TRABAJADORES
DE DIOS
(2ª Tes.
3:6-18)
(Lección - 17)
“... no os canséis de hacer bien”
(3:13).
Para la mayoría de las personas
el trabajo es una necesidad. Debemos trabajar para proveernos de nuestras
necesidades diarias. Las cartas del Nuevo Testamento describen a los cristianos
como “trabajadores”, “obreros”, “siervos”, “esclavos”, o hacedores de “buenas
obras”. El énfasis de la enseñanza del Nuevo Testamento es en que somos obreros
de Dios a través de Cristo. ¿Qué información acerca de nuestro trabajo podemos
obtener del mensaje dado a los cristianos tesalonicenses? ¿Qué quiere Dios que
sepamos que nos ayude a ser trabajadores Suyos?
EL TRABAJO ES UNA ACTIVIDAD
PIADOSA (3:6-9)
A los nuevos cristianos de Tesalónica
se les dieron instrucciones en el sentido de adoptar la actitud de Dios para
con el trabajo, como parte del nuevo estilo de vida de ellos. El trabajo diario
para estos nuevos siervos de Dios, llegó a ser un privilegio y deber importante
al servir a Su nuevo Amo que está en los cielos.
Primero, aprendieron la
importancia del trabajo por medio de la enseñanza. Pablo les dijo, “... y que
procuréis tener tranquilidad, y ocuparos en vuestros negocios, y trabajar con
vuestras manos de la manera que os hemos mandado” (1ª Tesalonicenses 4:11). Podían servirle a Dios
todos los días, donde fuera que trabajaran, no solamente en un templo, o en
días de celebraciones especiales.
El trabajar para Dios es
mandamiento, pero el honor de ser empleado del Señor del universo, debería ser
también visto como una gran bendición de estar en la familia de Dios. Tenemos
un jefe que nos conoce y nos ama plenamente. ¡El trabajo es una necesidad, pero
también es una bendición dada por Dios!
Segundo, los tesalonicenses
aprendieron acerca de la importancia del trabajo por medio del ejemplo: “Porque
vosotros mismos sabéis de qué manera debéis imitarnos; pues nosotros no
anduvimos desordenadamente entre vosotros, ni comimos de balde el pan de nadie,
sino que trabajamos con afán y fatiga día y noche, para no ser gravosos a
ninguno de vosotros; no porque no tuviésemos derecho, sino por daros nosotros
mismos un ejemplo para que nos imitaseis” (3:7-9).
Estos maestros tenían, en
realidad, dos empleos. Uno era el trabajo que hacían con sus manos para ganar
su sustento. El otro, del que no recibían paga, era el trabajo de exhortar y
consolar a estos cristianos para edificación de ellos (1ª Tesalonicenses 2:11). Tenían el derecho, dado
por Dios, de hacer solamente uno de estos trabajos; pero llevaban a cabo ambos,
para que el trabajo de ellos les enseñara a estos nuevos cristianos a ser
obreros de Dios en su vida diaria. ¡Sea usted un obrero de Dios!
ALGUNAS PERSONAS NO TRABAJARÁN
(3:10-12)
No todo el mundo tiene una buena
actitud para con el trabajo. Algunos lo consideran un “mal necesario”; otros
tratan de evitarlo. Algunas personas presumen de vivir del trabajo de otros.
Este no es un problema nuevo. Así como algunas personas de hoy día, algunos
miembros de la iglesia de Tesalónica no querían trabajar. De éstos se dijo que
estaban viviendo “desordenadamente” (3:6-7, 11). La palabra griega usada aquí,
significa simplemente “ociosos”. Estas personas eran perezosas, y estaban dando
malos ejemplos. A la luz de los mandamientos de Dios, tal ociosidad es pecado.
Pero había un problema mayor.
Esta gente ociosa no solamente estaba afectando adversamente el ejemplo de la
iglesia, sino que estaba obstaculizando el trabajo de otros. A los nuevos
cristianos se les había enseñado a ocuparse en sus propios negocios (1ª Tesalonicenses 4:11), pero estos perezosos
estaban siendo entrometidos. Literalmente, “no estaban”“trabajando”, sino
trabajando en los alrededores” Hicieron
del trabajo de otros asunto de ellos; estaban obstaculizando el buen trabajo
que otros estaban realizando.
Del mismo modo, la gente de hoy
día que no trabaja, puede entrometerse, y obstaculizar así el trabajo de otros.
