¡CONTINUE
SIGUIENDO A JESÚS EL LÍDER!
(2ª Tesalonicenses
(Lección - 13)
Una introducción
¿Le ha dado usted ayuda o consejo
a alguien, confiado en que su ayuda había de ser suficiente para superar el
problema —tan sólo para descubrir después que tal persona necesitaba más ayuda
o que no hubo el más mínimo cambio? Esa clase de experiencia puede ser
frustrante y desalentadora.
Pablo pudo haber pensado que la
escritura y el envío del mensaje inspirado por Dios, de 1ª Tesalonicenses, resolvería los problemas y
tentaciones de los cristianos de Tesalónica. No fue así. ¡Aparentemente, tan
sólo unos meses después, algunos de los mismos problemas todavía existían, y
otros nuevos habían surgido!
¿Qué hicieron sus maestros? ¿Se
“lavaron las manos” desentendiéndose de hermanos tan inmaduros? ¿Les
escribieron a otras iglesias para exponer los errores de los tesalonicenses?
¿Los censuraron por causa del error de algunos o por causa de otros que estaban
cediendo bajo el peso de la severa persecución? ¿Les dijeron que no se
preocuparan y que simplemente se quedaran en su estado de inmadurez?
¡No! No hicieron nada de lo
anterior. Les enviaron otra carta a estos hermanos que con dificultad se abrían
paso, para darles consejo, explicaciones, advertencias y aliento. Todavía
creían que a estos nuevos cristianos se les podía enseñar, y Pablo, Silvano y
Timoteo todavía deseaban enseñarles. Este libro es una lección para que
nosotros perseveremos en la enseñanza, en el dar aliento y en la comunicación
con los demás, aun cuando éstos tengan dificultades continuas o nuevos
problemas en sus vidas. ¿Cómo hemos de ayudarles a los que están teniendo
dificultades?
ESTÉ DISPUESTO A EXPLICAR LA
PALABRA DE DIOS
A menudo creemos que, por el solo
hecho de haber dicho algo, ya todos los que están a nuestro alrededor lo han
escuchado, lo entienden, lo creen, lo recordarán, y lo practicarán. Eso no es
así. Habrá algunos que no atinarán a dar ninguno de estos pasos.
Para muchas personas es difícil
realizar cambios permanentes y genuinos. Los diferentes niveles de habilidad,
de disposición de ánimo, de conocimiento, de intelecto, de ambiente social y
familiar, y, otros factores sin duda, pueden obstaculizar el cambio. En cada
uno de los pasos que llevan, de escuchar las instrucciones, a ponerlas en
práctica, el proceso de la obediencia puede frustrarse.
Lo anterior da como resultado que
las personas necesiten que se les expliquen los principios bíblicos
completamente, algo que debe hacerse con paciencia, hasta que entiendan
plenamente lo que se les está enseñando. Se les deben responder las preguntas
que hagan, y demostrárseles la falsedad de toda idea falsa que tengan sobre el
asunto. Las palabras que usemos, la manera como las digamos, y los ejemplos que
pongamos, pueden mejorar o limitar el potencial de las personas para entender
la voluntad de Dios.
¿Por qué es esto tan importante?
¡Porque está en juego la salvación de las almas! ¡Eso es importante! Siendo un
joven maestro, a Timoteo se le dijo: “Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina;
persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te
oyeren” (1ª Timoteo 4:16). Timoteo debía
tener cuidado, ser minucioso, y ser consecuente con lo enseñado, ayudándoles a
las personas con la salvación de sus almas.
Debemos ser pacientes al ayudarles a los demás. Tenemos que evaluarlos y
asegurarnos de que entienden y se les haya formado la convicción. Debemos ver
indicios en el habla y en las vidas de los demás para poder estar seguros de
que e mensaje ha penetrado en sus mentes, en sus corazones a en sus vidas.
ESTÉ DISPUESTO A REPETIR CONSEJOS
Aun cuando la gente entienda y
crea completamente un concepto, eso no significa que lo van a recordar y a
poner en práctica. Aún cuando alguien conozca, entienda y esté de acuerdo con
la enseñanza, esa misma persona puede olvidar aplicarla a su propia situación.
Puede que tengamos necesidad de repetir lo que dijimos, ta1 vez varias veces,
tal vez duran te un período de varias semanas o años, con el fin de que la
enseñanza tenga su mayor efecto.
