EL PUNTO DE VISTA DE DIOS SOBRE
LA MADUREZ
(1ª Tesalonicenses 5:12-28)
(Lección - 12)
“Fiel es el que os llama” (5:24a).
La mayoría de nosotros tenemos
una evaluación de nuestra propia madurez espiritual. Podríamos imaginarnos esto
como nuestra opinión acerca de nuestro propio nivel de espiritualidad. ¿Qué
piensa usted de su espiritualidad?
Algunos de nosotros nos sentimos
incapaces porque hemos sido cristianos por muy corto tiempo. Creemos que la
mayor parte del conocimiento bíblico y del servicio cristiano sucederán en el
futuro. Otros nos sentimos incapaces y frustrados porque no parece que estamos
progresando mucho. Hemos hecho intentos de crecer y de mejorar, pero todavía
nos falta mucho para ser maduros.
Otros pensarnos que somos maduros
porque hemos sido cristianos por largo tiempo, ya conocemos la mayor parte de
lo que se enseña y es poco lo que nos desafía a cambiar. Otros podernos pensar
que somos maduros porque estamos haciendo buenas obras. Estamos ocupados en el servicio
al Señor y estamos haciendo más que los que nos rodean.
¿Cuál es el punto de vista de
Dios sobre la madurez? La última parte de 1ª de Tesalonicenses, podría sencillamente
parecer como una lista de cosas que “hacer” y que “evitar hacer”. En realidad,
se trata de una maravillosa guía a la madurez, en la que se nos indican
acciones y actitudes para la madurez en la vida cristiana. ¿Cuáles son las
instrucciones de Dios que nos llevan a madurar?
SEA MADURO EN SUS RELACIONES (5:12-15)
El cristianismo es una relación.
Es amistad con Dios a través de Jesucristo. Dios se propuso que nuestra
relación con El se reflejara en nuestras relaciones con los demás.
Este es el mandamiento que se da en Efesios 5:1: “Sed, pues, imitadores de
Dios como hijos amados”. Esta regia para la vida se basa en un pasaje que habla
de las características positivas de la bondad, del amor y del perdón. Se
ilustra con el sacrificio de Jesús, sacrificio que vino a resultar como
consecuencia de estos atributos.
Así es Dios. El es bondadoso,
amoroso y perdonador. Él ha demostrado esos atributos en Jesús —para beneficio
nuestro. Ahora se nos pide que imitemos a Dios en nuestro trato con los demás.
¿Cómo demostramos el carácter de
Dios en nuestras relaciones? Vea lo que nos piden hacer los versículos del doce
al quince del capítulo 5:
“Os rogamos, hermanos, que reconozcáis a los que trabajan entre
vosotros, y os presiden en el Señor, y os amonestan; y que los tengáis en mucha
estima y amor por causa de su obra. Tened paz entre vosotros. También os
rogamos, hermanos, que amonestéis a los ociosos, que alentéis a los de poco
ánimo, que sostengáis a los débiles, que seáis pacientes para con todos. Mirad
que ninguno pague a otro mal por mal; antes seguid siempre lo bueno unos para
con otros, y para con todos.
Trate a los ancianos (si es que ya
se han establecido) con respeto y déles honra. Sea un pacificador. Amoneste a
los ociosos y a los que causan trastornos. Anime a los temerosos, y ayúdeles a
los débiles. En todas estas actividades veremos algo de éxito y algo de
fracaso. Muestre paciencia para con todos. Algunas veces seremos apreciados y
otras despreciados. Algunos, incluso, nos pagarán bien por mal. Resista la
tentación de desquitarse con estas personas. Manténgase tratando de hacer lo
que es bueno.
Todos nosotros conocemos personas
—incluso predicadores— que son ociosos o que provocan problemas. Tropezamos con
personas temerosas y con personas que son débiles. Respóndales a la manera de
Dios. Esto es madurez: darles a todos ellos todo lo bueno que podamos, tratando
de crear una atmósfera de paz y de amor, en la que todos puedan crecer y
desarrollarse.
Este es un trabajo necesario y
valioso. Es la madurez cristiana puesta en práctica. ¡Es la obra de Dios! Es la
obra que Jesús hizo, y a la que Él se entregó valientemente, hasta que fue
consumada. Jesús “anduvo haciendo bienes,...” (Hechos 10:38). Cuando se le hacen bienes a los demás, ello muestra la madurez en las
relaciones.
¿Qué vemos cuando examinarnos
nuestras relaciones con los demás? ¿Seremos distantes, despreocupados e
indiferentes a las necesidades de ellos? ¿Seremos de los que no pasan de ser
curiosos e indagadores? ¿Estaremos tratando de ejercer dominio sobre los demás
y dictándoles cada una de sus acciones? Las anteriores son maneras inmaduras de
relacionarse con los demás.
Si nos estamos comportando de
tales maneras, o estamos siendo tentados a comportarnos así (es probable que
aquí estemos incluidos todos), entonces debemos leer, y releer las instrucciones
de Dios para el trato con los demás. Debemos empezar a ponerlas en práctica,
por todos los pequeños medios a nuestro
alcance, y luego perseverar en estas prácticas, de modo que podarnos cultivar
nuestras relaciones, y madurar en ellas.