Este es un pecado tan grave como el de la pereza. Debemos tener el cuidado de
no obstaculizar el trabajo de otros, ya sea que trabajemos o no. Es obvio que
si no estamos trabajando, las oportunidades de hacer lo anterior son mayores.
Algunos grupos religiosos han
estimulado la intromisión al insistir que algunos miembros deben conocer los
asuntos de los demás. Esto a menudo se expresa en términos de “velar por el
bienestar de los demás”, de “ayudar a los nuevos cristianos”, o de “cuidar del
rebaño”. Una lectura cuidadosa del mensaje dado a los tesalonicenses sobre el
trabajo, indica que ningún cristiano, ni siquiera los ancianos, deberían ser
entrometidos, ni investigadores privados de los asuntos de otros. Si el pecado
llega a ser conocido, debe ser enfrentado; pero Dios no pretendió que los
cristianos se organizaran para espiar los asuntos de los demás. Más bien,
debemos aprender a ocuparnos en nuestros propios negocios, y a animar a otros a
hacer un buen trabajo en ocuparse en sus propios negocios.
¡Nuestro trabajo necesita ser el
trabajo de Dios! Tal como Pablo les instruyó a los esclavos que llegaron a ser
cristianos: “Y todo lo que hacéis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para
los hombres” (Colosenses 3:23). ¡Trabaje usted para el Señor!
LOS QUE NO TRABAJAN DEBEN SER
EXCLUIDOS (3:13-15)
¿Qué se puede hacer en la iglesia
si los miembros se rehúsan a trabajar? La respuesta bíblica es simple. “Si
alguno no quiere trabajar, tampoco coma” (3:10 b). ¡No alimente a la gente
ociosa! ¡Apártese de tales hermanos, y no se junte con ellos (3:6, 14)! ¡No trabe amistad con ellos! ¡No los invite a adorar
con usted! ¡No los incluya en su
comunión! ¡No permita que participen de sus alimentos! Ese es el mensaje de Dios al respecto.
El tratar de esta manera a los
ociosos parece severo, pero el propósito de este trato no es dejarlos morir de
hambre. Es hacerles saber que no están actuando del mismo modo que Dios y el
pueblo de Este, sino que se han desligado de los caminos de El. No es aceptable
que sean tratados como hermanos o hermanas mientras se comporten de tal manera.
Deben llegar a ver cuán vergonzosa es su pereza. Los cristianos que les rodean
pueden ayudarles a los hermanos desordenados a ocuparse en sus propios negocios
y a trabajar por medio de enseñarles, advertirles y darles buenos ejemplos.
El pertenecer a la familia de
Dios entraña disciplina. Si los hermanos perezosos no aceptan esta disciplina,
entonces pierden los beneficios de Dios. Nuestras acciones deben reflejar esa
decisión de una manera práctica; así el rebelde verá la importancia del trabajo
y el peligro de rechazar la disciplina de Dios. Decidan arrepentirse, o no, el
dejar de entrometerse en los asuntos de los demás, y el empezar a trabajar son
cosas que dependen de ellos; pero va no tendrán duda del peligro de su
comportamiento.
Los que no trabajan necesitan de
nuestra ayuda para cambiar sus actitudes y sus vidas. Les podemos ayudar a
lograrlo, enseñándoles la voluntad de Dios sobre el trabajo, dándoles un buen
ejemplo con nuestro propio trabajo, y advirtiéndoles de las consecuencias de su
comportamiento impío.
CONCLUSIÓN
Para los cristianos, todo trabajo
es trabajo de Dios. Dios es el Amo, el patrono, el jefe en todo lo que hacemos,
tanto en casa como en el trabajo. Debido a que es el trabajo de Dios, hecho
para Dios, es especial, santo y sagrado. Es importante. El hacer un buen
trabajo es una de las señales del cristiano maduro.
A los cretenses ociosos se les
dijo que fueran un pueblo “celoso de buenas obras”, que procuraran “ocuparse en
buenas obras”, y “a ocuparse en buenas obras para los casos de necesidad”,
“para que no fueran sin fruto” (Tito 2:14; 3:8, 14) Estas son instrucciones
valiosas para cada uno de nosotros.
Cuando hacemos un buen trabajo en
nuestros empleos, no solamente estamos obedeciendo a Dios, sino que también
estamos dando un buen ejemplo, estamos ayudando a cubrir necesidades, y a ser
productivos para con Dios. Nuestro Amo recibe honra por medio de nuestro buen
trabajo. ¡Sirvamos y honremos al Amo trabajando según su voluntad todos los
días!