Después de estudiar con estos cristianos, el
joven les dijo: “Ustedes son diferentes de otras religiones, de los musulmanes
y de los católicos”. Cuando Bob le preguntó en qué consistía la diferencia, el
hombre contestó: “Ustedes se aman los unos a los otros”. Ese fue el poderoso
mensaje que él recibió de la vida de los cristianos. Jesús prometió este poder
del amor, como parte del evangelio que le ha llegado a todos los cristianos.
“En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos
con los otros” (Juan 13:35). ¡Cerciorémonos de que esta manifestación del
mensaje sea mostrada cada vez que
CONCLUSIÓN
La preocupación por el bienestar
espiritual de nuestros hermanos y hermanas, el orar llenos de gratitud por
ellos, el decirles de nuestras oraciones por ellos y el confirmarles el amor de
Dios por ellos, está todo incluido en la identidad de un seguidor de Dios
agradecido. El hacer todas estas cosas nos recuerda a nosotros, y a otros
acerca de cómo es Dios y cómo quiere El que su pueblo sea tratado. Cuando
apreciamos a Dios encontramos formas de transmitir esta apreciación de Él en
maneras que sean de ayuda a otros. ¡Sigamos el ejemplo de estos primeros
cristianos!