SEA MADURO EN SU VIDA PERSONAL
(5:16-22)
La obra más importante que
podernos hacer es ayudarles a los demás, tal corno Dios desearía que lo
hiciéramos. Puede que ello sea frustrante e, incluso, agotador. Si tal
actividad tiene el potencial de ser agotadora para el alma, entonces debernos
cercioramos de estar fortalecidos, de modo que podarnos estar lo mejor
preparados para ayudarles a los demás. Para hacer esto de la mejor manera,
debernos prestarle atención a nuestra propia madurez espiritual.
¿Cómo se logra esto? Aquí esta la
respuesta a esa pregunta: Estad siempre gozosos. Orad sin cesar. Dad gracias en
todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús. No
apaguéis al Espíritu. No menospreciéis las profecías. Examinadlo todo; retened
lo bueno. Absteneos de toda especie de mal (5:16-22).
Lo que podría parecer una lista
de mandamientos, es, en realidad, la receta de Dios para el despertar
espiritual, para el rejuvenecimiento personal. Estas actividades mantendrán
llenos de aliento, y edificados en su camino hacia la madurez, a los
cristianos.
¿Qué sucederá en nuestras vidas
cuando participemos en estas actividades? Estaremos regocijándonos; estaremos
orando; estaremos pidiéndole al Espíritu que nos cambie. Estaremos dependiendo
de
¿Cómo puede usted hacer que estas
valiosas actividades formen parte de su estilo de vida, y ellas no sean sólo
acciones ocasionales? Primero, usted debe estar convencido de que ellas son
importantes, incluso esenciales, para el crecimiento. ¿Quién dice que así es?
¡Dios lo dice! Segundo, comience a hacerlas. Es probable que pueda pensar en
varias razones para demorar tal comienzo, pero estas virtudes jamás llegarán a
ser parte de su vida diaria, sino hasta que usted comience a ponerlas en
práctica —así que, ¡comience ya! Tercero, persevere en las buenas obras. Haga
planes para hacerlas, y asígneles el tiempo para hacerlas. Si usted se olvida
de hacerlas, o las descuida, entonces haga un esfuerzo adicional para ponerse
nuevamente al día.
ACEPTE RECIBIR AYUDA DE DIOS (5:23)
Al tratar de ser maduros, vamos a
estar concientes de nuestras debilidades. Nos percataremos de nuestras propias
derrotas. En ciertos momentos, puede que hagamos caso omiso a lo que Dios
desea, o que, incluso, nos rebelemos en contra de ello. Si sólo dependiéramos
de nosotros mismos, es seguro que fracasaríamos. La perfección se encuentra
solamente en Dios a través de Jesús. Dios nos ayudará con este difícil
imperativo de ser maduros (5:23).
Dios es el único que nos
perfecciona. Sólo Él tiene el poder de hacer esto. Una vez que hayamos hecho
todo lo que podarnos, todavía deberemos depender de El. Será una tentación
honrar nuestros propios logros, y criticar los de los demás. El fariseo de
Lucas 18:11-12, hacía buenas obras, pero olvidó depender de Dios. Era un
pecador religioso muy diligente, el cual tenía necesidad de la ayuda de Dios,
pero no se daba cuenta de ello. El publicano de Lucas 18.13, sí estaba
consciente de su dependencia de Dios. A Dios le agradó ayudarle.
Dios es un Dios generoso, el cual
desea hacernos participes de Su vida y santidad. El dio a Jesús para que esto
se convirtiera en una realidad. Seremos cristianos maduros, cuando procuremos
la ayuda de Dios en esta vida y para la eternidad. Podemos depender de Dios.
Debemos depender de Dios.
CONCLUSION
¿Cómo nos despediríamos de un
entrañable grupo de amigos cristianos? ¿Cómo podríamos darles valiosas palabras
de aliento al separarnos de ellos? El final de 1ª Tesalonicenses nos puede guiar en esto. Pida
las oraciones de los hermanos. Aliéntelos a mostrar su amor unos con otros
saludándose afectuosamente. Suplíqueles que lean
¡Qué gran manera de despedirnos
de nuestros hermanos, ya sea que vayamos a estar separados por una semana, por
un año, o por toda la vida! Esta es la mejor manera, es la manera de Dios.
Despedirnos así, es también una muestra de madurez.
La madurez cristiana de
sentimiento y de entendimiento, se mostrará en acciones como la anterior. El
poder de Dios será usado en nuestras palabras y acciones. Si estamos marchando
hacia la madurez, ello se traducirá en resultados visibles —no solamente dentro
de nosotros, sino también alrededor nuestro, en las vidas de aquellos a los que
influenciemos. Verán que somos personas diferentes. ¡Verán que somos el pueblo
de Dios! Siga a Dios mediante andar en Su camino. Cuando Dios está con usted,
usted puede ser maduro en esta vida, y estar preparado para ser partícipe de la
comunión con El en la próxima.