A los cristianos del primer
siglo, que habían escuchado las enseñanzas de Jesucristo por medio de los
discípulos de Éste, se les dijo: “Pero vosotros, amados; tened memoria de las
palabras que antes fueron dichas por los apóstoles de nuestro Señor Jesucristo”
(Judas 1:7): “... para que tengáis memoria de las palabras que antes han sido
dichas por los santos profetas, y del mandamiento del Señor y Salvador dado por
vuestros apóstoles” (2ª Pedro 3:2).
A los cristianos que loa habían
recibido la enseñanza, se ‘les recordó lo que ya se les había enseñado:’ ... A
mí no me es molesto el escribiros las mismas cosas, y para vosotros es seguro”
(Filipenses 3:1); “Pues tengo por justo, en tanto que estoy en este cuerpo, el
despertaros con amonestación” (2ª Pedro
1:13); “Amados esta es la segunda carta que os escribo, y en ambas despierto
con exhortación vuestro limpio entendimiento” (2ª Pedro 3:1),
¿Necesitaban los tesalonicenses
que se les hablara de nuevo acerca de la segunda venida de Cristo? ¿Se les
tenía que motivar de nuevo a ser siervos dispuestos? ¿Necesitaban de más ánimo
para no ceder bajo el peso de la persecución?
La respuesta para cada pregunta es un “sí”, y por eso esta segunda carta
les repetía y les explicaba las instrucciones de Dios. ¡Las enseñanzas de Dios
merecen ser repetidas!
Jamás suponga que las lecciones
ya presentadas se recordarán. Jamás dé por sentado que las personas ya conocen
los fundamentos de la fe y creen en ellos, jamás suponga que ellos no están
recibiendo consejos contradictorios. ¡Jamás se disculpe por darles a las
personas consejos para sus vidas una y otra vez!
ESTÉ DISPUESTO A DAR ALIENTO
Podemos sentirnos tentados a ser
severos con los que tienen dificultades para aprender y para poner en práctica
la voluntad de Dios. Podríamos estar diciéndoles o por lo menos insinuándoles,
a los que estamos tratando de enseñar, que ellos “ya no tienen remedio” Esto es
indicio de nuestra falta de longanimidad, más que de una obstinación por parte
de aquellos a los que estamos tratando de enseñar o de aconsejar.
Debemos valorar y alentar et
potencial máximo de cada estudiante y amigo. Podría llevar semanas, meses, o
incluso, años, para llegar a ver un resultado. La segunda carta a la iglesia de
los tesalonicenses, al igual que la primera, demuestra que los maestros
pudieron valorar el potencial de estos cristianos.
Frases como: “Sabemos que lo
pueden hacer”; “Estamos seguros de que pueden perseverar”; y “Confiamos en que
lo pueden lograr”, son maneras de expresar el sentimiento de un pasaje como 2ª Tesalonicenses 3:4. Una relación alentadora
entre nosotros y aquellos a los que tratamos de enseñar, animar y ofrecer
amistad, es siempre útil para ayudarles en el conocimiento y el cumplimiento de
la voluntad de Dios. Debemos proponernos el cultivo de un discurso tan
alentador y e1 ¿llevar a cabo acciones tan alentadores
en nuestras vidas, de modo que ellos puedan reconocer el potencial que les ha
dado Dios, y procurar vivir a la altura ele ese potencial, con la ayuda de
dios.
CONCLUSIÓN
¿Qué le parecería a usted si
recibir una carta de un apóstol? —un apóstol a quien usted conociera como un
hermano en Cristo, alentador? Seguramente la leería,
tal vez muchas veces. Es probable que la
conservara, tal vez la guardaría en un lugar especial. Haría un
esfuerzo especial por poner en práctica
el consejo que habría en ella.
En cierto sentido usted tiene
tales curtes. Dos de ellas fueron
escritas a los cristianos de tesalónica, pero sor igual de importantes para
usted. Han sido preservadas para que
usted pueda beneficiarse —para que usted se dé cuenta de que puede seguir a
Jesús, sin importar las circunstancias. Ese era el deseo que en estas cartas se
expresaba para estos cristianos, y es el mismo deseo que se expresa para usted.
Lea estos mensajes de Dios, y vuelva a leerlos. Atesórelos en su corazón y en
su mente. Recuérdelos y póngalos en práctica. ¡Pueden salvarle su alma!